Miles de vehículos recorren cada día la ciudad. Días que a veces se prolongan durante semanas, en los que el ambiente es insoportable. Dicen que es cosa de la inversión térmica que forma una capa de aire frío sobre las calles heladas y que impide la circulación, el movimiento, el arrastre de las partículas suspendidas, el polvo, el humo. Se agravan las dolencias, aumentan las muertes. Luego dicen que si la abuela fuma. Aparecen nuevas dolencias, epidemias, enfermedades crónicas, que dan mucho trabajo a los boticarios.

Una boina gris, marrón, cada vez más oscura, se forma sobre la ciudad. Es invierno. Los humos de las chimeneas de empresas industriales y calefacciones, los olores que brotan de las alcantarillas, o que llegan desde las plantas incineradoras de basura, lo llenan todo. Hedor, asfixia. Comienzan a reciclarse los residuos. Van siendo trasladados de un lugar a otro. Muchos acaban en un mar que, harto de invasiones indeseables, los devuelve a tierra violentamente, o crea nuevos territorios, islas y pequeños continentes.

Las crisis, en un mundo de comercio internacional desenfrenado y dependencia energética desaforada, produce hambrunas, regímenes dictatoriales, tortura, cárcel, enfermedad, conflictos, desempleo, guerras, desaparición de los horizontes de futuro, desplazamientos de población en forma de emigrantes y refugiados que huyen de la muerte, que buscan la supervivencia en la gran ciudad, por contaminada que se encuentre.

Los hay de todos los colores, de todos los países, de cualquier creencia religiosa y convicción ideológica. Cambian la muerte segura por la explotación cierta. Llegan desolados, rescatados de los mares, muertos de frío, húmedos de miedo, hundidos en sí mismos, dispuestos a dormir en las calles, a ser engullidos por los barrios más miserables, hacinados en viviendas destartaladas de alquiler impagable y a aceptar trabajos que nadie quisiera para sí mismo, o para sus hijos, piden limosna a la puerta del supermercado, venden por las calles. Luego dicen que el pescado es caro. Mejor de pedir que de robar, decían hace muchos, muchos, años en mi barrio.

Se ha marchado, como ha vivido. Sin hacerse notar demasiado, sin anunciarlo, dejando en las hojas del otoño una lágrima y una sonrisa. Sólo eso, un rastro, unas pocas fotos, el afecto de quienes le conocimos. No recuerdo a Antonio sin sonrisa. He buscado la noticia en internet. No hay noticia. Alguna reseña apresurada de alguien como yo. Alguna página que se hace eco. No aparece en medios escritos, digitales, una radio, un corte televisivo. No aparece noticia actualizada de su fallecimiento en wikipedia. No hay ni entrada a su nombre en wikipedia.

Un portal de esquelas digitales da cuenta de su fallecimiento y ofrece encender una vela (digital), una esquela (digital), confeccionar un ramo (digital), escribir una condolencia (digital). De paso, por si fuera necesario, gestionar la herencia, localizar testamento, cancelar redes sociales, cobrar seguros, consultas, trámites. Es todo.

Decididamente este país maltrata a sus hijos, sus pequeños lares, manes y penates, dioses menores que cuidan y protegen nuestras insignificantes vidas. Podemos recordar vívidamente agravios históricos lejanos, mientras olvidamos a aquellas gentes que amamantaban la democracia sin saber qué narices terminaría siendo aquello. Con mucho miedo a que desde cualquiera de los cuarteles que rodeaban Madrid partieran columnas capaces de dar al traste con aquella incipiente transición democrática.

Esas madres y padres de Villaverde, por ejemplo. En el colegio de la UVA de Villaverde. Otro día os cuento qué eran las UVAs. Dábamos clases por la mañana a los hijos y por la tarde a los padres que no habían obtenido el graduado escolar que necesitaban cada vez más para encontrar un trabajo, o para mejorar su categoría profesional.

El problema no es montarse en un tigre. Mal que bien puedes hacerlo. El verdadero problema es bajarse del tigre sin que te devore. El mundo ha alcanzado un ritmo vertiginoso, sometido a un desarrollo tecnológico imparable. Un consumo desaforado al que todos creemos tener derecho.

