Vamos hacia unas nuevas elecciones políticas que se van convirtiendo en costumbre, rutina y hasta manía. Elecciones poco ilusionantes para la izquierda que esperaba un gobierno de coalición, confluencia, cooperación, o como hubiera querido llamarse, pero con un programa de progreso que superase los recortes, o al menos repartiera los esfuerzos equitativamente.

Elecciones convertidas en segunda oportunidad para una derecha que daba por descontados unos cuantos años de gobierno de la izquierda y que se ha encontrado de bruces con la posibilidad de recomponer la figura y rehacer el mapa político nacional.

Elecciones que parece que lavarán definitivamente la cara de un bipartidismo que se apresta a beneficiarse de las contradicciones, dudas, indefiniciones, incapacidades de una autodenominada nueva política que ha envejecido a pasos agigantados. Los vaticinios no son halagüeños para riveristas, pablistas, ni tampoco para el errejonismo surgido de la dispersión y fractura de Podemos, sus confluencias y mareas.

Si otro beneficiario colateral pudiera haber en todo este inmenso disparate sería el de la ultraderecha emergente que no ha tenido tiempo de desgastarse y que representa lo más oscuro del pasado que había estado, hasta el momento, agazapada y cazando a la retranca en los apacibles cotos aznaristas y del aguirrismo.

Como siempre, los grandes perdedores serán las trabajadoras y trabajadores y sus organizaciones. No me refiero sólo a sus sindicatos, que también, sino a toda clase de organizaciones sociales, ya sean vecinales, ecologistas, culturales, deportivas, o de cualquier otro tipo.

Las luchas sindicales de los últimos años han combatido las reformas laborales, sus efectos en la negociación colectiva y la pérdida de derechos conquistados. Junto a otras organizaciones sociales, los sindicatos han construido plataformas, mareas, cumbres, para hacer frente a los recortes sanitarios, educativos, en servicios sociales, o defender el sistema público de pensiones.

Tras el paréntesis que abrí para hablar de los suhar y el conflicto que viven en Ecuador, va siendo hora de cerrar el pequeño ciclo que comencé cuando escribí sobre los fifís, pirrurris, fresas y piojas resucitadas en México, adentrándome ahora en el mundillo de los chairos, pejes, amlovers y morenacos, que han revolucionado el panorama mexicano y han llevado a Andrés Manuel López Obrador (AMLO) a la presidencia de México.

Si no he entendido mal a mi amiga mexicana, los chairos en su tierra vienen a ser aquellos que se oponen a la derecha casi siempre gobernante y que defienden políticas de solidaridad. El sentido negativo del término proviene de que el femenino de chairo es chaira.

Esa negatividad no tiene que ver con la definición de la palabra por parte de la Real Academia Española de la Lengua (RAE). De hecho pocos saben ya en España que la chaira es la cuchilla que usan los zapateros para cortar las suelas de los zapatos y sobre todo esa lima que se utiliza para afilar las navajas.

Sin embargo la Academia Mexicana de la Lengua se muestra más variada en sus definiciones de chaira. Sirve como sinónimo de fea y también para definir a una persona poco refinada, tosca, basta. Pero sobre todo afecta a los chairos mexicanos el que la palabra designe a personas de buena posición social que, sin jugarse gran cosa, se posicionan como partidarios de los movimientos ecologistas o antiglobalizadores. Por último, una chaira define también el acto de la masturbación.

Los chairos serían, por tanto, el equivalente a nuestra gauche divine, esa izquierda divina de la muerte, de origen burgués, compuesta por activistas de sillón y de salón, bien predispuestos a sentirse satisfechos y darse placer con esas acciones simbólicas en las que se embarcan.

Me asomaba a la pequeña terraza. Al fondo, a la derecha, una cruz se alzaba en el horizonte de la Sierra. Ha formado parte del paisaje de mi infancia y la infancia es la única patria reconocible. Así están las cosas. Así son si así os parecen.

