33435Asesorias

En enero de 2015, hace ya año y medio, CCOO lanzamos un programa para asesorar a las trabajadoras y trabajadores sobre la formacióny contratación en su empresa. Creamos una página web en nuestra Fundación de Formación (FOREM) para que cualquier persona que lo necesitara, afiliada o no, mayor o joven, mujer u hombre, pudiera consultar cualquier duda sobre sus derechos a la formación en su empresa.

El derecho a la formación de cualquier trabajador o trabajadora es muy poco conocido. Los fraudes que se producen en la contratación vinculada a la formación y en el ejercicio de los derechos a la formación, son el pan nuestro de cada día, con abusos y malas prácticas frecuentes.

Tal vez por eso, la Asesoría de Formación en tu Empresa ha tenido cientos de consultas a lo largo de este año y medio. Tengo en mis manos un primer balance sobre los temas que más interesan a quienes entran y consultan en el servicio. Les preocupa cómo conocer cuál es el plan de formación de su empresa. Qué derechos tienen los trabajadores y trabajadoras y sus representantes sindicales para diseñar y aplicar un Plan de Formación. Cómo se aplica la formación dual y las prácticas en las empresas. Cómo ser gestionan el crédito de formación y las bonificaciones empresariales, los permisos de formación.

En muchas ocasiones no es necesario ni formular una consulta porque hay 14 documentos disponibles sobre cada uno de estos temas que pueden descargarse y que, de forma sencilla, permiten conocer y solucionar las dudas y problemas. La mayoría de las consultas proceden de Madrid, Andalucía, Valencia, Canarias, Castilla-La Mancha, Euskadi y castilla León.

Son muchos y muchas los delegados y delegadas, afiliados y afiliadas, miembros de Comités de Empresa, pero también personas no afiliadas a CCOO, que tiene dudas o problemas y buscan asesoramiento.

En cuanto a los sectores productivos las entradas y consultas de los sectores industriales, servicios, sanidad, son los que más demandan ayuda de la Asesoría.

La mayoría de los usuarios pregunta sobre los Permisos Individuales de Formación a los que tiene derecho, seguidos de los derechos de la representación legal de los trabajadores, el diseño y análisis de planes de formación, la gestión de los créditos de formación,o la formación dual.

Hemos acompañado un cuestionario de evaluación, que nos permite saber que la mayoría de los usuarios conocieron el servicio a través de una web, aunque las redes sociales como Twitter y Facebook, han permitido conocer la existencia de la Asesoría, aunque en la propia empresa, o en el sindicato ha funcionado también la información sobre el servicio de Asesoría de Formación en tu Empresa.

Más del 80% valora positivamente la calidad y utilidad de la información recibida y de los documentos que están disponibles para consultar, mientras que tan sólo el 7% valora negativamente la organización de la página.

Por último, la inmensa mayoría recomienda este servicio a otras personas y cree que debemos, desde CCOO, mantener el servicio.

La formación es un derecho constitucional que debe asegurarse a lo largo de toda la vida. El futuro de cualquier país depende, en buena medida, de la formación y cualificación de las personas, de sus trabajadores y trabajadoras. Invertir en medios de producción es algo que rinde sus frutos en pocos años. Invertir en formación exige, sin embargo más tiempo, constancia y voluntad sostenida.

Por eso es importante que las personas puedan ejercer su derecho, aclarar sus dudas, solucionar sus problemas, de forma ágil y eficaz. Esa es la misión de este servicio de Asesoría de Formación en tu Empresa, por el que vamos a seguir apostando desde CCOO.

Francisco Javier López Martín

imagesUn buen día un amigo de Colmenar Viejo me llama por teléfono, para invitarme a participar en un acto sobre Francisco Giner de los Ríos, con motivo de la conmemoración del centenario de su muerte. En el acto intervendrán, además, Prado Lens, Secretaria de Educación de IU en Colmenar, Isabel Galvín, Secretaria General de la Federación de Enseñanza de CCOO en Madrid y José Luis Pazos, Presidente de la Federación de Asociaciones de Madres y Padres Giner de los Ríos de Madrid.

No soy un experto en Historia de la Educación, aunque sea maestro y preparar aquella conferencia me costó horas de investigación y lectura sobre Giner de los Ríos y sobre el momento histórico que forjó a un hombre como Francisco Giner de los Ríos. Un hombre regeneracionista y demócrata declarado, que siempre puso en valor el diálogo con cuantos, desde las ideas socialdemócratas, o libertarias, pretendían cambiar el estado de cosas en España .

Participé en aquel precioso acto el viernes 23 de octubre de 2015 y, al finalizar el mismo, quedaron en mis manos un montón de documentos y apuntes. O los tiraba a la papelera, o los acumulaba en una carpeta, haciendo bulto entre los montones de papeles que amenazan con devorar cada rincón de mi casa. O los convertía en un extenso artículo de investigación, que al final quedó configurado como tres artículos y un Epílogo.

Los publiqué en el periódico digital Madridiario y, posteriormente, en mis blog. Los difundí en las redes y decidí remitirlos por correo electrónico, a un Certamen de Investigación Periodística que convocaba la Editorial Limaclara, en Lima, Provincia de Buenos Aires (Argentina). El certamen llevaba el nombre de una mujer, Ana María Agüero Melnyczuc. El premio no consistía en dinero, sino en la publicación del trabajo en la página de la editorial, para que puedan leerlo libremente cuantas personas pasen por allí en su navegación internauta.

El centenario de la muerte de Francisco Giner de los Ríos ha pasado, en España, con más pena que gloria por la agenda del año 2015. Sin embargo, un modesto estudio periodístico como el que he realizado ha merecido un premio en un pueblecito a orillas del Paraná, aunque no tenga nada que ver con las sesudas tesis doctorales, estudios fin de carrera, proyectos de investigación sobre el tema, que existen.

Nadie es profeta en su tierra, tampoco Giner de los Ríos, pero el olvido en España empieza a ser un ejercicio pertinaz. Tan pertinaz como la sequía, teorizada por la dictadura franquista y que ha dejado indeleble impronta. Y, sin embargo, una figura como la de Francisco Giner de los Ríos, su Institución Libre de Enseñanza, gozan de muy buena salud en otros lugares del planeta y, especialmente, en Latinoamérica.

Este premio ha sido otra llamada. La llamada a conocer quién era esa mujer, Ana María Agüero Melnyczuk. Una mujer ocupada y preocupada por la situación de la educación en su país y en América Latina. Preocupada por el abandono escolar, la droga entre los jóvenes, la educación inclusiva, el cambio climático, la energía atómica, las ideologías, la libertad de prensa, la violencia, el fascismo, la calidad de la democracia… Amante de los animales, estudiosa de la apicultura. Madre, abuela. Autora de varias novelas, tratados educativos y numerosos ensayos. Impulsora de proyectos educativos y editoriales. Su obra, por deseo expreso suyo, es de libre acceso.

Cuando supo que la muerte la asediaba, con 58 años, llevó a su marido al interior del Bosque de Limaclara, la finca donde vivían, al lugar reservado como cementerio florido, donde fue enterrando a esa pléyade de animales que la acompañaron a lo largo de la vida. Y una vez allí le dijo, Raul, te ruego me cremes y me entierres entre los seres que tanto he amado, asimismo estaré entre medio de árboles y flores que planté y regué en veranos impiadosos y sobre mí corretearán nuestros animales y cantarán los pájaros sobre mi tumba, y si tú quieres podrás venir a charlar conmigo a las siestas. Siempre te estaré esperando. He incluido en este artículo una foto de su tumba, entre medio de árboles y flores.

He leído algunas cosas suyas. Coincido en muchas, discrepo en otras. Siento, como ella, que si hay tiempos de opresión, entonces también hay tiempos de libertad. Sólo hay que hacerlos madurar. La educación, como la entendía ella, como la entendía Giner de los Ríos, es un potente instrumento para la libertad. Y todo ello desde la conciencia de que, en palabras de Ana María, para los opresores, el deseo de libertad por parte de los oprimidos siempre será considerado ilegal e inconstitucional.

Este homenaje a Francisco Giner de los Ríos, es hoy también homenaje a Ana María Agüero Melnyczuk y a cuantas personas han dedicado su vida a la educación y a la difusión de las ideas. Las ideas, la educación, la escritura, la cultura, el debate, no cambian por sí solas el mundo, pero el mundo no cambia de verdad sin ideas, debate, educación, cultura.