Celebramos la Cumbre del Clima en un Madrid cuyo alcalde cantaba hace escasos meses las bondades de llegar hasta el centro en coche particular. Con una presidenta de comunidad enamorada de los atascos de fin de semana, a las tres de la madrugada, a los que considera una seña de identidad de nuestra ciudad.

Los negacionistas de ayer han quedado, de repente, reducidos a los ultraderechistas que tampoco pierden la oportunidad de darse una vuelta por la COP25 para posar en los photoshop de la pasarela mediática en defensa del planeta. Pero no han dejado de pensar lo que pensaban.

Simplemente las tendencias han cambiado, porque las grandes fortunas y los poderosos han decidido traspasar la responsabilidad a la ciudadanía sobre el estado actual del planeta, al borde de la quiebra, en el horizonte de sucesos del agujero negro del colapso.

-¿Cuándo llegará el colapso?, pregunta alguien y otro alguien responde, No te preguntes cuándo, porque el colapso ya ha llegado.

Mi bienintencionado vecino ha recogido cinco litronas junto al banco del parque donde los jóvenes las dejan abandonadas. Enfundadas en una bolsa de plástico se encamina hacia el contenedor de vidrio. Me las enseña y me invita a reflexionar cómo sería el mundo si todos pusiéramos un poquito de nuestra parte. Le felicito sinceramente por su sentido de la responsabilidad social.

Escribo un artículo sobre federalismo, cantonalismo y unidad de España. Un amigo me manda el enlace a una noticia. Abro el enlace y me encuentro con un titular que viene a decir,

El alcalde de León pide la independencia.

Busco más referencias y los titulares de las noticias que encuentro son de traca, dependiendo de la línea editorial del medio. Hay de todo, desde un ¡Madre mía cómo está el PSOE!, hasta, El PSOE exige un referéndum para la independencia de León, pasando por un titular más ajustado a la realidad, El alcalde de León reclama una Comunidad Autónoma propia.

Parece ser que el susodicho alcalde quiere emparentar con esa suerte de nacionalismo leonés que siempre ha anidado en la provincia y que ahora, bien trabado con la ola de la España vaciada, debe considerar que le va a reportar notables réditos electorales. Es verdad que no quiere la independencia de España, sino una Comunidad Autónoma separada de la actual Castilla y León.

El alcalde sabe que el extinto reino de León era mucho más que la provincia en cuestión y por eso cree que debe unir fuerzas con Salamanca y Zamora. Ya he leído el titular de opinión de una salmantina indignada que se declara charra y española. Con el alcalde de Valladolid no cuenta porque está encantado con la capitalidad de facto. Y el condado de Castilla le pilla lejos, tierra de por medio. La siguiente bronca, si el leonés se saliera con la suya, sería dónde ponemos la capital. En León, claro. ¿O en Salamanca?

25 años no son pocos. Vale que 20 años son nada, pero 25 apuntan maneras. Además, hay que recordar que los años tienen mucho que ver con la intensidad y con la velocidad. Quien quiera saber algo más sobre esto deberá recurrir a Albert Einstein, porque yo sé poco más sobre el asunto de la relatividad, me quedé en sus formulaciones más sencillas

-Cuando cortejas a una bella muchacha una hora parece un segundo, pero cuando te sientas sobre carbón al rojo vivo un segundo parecerá una hora. Eso es la relatividad.

25 años en la vida de Canal33, la televisión madrileña que acaba de cumplir esa edad con un hermoso acto de reconocimiento a personas, organizaciones, instituciones y a numerosos medios de comunicación locales. Agradecí que uno de los reconocimientos llevase mi nombre. Bueno, realmente aquel nombre no era yo, o no yo solo.

Era un premio a cuanto el sindicalismo de clase ha batallado a lo largo de estos años complicados, duros, acelerados, despiadados, dolorosos. Un premio a la clase trabajadora madrileña en cada crónica, noticia, imagen, entrevista, canutazo, que ha emitido Canal33, dirigido por Enrique Ribóo.