No quiero decir que me parezca mal hacer caso a Gibson y realizar una voladura controlada. Ya he perdido muchos paisajes que vienen de las nieves de mi infancia,

-Los lobos han bajado esta noche, entre la nieve y han matado unas vacas en la dehesa,

La dehesa boyal, la de todo el pueblo, fue vendida hace muchos años a los constructores y ahora hay un montón de chalets sobre el pasto del ganado.  Los lobos desaparecieron, luego han vuelto, pero no bajan por el momento hasta las urbanizaciones.

Santos Juliá pontifica que sólo las ruinas del monumento serían dignas de perdurar, como simbólicos despojos de la dictadura. La dictadura franquista, en realidad, nunca estuvo en ruinas. Como no lo estuvieron nunca las dictaduras comunistas del Este de Europa. Los viejos ricos siguieron siendo ricos y asimilaron, mediante la utilización de abundantes puertas giratorias, a muchos de los nuevos políticos democráticos que acabaron sentados en sus viejos consejos de administración, como nuevos ricos.

Los pobres corrieron la misma suerte de siempre y desde entonces siguen preparándose para desempeñar el papel de víctimas de uno u otro bando, cuando las guerras civiles vuelvan a declararse, aunque sean menos cruentas, más controladas,  acotadas en el tiempo y en el espacio, más a la catalana.

Recibo la comunicación de una entidad bancaria. Me cuentan que a partir de tal fecha actualizan el importe mínimo de una nómina domiciliada para acceder a las ventajas de tener una cuenta abierta sin comisiones. Al parecer el mínimo sube unos 250 euros.

Luego me cuentan que la medida no me afecta, que seguiré disfrutando de la exención de las comisiones, pero entienden que esta comunicación puede ser de mi interés. Al principio no entiendo por qué puede ser de mi interés si no me afecta. Pero luego pienso que, si me lo comunican será por algo. Me invitan a preocuparme por el tema.

Me dedico a trastear por internet con este asunto de las comisiones, por si realmente fuera de mi interés. Sobre todo porque el aviso procede de una entidad bancaria que ha recibido cuantiosos fondos públicos para sanear su situación durante la crisis. No es cosa de despreciar las indicaciones de este tipo de bancos.

La crisis comenzó siendo financiera, para convertirse luego en económica, de empleo, social, política y hasta cultural. Una crisis de la que no hemos salido. Puede que vivamos momentos de crecimiento económico, o de nuevas recesiones, pero el estado de crisis permanente, se ha instalado entre nosotros, para quedarse.

El caso es que me entero de que los que tenemos cuentas en los bancos, cualquier banco, estamos pagando las famosas comisiones que nos cobran por tener abierta una cuenta en su entidad. Al parecer pagamos con ellas casi la totalidad de los gastos de personal de la banca. Antes daban algo de dinero, aunque fuera poco, por tener el dinero en sus oficinas. Ahora nos lo cobran.

3 Nov, 2019

Teníamos un plan

Me llama la atención cómo han cambiado los tiempos. Hace no tantos años, no más de veinte, la política urbanística se regía por decisiones políticas que se plasmaban en un Plan. Madrid tenía un Plan General de Ordenación Urbana y hasta Gallardón, al frente de la Comunidad de Madrid, se esforzaba en consensuar un Plan Regional de Estrategia Territorial.

Parecen cosas del pasado. Aquellos tiempos en los que el alcalde Tierno Galván presentaba el Plan General del 85, que habían redactado y sometido a consulta los responsables de urbanismo municipal, herederos de Eduardo Mangada, que había sido primer teniente de Alcalde y concejal de urbanismo en la primera corporación democrática,

-El hecho es que el Plan se fue configurando y vi que era la ciudad reducida a texto, lo mismo que la teología es la divinidad reducida a texto. Así como la textualidad de lo divino es la teología, el Plan es la textualidad de la ciudad. Pero hace falta un texto para leer la realidad, que es la tarea intelectual más alta, convertir la realidad en texto legible.

De eso se trataba, en palabras del viejo profesor,

-Leer significa entender,

La ciudadanía, las mujeres y hombres que habitan la ciudad, aprendiendo a leer, interpretar, juzgar la realidad del territorio que habitan, decididos a transformarla. Recuerdo movilizaciones, allá por el 87 del siglo pasado, contra la desrucción de espacios industriales integrados en la ciudad, para ser recalificados como suelo para construcción de viviendas, caras por supuesto.