Reedito este trabajo, sobre la vida y el momento de Giner de los Ríos, tal como lo quiso Ana María, con libre acceso y libre utilización, sin fines comerciales. Reivindicar lo mejor y a los y las mejores de nuestro pasado es la mejor manera de cambiar el sino de nuestro futuro.

Francisco Javier López Martín

Giner de los Ríos

Episodio I: LA FORJA DE FRANCISCO GINER DE LOS RIOS

Nació Giner en 1839, pocos años después de la llegada de Isabel II al trono. Siendo una reina-niña, menor de edad, era su madre María Cristina, quien actuaba como Regente, afrontando la primera Guerra Carlista, que cuestiona que la niña Isabel llegue a reinar.

Durante este reinado se forjará Francisco Giner de los Ríos. Nace en Ronda, pero se forma en Cádiz, estudia el Bachillerato en Alicante, inicia estudios de Jurisprudencia en Barcelona, pasante en Madrid y obtiene la Licenciatura de Derecho y Bachiller en Filosofía en Granada, donde tomará sus primeros contactos con el krausismo y conoce a Nicolás Salmerón, que llegará a ser Presidente de la I República Española y diputado, desde 1886 por circunscripciones como Madrid y Barcelona, hasta su fallecimiento en 1908. La formación de Giner cuenta con personas como el también Presidente de la República de 1873, Emilio Castelar, o Gumersindo de Azcárate.

Algo mayores eran Francisco Pi y Margall, también futuro Presidente de la República, o el introductor del krausismo en España, Julián Sanz del Río, aunque formaban parte del núcleo intelectual que, desde la defensa de la libertad de enseñanza, construyeron un modelo de educación que quería reformar España, con la convicción de que, ni las revoluciones, ni la violencia, aportan soluciones reales a los problemas.

Cada generación tiene la obligación de dar respuesta a los problemas que se encuentra, afrontar los retos propios de su momento y ellos lo hicieron con responsabilidad generosidad y con creces.

En 1863 Giner de los Ríos ya está en Madrid y, al tiempo que trabaja, obtiene un Doctorado en la Universidad Central, accediendo en 1866, con 27 años, a la Cátedra de Filosofía del Derecho y Derecho Internacional. Es aquí donde desarrolla su amistad con Sanz del Río y se adentra en el krausismo, como pensamiento inspirador de su acción.

Pero pronto, en 1867, el Ministro de Educación conservado, Manuel Orovio, publica un decreto contra la libertad de cátedra. Julián Sanz del río, Fernando de Castro, Nicolás Salmerón y otros, son separados de sus cátedras. Giner se pronuncia en solidaridad con ellos y en mayo es suspendido como catedrático.

Poco después estalla La Gloriosa. Isabel II abandona un trono acosado por las divisiones, las fuerzas carlistas y la corrupción generalizada, en torno al desarrollo de infraestructuras como el ferrocarril. Prim, toma el mando de la situación y el decreto de libertad de enseñanza repone en sus cátedras a los separados de las mismas.

Se inicia, de esta manera, el “sexenio democrático” que, tras diferentes intentos, desemboca en la designación como Rey de Amadeo de Saboya, el cual parte hacia España el mismo día que su mentor, el general Prim, es asesinado.  Un periodo marcado por la inestabilidad política impulsada por la iglesia, los carlistas, los unionistas, los progresistas, los republicanos, o por la aristocracia borbónica.  Muerto Prim, el único capad de poner algo de orden en la confusión del momento, el reinado de Amadeo nace herido de muerte, incapaz de frenar el independentismo cubano, la guerra carlista y las tensiones en torno a la definición del modelo de Estado.

Amadeo renuncia al trono y en 1873 se proclama la I República, que pronto tiene que hacer frente a tres guerras. La carlista, la cubana y la desencadenada por las tensiones entre federalistas y centralistas, que desemboca en la proclamación de cantones independientes, maravillosamente reflejada, años después, por Ramón J. Sénder, en su novela Mr. Witt en el cantón. La República, como bien sabemos, acabó con la entrada del general Pavía, a caballo, en el Congreso de los Diputados y dando paso a la Restauración Borbónica, con el hijo de Isabel II, Alfonso XII, en el trono.

Acaba con esta experiencia la forja de Francisco Giner de los Ríos y serán los primeros actos del nuevo gobierno de Cánovas del Castillo los que inaugurarán su nueva ruta vital.

Episodio II: LA RUTA DE GINER DE LOS RIOS

Tras el “sexenio democrático” para unos, o “sexenio revolucionario” para otros, la Restauración Borbónica trae consigo un nuevo Gobierno conservador y Cánovas del Castillo repone a Orovio en el Ministerio de Fomento.  De la misma forma que el carril se acaba y el tonto sigue, Orovio publica un nuevo decreto contra la libertad de cátedra. La novedad es que esta vez no se conforma con suspender a los catedráticos disidentes, sino que los envía a las cárceles militares. La prisión militar de Santa Catalina de Cádiz es el destino de Giner de los Ríos.

Es primero, en estas prisiones militares y luego en diferentes reuniones en Cabuérniga, o en Toledo, donde Giner comienza a trabajar, junto a Gumersindo de Azcárate, Riaño, o González Linares, la idea de una Institución Libre de Enseñanza (ILE), que comenzará su andadura en 1876. La ILE será presidida desde 1880 por Giner, con la ayuda de un Bartolomé Cossio, que fue alumno primero, mano derecha siempre y sucesor de Giner al frente de la Institución.

El krausismo y la libertad de enseñanza confluyen en un ideal regeneracionista que busca en la enseñanza el camino para moralizar la política y la gestión pública. Herramienta imprescindible para combatir los males de España, reformar el Estado y crear una “Generación culta y laica, que gobierne los cambios desde las ideas y no desde las revoluciones o las guerras. En la ILE se fraguará una generación que marcará la vida de España, hasta ser aplastada, o conducida al exilio, interior o exterior,  tras la Guerra Civil y la brutal represión franquista.

Recogiendo la herencia de los ilustrados españoles, Giner y sus compañeros van creando, en torno a la Institución Libre de Enseñanza, todo un sistema planetario.  Crean el Museo Pedagógico Nacional a cargo de Bartolomé Cossio y Lorenzo Luzuriaga. Ponen en marcha la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones científicas (precursores de los Erasmus y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas actuales) y ponen al frente a Ramón y Cajal.

Fundan la Residencia de Estudiantes, dirigida por Alberto Jiménez Fraud y luego, la Residencia de Señoritas, a cargo de la institucionista María de Maeztu. El Centro de Estudios Históricos será dirigido por Menéndez Pidal, secundado por Américo Castro. El Centro Nacional de Ciencias Físico Naturales. Y, tras la muerte de Giner, la ILE seguirá impulsando proyectos como el Instituto Escuela, las Misiones Pedagógicas, o las Colonias Escolares.

Por lo pronto, en 1883, un grupo de alumnos y profesores de la Institución, inician un periplo que les llevará a recorrer la Sierra de Guadarrama, la costa cántabra, Asturias, León, Picos de Europa, La Coruña y más tarde Lisboa. La ”memorable excursión”. El interés de los institucionistas por la Sierra de Guadarrama, constituye el preámbulo del largo camino que conducirá a la declaración de ese espacio natural como Parque Nacional, por más que el proyecto haya quedado desnaturalizado, en manos de una derecha aguirrista y castiza, más atenta al negocio y el pelotazo, que a los valores culturales y naturales que la Sierra de Guadarrama representa.

Este es el ambicioso y descomunal proyecto educativo, imaginado y construido por Francisco Giner de los Ríos, a quien su incondicional Bartolomé Cossio define así: “A su espíritu en perpetua vibración, acompañaba un cuerpo pequeño y también en movimiento perpetuo, coronado de una nobilísima cabeza grande, con cara alargada, ojos castaños, de una extraña mezcla, según los momentos, entre bondadosos y agresivos; barba en punta, espesa y dura, que fue blanca desde los cuarenta años y hasta entonces negra como el pelo, que perdió muy joven. En conjunto, en color y en estructura, si se descuenta la energía de sus rasgos, recordaba a los santos de Ribera”

Soñaban Giner y los suyos, una generación educada en los principios de la libertad, una amplia cultura, la coeducación de mujeres y hombres, la cooperación con las familias, la no separación entre la enseñanza elemental, secundaria, o universitaria, que deben regirse por la misma pedagogía activa, la conversación y el diálogo, la ausencia de castigos (sustituidos por la corrección y la reforma), el valor de la salud y la higiene y, por lo tanto, el contacto con la naturaleza.