Desde la acampada de Sintel en la Castellana, hasta las movilizaciones de los trabajadores y trabajadoras de Coca-Cola, pasando por los problemas desencadenados por la ranas de Aguirre, los intentos de cierre y privatización de Telemadrid, el conflicto desencadenado por Lamaela en el Severo Ochoa para terminar dejando abierto el camino al negocio privado, a costa de la Sanidad Pública, o la privatización del agua del Canal de Isabel II.

No faltaron ni a una de las Huelgas Generales, que no fueron pocas. Estaban cuando a principios de siglo los inmigrantes se encerraban en iglesias, o en la sede de CCOO, pidiendo papeles y procesos de regularización y cuando en nuestros días los refugiados malviven las frías noches en las calles.

-Quizá el éxito no sea más que un fracaso que llega más tarde.

Cosas de Antonio Lobo Antunes cuando le preguntan por ese Premio Nobel siempre aplazado. La historia entreverada de un desencuentro con los premios,

-¿Qué más puedo desear? Lo único que me importa de los premios es el dinero, cada vez que me llaman diciendo que he ganado uno, lo primero que pregunto es: ¿Cuánto?

Y con aquel otro portugués que sí viajó a Estocolmo, José Saramago. Aunque ahora las críticas se centran mucho más en los premios que en Saramago. Cosas de quien ha recibido la visita de la muerte y ha visto morir al adversario,

-La grandeza de un pueblo se mide por la grandeza de sus enemigos.

Los indios americanos sabían bien que cuando desaparece el enemigo, también tú emprendes el camino hacia el Gran Espíritu, que todo lo abarca.

Hace 40 años nos dotamos de un marco constitucional que ha funcionado razonablemente bien hasta que la famosa crisis ha roto las costuras del traje que nos habíamos confeccionado a medida, en la sastrería del 78. Cuando menos, parece que tendremos que volver a hacer unos arreglos para adaptarlo a nuestras nuevas medidas.

Es evidente que la Constitución del 78 no tenía que ver con mandamientos divinos que los legisladores bajaron del monte Sinaí. Eran un pacto posible, deseable, en ocasiones contradictorio y no pocas veces ambivalente e interpretable. No  debería ser imposible darle una vuelta, porque los años no pasan en vano y las cosas, las personas, las circunstancias cambian.

-El sistema empieza a no funcionar, o a funcionar mal. Hay un descontento por cómo funciona el modelo territorial y pensamos que sólo podemos salir de la situación actual desde una perspectiva federal. Federar es unir, no dividir.

Nicolás Sartorius ha sido y sigue siendo una mente lúcida y sus argumentos aportan en cada  intervención algo nuevo,

-Siempre que la democracia se ha abierto camino en España ha tendido a fórmulas federalizantes de organización del Estado, mientras que con las dictaduras se ha impuesto el centralismo más estrecho.

Andan los amigos, afiliados, inscritos, o como quiera que les llamen en cada caso, de Podemos, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), Izquierda Unida y el PSOE, dando su opinión, al parecer no vinculante, sobre si es posible, aconsejable, necesario, un gobierno de izquierdas, o no.

Perdió la izquierda una oportunidad de oro antes del verano. Todos debieron intuir que más adelante sería aún más difícil, pero todos prefirieron dar su oportunidad a la derecha ultraliberal, a la otra conservadora y sobre todo a la ultraderecha, para que ahora respiremos un aire más cargado, viciado y agobiante. En un sinvivir, vaya.

He dedicado muchos años de mi vida al sindicalismo. He visto gobernar a la izquierda en diversas versiones monocolores, colaboradoras y hasta coaligadas. También he visto a la derecha, casi siempre monocolor y pepera, pero no con menos versiones, porque esos colores azules monocromáticos,  escondían en su seno sensibilidades muy distintas.

Desde el conservadurismo, al ultraliberalismo, que luego quiso ser ciudadano y terminó siendo comparsa, charanga, murga carnavalera. O desde el centrismo a la ultraderecha, esa que ahora ha decidido dar la cara y desgajarse de la casa madre, donde Aguirre, o Aznar, les alimentaban con sopa boba y empleos inventados.