3 Nov, 2019

Turismo de calidad

El turismo ha sido, desde los años 60, una de las locomotoras que han impulsado la economía nacional. Para poder desarrollar económicamente un país atrasado hay que buscar capitales para invertir. El franquismo los encontró, principalmente, de dos maneras. Mandando trabajadores al extranjero para que repatriaran dinero abundante con el que mantener a las familias que habían dejado atrás y aprovechando la única industria disponible y no obsoleta en España, el sol.

Así fue como el turismo, junto a la emigración, aportaron los capitales necesarios para afrontar inversiones en la construcción de viviendas, de instalaciones hoteleras, o infraestructuras de otro tipo. Carreteras, pantanos, vías ferroviarias. En menor medida, para la industrialización de España.

Pero la emigración ya no es lo que era. Quienes se fueron ya han retornado, o se han instalado definitivamente con sus familias en los países de acogida. Volverán tras jubilarse, si la atención a los nietos se lo permite. En cuanto a la industrialización tuvo su ascenso durante esta etapa de desarrollismo, sus procesos de reconversión y declive a partir de los años 80 y la globalización le ha dado la puntilla definitiva, quedando enquistada en valores bajos en comparación con países europeos con los que podríamos compararnos.

Para más inri, la industria es muy dependiente de las decisiones corporativas de las grandes multinacionales que pueden producir, deslocalizar, o instalar, sus factorías en cualquier lugar del planeta. Lo hemos visto recientemente con Coca-Cola. Esas decisiones condicionan el futuro de una ingente cantidad familias y de pequeñas y medianas empresas auxiliares industriales y de servicios.

Dice Eduardo Galeano, Nuestra derrota estuvo siempre implícita en la victoria ajena; nuestra riqueza ha generado siempre nuestra pobreza para alimentar la prosperidad de otros: los imperios y sus caporales nativos. En la alquimia colonial y neo-colonial, el oro se transfigura en chatarra y los alimentos se convierten en veneno.

Era el año 1971 y a sus 31 años, acababa de ver publicado su libro Las venas abiertas de América Latina. Un fresco y hermoso ensayo sobre la conquista, la colonización, el imperio español, la independencia, la pervivencia del  colonialismo local de los criollos, el colonialismo británico y, más tarde, el de los Estados Unidos.

Poco podía intuir que los rostros del neo-colonialismo tendrían, pasado el tiempo, rasgos chinos al frente de bancos y corporaciones multinacionales. Poco podía pensar que, además de los omnipresentes estadounidenses, otros americanos, también del Norte, pero esta vez canadienses, o australianos del otro lado del Pacífico, iban a obtener concesiones del gobierno ecuatoriano para deforestar la Amazonía; para extraer petróleo y quemar inmensas cantidades de gas sobre la selva y sus pobladores; para horadar minas de cobre a cielo abierto, acaparando el agua y contaminándola; para instalar poderosos agronegocios, y construir pantanos, presas, centrales hidroeléctricas en los caudalosos ríos.

Nuestro querido Eduardo Galeano, con su inmensa humanidad a cuestas, decía que América Latina era región de venas abiertas, Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos.

Un día más. Uno de esos días internacionales, en los que las Naciones Unidas llaman la atención sobre un problema sangrante que requiere la atención de los gobiernos, de la sociedad. Algo que ocurre a nuestro alrededor, sin que muchas veces nos demos cuenta. Muchas de las personas afectadas por ese problema no tienen ni idea de que haya un día dedicado a ellos.

Da poco de sí, pero menos da una piedra. Ese día, algún que otro gobernante dice algo sobre el problema y visita una ONG. Todo organizado, medido, controlado por el gabinete de comunicación. Acompañado por las cámaras. Unas fotos, unas declaraciones. Adiós muy buenas, ha sido un placer, hasta el año que viene. Quienes pasan los días y los años, la vida entera, dedicados a combatir el problema lo seguirán haciendo.

Se acerca el 17 de octubre, Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza. El día en el que más de cien mil personas se concentraron en la plaza del Trocadero de París, en 1987, para exigir el fin de la pobreza, la violencia y el hambre.