Bajo estos principios se formaron las generaciones del escritor  Leopoldo Alas Clarín, el regeneracionista Joaquín Costa, el republicano Azaña, o los socialistas Julián Besteiro, o Fernández de los Río. Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. María Moliner, María Zambrano, Eugenio D’ors, Severo Ochoa, Manuel de Falla, Alejandro Casona, Pedro Salinas.  Y en su Residencia de Estudiantes, los Dalí, Lorca, Buñuel, Guillén o Altolaguirre, entre otros muchos.

En 1881 los liberales, encabezados por Sagasta, desbancan a los conservadores de Cánovas del Castillo. Giner de los ríos y sus compañeros recuperan sus cátedras. El nuevo Gobierno apoya el proyecto educativo de la Institución Libre de Enseñanza que, a partir de este momento, se convierte en referente de la educación en España y afianza su prestigio nacional y su influencia internacional.

Episodio III: LA LLAMA DE GINER DE LOS RIOS

Quedó dicho que, en 1881, los liberarles llegan al poder y Giner, junto a los catedráticos depuestos por los conservadores, vuelven a sus cátedras.  Quedó reseñado que la Institución Libre de Enseñanza (ILE) obtiene un respaldo gubernamental, que la consolida en España y la proyecta internacionalmente.  Quedó constancia del desarrollo impresionante de la ILE y la amplitud y variedad de los proyectos que se fraguaron en su entorno.  Consignamos el nombre de las muchas y los muchos profesores, colaboradores y alumnos que por allí pasaron.

La ILE, no obstante, tuvo que desarrollarse en el marco de un proceso histórico tremendamente complicado en el que los problemas, lejos de encontrar solución, no hicieron más que enquistarse, dando lugar a un conflicto que desembocó en una Guerra Civil, que arrasó a España con los españoles dentro.

En 1885 muere Alfonso XII, tras diez años de reinado.  Su hijo, el futuro Alfonso XIII, no ha nacido aún y las clases dirigentes no están dispuestas a revivir un periodo de inestabilidad como el del “sexenio democrático”, o “sexenio revolucionario”, según se mire. Por eso los conservadores de Cánovas del Castillo y los liberales de Sagasta, se apresuran a acordar, en El Pardo,  en vísperas de la muerte del monarca, un pacto que les asegura el poder, consolidando un turno pacífico en el Gobierno.

El problema consistía en que, para que el turno de relevo se produjese, eran necesarias unas elecciones amañadas, en las que los datos se manipulaban a placer. Un sistema que necesitaba del control absoluto de los votos, fomentando el caciquismo y el encasillado de los candidatos destinados a salir elegidos. El propio sistema bloquea el debate, la libertad del voto y cualquier perspectiva de introducir reformas que alteren el equilibrio acordado.

El sistema funcionó hasta que sus grietas se agrandaron  a partir de 1898.  Conducida a una guerra con los Estados Unidos, España pierde sus colonias de Cuba y Filipinas.  Prim, durante La Gloriosa, había planteado resolver el problema del independentismo cubano, mediante una amnistía general para los patriotas cubanos, la celebración de un referéndum y, en caso de ganar el independentismo, el establecimiento de una compensación avalada por Estados Unidos. Prim fue asesinado y, al final, la solución fue una de las más desastrosas posibles: La independencia tras una cruenta Guerra.

Una vez más, la misma España que aplaza sus problemas, los enquista y los resuelve a las bravas, a sangre y fuego. La España de las fracturas profundas y de las cuestiones nunca bien resueltas, cuyos periodos de paz son breves reposos entre dos guerras civiles. La España experta en no desaprovechar ninguna oportunidad de desaprovechar una oportunidad. La que se perpetúa en sus males.

Y entre esos males, el primero de ellos, la cuestión imperial. Definida España como un Imperio, tiene que cortar con sus  correspondientes colonias. Sin colonias no hay imperio y las últimas colonias dignas de tal nombre se perdieron en 1898.  Tras cuatrocientos años imperiales, España tiene que repensarse.

Podría haber escuchado a Joaquín Costa, otro hombre vinculado a la ILE, krausista y abanderado del regeneracionismo en España, quien propugnaba rehacer y refundir al español en el molde europeo. Poco más o menos, la desafricanización y europeización de España.  Escuela, despensa y dos llaves al sepulcro del Cid (se entiende que para que no cabalgue de nuevo).

Mira que insistió Costa, tras el desastre de Cuba y Filipinas en que “ningún ideal nos llama ya a ninguna parte del mundo fuera de la Península. No hay ya para nosotros cuestión colonial, los que sueñan con nuevas adquisiciones territoriales para rehacer en África la epopeya americana, no han caído en la cuenta de que mientras España dormía, enamorada de sus Antillas y de sus Filipinas y satisfecha con ellas, el planeta entero ha sido ocupado, sin que quede libre un palmo de suelo donde pudiera ser izada la bandera de marras”.

Una cuestión imperial o colonial, que no podemos dejar de relacionar con la cuestión militar. Ese turbio asunto de unos militones acostumbrados a intervenir en los asuntos de la política, que no dudan en protagonizar alzamientos, pronunciamientos y sublevaciones para “salvar a la patria” y que encuentran ahora acomodo en las agrestes montañas del Rif y el desértico Sahara, que nos corresponden en el reparto de África entre las potencias europeas.

Los militares africanistas obtendrán mejores sueldos y ascensos rápidos, mientras los que quedan en la península expresan su malestar a través de las Juntas de Defensa y en 1906, obtienen del Gobierno de Lloret la reinstauración de los tribunales militares para juzgar delitos contra el ejército y la patria.

A los Espartero, Narváez, Prim, Topete, Serrano, o Pavía, les seguirán pronto, Martínez Anido, Primo de Ribera, Sanjurjo y, al final, los Millán Astray, Mola, Queipo de Llano y el inefable Franco.

Imperio, ejército, iglesia. La cuestión religiosa, marcada por el intervencionismo de la iglesia, fraguado en siglos de inquisición, con un poder desmesurado en la beneficencia y en la educación, con posesiones inmensas, a lo largo de todo el territorio nacional y que se convertirá en barrera infranqueable para experiencias educativas como la Institución Libre de Enseñanza, o las Escuelas Modernas, que basan su funcionamiento en el laicismo, la libertad, el diálogo, el respeto de las ideas, o la coeducación.

No residen aquí todos los males de España. El cóctel explosivo, se completa con otros problemas como la cuestión nacionalista, o territorial. La Liga Regionalista Catalana, que vertebra a la burguesía catalana en torno a un líder como Francisco Cambó, que reclama autonomía, pero que ve con horror el ascenso de la clase obrera y no duda en respaldar la represión de la Semana Trágica, en 1909.

Tampoco duda en apoyar el pistolerismo antisindical del Gobernador Militar de Barcelona, el Coronel Martínez Anido. Persecución a sangre y fuego de los sindicalistas, que condujo al asesinato callejero del líder de la CNT, Salvador Seguí y que usó y abusó de la Ley de Fugas para matar por la espalda a los militantes obreros.

Un historial, éste de Anido, que le encumbró al generalato y que le llevó a ocupar el Ministerio de la Gobernación con el dictador Primo de Ribera, y el de Orden Público, en el primer Gobierno del dictador Franco, tras un breve exilio en Francia, durante la República.

Y todo ello con la connivencia y apoyo de Francesc Cambó que, cuando se ve desbordado por Esquerra Republicana, no duda en apoyar la sublevación militar que conducía a la Guerra Civil.