Ya sé que los políticos no gozan de buena fama en nuestros días. No es casual, ni tampoco repentino, o infundado. Han hecho méritos más que suficientes para que casi la mitad de los españoles considere que los políticos son uno de los principales problemas del país, o para que ninguno de nuestros políticos merezca, no digo ya una nota alta, sino al menos un aprobado de la ciudadanía.

Leo muchas opiniones que hablan de la grandeza de los políticos de antaño, capaces de abrir las puertas a los acuerdos que hicieron posible una Transición, una Constitución y cuarenta años de convivencia sin sufrir esa violencia a la que tan habituados estamos los españoles.

Y es que la Transición fue nuestra manera, nuestro camino, para superar la dictadura y comenzar a andar los caminos de la democracia. Hay quien dice que fue modélica en el planeta. No diría tanto, pero fue la nuestra. Ellos hicieron lo que supieron, pudieron, o quisieron y lo que hagamos ahora ya no es cosa suya, es cosa nuestra.

Algunos pelos nos dejamos en la gatera. Por ejemplo, el poder económico que sustentó al franquismo, quedó intacto y, como mucho, dio cabida en sus Consejos de Administración a unos cuantos rojillos que traspasaron las puertas giratorias hacia las moquetas y los nuevos despachos. Las corrupciones, corruptelas y podredumbres, los sobres, maletines, bolsas de basura repletas de billetes sobrevivieron al dictador, pervivieron y hoy un buen director como Berlanga podría dirigir una Escopeta Nacional de los tiempos modernos.

-Han permitido que la Biblia vuelva a entrar en el Palacio de Gobierno ¡Primero Dios!

Es la flamante e infamante presidenta golpista de Bolivia tomando el poder. Todo un programa de gobierno. La cruz y la espada de las fuerzas armadas, el dinero, la corrupción y la policía que han desalojado a Evo Morales de la Presidencia. Vuelven los buenos tiempos del fracasado ultraliberalismo de la Escuela de Chicago.

Estoy en la sala de reuniones de la Comisión Ejecutiva de CCOO de Madrid. En un hoy, que no es hoy. Un día cualquiera de un año indefinido, hace más de una década. Recibo a un líder sindicalista cocalero llamado Evo Morales. Recorre varios países europeos. Se reúne con líderes políticos y sindicales. Difunde los problemas de los indígenas bolivianos. Habla de su intención de presentarse a las elecciones presidenciales.

En Bolivia los campesinos productores de coca defienden sus derechos formando sindicatos. Evo es uno de sus líderes. Los problemas de los indígenas son muchos. Sobre todo la condena de silencio, privados de la tierra, del agua, de los derechos más esenciales a la salud, la educación, una vivienda digna, un empleo que asegure unos ingresos suficientes para vivir.

Han pasado los años y aquel sindicalista de los productores de hoja de coca (no confundir con los industriales de la coca, los traficantes de coca, los gobiernos que protegen el inmenso negocio de la droga) terminó llegando democráticamente a la presidencia de Bolivia.

Se enteran de que Sánchez e Iglesias han alcanzado un acuerdo. Las bolsas bajan, sobre todo los bancos. Los empresarios de CEOE hablan ya de inseguridad jurídica, de inestabilidad. Ellos querían a un Sánchez maniatado por Rivera, o por Casado. Luego aclaran lo que entienden por estabilidad. Que les bajen los impuestos.

En asuntos importantes, los empresarios catalanes no son muy distintos a los del resto de España y los de Foment del Treball quieren un gobierno moderado que haga lo que ellos piden: Estabilidad, negocio seguro y buen trato fiscal.

Las organizaciones empresariales del transporte opinan también, entre corte y corte de carreteras de los independentistas catalanes, y ven en Podemos un enemigo de los camiones.

Las constructoras y concesionarias de todo tipo de infraestructuras del Estado, se lamentan de que el negocio puede dejar de ser lo que era. Los grandes distribuidores temen más impuestos y la patronal alimentaria sospecha la llegada de la crisis y la disminución de las ventas.Por otra banda, las eléctricas ven en peligro la gallina de los huevos de oro. Ese sistema de fijación de precios con que siempre ganan y nunca pierden, a costa de los consumidores. Las líneas aéreas se temen lo peor.

