Hace dos años conmemorábamos el bicentenario de Karl Marx, nacido el 5 de mayo de 1818 en Tréveris, territorio prusiano cercano a la frontera francesa y pegado a Luxemburgo. Diferentes universidades y organizaciones políticas y sociales organizaron congresos, encuentros, conferencias, homenajes y hasta el gobierno chino regaló una estatua de 5 metros de altura a la ciudad donde nació Marx.

Representé al Ateneo 1º de Mayo en aquella hermosa iniciativa de los hermanos Sánchez Seseña de editar un libro en el que publicaron sus opiniones sobre la vida y la obra de Marx representantes del mundo del arte, la política, la universidad, la sociedad, la cultura. Personas como Julio Anguita, Begoña San José, Jorge Riechmann, Nicolás Sartorius, Teresa Aranguren, Cayo Lara, Fernández Buey, Marta Evelia Aparicio, Paco Frutos y otras muchas personas. El libro se tituló Dígaselo con Marx y sigue siendo difundido por Ediciones GPS.

Tan sólo dos años después es el inseparable amigo, compañero y colaborador de Marx, Federico Engels, el que cumple 200 años el 28 de noviembre. Los actos serán menos, muchos menos, poco vistosos y pasarán más desapercibidos, sobre todo por culpa de la pandemia, pero no sólo.

Destacamos siempre la figura de Marx y situamos en un segundo plano al también alemán Friedrich Engels, olvidando que, desde que se conocieron siendo jóvenes, el libro de Engels sobre La situación de la clase obrera en Inglaterra,  se convirtió en el estudio de campo y material de referencia que Marx utilizó para contrastar la veracidad de sus hipótesis y extraer conclusiones, compartidas siempre con su amigo.

La obra había sido escrita por el joven Engels recogiendo su experiencia personal con las trabajadoras y trabajadores de la fábrica textil de su padre en aquel Manchester decimonónico, foco industrial imprescindible del poderoso, globalizado y globalizador imperio victoriano.

Obras como La sagrada familia, La ideología alemana, o el propio Manifiesto del Partido Comunista son fruto de la colaboración de ambos, de Karl Marx, al que todos conocían como El Moro y de Friedrich Engels, al que los Marx apodaron como El General. Para nadie es un secreto que la familia Marx hubiera acabado en la más absoluta miseria de no ser por la ayuda constante y permanente de su siempre pródigo y generoso Engels.

Marx murió relativamente joven en términos modernos, sin haber llegado a cumplir los 65 años y fue enterrado en el cementerio de Highgate, en Londres. Hoy un impresionante busto recuerda su figura imponente, pero el día de su entierro no había allí más que una docena de amigos, familiares y conocidos entre los que no podía faltar Engels. Unos pocos y breves discursos y la lectura de algún telegrama de los partidos socialistas de Francia y de España.

A partir de ese momento fue Friedrich Engels el que dedicó el resto de sus días a la construcción del marxismo a base de descifrar la jeroglífica letra de Marx, ordenar el laberinto de sus papeles, interpretar el sentido del pensamiento de su amigo. Sólo él podía acometer esa tarea que le ocupó los últimos doce años de su vida y que permitió que el segundo y tercer volúmenes de El Capital vieran la luz, además de revisar y publicar un buen número de obras que habían escrito conjuntamente, otras de Marx y algunas que redactó en esta época.

Y todo ello, además de convertirse confidente, amigo, padre adoptivo de las hijas de Marx y en referente obligado para los partidos obreros, que fueron naciendo a lo largo de todo el planeta, aunque no consiguió evitar el aumento de las tensiones entre las corrientes más moderadas que conducían al reformismo, que podríamos representar en Bernstein y el radicalismo izquierdista que terminó dando lugar a la III Internacional, que representaría Vladimir Ilich Uliánov, alias Lenin.

Sus cenizas fueron entregadas al mar, en 1895, por Eleanor, una de las tres hijas de Marx, en compañía de unos pocos amigos. Sin Engels no habría existido el marxismo, ni la vinculación del mismo y de los partidos obreros con los sindicalistas. Engels se había convertido en el referente e impulsor de las primeras grandes luchas sindicales de los estibadores londinenses del East End y de las manifestaciones obreras del industrial, sucio, contaminado y brutal Londres del último tercio del siglo XIX.