Mientras tanto, en el País Vasco, Sabino Arana crea el Partido Nacionalista Vasco, profundamente conservador, católico, liberal en lo económico y reformista en lo social. El modelo de Estado, centralista, federal, confederal, marcará el debate político durante décadas y llega hasta nuestros días

Quedan aún, al menos, dos problemas que reseñar. La cuestión agraria, con una siempre necesaria y nunca resuelta reforma agraria, hacia la que ya apuntaban las ideas ilustradas de personajes como Jovellanos.  Un problema de la tierra, que revela también la fractura de una España interior y profunda, en la que los caciques abusan del campesinado y una España periférica, (donde podemos incluir, paradójicamente, a Madrid) en la que una burguesía industrial, financiera, comercial, choca con una aristocracia de rentistas y con una clase obrera que reclama su papel en la historia.

Protagonismo de un campesinado hastiado de tanta miseria y opresión y una clase obrera, que paga con la vida, o con la cárcel, cada intento de mejorar sus trabajos y las condiciones de vida de sus familiares. Una clase obrera que, de la mano de Pablo Iglesias, crea el Partido Socialista (PSOE) en 1879 en Casa Labra y en 1888 la Unión General de Trabajadores (UGT) en Barcelona.

Mientras tanto, la Federación de Trabajadores de la Región Española, fiel a la I Internacional, termina creando la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910, en el Teatro del Círculo de Bellas Artes de Barcelona.

Las tensiones y la crisis económica de la I Guerra Mundial, conducen al acuerdo de unidad de acción entre ambas organizaciones. Un acuerdo en el que se encuentran Julián Besteiro y Largo Caballero, por UGT, junto a Ángel Pestaña o Salvador Seguí, por la CNT y cuyo fruto inmediato será la Huelga General de 1917.

Este es el revuelto panorama económico, político y social que envuelve la vida de Francisco Giner de los Ríos y que alimenta una llama que intenta responder,  desde el regeneracionismo y desde la educación en la libertad, a unos males que ya apuntaban hacia la justificación de un enfrentamiento civil que daría al traste con lo mejor de España, abriendo las puertas a décadas de negra dictadura.

LA HOGUERA QUE CONSUMIÓ LA OBRA DE GINER DE LOS RIOS (Epílogo)

La España de la Restauración borbónica, la del caciquismo y el encasillado. La del ejército intervencionista y las tensiones nacionalistas no resueltas. La España católica, interior, profunda, plagada de oligarcas y una burguesía incipiente, pero temerosa del auge del sindicalismo y los partidos obreros.

Esa España, con todos sus males a cuestas, e incapaz de recomponer las fracturas políticas y sociales fue decantándose, de la llama hacia la hoguera inquisitorial y purificadora, a fuerza de golpe y represión, a lo largo del primer tercio de un siglo XX, convulso y desalentador.

En 1909, las tropas que habían de embarcar camino de Marruecos en el puerto de Barcelona, recibiendo los correspondientes e inevitables escapularios de manos de las señoras de la buena sociedad. Arrojaron los escapularios al agua y aquel gesto de desprecio y rabia, ante el miedo y el llanto de sus familias, desencadenó la Semana Trágica, que fue aplastada por el ejército, causando miles de detenciones, centenares de muertes, juicios con cientos de encarcelados y no pocas ejecuciones sumarias.

El fundador de la Escuela Moderna, en 1901, bajo principios laicos, racionalistas y coeducadores, Francisco Ferrer i Guardia, que se encuentra de paso por Barcelona,  donde había llegado desde Londres, es detenido, acusado, juzgado por tribunal militar y condenado a muerte, en un proceso irregular y sin defensa posible. Pese a las manifestaciones y protestas internacionales. Pese a los ruegos de la familia, al Rey de España, Ferrer será ejecutado en Montjuic.

Pagaba así Ferrer, con su propia vida, el odio provocado entre los jerarcas de la iglesia, por sus ideas coeducadoras y hasta el hecho de que en una de sus escuelas hubiera trabajado antaño, Mateo Morral, el anarquista que lanzó una bomba en Madrid, envuelta en ramo de flores, al paso de la carroza real, el día de la boda del monarca Alfonso XIII.

El brutal aplastamiento de la Semana Trágica y la represión subsiguiente, resquebrajan definitivamente la alianza entre liberales y conservadores. En 1910 Pablo Iglesias consigue su acta de diputado y algunos sectores liberales inician su acercamiento hacia los republicanos y socialistas, que en las elecciones habían sumado 27 diputados, coaligados en la Conjunción Republicano-Socialista.

La Huelga General de 1917 se convierte en la expresión del malestar de la clase trabajadora ante la crisis económica y el deterioro de las condiciones de vida, que la I Guerra Mundial produce también en España, pese a la neutralidad en la misma.

Una huelga que confluye con otros malestares, como las intentotas militares de las Juntas de Defensa, o la convocatoria de la Asamblea de Parlamentarios de toda España, auspiciada por la Liga Regionalista, en Barcelona, ese mismo año, a la que acudieron republicanos y socialistas, para abordar la reforma constitucional y la autonomía municipal, entre otros temas como la justicia, o los problemas sociales.

En diciembre de 1916, tras el acuerdo entre UGT y CNT, del que ya hemos hablado con anterioridad, se produjo una convocatoria de Huelga General de 24 horas, con amplio seguimiento en el país. Ante el silencio del Gobierno, ambas organizaciones, convocan una nueva Huelga General indefinida en marzo de 1917. Las divisiones internas y las maniobras del Gobierno, conducen a una Huelga General precipitada, convocada unilateralmente por UGT, seguida en muchos lugares por la CNT, pero que resultó irregular en su desarrollo.

Reprimida en Madrid y aplastada en Valencia, Bilbao o Barcelona. De nuevo decenas de muertos, centenares de heridos y miles de detenidos. El Comité de Huelga es acusado de sedición y condenado a cadena perpetua.  Largo Caballero, Saborit, Besteiro y Anguiano, acaban en el penal de Cartagena, del que saldrían al ser elegidos diputados en 1918, junto a Indalecio Prieto y Pablo Iglesias, en las listas de la Alianza de Izquierdas.

En 1920, el ya conocido Martínez Anido, es designado Gobernador Militar de Barcelona, donde dirige brutalmente la represión del sindicalismo, utilizando la Ley de fugas y organizando a los pistoleros del “Sindicato Libre”, que asesinan a los sindicalistas, entre ellos al Secretario General de la CNT, Salvador Seguí. Esas actuaciones de Martínez Anido en Barcelona, tras la Semana Trágica y la represión de la Huelga General de 1917, transforman la llama en hoguera.

Y por si todo esto fuera poco, más de 13.000 soldados mueren a manos de los rifeños en el Desastre de Annual.  El Informe posterior del general Picasso habla de incompetencia y corrupción por parte del Ejército, el Gobierno y el propio Rey. Hay pocas salidas para tanto desastre y en una maniobra desesperada, Alfonso XIII deja su destino en manos de Primo de Rivera, quien intentará lavar la cara de la corrupción y la incompetencia con operaciones militares como el Desembarco de Alhucemas en 1925.

Conviene releer “La Hija del Capitán” de Valle Inclán, escrita en 1927, para entender cómo los males de España, incluida la corrupción, intentaron de nuevo ser tapados por la mano dura y el populismo de la marcha militar.

Ya sólo cabía esperar un tiempo para que la República apareciese como la única vía y solución posible, ante el desprestigio que el Régimen monárquico había sembrado por toda España.

Mientras todo esto ocurría como un destino inexorable, la Institución Libre de Enseñanza (ILE) había ido construyendo su universo educativo. Durante la agonía del régimen monárquico y durante la República siguieron innovando y desarrollando ideas como las Misiones Pedagógicas, o las colonias escolares.

Hay un hermoso libro, que recoge una adaptación de la tesis doctoral del hoy Rector de la UNED, Alejandro Tiana, que mereció el Premio Nacional de Investigación e Innovación Educativa, titulado Maestros, Misioneros, Militantes. La educación de la clase obrera madrileña 1898-1917 y que nos muestra el esfuerzo educativo desarrollado en aquella España.

La ILE convivió con un amplio elenco de experiencias educativas. Las Escuelas de Artes y Oficios, la Escuela de Aprendices municipales, las clases nocturnas en escuelas públicas, las clases de adultos, los Centros Obreros Republicanos, la Extensión Universitaria, los Ateneos Científicos y Literarios, las Universidades Populares, los Círculos Católicos de carácter benéfico-docente, las Sociedades Obreras, los Ateneos Libertarios, las Escuelas Racionalistas, las Casas del Pueblo, la Formación Profesional Obrera, la Escuela Nueva, creada por los socialistas como punto de encuentro, de los trabajadores y trabajadoras, con los sectores intelectuales y reformistas.