Han pasado más de treinta años y en el planeta hay más de 800 millones de personas en el mundo que viven con menos de 1´25 dólares al día, mientras que muchos más carecen de vivienda, agua potable, saneamientos, alimentación, educación, sanidad pública.

Tampoco en Madrid, la región capital y una de las regiones más ricas de España, podemos decir que la pobreza haya desaparecido. La crisis siempre es una buena disculpa para justificar que una de cada cinco personas vivan en la pobreza en nuestra Comunidad. O que más de 250.000 niños y niñas vivan en la pobreza. O que cada vez un número mayor de personas que tienen trabajo no consigan retribuciones suficientes para dejar de ser consideradas pobres.

Ya sé que después de escribir sobre fifís, fresas, pirrurris y piojas resucitadas, me había comprometido a hacerlo sobre morenacos, chairos, nacos y mamertos. Pensaba cerrar un corto ciclo que me ayudara a entender mejor una sociedad tan lejana y tan cercana como la del México de nuestros días.

Sin embargo, la vida manda. No hay que dejar de lado las trasversales que se cruzan en el camino. No hay que perder la ocasión de encadenar trayectorias, enlazando unas con otras. Volveré a México, pero ahora tocaba preguntar por wash a un amigo,

-Jo, vaya lío que hay en Ecuador, ¿no? En las televisiones parece que todo está muy revuelto.

-Ya te digo. Y mi hijo pequeño está allí. Con los suhar.

Hizo la carrera en Madrid, un máster en Barcelona, algo así como Antropología y Etnografía. Cuando acabó decidió tomarse un tiempo para practicar lo suyo, en vivo y en directo, en un proyecto de cooperación internacional con los shuar. Cuando eres joven el tiempo es infinito.

Mi amigo se alegró, porque el tiempo del máster en Cataluña se le hizo eterno. Referéndum, manifestaciones, lazos y banderas, trasiego callejero. El chaval contento, envuelto en la estelada de acá para allá. Lo de Ecuador le pareció al principio hasta una liberación. Ahora piensa que nunca se sabe.

No tengo ni idea de quiénes son los shuar, ni qué hace su hijo con ellos, pero para eso está mi amigo,

-Los shuar son una étnia del tronco jíbaro y mi Juan se fue con ellos porque conoció en Barcelona a un amigo ecuatoriano y le puso en contacto con una ONG que tiene proyectos por allí. Ahora, a ver cómo nos lo traemos, además de que no quiere.

Isabel,

He decidido escribir esta carta cuando te me has cruzado en el Parlamento Regional con una respuesta aparatosa, desmedida, injusta y descortés, como poco. No era necesario sacar pecho de esta manera para contestar a la ultraderecha regional que te preguntaba por tu silencio ante la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica y la sentencia del Tribunal Supremo sobre la exhumación de los restos del Dictador.

Atribuiste a Pedro Sánchez y a una supuesta hoja de ruta de la izquierda el que hablemos, en estos momentos, de la memoria y de la salida del tirano de su tumba en el Valle de los Caídos. Según tú, las izquierdas andan empeñadas en acabar con la Transición, la Corona, la Constitución, la unidad de España, la fortaleza de las instituciones y la convivencia entre los españoles. Se me antojan demasiadas tareas simultáneas para una izquierda tan fracturada.

Es entonces cuando soltaste la injusta frase, A mí me espanta la Ley de Memoria Histórica. Te quedaste tan fresca, tras leer aplicadamente los apuntes del papelito que llevabas entre las manos. Y no contenta seguiste leyendo, ¿Será lo siguiente la Cruz del Valle, todo el Valle, las parroquias del barrio arderán como en el 36? Sin emoción alguna, como recitando en clase un texto que no habías escrito, como una niña buena a la que le obligan a leer un párrafo poseído de Regan McNeil en El Exorcista.

Pero tú no eres una niña. A mediados de mes, si no falla la Wikipedia, cumples años. Pese a tu estilo personal de princesita de cuento hace ya mucho tiempo  que perdiste la fe (tú misma has declarado que a los 9 años), más de 20 desde que estudiabas periodismo, una docena desde que te colocaron en la consejería de Alfredo Prada y la reina de las ranas se fijó en ti y te puso a prueba como corresponsal en redes sociales, gestionando la cuenta canina de su perro Pecas en Twitter. Me llamo Pecas y vivo en Malasaña con una rubia castiza. Incontrolable. Liberal. Seductor.