Manifestaciones como la de aquel primer 1º de Mayo en Hyde Park, al que acudieron centenares de miles de trabajadores y trabajadoras y que también fue testigo de su intervención en los mítines del día de fiesta, conmemoración y lucha de la clase  obrera. Sin duda Engels es una de las grandes figuras que merece el recuerdo, la lectura, el estudio y el afecto de quienes seguimos vendiendo nuestro trabajo y padeciendo las consecuencias de un mundo diseñado a nuestras espaldas, cuando no en contra nuestra.

Un hombre consciente de que “la forma en que la gran masa de los pobres son tratados por la sociedad moderna es verdaderamente escandalosa”. Un hombre que sabía que “cuando sea posible hablar de libertad, el Estado como tal dejará de existir”. Aquel que, pese a todo el trabajo desarrollado para dar a conocer el pensamiento de su amigo, no dudaba en declarar “tal como Marx solía decir acerca de los marxistas franceses de finales de los setenta: todo lo que sé es que no soy marxista”.

El 25 de noviembre, en el Ateneo 1º de Mayo dedicaremos una parte de la tarde, a partir de las 19 h, a hablar sobre Friedrich Engels con Carlos Berzosa, catedrático de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad Complutense de Madrid y Rector de la misma entre 2003 y 2011. Precisamente el día que ha sido declarado Día Internacional de eliminación de la violencia contra la mujer, por parte d elas Naciones Unidas.

No olvidemos que una parte importante del trabajo de Engels se dedicó a reflexionar sobre la familia, la sumisión y sobreexplotación de las mujeres, la sociedad patriarcal. La violencia, en definitiva que la sociedad ejerce de forma permanente y constante contra la mujer.

22 Nov, 2020

Mayores como Paquita

Hace ya tres años publicaba en este mismo espacio, al que los amigos de @infoLibre han decidido llamar Plaza Pública, una Carta abierta a Paquita. Me parecía que, con más de 90 años, esta mujer luchadora, perseverante y libre merecía unas cuantas palabras de agradecimiento.

Ella y toda esa generación que tuvo que bandearse y mantener el tipo en los dolorosos días de la guerra de España, la despiadada posguerra (Paquita visitaba a su padre en la cárcel en aquellos mismos días en los que mi madre visitaba a la suya en la cárcel de Ventas), la agotadora dictadura franquista, la insoportable represión y esa tan denostada transición, en la que consiguieron anteponer el huevo a cualquier fuero y pusieron los bueyes por delante de la carreta.

La generación de Paquita era la de las 13 Rosas, o la de María Luisa Suárez, la fundadora del primer despacho laboralista madrileño en la calle de la Cruz. Pegadas a sus faldas crecieron Lola González Ruiz, Cristina Almeida, Manuela Carmena, Begoña San José, y muchas mujeres como Paquita, Josefina y otras más jovencitas como Salce Elvira y su hermana Mari Cruz, Dolores Sancho y tantas otras, como la recientemente fallecida Susana López.

22 Nov, 2020

El teorema del relato

Asistí recientemente a una reunión de la Tertulia Indio Juan, la tertulia de autor del Ateneo 1º de Mayo, que hemos recuperado en formato digital en estos tiempos de pandemia. El encuentro del día se producía con Manuel Rico, escritor de una docena de poemas y otra docena de novelas, además de ensayos, libros de viajes, artículos, merecedor de un buen puñado de premios literarios y presidente de la Asociación Colegial de Escritores de España.

Manuel recitaba alguno de sus poemas, se formulaban preguntas, escuchaba respuestas que hablaban de los barrios populares de Madrid, de los patios en las antiguas casas, los tranvías, las formas de entender la poesía en nuestro tiempo, la necesidad de contar nuestras historias, convertirlas en poemas, relatos, novelas, para que nuestras vidas no se pierdan en el tiempo, como lágrimas en la lluvia, tal como diría el replicante Roy Batty en Blade Runner.

Ya antes de esta pandemia, no pocos avisaban de que el mundo moderno es guiado por fuerzas que conocen todo sobre nuestras necesidades y nuestros pensamientos, predicen lo que vamos a necesitar y qué vamos a pensar y son capaces de desarrollar la propaganda y la publicidad hasta límites insospechados y planificar qué necesitaremos y hasta qué ideas tendremos.  Ya no es necesario mantener policías y desplegar tropas en la calle para controlarnos, sólo es necesario predecir nuestras necesidades, crear sensaciones, diseñar tendencias, utilizando el ingente potencial de datos que regalamos cada día.