Un esfuerzo de intercambio, de diálogo, que alcanzó también a los anarquistas como Federico Urales, que edita Tierra y Libertad y La Revista Blanca, donde se publican artículos de los institucionistas. Al igual que los miembros de la ILE publican las más diversas ideas y opiniones de autores nacionales y extranjeros en su Boletín.  Además de los institucionistas, de los que hemos hablado, aparecen firmas como Bertrand Russel, Bergson, Darwin, Dewey, Federico Urales, María Montessori, Leon Tolstoi, H.G. Wells, Rabindranath Tagore, Pérez Galdós, Emilia Pardo Bazán, Gabriela Mistral, los hermanos Antonio y Manuel Machado.

Pese a tan ingente esfuerzo, los males de España, nunca bien resueltos, condujeron a la Guerra Civil, que  arrasó con las ansias de libertad y de democracia, aplastando la Institución Libre de Enseñanza y cualquier experiencia que llevara dentro el germen de la regeneración, la modernización, o la europeización de España. Todo lo que supiera a laico, a coeducación, a diálogo y aprendizaje en libertad.

Las experiencias como la ILE fueron aplastadas. Quienes permanecieron en España terminaron en los paredones, en las cunetas o muriendo en las cárceles, como Besteiro, Lorca o Miguel Hernández. Miles de maestros forjados en la Institución Libre de Enseñanza, o en otras experiencias educativas, fueron fusilados, o depurados y alejados de la escuela. Fueron los maestros, uno de los cuerpos más golpeados por la represión franquista.

Quienes huyeron sembraron Europa y América, desde los Estados Unidos a la Argentina, de un caudal de experiencias educativas y conocimiento. Machado, Fernando de los Ríos, Buñuel, Alberti y otros muchos, que terminaron muriendo en el exilio, o retornando a su patria tras la larga noche del franquismo.

Las dictaduras aplastan, masacran, oprimen, ahogan, pero no solucionan los problemas. Me he detenido, por ello, en la descripción de algunos de los males de la España en la que tuvieron que vivir, asumiendo su responsabilidad, Francisco Giner de los Ríos y los miembros de la Institución Libre de Enseñanza.

Cuarenta años bajo la bota militar franquista y otros tantos, en una democracia construida desde el olvido premeditado y controlado de nuestro pasado, nos han terminado descubriendo que los males, las cuestiones, los problemas, siguen ahí, casi intactos en algunos casos y condicionando nuestro futuro.

Cada generación tiene que responder a sus retos y nosotros tenemos el deber de afrontar nuestros propios males, muy parecidos y no tan distintos de aquellos, aunque con algunas variaciones importantes, fruto de los tiempos.

Bajo otros disfraces, nuestros males endémicos siguen ahí. La gran diferencia, probablemente, lo que más podemos echar de menos, es tener que afrontar estos retos, sin la riqueza de instrumentos como la Institución Libre de Enseñanza y sus equipos fraguados en torno a seres humanos como Francisco Giner de los Ríos.

Se nota en el debate, se nota en la calidad humana, se nota en la política, y hasta en la ausencia de criterios éticos en la gestión pública, la económica y hasta en  las relaciones personales y sociales que, como pensaban los institucionistas, no pueden estar presididas por la competencia, sino por la cooperación y el diálogo.

Francisco Javier López Martín

javier lopez merecemos un gobiernoYa hemos vivido las segundas elecciones generales en menos de un año. Sus resultados han sido distintos, pero sus conclusiones son básicamente las mismas. Uno de los aspectos diferenciales con respecto al anterior proceso electoral procede del aumento de la abstención. Era algo cantado, aunque muchos se negaban a verlo.

Es muy difícil mantener la tensión política durante tanto tiempo, desde el 20-D para acá, sin pagar el precio del desencanto en una parte del electorado. Hemos vuelto a índices de abstención superiores al 30 por ciento, similares a los que vivimos en las elecciones generales de 2011, que dieron un aplastante triunfo a la derecha representada por el PP. Y es la izquierda la que, aparentemente, ha sufrido más este desgaste, lo cual, unido a otras circunstancias, ha beneficiado de nuevo a la derecha española.

Quienes no hicieron lo imposible para acordar la gobernabilidad de España, mediante un pacto de investidura, pensando que con ello conseguían una segunda oportunidad para obtener mejores resultados, han comprobado que la segunda oportunidad beneficiaba muy especialmente a quien, cómodamente sentado en su sillón de Moncloa, ha dejado madurar la fruta hasta que ha caído del árbol electoral.

Tras años de recortes perpetrados a base de políticas ultraliberales y neoconservadoras. Tras años de pelotazos, corrupción y mamandurrias, instalados en el centro de las instituciones, conformando un consorcio politicoempresarial, con raices en todas las administraciones. Tras escándalos políticos como el protagonizado en los últimos días por un Ministro del Interior, utilizando las instituciones en beneficio de su propio partido. El resultado es que no hay costes políticos, ni electorales, para quienes han cometido tales desmanes.

Todos son corruptos. Estos que gobiernan también lo son y hasta más. Pero ahí andan salvando España. Ya sé cómo son, pero mejor ellos que otros más impredecibles y que no han sabido fraguar un gobierno estable y necesario. Es lo que parecen haber pensado los votantes del PP y aquellos otros que han decidido que, tras un voto prestado a Ciudadanos el 20-D, es hora de volver al redil de la casa madre.

El PP ha conseguido rescatar 376.000 votos que fueron en las anteriores elecciones a Ciudadanos y captar 313.000 votos nuevos. Con ello ha alcanzado 14 diputados más, casi 700.000 votos más y, con sus insuficientes 137 diputados, asentar la falsa imagen de que tiene derecho a formar gobierno. Aunque esto sea sólo una media verdad, que será posible sólo en el caso de que Mariano Rajoy sea capaz de armar las mayorías necesarias para ello, o al menos suscitar la abstención de muchos otros.

Mientras tanto Unidos Podemos, que habían acariciado el sorpasso al PSOE y hasta soñaba con un supersorpasso al propio PP, ha pagado el crecimiento de la abstención y ha perdido más de un millón de votos, mientras que el PSOE ha perdido más de 100.000. No es un desastre insalvable, ni un hundimiento irreparable. Pero ambas fuerzas deberían ser responsables y reflexionar sobre una campaña desastrosa que no ha conseguido retener el voto, ni generar la ilusión necesaria para impulsar y reforzar el cambio político. El objetivo parecía conseguir, o evitar, el sorpasso, según el caso y no alentar un gobierno de progreso que acabe con la corrupción y restablezca libertades y derechos arrebatados.

Las peleas dentro de la izquierda siempre producen estos efectos. Los vaivenes en las ideas y las propuestas producen estos efectos. Las coaliciones suelen ser buenas, pero cuando no son estratégicas, sino tácticas, forzadas y de última hora, a veces no suman, sino que debilitan la confianza dentro de cada una de las partes coaligadas.

Es cierto que el hastío y el cansancio, el crecimiento de la abstención, el voto del miedo, el voto útil, el Brexit, la bronca electoral, la incapacidad de alcanzar un acuerdo de investidura, han facilitado aún más las cosas para una victoria relativa del PP, que tiene ahora la iniciativa para intentar formar gobierno. El problema es que pocos, por no decir nadie, quieren acompañar al PP, porque aparecer en esa foto no es plato de buen gusto para nadie.

De otra parte, las fuerzas que se han denominado a sí mismas del cambio siguen teniendo una mayoría de diputados y diputadas. Otra cosa es que algunas de esas fuerzas se comporten como agua y aceite y se muestren incapaces de alcanzar acuerdo alguno, como así lo demostraron durante las negociaciones de investidura, tras las elecciones del 20-D. Esa incapacidad condujo a las segundas elecciones, que han terminado beneficiando a las fuerzas del inmobilismo y los recortes.

Así las cosas, uno de los escenarios sería el de repetición de las elecciones. Pero esta posibilidad no debería figurar en el escenario de lo posible, ni sobre la mesa de los partidos políticos. Quienes hemos votado el 26-J hemos decido que, con algunos cambios, las cosas quedan como estaban, pero con un acuerdo aún más difícil, aunque no imposible.