Hace ahora 100 años, Salvador Seguí, a quien por su tierra llamaban el Noi del Sucre por su afición a comerse los terrones de azúcar que le servían con el café, pronunciaba una conferencia en el Ateneo de Madrid. Junto a otro conocido anarcosindicalista, Angel Pestaña, andaba embarcado en un ciclo de conferencias por toda España.

Explicaban, a quien quería escuchar, el éxito de la Huelga de La Canadiense, la situación tormentosa del nacionalismo catalán, las tortuosas relaciones con la burguesía y las estrategias del sindicalismo en un momento tan complicado como el que acabaría desembocando en la Dictadura de Primo de Rivera, el último intento del Borbón para echar tierra sobre la corrupción y la insostenible situación social y política del país.

Un momento marcado por la crisis económica mundial desencadenada tras el estallido de la I Guerra Mundial, que terminaría con estallidos revolucionarios en Rusia, Alemania, o el nacimiento del fascismo en Italia. Dos huelgas generales habían sacudido España a finales de 1916 y, de nuevo, de forma un tanto precipitada, en 1917.

La burguesía catalana andaba revuelta y convocaba la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, para plantear la reforma de la Constitución de 1876, en uno de esos movimientos pendulares que les llevaba del independentismo a las exigencias de intervención urgente del ejército para contener a las masas obreras.

Siempre nos engañan. Y mira que somos muchos. Dicen que más de 900 millones en el mundo. Dentro de 15 años parece que las personas mayores de 60 años seremos más de 1400 millones. A los ricos y poderosos les preocupa muy poco, casi nada, nada, que el dinero se desborde por las cloacas del derroche, de las corrupciones y pudrideros. Sólo les importa que el dinero siga circulando, el consumo continúe creciendo, aunque la contaminación vaya aumentando y el planeta prosiga su degradación en progresión geométrica.

Eso sí, les importan mucho nuestras pensiones. Les obsesiona sobre todo lo que cuestan nuestras pensiones. Un gasto impagable, insostenible, inviable, según ellos. Miles de jubilados se concentran cada semana en las plazas de algunas ciudades. Unas decenas marchan estos días hacia Madrid. Varios cientos se concentran de vez en cuando ante el Congreso de los Diputados. Piden justicia, dignidad, políticos decentes.

Pero los políticos están en otras cosas, en otros mundos que no son los nuestros. Unos porque son nacionales y bastante tienen con preocuparse por aquellos otros que dicen ser nacionalistas. Unos se proclaman taurinos y otros antitaurinos. Unos colocan grandes banderas y otros lazos bien grandes. Unos con Madrid Central y otros en contra. Todos a favor del negocio inmobiliario seguro en Chamartin y el paseo de la Dirección. No es cosa de ponerse a mal con los que de verdad mandan. Los bancos, las constructoras, las inmobiliarias.

5 Oct, 2019

Trabajo decente ya

Rompo mi línea de reflexiones sobre la formación de los trabajadores y trabajadoras, aunque prometo no abandonarla, para abordar una cita anual que suele pasar despercibida, pero que me parece importante, no tanto por lo que se haga, sino por lo que representa. Me refiero a la convocatoria de la Jornada Mundial por el trabajo Decente cada 7 de octubre.

El concepto de trabajo decente fue acuñado por Juan Somavía en el primer informe que presentó como Director General de la Organización Internacional del Trabajo OIT), en 1999. Trabajo Decente, según la propia OIT, significa  aquello a lo que aspira toda persona a lo largo de su vida laboral y que podemos resumir en tener un puesto de trabajo acompañado de derechos laborales, cobrar un salario justo, conseguir protección ante los riesgos laborales, obtener protección social para las familias. Una pensión cuando llega a la edad de jubilación.