El Círculo de Empresarios, dale que te pego con los peligros de subida de impuestos y el mayor gasto público. Los expertos agoreros y a sueldo de consultoras y los Think Tank anuncian los mayores desastres si Sánchez, Casado y los restos del naufragio de Rivera, no acuerdan una fórmula de gobierno y permiten que Podemos entre en las lides de gobierno.

En el periódico,

-A mí me parece bien que les peguen. Están todo el día robando, da miedo salir a la calle,

La vecina de más de 80 años, a la que han robado hace unos días. No es la única en el barrio.

-Pregunta en cualquier sitio y encontrará a alguien a quien le ha pasado.

Les llaman MENAS y se han convertido en leitmotiv a lo largo de la campaña electoral de la ultraderecha. No entiendo lo de llamar MENAS a niños que se encuentran en España sin la compañía de sus padres. Es feo esto de construirse acrónimos para enmascarar las más tristes realidades. Menores-No-Acompañados, MENAS.

-En ningún centro me han ayudado. Ni con papeles, ni con permiso de residencia, ni estudiar. Aquí no nos dan ni para el abono de transportes, ni calzoncillos, ni calcetines. Ni una pastilla por la noche para el dolor de muelas. Somos muchos, dormimos en colchones en el suelo, en los pasillos.

-El que se siente patriota, el que cree que pertenece a un país, es un tarado mental.

No soy yo, no me odien así de entrada nacionales, o nacionalistas. No lo dije yo. Es cosa de Martín, el protagonista de Martín (Hache). Tampoco es de él. Martín es una ficción. Martín es Federico Luppi. Siempre recordaremos esta frase como la declaración de principios vitales de Federico Luppi. El inmenso actor, argentino, español, apátrida, que falleció hace un par de años. Poco más de ochenta años a sus espaldas.

Falleció, murió. Pero no. Son frecuentes las vidas que contienen muchas vidas. Más aún si las muchas vidas son las del actor y sus personajes. En ese caso hay que escuchar a Oscar Wilde, El que vive más de una vida debe morir más de una muerte. Vidas que se encadenan, son interpretadas, reinterpretadas. Muertes que nunca son la definitiva porque siempre hay alguien dispuesto a decir aquello que dijiste, recordar  cada palabra, remedar tus gestos, plagiar sin falsificar tu estampa, impostar tu voz,

-Eso de extrañar, la nostalgia y todo eso, es un verso. No se extraña un país, se extraña un barrio en todo caso, pero también lo extrañarás si te mudas a diez cuadras. ¡La patria es un invento! ¿Qué tengo que ver yo con un tucumano o con un salteño? Son tan ajenos a mí como un catalán o un portugués. Una estadística, un número sin cara. Uno se siente parte de muy poca gente; tu país son tus amigos y eso sí se extraña, pero se pasa.

La suerte se ha decantado, se ha desplomado sobre nosotros, como una pared fracturada en cien pedazos. El suelo sobre el que la pared se sustentaba se ha convertido en barro inestable y movedizo. Es algo que no parecen haber tomado en cuenta quienes se fiaron de los asesores que les aconsejaban acudir a nuevas elecciones, tras impedir a toda costa cualquier forma de gobernabilidad del país.

Sánchez, el menos marxista de los socialistas, ha demostrado ser capaz de realizar un tremendo esfuerzo para convertir en realidad, una vez más, el teorema de Marx, Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria. El otro Marx, se entiende, el insigne y preclaro Groucho. Tras el viaje electoral en el que nos embarcó ha perdido diputados y ha perdido la mayoría en el Senado.

El precio de la operación elecciones no es suma cero, ni mucho menos. El coste del crecimiento de la ultraderecha y de las fuerzas nacionalistas no significan lo mismo, pero dan buena cuenta del desastroso panorama político que ha producido la irresponsabilidad política de las dos fuerzas de la izquierda que tenían la obligación de entenderse a cualquier precio, antes de acudir a una nueva convocatoria electoral. Por cierto, el surgimiento de una nueva fuerza política a la izquierda del socialismo no ha sumado nada.

21 Nov, 2019

Violencia desparramada

-No te pego, porque eres mujer.

Así, de entrada, en el autobús, nadie hace nada, todo el mundo calla, el conductor manifiesta luego que ni se ha dado cuenta de que pasase nada.