Los sindicatos CCOO y UGT presentamos 20 propuestas a los partidos políticos, que intentaban ser la base para cualquier acuerdo de gobierno que quisiera solucionar los problemas políticos, económicos y sociales de España. Un gobierno que quisiera negociar, con respaldo suficiente, en Europa, los tiempos para cumplir obligaciones y compromisos en materia de deficit público.

Queremos salir de esta crisis, queremos crecer económicamente, pero con un reparto equilibrado de la riqueza disponible. Claro que queremos más empleo, pero no más empleo miseria, mal pagado, sin derechos. No queremos que encontrar un trabajo sea sinónimo de instalarse en la pobreza. Queremos empleos sin desigualdades que están consiguiendo que las mujeres, los jóvenes, los colectivos más precarizados, sean trabajadores y trabajadoras de segunda, de tercera, del final.

Queremos que se asegure el futuro de las pensiones. Para eso negociamos el Pacto de Toledo, que no se convoca de forma regular durante años. Y queremos que nuestras personas mayores se vean atendidas por la ley de Dependencia y no se vean solos y abandonados.

Queremos recuperar derechos sanitarios y educativos arrebatados. Queremos protección de los servicios sociales. Queremos servicios públicos de calidad, con la inversión necesaria, para asegurar nuestra calidad de vida y el Estado del Bienestar.

Queremos un país que potencie la investigación, que proteja el medio ambiente. Un país que restituya los derechos de sus trabajadores, arrebatados por sucesivas reformas laborales y que han hecho que la democracia brille por su ausencia en las empresas y que lo que debería ser un proyecto común se convierta en una dictadura de hecho, en la que el trabajador y la trabajadora tienen poco o nada que decir.

Hay que hacer esto. Y hay que hacer otras cosas que seguro que suscitan el acuerdo mayoritario de muchos partidos elegidos en las urnas. En último lugar en esta relación, pero en el primero en el orden de prioridades, hay que afrontar el combate directo y decisivo contra la corrupción. Hay que afrontar un acuerdo que permita encontrar espacios de convivencia en un marco constitucional que contemple la clave federal.

Son cosas que hay que hacer. Son tareas ineludibles. No seré yo quien diga, indique, aliente, estos o aquellos pactos posibles. Pero quienes quieran ponerse de acuerdo para gobernar este país tendrán que responder a estos problemas, salvo que opten por maniobras de distracción y hasta irresponsabilidades que nos terminen conduciendo a un nuevo proceso electoral, tras el cual, con una mínima participación, alguien pueda presumir de obtener una mayoría absoluta de dos votos contra uno.

El pueblo ha hablado una vez más. Puede que a algunos partidos no les guste cómo han quedado las cosas. Puede que alguien se permita decir que el pueblo es tonto, por votar, por no votar, por votar a otros. Piensen lo que quieran, hagan las valoraciones que les venga en gana. Pero el pueblo ha dicho que quiere un cambio, que quiere acabar con la corrupción, que quiere un buen gobierno que escuche nuestros problemas y trabaje en su solución, sin crearnos otros nuevos de forma artificial, por soberbia o cabezonería.

Tras un largo proceso electoral puede haber quien piense que total sin gobierno también se vive. Algo de razón hay en ello, puesto que un mal gobierno es muchas veces peor que no tener gobierno. A fin de cuentas las instituciones siguen funcionando y cumpliendo sus cometidos. Pero es un espejismo transitorio. Sin gobierno, con un gobierno en funciones, los cambios necesarios no cuentan con respaldo político, leyes, regulaciones, control parlamentario y, al final, tras un tran-tran de inoperancia, la parálisis se apodera de todo.

Por eso, queremos ya un buen gobierno. Nos merecemos ya un buen gobierno.

Francisco Javier López Martín

 

CkXGKDZWUAAROVnVamos directos a unas nuevas elecciones generales. No tengo ni idea de qué va a pasar en ellas. Puede que se repitan los mismos resultados, con leves variaciones y los partidos se vean en la misma tesitura que hace seis meses, o puede que no. Vaya usted a saber. No conviene hacerse demasiadas ilusiones en uno u otro sentido, porque el voto es caprichoso y se decide en función de tendencias inescrutables que se van generando, diseñando, calando, o no calando, en cientos de miles de personas. Hay quienes dicen que no van a votar, pero luego votan y quienes dicen y hacen lo contrario.

Lo único cierto y verdadero es que quienes tengan que gobernar este país, a partir del 26 de junio, se van a encontrar un país electoralmente exprimido, pero social y políticamente muy activo. Un país dispuesto a perseguir hasta las madrigueras los rastros de la corrupción. Un país y unos paisanos que comienzan a entender que la salida de la crisis sólo es realidad para unos pocos, porque estos mismos pocos  han diseñado un futuro de precariedad, temporalidad, bajos salarios, escasos derechos y ningún horizonte de futuro hacia el que dirigir nuestros esfuerzos de supervivencia.

Y no estamos dispuestos a acostumbrarnos a esa realidad, por mucho que la alabe el Presidente de la CEOE, el Gobernador del Banco de España, o cualquiera de aquellos que blindan férreamente sus salarios, sus beneficios y sus pensiones, ante cualquier eventualidad futura. Personajes de éxito que burlan la ley hasta que el escándalo es insoportable, e insostenible. Y aun así es casi seguro que no irán a la cárcel, porque en un país con una justicia diseñada para robagallinas, sólo va a la cárcel ese joven que se gastó 79 euros con una tarjeta falsa.

Hay cosas que queremos que cambien y vamos a empujar para que cambien, sea cual sea el signo (izquierda-derecha, arriba-abajo, acá-allá, colorao-descolorío) del partido, o partidos, que se encuentre (o encuentren) en condiciones de formar gobierno a partir del 26 de junio.

Hay 20 puntos que los sindicatos hemos presentado a los partidos políticos, ante esta nueva campaña electoral. Parafraseando a Carlos Puebla, en su famosa canción… 20 puntos, 20 son/ ni uno menos ni uno más/ Si quieren me los aceptan/ y si no chirrín, chirrán. Ese chirrín-chirrán, por cierto,no se lo tomen a guasa. Allá en Cuba viene a significar que hasta aquí hemos llegado. Que lo nuestro se acabó. Tomen ustedes nota, así pues, de las 20 actuaciones que no admiten demora, dilación, ni escamoteo, a partir del día en que votemos de nuevo.

Esos 20 puntos empiezan por el empleo. Este país necesita un Plan de Choque para crear empleo. A continuación la derogación de las reformas laborales impuestas y no negociadas, porque nos dejan a los pies de los caballos del empresariado. En tercer lugar, basta ya de austeridad para los más y derroche y corrupción para unos pocos. Queremos un Salario Mínimo decente que evite que cada vez haya más trabajadores con empleo y en la pobreza. Y una política fiscal justa, porque aquí sólo pagamos nosotros, los que trabajamos, mientras quienes más tienen dejan limosnas en la Hacienda Pública, a base de deducciones, desgravaciones, bonificaciones y maquinaciones fiscales a las que llaman ingeniería o viaje al paraíso.

En séptimo lugar queremos que haya unos mínimos, un suelo, de gasto social reconocido en la Constitución. Queremos recuperar, consolidar y fortalecer el gasto social, porque ese gasto en servicios sociales, en sanidad, en educación, en pensiones, en rentas mínimas, es lo que construye ciudadanía unida, en torno a un proyecto común. No se puede, decimos en noveno lugar, jugar con las pensiones, hay que recuperar el Pacto de Toledo, que el gobierno del PP ha inutilizado.

Y tras el desastre de la ley Wert, hay que derogar la LOMCE y abrir un diálogo sereno y no partidista sobre la educación. Queremos igualdad entre mujeres y hombres. Y no jugarnos la vida y la salud en el puesto de trabajo. Que la Ley de Prevención de Riesgos Laborales deje de ser papel mojado en muchos lugares.

Para quienes no tienen nada, queremos una Renta Mínima. Y queremos políticas reales de lucha contra la pobreza, la vieja pobreza y las nuevas formas de pobreza. Para ello es necesario reforzar los servicios sociales y que actúen de manera integral. Un buen ejemplo es la necesidad de acabar con el abandono, retraso, infradotación, al que se ha sometido a la ley de Dependencia. Las personas mayores y con alguna discapacidad lo necesitan ya.