Trabajos dignos que mejoren a las personas y a la sociedad, que aseguren la libertad para expresar opiniones, negociar, organizarse en sindicatos, con igualdad de oportunidades, igualdad entre mujeres y hombres. El Trabajo Decente se ha ido constituyendo en una barrera frente a los desmanes planetarios del capitalismo en su versión ultraliberal y depredadora del planeta.

La OIT cumple este año su primer centenario. Una organización internacional que aglutina a gobiernos, organizaciones empresariales y sindicatos de todo el mundo. El lema conmemorativo de sus primeros cien años, habla de Impulsar la Justicia Social, promover el Trabajo Decente.

El 1 de Octubre se conmemora el Día Internacional de las personas de edad, a las que antes llamábamos tercera edad, luego mayores y mucho antes viejos. El bienestar de este colectivo no depende tan sólo de una pensión suficiente que asegure su autonomía económica personal. La realidad es que en las sociedades modernas, además de la pensión, hay que tomar en cuenta otros elementos como los recursos y servicios destinados a atender las situaciones de dependencia.

Vamos a cumplir trece años desde la probación de la Ley de Dependencia. Se publicó el 14 de diciembre de 2006, el mismo día en que, 18 años antes, se había desarrollado en España la primera gran huelga general y unitaria de la democracia. Fruto de aquella huelga se habían producido avances sociales importantes como la aprobación de la Ley de Pensiones No Contributivas, para las personas que no habían cotizado los años necesarios para acceder a una Pensión de Jubilación.

A principios de 1995, tras ser negociado con sindicatos y empresarios, los partidos políticos aprobaron en el Pleno del Congreso de los Diputados, el Pacto de Toledo, que establecía 15 medidas y recomendaciones encaminadas a asegurar el futuro de la Pensiones en nuestro país.

Ha sido una de esas pocas veces, después de la famosa Transición democrática, en la que los partidos supieron escapar al tacticismo electoralista y conseguir un consenso en el que nadie estaba plenamente satisfecho, pero la ciudadanía conseguía despejar un horizonte turbio y un dudoso futuro.

Mi patria son mis hermanos que están labrando la tierra. La Canción de soldados, de Chicho Sánchez Ferlosio. Justo antes de realizar esta afirmación, comenzaba proclamando, Dicen que la patria es un fusil y una bandera. Eran tiempos de resistencia. Compuesta en 1963, nos acompañó a lo largo de los últimos años del franquismo, la transición y los primeros e ilusionantes años de la democracia. Era una de las interpretaciones obligadas para quienes aprendíamos a tocar la guitarra.

Sea como fuere, lo importante es que aprendimos con ella que las banderas, más grandes o más pequeñas, los desfiles militares, los himnos patrióticos valen de bien poco si antes de ellos no se ha construido una patria de derechos y libertades compartidos. A decir verdad, ya los romanos lo entendían así. Quien es libre y tiene derechos tiene y forma parte de una patria, mientras que quien no es libre, ni tiene derechos, forma parte como mucho, de una horda bárbara.

De ahí la importancia que tienen los derechos sociales. De ahí que Madrid, una de las sociedades más ricas de España, no pueda bajar la guardia. Los datos son preocupantes. La desigualdad se está convirtiendo en un fenómeno estructural; la pobreza, el riesgo de caer en ella, se enquista en determinados sectores de la sociedad. La protección de la sociedad es cada vez más débil para contener los efectos.

Unanimidad. Dicen en los medios que el Tribunal Supremo ha rechazado por unanimidad el recurso presentado por la familia Franco para evitar la exhumación del dictador del Valle de los Caídos. El nombre del valle no tiene desperdicio, porque los llamados caídos fueron, en realidad, derribados, abatidos, asesinados, fusilados de frente, o de espaldas, tirados en fosas comunes. Con saña empecinada, rencor acumulado, ira desmedida, ferocidad sin límites.

Unanimidad, también, en la decisión de que el destino de los restos del tirano no sea la catedral de la Almudena, sino el cementerio de Mingorrubio, donde ya se encuentran su esposa, Carmen Polo, su hija también Carmen, sus dos manos derechas, Carrero Blanco y Arias Navarro, junto a un buen número de sus ministros y compañeros de armas, sin que falten algunos de sus fieles empresarios como Banús, ilustres familias del régimen y hasta el panteón familiar de algún sanguinario dictador dominicano como Trujillo. Nada que ver con las decenas de miles de víctimas que le rodean llenando cada noche de sangre derramada su alma.