22 Nov, 2020

Banderas de Navidad

Que vivimos una situación difícil es algo que nadie en su sano juicio se atreve a poner en duda. Sin embargo el problema no es saber dónde estamos los muchos Nadies que poblamos los aledaños de los mundos modernos. El problema es saber cómo estamos y qué posibilidades tenemos de salir bien parados de ésta.

Llegan las Navidades, extrañas como nunca, extrañadas, desconocidas. Muy pocos de entre los vivos recordarán Navidades como las que se avecinan, tal vez más pobres sí, menos pacíficas también, pero tan insólitas no. Y mira que tenemos vistas cosas.

-Los Nadies, los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos: Que no son aunque sean,

de los cuales nos hablaba Galeano.

Y en estas llegan los alcaldes y deciden poner más luces que nunca para alegrar un poco los duros días de los que venimos y para iluminar las oscuras noches que se avecinan. Y llega el de Madrid, capital de las muchas Españas que componen España y se lía la manta a la cabeza y encarga más de un kilómetro de bandera nacional entre Neptuno y Colón.

13 Nov, 2020

Alquileres sociales

Parece que tendremos una ley de vivienda que va a establecer topes al alquiler. Me parece bien. Ya sé que hay quienes defienden que un piso es una propiedad privada y que nadie debe intervenir en materia de propiedad privada, pero eso es una trampa, especialmente cuando a la propiedad privada le unimos el libre mercado.

No se nos ocurriría, en ningún caso, dejar en manos de la propiedad privada y del libre mercado la salud, la educación, los servicios sociales, la atención a la dependencia, pero sí dejamos mangonear el derecho al acceso universal a una vivienda digna que establece  nuestra Constitución.

En nombre de la propiedad privada y del libre mercado se defiende que los grandes propietarios de vivienda puedan jugar a su favor con los precios de venta, o de alquiler. Estamos hablando de los famosos fondos buitre que han invertido decenas de miles de millones de euros para hacerse con decenas de miles de viviendas de alquiler en nuestro país, controlando el mercado y los precios con mano de hierro.

n estos días fuera del tiempo, en los que vivimos en espacios limitados y restringidos, inmersos en los ciclos vitales, trastornados por el ir y venir de los confinamientos, del desesperado discurrir de las estaciones, se nos han echado encima varios centenarios surgidos de detrás de cualquier efemérides.

Diez años de la muerte de Marcelino Camacho, ciento diez años del nacimiento de Miguel Hernández en Orihuela, o los ciento once del nacimiento de Largo Caballero. Hay muchos más, pero dejadme que los reserve para nuevos artículos y no alargue demasiado éste. Además cada una de estas efemérides convoca en mí recuerdos anclados en mi memoria, tal vez ocultos, pero no desaparecidos.

Marcelino siempre me trae a la mente el hombre sereno, amable, como el viejo maestro que una y otra vez insiste a sus alumnos en la necesidad de aprender, hasta que los chavales descubren, por sí mismos que, efectivamente, hay que aprender cuanto es necesario para vivir y que no se puede andar a la última pregunta, que cuesta dejar de hablar de oídas y aportar algo nuevo que sea mejor que permanecer callado.

No he viajado a Estados Unidos, ni he estudiado especialmente su historia, sus negocios, sus desventuras, ni sus variadas aventuras. Debo reconocer que la carrera de Geografía e Historia me interesaron más las minas de la Montaña Roja y el trabajo de los indios en Potosí que las aventuras de los colonos que unas veces comían pavos con los indios el día de Acción de Gracias y otros se dedicaban a cortar las cabelleras de unos cuantos indios.

No hay que olvidar que la famosa y horrenda costumbre de arrancar cabelleras no la inventaron los indios, sino los colonos que iban ocupando tierras que los indios no consideraban tan siquiera suyas. Unos tienen la fama y otros cardan la lana, dice el refrán y cada día me parece más cierto, cuando veo que aquellos que exterminaron a los indios y los recluyeron en campos de concentración a los que llamaron reservas no ven derribadas sus estatuas

Ya desde pequeño, aprendí de algún curita ensotanado, que el alma rusa tenía mucha más enjundia y profundidad que el alma superficial e intranscendente que habita en los estadounidenses. Luego he aprendido que nada es tan sencillo, que nunca se sabe y que hay de todo. En cualquier caso, salvadas las distancias geográficas, climáticas, o históricas, el alma española, festiva y trágica se me antoja que tiene mucho más que ver con la eslava que con el batiburrillo de hamburguesas y demás fast food triunfante entre México y Canadá.