Este país necesita invertir en su sistema productivo, en su industria, en la calidad de sus servicios. Y este país necesita defender la calidad de su democracia, acabando con leyes mordaza y artículos como el 315.3 del código penal que conducen a la cárcel a los huelguistas.

Necesitamos un gobierno que diga basta a la indecencia de las políticas de una Europa que no respeta los derechos humanos y los derechos sociales. Dramas como el de los refugiados no pueden formar parte de la memoria de Europa que dejemos a nuestros hijos e hijas. Como necesitamos un gobierno que nos defienda de los excesos que anuncian los tratados de libre comercio, que se negocian de espaldas a la gente y que sitúan las vidas y los derechos por debajo de los intereses de las grandes corporaciones. Y con esto acaban los 20 puntos a los que no vamos a renunciar, sea cual sea el gobierno. Vuelvo a parafrasear a Carlos Puebla…No somos intransigentes/ni nos negamos a hablar/pero aceptan nuestros puntos/ o no hay nada que tratar. Ya saben, que sea cual sea el nombre del partido, o partidos, agraciados con la lotería electoral… 20 puntos, 20 son, ni uno menos, ni uno más. Si quieren me los aceptan. Y si no chirrín, chirrán.

Francisco Javier López Martín

Urna-eleccionesEl Producto Interior Bruto comienza a crecer y hay quienes ven en ello un inicio de la recuperación económica y una salida de la crisis. Sin embargo, ese crecimiento del PIB no se está traduciendo en unas mejoras perceptibles de su situación para quienes han sufrido más intensamente los efectos de la crisis y de los recortes aplicados por el Gobierno del PP.

Entre otras cosas, porque el crecimiento español es un fenómeno peculiar en el marco de la Unión Europea y porque se ve acompañado de una inestabilidad mundial que amenaza a países emergentes como China, o como Brasil, que habían mantenido buenos ritmos de crecimiento en los años anteriores.

Algunos factores externos han ayudado a España a ver crecer su PIB. Uno de ellos las inyecciones de dinero del Banco Central Europeo, con una política monetaria expansiva, en sus intentos para salvar el euro, e impulsando el comercio exterior.La caída de los precios del petróleo ha contribuido también a esta situación de crecimiento positivo.

El Gobierno intenta contarnos que si estamos creciendo más que la media es porque han recortado mucho y bien. La verdad es que nuestro crecimiento tiene mucho que ver con situaciones excepcionales como el buen momento turístico, propiciado por la desestabilización de numerosos países mediterráneos que han dejado de recibir turistas. Además, aunque el Gobierno quiera ocultarlo, el gasto público ha crecido, a partir de 2015, porque todos los gobiernos incrementan su gasto cuando hay elecciones y eso siempre mueve la economía.

Nuestro crecimiento es muy frágil y, sobre todo, viene lastrado por la desigualdad. Estamos, por el momento, ante una salida en falso, que es más estancamiento que crecimiento sano y vigoroso. Las rentas se han debilitado de tal forma que el mayor consumo es muy desequilibrado, porque la desigualdad ha crecido en España más que cualquiera de los países desarrollados de nuestro entorno.

El Gobierno ha debilitado a conciencia los recursos para la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales, la atención a la dependencia, las inversiones, las políticas públicas. Las tasas de riesgo de pobreza han crecido hasta el punto de que casi una de cada tres personas se encuentra en esta situación, mientras que antes de la crisis eran una de cada cinco.

Y ahora vamos de cabeza a unas nuevas elecciones, a la repetición de un proceso que vamos a revivir como si de un año de la marmota se tratase. Un proceso que nos ha cansado y aburrido. Se les nota el desgaste a los propios candidatos, con la excepción de Rajoy, que no ha hecho nada de nada a lo largo de todos estos meses y se presenta fresco y lozano, salvo la mochila de escándalos vinculados a la corrupción que cada día se abulta más en susespaldas. Y aún así se consuela pensando que la corrupción no tiene coste electoral alguno.

Ese cansancio, ese aburrimiento puede traducirse en una menor participación electoral. Ya sabemos que cuando la abstención aumenta las fuerzas de progreso siempre salen perdiendo y los elementos más conservadores salen beneficiados.

Y sin embargo, es ahora, cuando comenzamos a ver una cierta luz en el horizonte, por débil que esta sea, cuando hay que impulsar políticas que reivindiquen una salida justa de las crisis, que combatan las desigualdades que amenazan con destrozar la convivencia en España.

Es ahora cuando hay que proteger a las personas desempleadas, consolidar las pensiones de nuestras personas mayores y dependientes. Es momento de fortalecerla inversión pública. Devolver a los trabajadores y trabajadoras los derechos arrebatados por las reformas laborales. Establecer un salario mínimo de, al menos 800 euros mensuales. Relanzar la ley de dependencia, e impulsar las rentas mínimas para quienes carecen de todo tipo de recursos. Es tiempo de que la calidad de los servicios públicos se convierta en prioridad frente a los abusos de las privatizaciones, externalizaciones y concesiones que sólo responden a intereses privados.

Estamos hastiados de que la corrupción se haya convertido en parte esencial del funcionamiento de tramas político-empresariales. Estamos hartos de que el dinero y el poder se hayan convertido en ejes vertebradores de la política. Estamos cansados de que la publicidad, la propaganda y el postureo, acaparen el debate, mientras las soluciones a nuestros problemas, se dilatan sine die. Pero, ese cansancio, ese hastío, ese aburrimiento, no deberían concluir en abstención, salvo que queramos realizar un intento fallido de castigar a los políticos castigándonos innecesariamente a nosotros mismos.

Es la hora de votar desde la conciencia de que nuestro voto masivo puede convertirse en nuestra mejor lección a la clase política. Un mandato para acabar con la corrupción e impulsar políticas que aporten soluciones y combatan las desigualdades. La campaña electoral es un buen momento para exigir que las promesas electorales se conviertan el 26-J en contrato de exigible cumplimiento para cuantos sean votados y elegidos.

Ser político ya no es lo que era. Hoy ser político debería ser firmar un contrato y cumplirlo. Y el voto es nuestra firma en dicho contrato.

Francisco Javier López Martín

desastre de la educacionEs cansino, pero muy eficaz, ese machacón bombardeo que sitúa a la formación y la educación como instrumentos al servicio de la economía. Alentar insistentemente este enfoque sesgado pretende hacernos olvidar, más temprano que tarde, que la educación y la formación son derechos constitucionales y que la “competitividad” de las empresas no puede prevalecer sobre las necesidades individuales y sociales.

Para alimentar aún más estas tendencias intencionadas se promueven estudios y encuestas que concluyen sistemáticamente que existen serios desajustes entre las aptitudes que demandan las empresas y la falta de personas la formación necesaria.  Se airean datos como que hay 59.000 vacantes de puestos de trabajo sin cubrir a finales de 2015, por falta de cualificación.

Pero claro, estos creadores de tendencia obvian dos circunstancias que no hay que olvidar: contamos con la generación de jóvenes en paro más cualificada de la historia y con 4.800.000 personas paradas en estas mismas fechas. Así visto, el planteamiento de la falta de personas cualificadas suena hasta ridículo.

Vivimos en un país poco valorado internacionalmente desde el punto de vista educativo.  Los niveles de fracaso y abandono escolar son demasiado altos. De otra parte, el famoso informe de pago, el llamado informe PISA, nos sitúa también bastante mal. La respuesta del PP, inducida por la soberbia de ministro Wert, ha consistido en atacar con brutalidad el eje vertebrador de la educación española, la escuela pública.

Si la LOMCE ha destrozado el consenso educativo, el Ministerio de Educación ha ido reduciendo la inversión en programas que compensan desigualdades, hasta un 24% entre 2009 y 2015. El número de docentes ha caído en 30.000 personas menos, mientras el alumnado crecía un 17%. Sin embargo los centros concertados han observado la tendencia contraria.  Más inversiones pese a que el alumnado en los mismos sólo ha crecido un 5%.

Las alumnas y alumnos son segregados, clasificados, dirigidos durante la educación infantil y la enseñanza obligatoria. Al final la desigualdad se consagra dirigiendo a las alumnas y alumnos con mayores dificultades hacia una artificialmente devaluada Formación Profesional. Ese procedimiento perverso consigue mantener la mala imagen de la formación profesional que es, sin embargo, prioritaria y preferente como opción en muchos países de Europa.