Allí seguirá muriendo junto a una parte importante de los suyos, como en el mejor de sus cortejos cantado por Joaquín Sabina. Adivina, adivinanza. Mucho más de lo que pueden tener quienes yacen sin nombre en las cunetas, junto a las tapias de los cementerios, o en fosas comunes, en los campos de refugiados franceses y después, humo y cenizas, en los campos de concentración nazis, en los atentados y sabotajes de la resistencia, o en las trincheras del ejército de la Francia Libre, que les ofreció la oportunidad de morir combatiendo el fascismo internacional, el nacionalsocialismo, con la esperanza de que después Europa barrería el nacionalsindicalismo de las estepas castellanas.

Nací cerca de Cuelgamuros, en un pueblo serrano de barreneros, canteros, labradores de la piedra. De allí salieron los adoquines que aún se encuentran bajo el asfalto de Madrid, las piezas restauradas de  El Escorial, o el Palacio Real, los bloques que fueron elevando la Cruz del Valle. De aquellas canteras salieron también las losas de 2.000 kilos que sellan las tumbas de José Antonio y del general golpista.

5 Oct, 2019

Izquierda desnortada

Es de sobra conocido que la famosa Ley de Murphy tiene diferentes formulaciones, no todas ellas atribuibles al propio Murphy. Hay quien la enuncia de forma sencilla afirmando, Si puede ocurrir, ocurrirá. Una manera más pesimista de decirlo sería, Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en desastre, alguien lo hará de esa manera.

De forma más radical hay quien enuncia la famosa Ley diciendo, Todo lo que pueda salir mal, pasará. O dicho de otra manera, Lo que pueda salir mal, saldrá mal. Tampoco faltan quienes en sus ansias de trasladar la formulación a un caso práctico terminan afirmando, La rebanada de pan untada de mantequilla siempre caerá al suelo por el lado de la mantequilla.

Es evidente que la rebanada no caerá siempre del lado de la mantequilla, aunque ocurra con mayor frecuencia, por razones físicas que tienen que ver más, según parece, con la altura de la mesa que con el peso de la mantequilla. El éxito de la Ley de Murphy pone de relieve nuestra capacidad de recordar antes lo malo, que lo que no tiene consecuencias negativas, tal vez a causa de un cierto pesimismo natural, o un miedo ancestral al fracaso.

En cualquier caso, la virtud de la Ley de Murphy consiste, creo yo, en el hecho de llamar nuestra atención sobre la ineludible necesidad de tomar en cuenta, prevenir y anticipar los errores que se pueden cometer y que, probablemente, se terminarán cometiendo. Hacerlo así podría evitar numerosos disgustos. A esta forma de actuar se la puede denominar diseño defensivo y tiene su importancia también en política.

Muchos nos lamentamos de lo que acaba de ocurrir en la política española. Esa inusitada, surrealista, imprevisible convocatoria de las cuartas elecciones generales consecutivas en menos de cuatro años. La mayoría de la población asiste, entre la indignación y el asombro, a la irresponsabilidad inadmisible de unas fuerzas políticas, que se recrean hablando de Estado, Patria, Nación, mientras parecen ir a lo suyo, siguiendo lógicas que no son las habituales entre el común de los mortales.

Nosotros preocupados por las inundaciones, por los incesantes asesinatos machistas, la subida de los precios, el cambio climático, los empleos inseguros, inestables, precarios; por la imposibilidad de comprar unas viviendas que, sin embargo, alguien tiene que estar comprando, porque no bajan de precio; el inicio siempre caótico del curso de nuestros hijos, las situaciones insostenibles de dependencia de nuestros mayores. Y ellos a lo suyo. A declararse incapaces de llegar a un acuerdo de izquierdas, o cerrados a cualquier posibilidad de facilitar la gobernabilidad del país, desde la derecha.