Y no es que no aprecie a muchos de los grandiosos personajes surgidos de aquellas tierras, de un Mark Twain, o un Jack London, a un Paul Auster, una Toni Morrison, o Louise Glück, la reciente premio Nobel de Literatura, por hablar sólo de escritores y sin entrar en científicos, deportistas, artistas de todas las clases.

Tenemos mucho que agradecer también los trabajadores a los sacrificios y la sangre de la clase obrera americana, desde Chicago y el 1º de Mayo, hasta el Día Internacional de la Mujer Trabajadora que comenzaron a conmemorar las obreras del textil estadounidense para recordar las huelgas y marchas que protagonizaron a principios del siglo pasado para reivindicar mejoras en las duras y penosas condiciones de trabajo, que poco después desembocarían en el 8 de Marzo.

Sin entrar tampoco en la tremenda capacidad de dar acogida y una oportunidad de emprender una nueva vida a cuantos llegaban huyendo de desastres, guerras y persecuciones desde todos los rincones del planeta. Ocurre que los Estados Unidos se han ganado a pulso ser reconocidos como imperio que impone su criterio manu militari y sin complejos, desde su patio trasero sudamericano, hasta Vietnam, Irak, o Afganistán (lamentable, vergonzosa, por cierto, la imagen de Aznar en la famosa foto de las Azores).

No debería yo opinar, por falta de conocimientos y afinidad, sobre el proceso electoral que se vive en aquel país, aunque parece que provoca un interés generalizado y hasta quienes aquí se consideran de izquierdas sienten (sentimos) una enorme alegría por el triunfo electoral de un gris y desconocido Biden, acompañado de Kamala, frente a un chulesco, malencarado y provocador Trump, que nos ha tenido en vilo a lo largo de toda su presidencia.

Me alegro, porque todo podría haber ido peor de lo que parece que está yendo (no cantemos victoria, que hasta el rabo todo es toro) y esperemos que, efectivamente, Estados Unidos vuelva al combate contra el cambio climático, contra la pandemia, y a favor de una necesaria sensatez para abordar el futuro de la vida y de la especie humana en el planeta.

Y merece la pena que estemos muy atentos y le demos vueltas a lo que ha ocurrido y está ocurriendo en Estados Unidos. No sólo por lo que supone en y para los Estados Unidos, que siguen siendo una potencia mundial, sino porque a estas alturas la existencia de personas como Biden, o Merkel en Europa, nos alegran los días con algunas acciones y declaraciones firmemente democráticas.

Y porque algo tenemos que aprender de que el ganador Biden haya obtenido más de 75 millones de votos, pero que el perdedor Trump, haya conseguido la cifra record de casi 71 millones de votos. Y eso pese a su desastrosa presidencia, errante, caprichosa, con sus declaraciones estrambóticas y su actitud de pendenciero, fanfarrón e ignorante sólo atento a sus intereses, fuera y dentro de sus fronteras.

Mención aparte merece el hecho de que haya convertido la mentira en táctica y estrategia. Sabíamos del espectáculo en la política, sobre todo en la política americana, pero el manejo de los más bajos instintos, la mentira sistemática, la actitud de matón amenazante, que ha caracterizado el desgobierno de Trump, merece estudios, debates y conclusiones prácticas.

No basta que las fuerzas progresistas y de izquierdas nos alegremos por el resultado (que nadie nos robe este momento de alegría) porque Trump es tan sólo una muestra de un modelo perverso de liderazgo que, con variantes diversas, comienza a tener numerosos seguidores y a menudo éxito, en demasiados lugares del mundo. No los hemos traído nosotros, pero podemos evitar que sigan proliferando.

Hemos llegado hasta aquí como en un mal sueño. Vivíamos una vida y de pronto descubrimos que todo era un sueño y como si nos hubieran arrojado un cubo de agua fría, despertamos en una pesadilla. Como en aquel cuento que pasa por ser uno de los más breves del mundo, de Augusto Monterroso (nacido en Honduras, criado en Guatemala, exiliado en Chile y al final residente en México),

-Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

El monstruo indefinido, impreciso, turbio, al que siempre tuvimos miedo y que creímos haber desterrado para siempre a las leyendas del pasado, las películas de terror, los programas del milenio, el cuarto, se entiende. Allí estaba, como siempre había estado aunque no quisiéramos verlo.