-Sinvergüenza, a tu puto país.

Tal vez el puto país al que se refiere el joven que grita sea España, si la mujer en cuestión es española. Pero no importa. Una patada por la espalda y a la puta calle.

En el diario,

La reyerta se ha producido sobre las 23´20 horas entre bandas latinas que se han enfrentado con armas de fuego y blancas y que se extendió por distintas calles del barrio como Peña Gorbea, Ciudad de Barcelona y El Cafeto.

Aquí, al lado. Pero también en otros lugares,

-En esta ocasión un grupo de neonazis ha acorralado a un joven entre las callesBalmes y Roselló de la Ciudad Condal.

-Un ultra ha sido herido después de haber sido agredido por antifascistas en la calle Muntaner de Barcelona.

No, no veo grandes ilusiones electorales. No hace tanto que votábamos y dejábamos en manos de los partidos políticos armar los consensos necesarios para poner en marcha un gobierno. El relativo triunfo  electoral del Partido Socialista, con un panorama electoral fragmentado, hacía aconsejable un gobierno moderado de la izquierda, con el consenso, si no el acuerdo, o la connivencia de la derecha.

Para ello hubiera sido necesaria la generosidad de los socialistas para dar cabida a un Podemos que, a su vez, debería haber volcado sus esfuerzos en acordar las medidas imprescindibles de un gobierno de izquierdas, más que en la obtención de carteras ministeriales. Hay que reconocer que las dos almas de la izquierda son difícilmente reconciliables, pero me niego a creer que sean incapaces de alcanzar acuerdos claros, firmados, públicos, realizables y exigibles.

También hubiera sido necesario que los partidos de derechas que se reclaman centristas, al menos alguno de ellos, hubieran facilitado la gobernabilidad, por ejemplo con una abstención, aun habiendo puesto condiciones y limites al programa de un gobierno de izquierdas.

Otra parte de la solución hubiera pasado por que el catalanismo militante hubiera dado su apoyo a la fórmula de gobierno de izquierdas. No es que la izquierda hubiera alentado el independentismo, pero la reflexión sobre un futuro modelo de Estado en el que las fuerzas nacionalistas pudieran sentirse cómodas, hubiera sido, tal vez, viable en breve plazo.

20 Nov, 2019

Economía electoral

Estamos en plena y nueva campaña electoral. Más corta, eso sí. Poco más de una semana. Reconcentrada, acelerada, comprimida, amontonada. Si ya es difícil que en una campaña al uso se debata sobre algo más que los cuatro tópicos al uso, podemos intuir que ésta se nos va a ir en rebajas fiscales, alianzas poselectorales y Cataluña, mucha Cataluña. Algunos guiños a colectivos como pensionistas, o autónomos, que se supone pueden decantar al triunfo hacia uno u otro lado en el último momento.

Los trabajadores parece que han desaparecido del mapa y de la agenda de los partidos, como si se diera por supuesto que se hubieran plegado a aceptar un destino masivo de precariedad, temporalidad, incierto futuro y no necesitaran otra promesa que tener un trabajo, cualquier trabajo, con cualquier salario y en cualquier condición. Mansedumbre, sumisión, un Sorry we missed you profetizado por Ken Loach,

-El sistema ha llegado a la perfección, el obrero obligado a explotarse a sí mismo.

Si hace décadas el modelo de producción modélico era el fordismo en el que el trabajador se hacía máquina, parte de una cadena infinita de producción continuamente alimentada, en intensivos turnos laborales, en inmensas factorías, hoy, vuelvo a Loach,

-El modelo Amazon destruye al individuo y al planeta.

Acaba con las personas, las familias, el Amazonas, el planeta todo.

Ahí vamos de cabeza a un nuevo proceso electoral. Los candidatos, que todos son hombres, recorren España de punta a punta, reuniendo a sus feligreses, pronunciando animados discursos, disertaciones de diseño, elaboradas prédicas, enaltecidas arengas y trucadas argumentaciones, mientras van concediendo entrevistas a programas de entretenimiento, de debate entretenido y de alegre divertimento.