Se me ocurre que, tal vez, hemos confiado demasiado en la primacía de lo político, ignorando una vez más que la política es de esas pocas cosas importantes que no podemos dejar sólo en manos de los políticos. Las políticas deberían ser decididas en muchos espacios organizativos, que no tienen que ver, tan sólo, con los partidos.

Una de las cosas buenas que tiene el verano es que cambiamos las rutinas habituales impuestas por el trabajo, el colegio de los niños, la atención a las necesidades personales y familiares cotidianas. De repente puedes prestar atención a personas que aparecen en el horizonte, camino a cualquier parte del mundo. Incluso puedes entretenerte en buscar el sentido de cosas que, en circunstancias normales, no podrías pararte a pensar.

Así me ha pasado uno de estos días de verano, cuando se ha cruzado en mi camino una mujer mexicana que aprovecha el verano para visitar a sus hijos desperdigados por Europa. Viene de Puebla, uno de los 32 Estados que conforman los Estados Unidos de México. Sus rasgos indígenas y cuanto refiere sobre su vida me trae a la cabeza las imágenes en blanco y negro de Cleo, esa mujer a la que este año hemos conocido en su vida de criada a través de la película Roma, dirigida por Alfonso Cuarón.

Hablar con personas que vienen de otros lugares lejanos permite conocer otras formas de entender la vida y las palabras que las definen. Así me ha ocurrido con algunas expresiones que me ha enseñado y que desconocía como fifí, fresa, pirrurri, o pioja resucitada, que sin embargo son, al parecer, muy comunes en México. Palabras que podemos encontrar en el diccionario de la Real Academia, o de la Academia Mexicana de la Lengua, pero que no forman parte de nuestro argot cotidiano.

Fifís parecen ser aquellas personas presumidas, de clase media y alta, que sólo se ocupan de seguir las modas. La palabra, según me he ido enterando más tarde, tiene variados orígenes y procedencias. Uno de ellos, el cuento Mademoiselle Fifí de Guy de Maupassant, que nos cuenta la vida de un marqués de maneras afeminadas y no por ello menos duro, fiero y brutal.

Comentando uno de mis artículos sobre las revoluciones en marcha, mi amigo Eduardo Mangada me traslada una reflexión de Albert Camus, Tenemos que pensar y aprender de nuevo a ver. La frase viene a cuento de otra reflexión sobre las consecuencias de los cambios que se han producido en lugares como la Alemania del Este, antaño un Estado comunista y donde ahora la derechista Alianza para Alemania crece de forma destacada.

Cree mi amigo que estas transformaciones, que observamos en toda Europa y en el conjunto del planeta, deberían hacernos revisar imágenes y tópicos interesados. Termina su reflexión con un llamamiento a mirar y ver (como el Angelus Novus de Klee-Benjamin), las ruinas que ha dejado la historia bajo nuestros pies, como un vendaval que nos zaradea y nos impide volar libremente.

La reflexión me parece pertinente, novedosa y sugerente, pese a referirse a imágenes y personajes como Camus, Benjamin, Klee y sus inevitables conexiones con otros como Zweig, Mann, Hesse, Gide, que sintieron la soledad del combate contra las ideologías totalitarias que amenazaban con destruir la dignidad de la vida humana en Europa y en el planeta.

Con este Angelus Novus he sentido algo parecido al momento en que Jesús Montero me incitó a descubrir el jetztzeit de Walter Benjamin, ese tiempo-ahora, lleno de energía, preparado para dar un salto hacia el futuro, siempre que exista la chispa que desencadene la transformación. Muy distinto al tiempo vacío de las clases dominantes que escriben la historia de los vencedores.

Comencé buscando la frase de Camus, pensar es aprender de nuevo a ver, dirigir la propia conciencia, hacer de cada imagen un lugar privilegiado. No llama a descubrir verdades absolutas y conocimientos completos. Llama a prestar atención a cuanto nos rodea, a cambiar nuestra manera de percibir el mundo. Tal vez lo que pretende no es otra cosa que experimentar la sensación del absurdo que surge de la confrontación entre la búsqueda del ser humano y el silencio irracional del mundo. Lidiar con este mundo sin libertad es volverte tan absolutamente libre que tu mera existencia sea un acto de rebelión, concluye Albert Camus.

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