Cuando despertamos la pandemia estaba allí. Los que no estaban eran los médicos, ni el resto del personal sanitario, por lo menos no estaban todos los que tenían que estar, en tiempo, forma y cantidad suficiente. Tampoco estaban los equipos de protección individual, las batas, trajes, mascarillas, pantallas protectoras, guantes, buzos. Ni en los hospitales, ni en las residencias. Lo que no había eran UCIs, camas hospitalarias, respiradores.

5 Nov, 2020

E-learning

Aprendizaje electrónico, enseñanza online, o virtual, electronic learning, teleformación, el resultado de la mezcla de la educación con las nuevas tecnologías, mucho más que educación a distancia, recibir materiales educativos en casa, procesarlos y remitirlos de vuelta para su corrección, mucho más que saber navegar por internet.

Para hacer bien esto del e-learning claro que hay que saber navegar por internet, manejar un ordenador, una tablet, un móvil, pero hay que contar con capacidad de autoaprendizaje, autonomía en la gestión del conocimiento, habilidad para colaborar con otras personas y trabajar como parte de un equipo.

La pandemia nos ha situado ante el verdadero sentido de cualquier proceso educativo. No se trata de acumular un montón de conocimientos, muchos de los cuales, con frecuencia, no tendrán utilidad alguna en nuestras vidas. Se trata de ser capaces de adaptarse a situaciones cambiantes, saber dónde podemos encontrar el conocimiento que necesitaremos en cada momento.

El pasado martes leí un hermoso artículo titulado Diez años sin Marcelino, firmado por su hija Yenia y su hijo Marcel, junto a Salce Elvira y Agustín Moreno, sus más queridos hijos sindicales en las Comisiones Obreras. Después de la lectura, que se detiene en cuanto ha ocurrido a lo largo de estos diez años en recortes laborales, sociales, de pensiones, no sé qué más puedo añadir, de no ser porque, de nuevo, el incansable Montagut me pide que escriba algo sobre Marcelino para El Obrero.

Para empezar sólo puedo sumarme a la voluntad que siguen manteniendo viva los firmantes, al citar a Marcelino,

-Lo posible es lo que nos permiten y lo necesario lo que debemos hacer. Lo posible es de personas cuerdas, lo necesario es de locos utópicos. Quienes cambian el mundo son aquellos que luchan por lo necesario.

Así era Marcelino, un hombre al que la tierra abrazó sabiendo que había convertido lo necesario en posible a golpes de una vida en la que le tocó defender la libertad, combatir en una Guerra Civil, ser internado en los campos de concentración franquistas, huir desde Tánger al exilio argelino en Orán, donde conocer a Josefina, casarse con ella, volver a España tras su indulto en 1957, para comenzar a trabajar en la Perkins.

La pandemia del Covid-19 sigue golpeando a nuestro país con brutalidad, a Madrid con ensañamiento. Hay quien dice que ya habrá tiempo de reflexionar sobre lo que nos están pasando ahora mismo, ya llegará el momento de extraer conclusiones y demostrar que hemos aprendido las lecciones.

El problema es que ese tiempo para el pensamiento ya no lo tenemos, ni lo tendremos. Sin solución de continuidad tras la pandemia vino una segunda oleada de la misma y ya hay países que embocan la tercera andanada. La reflexión que tenemos por delante hay que hacerla ahora, pensando en quienes están padeciendo las consecuencias más duras del desastre en curso.

Para empezar, la pérdida de empleos, el cierre de empresas y centros de trabajo, las medidas de confinamiento en los momentos difíciles, las precauciones de mantener la distancia física, el uso de mascarillas y geles, los cambios en el sistema educativo, en la convivencia cotidiana, han producido un descontrolado, e incontrolable, aumento de la sensación de soledad, de ansiedad, miedo, agotamiento mental, estrés.

Se ha hablado mucho, he hablado mucho, he escrito bastante, sobre el brutal golpe de la pandemia, las muertes de personas mayores en residencias, en sus domicilios, sobre las evidentes insuficiencias y alarmantes debilidades de nuestra sociedad, de nuestros sistemas de protección social y de atención a la dependencia, a las personas que más nos necesitan.