Los envanecidos líderes y su corte de comparsas llamados a ocupar puestos relevantes en las listas electorales, se sienten llamados a proclamar a los cuatro vientos las grandes promesas que todo el mundo sabe que nunca serán cumplidas, al menos en su totalidad, ni tampoco de inmediato.

En una de esas, el alcalde de Madrid y el de Vigo coinciden en un evento y la competencia electoral se desencadena. El de Madrid, deseoso de notoriedad, cualquier notoriedad y a cualquier precio, entra al cuerpo a cuerpo con el gallego,

-Desde Vigo vas a ver las luces de Madrid.

Vamos hacia unas nuevas elecciones políticas que se van convirtiendo en costumbre, rutina y hasta manía. Elecciones poco ilusionantes para la izquierda que esperaba un gobierno de coalición, confluencia, cooperación, o como hubiera querido llamarse, pero con un programa de progreso que superase los recortes, o al menos repartiera los esfuerzos equitativamente.

Elecciones convertidas en segunda oportunidad para una derecha que daba por descontados unos cuantos años de gobierno de la izquierda y que se ha encontrado de bruces con la posibilidad de recomponer la figura y rehacer el mapa político nacional.

Elecciones que parece que lavarán definitivamente la cara de un bipartidismo que se apresta a beneficiarse de las contradicciones, dudas, indefiniciones, incapacidades de una autodenominada nueva política que ha envejecido a pasos agigantados. Los vaticinios no son halagüeños para riveristas, pablistas, ni tampoco para el errejonismo surgido de la dispersión y fractura de Podemos, sus confluencias y mareas.

Si otro beneficiario colateral pudiera haber en todo este inmenso disparate sería el de la ultraderecha emergente que no ha tenido tiempo de desgastarse y que representa lo más oscuro del pasado que había estado, hasta el momento, agazapada y cazando a la retranca en los apacibles cotos aznaristas y del aguirrismo.

Como siempre, los grandes perdedores serán las trabajadoras y trabajadores y sus organizaciones. No me refiero sólo a sus sindicatos, que también, sino a toda clase de organizaciones sociales, ya sean vecinales, ecologistas, culturales, deportivas, o de cualquier otro tipo.

Las luchas sindicales de los últimos años han combatido las reformas laborales, sus efectos en la negociación colectiva y la pérdida de derechos conquistados. Junto a otras organizaciones sociales, los sindicatos han construido plataformas, mareas, cumbres, para hacer frente a los recortes sanitarios, educativos, en servicios sociales, o defender el sistema público de pensiones.

Tras el paréntesis que abrí para hablar de los suhar y el conflicto que viven en Ecuador, va siendo hora de cerrar el pequeño ciclo que comencé cuando escribí sobre los fifís, pirrurris, fresas y piojas resucitadas en México, adentrándome ahora en el mundillo de los chairos, pejes, amlovers y morenacos, que han revolucionado el panorama mexicano y han llevado a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia de México.

Si no he entendido mal a mi amiga mexicana, los chairos en su tierra vienen a ser aquellos que se oponen a la derecha casi siempre gobernante y que defienden políticas de solidaridad. El sentido negativo del término proviene de que el femenino de chairo es chaira.

Esa negatividad no tiene que ver con la definición de la palabra por parte de la Real Academia Española de la Lengua (RAE). De hecho pocos saben ya en España que la chaira es la cuchilla que usan los zapateros para cortar las suelas de los zapatos y sobre todo esa lima que se utiliza para afilar las navajas.

Sin embargo la Academia Mexicana de la Lengua se muestra más variada en sus definiciones de chaira. Sirve como sinónimo de fea y también para definir a una persona poco refinada, tosca, basta. Pero sobre todo afecta a los chairos mexicanos el que la palabra designe a personas de buena posición social que, sin jugarse gran cosa, se posicionan como partidarios de los movimientos ecologistas o antiglobalizadores. Por último, una chaira define también el acto de la masturbación.

Los chairos serían, por tanto, el equivalente a nuestra gauche divine, esa izquierda divina de la muerte, de origen burgués, compuesta por activistas de sillón y de salón, bien predispuestos a sentirse satisfechos y darse placer con esas acciones simbólicas en las que se embarcan.

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