Nuestros mayores han sido las primeras y principales víctimas de ésta pandemia, quienes han perdido sus vidas, si tomamos en cuenta que el 95 por ciento de las personas fallecidas tiene más de 60 años. El covid-19 ha sido cruel con las personas mayores en lo inmediato, pero creo que, cuando la pandemia pase de largo, no serán nuestros mayores las quienes sufran las peores consecuencias que nos deje.

Ciertamente la generación de los milennial lo ha pasado mal para abrirse camino y situarse en un mundo cada vez más complejo, endurecido y competitivo (no confundir con competente), han vivido profundos cambios tecnológicos, han pasado la frontera del siglo y del milenio, sus miembros comenzaban a tomar el relevo generacional, especialmente desde que se desencadenaron  las primaveras árabes en el Norte de Africa, desde el Sahara a la plaza Tahrir en El Cairo, el 15-M español, los indignados franceses, Occupy Wall Street, Chile, Colombia, México, las aplastadas expresiones de descontento en China, o la plaza Syntagma en Atenas.

El día del cumpleaños del ilustre vecino de la capital, Francisco Largo Caballero, quien llegó a ser Secretario General de la UGT, Presidente del PSOE, concejal, diputado, Ministro de Trabajo, Ministro de la Guerra y Presidente del Consejo de Ministros, ahora que se cumple el mágico 151 años de su nacimiento, andaban a golpes las piquetas del alcalde de Madrid (PP), con la complicidad de la primera teniente de alcalde de la capital (Ciudadanos), de cuyos nombres no quiero acordarme para que no queden en nuestra historia. Destrozaban una placa en la casa en la que vivió, en el barrio de Chamberí

Actuaban las autoridades a las órdenes de la ultraderecha franquista (en este caso ni el nombre del partido quiero airear). Necesitan sus votos a cambio de estas chapuzas contra placas, monumentos y estatuas que perpetúan la memoria gloriosa del Madrid que resistió casi tres años el embate del franquismo español, que contó con la ayuda de todo el fascismo europeo de un Hitler y un Mussolini, que nos utilizaron de sparring para entrenarse para la barbarie que preparaban en Europa.

El Coronavirus ha puesto a prueba la resistencia, la calidad y la fortaleza de la protección social en nuestro país. La atención a las situaciones de dependencia, sin ir más lejos, ha demostrado sus carencias, insuficiencias, debilidades y escasas fortalezas. Estamos ante una red de protección condenada a la precariedad, sin procesos de cualificación permanente, infradotada económicamente y entregada a los intereses del negocio privado.

El valor de la atención a la dependencia depende de la importancia que concedamos al trabajo de quienes realizan esas tareas y desde los primeros momentos de la pandemia hemos comprobado cómo se prestaba atención mediática a los hospitales, a los centros de salud, a sus profesionales, a los cuales aplaudíamos desde las ventanas cada tarde.

22 Oct, 2020

Cuarta revolución

Nos encontramos de lleno en la cuarta revolución industrial y ya hay quienes amenazan con la llegada inmediata de la quinta, sin solución de continuidad. La primera revolución fue aquella que analizó Carlos Marx, la de los motores de vapor, el ferrocarril, las grandes fábricas industriales que sustituyeron a los talleres artesanos.

La que creó el proletariado y dio el poder a la burguesía a base de quemar carbón y concentrar capitales, la que trajo cambios profundos en la vida de las gentes que fueron descritos perfectamente por Friedrich Engels, simplemente con estudiar las condiciones de vida de la clase trabajadora de Manchester, donde su padre era propietario de una fábrica textil.

La segunda revolución nos trajo la masiva producción de bienes en cadena, el fordismo, la fabricación en serie, el desarrollo de nuevos combustibles, nuevas energías, nuevos medios de comunicación y de transporte, las grandes factorías, la mano de obra cualificada.

22 Oct, 2020

Los Nadies del Sur

Se pongan como se pongan y aunque salga el sol por Antequera, Madrid se ha convertido en capital europea del COVID-19. La segunda oleada de la pandemia ha pillado al gobierno madrileño sin haber aprendido nada y sin haber hecho los deberes. De nada vale que vayan dando los datos al ritmo más favorable, de forma que un día hay mucha incidencia y al siguiente se rebaja notablemente, porque cuenten como cuenten estamos a la cabeza de Europa.

De nada sirve que se hagan tests con criterios más restrictivos para que, haciendo menos pruebas aparezcan menos casos. Hagan lo que hagan seguimos en cabeza del desastre. En toda España van mal, pero en Madrid mal que peor.

Haber vivido la infancia en una dictadura, haber recorrido la juventud en transición y habitar la madurez en un periodo democrático permite tener puntos de referencia desde los cuales poder valorar lo que tuviste, lo que perdiste y lo que puedes esperar del futuro. Si además elegiste la profesión de maestro, no puedes resistirte a intentar incitar a cuantos te rodean a estudiar, investigar, reflexionar y aprender de cuanto te ha tocado en suerte, de los éxitos y fracasos vividos.

Se cumplen por estos días 111 años del asesinato de Francisco Ferrer i Guardia, digo asesinato y digo bien, porque aunque fuera condenado en un juicio, aquel juicio, militar por supuesto, fue sólo la expresión del deseo de venganza y castigo ejercidos por el poder político y económico de españolistas y catalanistas frente a la rebelión protagonizada por las clases populares, que recibió el nombre de Semana Trágica.

Me preocupa la izquierda, la que es necesaria para afrontar estos momentos difíciles, no sólo para España, sino para Europa y para todo el planeta. Algo está cambiando muy deprisa, demasiado deprisa en el mundo. La crisis económica inaugurada por Lehman Brothers nos demostró que el capitalismo ha llegado a un estadio depredador en el que sólo puede avanzar sobre la miseria, la pobreza, la desigualdad y la precariedad de miles de millones de vidas y de empleos.

La izquierda enfrentada al reto de un modelo de crecimiento mundial que nos ha arrastrado por un itinerario tortuoso hacia el cumplimiento de la profecía de Karl Marx, de quien hace un par de años celebrábamos el 200 aniversario, según la cual el capitalismo lo destruye todo, hasta su propia base social. La base social y el sustento del género humano, en un planeta que amenaza con seguir adelante, pero sin nosotros.

La izquierda que no puede dejar de acudir a taponar el agujero por el que se están colando entre nosotros las sucesivas oleadas de virus que, cada vez con mayor frecuencia, amenazan vidas, también las de los seres humanos. Nos ha pasado como a Pedro con el lobo, han sido tantos los virus que han precedido al COVID-19 que cuando ha llegado pensamos que, una vez más, pasaría dejando un rastro de enfermedad y muerte, pero con el rabo entre las piernas, grave error disfrazado con traje de soberbia y prepotencia.

16 Oct, 2020

Teléfono escacharrado

Es un juego de niños, el teléfono escacharrado digo, ya sabes, los niños y niñas están en fila, alguien dice algo al oído del de al lado en voz baja, éste lo repite al oído del siguiente y así sucesivamente hasta que el último repite lo que ha escuchado. Es un juego que causa mucha risa entre la chavalería por las tremendas confusiones que se producen en la trayectoria de los mensajes.

Parece que la pandemia nos ha devuelto a una infancia revenida y envenenada en la que cualquier comunicación entre partidos políticos se ha convertido en un teléfono escacharrado. Y eso aunque los empresarios y los sindicatos, negociando con el gobierno, han hecho todo lo que han podido para contener los efectos de la crisis, utilizando los ERTES para suspender temporalmente la actividad laboral, a la espera de que se restablezcan las condiciones para recuperar los empleos.

Han puesto en marcha, como mejor han podido, medidas a favor de la igualdad, de colectivos especiales como los autónomos, de las familias más desfavorecidas que han sufrido el golpe de no poder pagar los alquileres, de ver agotados todos sus ahorros, de haber perdido todas sus fuentes de ingresos.

España contabiliza más 825.000 casos de coronavirus y cerca de 32.500 personas fallecidas en lo que llevamos de pandemia. De estos datos Madrid acumula 256.000 casos y más de 9.600 personas muertas. Casi el 95% de las personas fallecidas son mayores de 60 años y más del 86% son mayores de 70.

Hemos asistido al caso dramático de las residencias de personas mayores. Unas 20.650 personas han fallecido en residencias de toda España, de las cuales más de 6.000 corresponden a residencias de Madrid. Nadie podía haber esperado un golpe tan duro.

Había quienes anunciaban que el encadenamiento de pandemias en los últimos tiempos presagiaba el desencadenamiento de un golpe sanitario de consecuencias muy duras, pero en estas cosas los seres humanos tendemos a comportarnos como quien vive junto a un volcán pensando que nunca entrará en erupción, o como quien vive junto al mar pensando que un terremoto nunca  provocará un tsunami. Ocurre cada mucho tiempo, pero termina ocurriendo.

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