El gobierno del PP ha propiciado la caída de efectivos en el profesorado, el aumento del mínimo de alumnas y alumnos por profesor, o profesora, la elevada rotación de las plantillas. La única preocupación de la reforma de Wert y la aprobación sin acuerdos de su LOMCE, consiste en actuar sobre la formación del profesorado para que cumplan los objetivos de la nueva ley y mejorar así nuestra posición en el informe PISA, un informe devaluado y sesgado, que se elabora en función de los interesas económicos de la OCDE.

Se desprecian así, criterios y orientación de otros organismos mundiales, como la UNESCO, que prestan atención no solo a los contenidos, sino a la capacidad de las nuevas generaciones, para vivir en sociedades  complejas, lo cual exige un profesorado preparado para el diálogo y el consenso. Para preparar a las nuevas generaciones para analizar, diseccionar, juzgar y actuar sobre la realidad, desde diferentes puntos de vista.

Es verdad que mejorar la cualificación general es importante. Pero prestando atención, especialmente, a las personas desempleadas. Sólo se ha ejecutado el 60% del presupuesto para formación de personas desempleadas, mientras que sólo el 5% de ellas han recibido formación.

Una posible línea de actuación podría pasar por el impulso a la formación dual tanto desde el Ministerio de Educación, como el de Empleo. Sin embargo, más allá de las declaraciones rimbombantes, no existen evaluaciones de calidad, cantidad, e impacto de ese tipo de formación en nuestro país.

Además de que la implantación de programas autodenominados de “formación dual” en la educación y a través de los contratos de formación, deja mucho que desear y tiene muy poco que ver con el modelo alemán, o de otros países europeos. Hay recursos, se aplican bonificaciones y ayudas a las empresas, crecen los contratos de formación, pero la realidad es muy poca formación y muy baja y mala contratación.

Por último, en lugar de implicar a las universidades en estos retos de cualificación y empleo, se las embarca en la expansión de la oferta formativa descontrolada de másters, cursos, títulos propios, de cuestionable calidad en algunos casos.

En lugar de racionalizar y coordinar cada vez mejor la Universidad con la sociedad y la realidad de las empresas, se alienta la constitución de nuevas universidades privadas y la desregulación de la duración del primer ciclo, situándolo en 3ó 4 años, en lugar de buscar una mayor racionalización de la formación universitaria.

El panorama en la educación no es, ni mucho menos, prometedor. Y, sin embargo, cada vez aparece como más necesario un pacto de Estado, en esta materia, de la inmensa mayoría de los partidos políticos y del conjunto de la sociedad, que sustituya la imposición de las políticas por la capacidad de diálogo y negociación.

El horizonte de un nuevo gobierno que surja del aparentemente inevitable “ponte bien y estate quieto” de una nueva foto electoral, parece aún lejano, e incierto y, en el mientras tanto, las inercias de los recortes (también educativos), por más en funciones que las consideremos, siguen triunfando. Sembrando problemas y recogiendo malestares y contestación. Impidiendo acuerdos y soluciones negociados. Pero decididamente, en este país, cuando se trata de ir a la batalla, el fervor es imbatible. Otra cosa es cómo volvemos de la misma. Otra cosa es contabilizar los desastres de la guerra. Pero eso ya, que lo haga un tal Francisco de Goya, que se le da bien dibujar.

Francisco Javier López Martín

el 1 de mayo

Conmemoramos, este año, el 130 aniversario de aquel Primero de Mayo de 1886, en el que los trabajadores y trabajadoras de Chicago padecieron la brutal represión de una huelga y de las manifestaciones en las que reivindicaban la jornada laboral de ocho horas, que constituía la base de unas condiciones dignas de trabajo. Manifestaciones en las que murieron y fueron heridas muchas personas y que culminaron en la revuelta de Haymarket Square.

Es un buen momento para recordar, como cada año, los nombres de aquellos tres periodistas, Albert Parsons, August Spies y Adolf Fischer. El de aquel carpintero, Louis Lingg. Y de aquel tipógrafo, George Engel, que fueron condenados a muerte y ejecutados de forma inmediata, por participar, alentar, encabezaraquella huelga y aquellas manifestaciones. Mientras Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michel Schwab, eran condenados a cadenas perpetuas o numerosos años de cárcel.

El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas, clamaba el Philadelphia Telegram, antes de la huelga.

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas! clamaban los tertulianos de turno desde las columnas de los periódicos, tras los sucesos de Haymarket del 4 de mayo.

Es buen momento para recordar que aquellas reivindicaciones que aspiraban a una vida digna y un trabajo decente, han tenido un largo recorrido cargado de persecuciones, cárcel, dolor, tortura y muerte, bajo acusaciones parecidas, a cargo de los poderosos, los ricos y su ejército de pícaros plañideros, holgazanes y perceptores de incontables mamandurrias.

Es buen momento para recordar que, pese a los años transcurridos, las formas de explotación de la clase trabajadora siguen siendo básicamente las mismas, aunque se han perfeccionado de tal manera que, al igual que en aquellos lejanos días, son presentadas y asumidas como inevitables y hasta necesarias.

Una de las consecuencias de esta explotación vigente es que el Primero de Mayo es explicado como una conmemoración obsoleta, anacrónica y caduca, a la que se aferran, tan sólo, aquellos que se niegan a adaptarse a unos supuestos nuevos tiempos, en los que la clase trabajadora ha desaparecido de la escena de la historia. Tesis, por cierto, en la que coinciden todos los tirios y hasta algunos troyanos de nuevo cuño.

Y, sin embargo, la clase trabajadora sigue existiendo, porque la explotación del hombre por el hombre no ha desaparecido. Es más, esa explotación se ha despojado de la careta y se nos muestra en su más cruda realidad. Sólo hay que escapar del bombardeo constante de imágenes publicitarias, que nos alientan a un consumo infinito e insaciable, para reparar en las enormes grietas y las horribles cicatrices que esa explotación produce en nuestra vida cotidiana.

La corrupción que se adueña de la economía y devora la política. El inmenso poder de corporaciones como Coca-Cola, capaces de burlar la justicia, incumplir sentencias, despreciar a las personas que trabajan en sus factorías, robar el agua a pueblos enteros, mientras, al mismo tiempo, dona ingentes cantidades de latas con sus productos a los bancos de alimentos y financia instituciones sanitarias predispuestas a cantar las bondades de sus productos.

La persecución a la que el Estado somete en España a centenares de sindicalistas que han tenido el atrevimiento de participar en huelgas contra los recortes brutales de los derechos laborales y sociales. Los 8 de Airbús han salido relativamente bien parados, no sin antes sufrir años de sufrimiento y amenaza. Han visto reconocida su inocencia, pero la propia sentencia establece la  plena vigencia del artículo 315.3 del Código Penal, que sigue siendo la base sobre la cual los fiscales sustentan las peticiones de cárcel para los sindicalistas, en otros centenares de juicios abiertos, de incierto resultado.

El deterioro del Estado Social y Democrático de Derecho, reconocido en nuestra Constitución, recortado y a punto de ser jubilado, atado de pies y manos en su imprescindible tarea de asegurar la calidad de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales, de la atención a la dependencia, del derecho a una vivienda digna, del derecho a un trabajo decente y un salario digno.

Cada vez que un paciente se ve relegado a una larga lista de espera. Cada vez que desaparece una maestra o un maestro de una escuela pública, a causa de los recortes. Cada vez que una mujer anciana se ve imposibilitada para mantener un nivel digno de autonomía personal, porque ve recortada su ayuda a domicilio, o su grado de dependencia. Cada vez que quien no tiene recursos, ni puede acceder a un empleo, pierde su vivienda, sin que nadie le asegure eso que eufemísticamente se ha dado en denominar una “solución habitacional”.

Cada vez que una persona que necesita un empleo, no lo encuentra, o recibe una oferta que no cubre sus más mínimas necesidades básicas. Cada vez que un joven tiene que buscarse la vida fuera de nuestras fronteras, porque aquí es imposible labrarse un futuro. Cada vez que quien no tiene trabajo, ni salario, ve negado el acceso a unas rentas mínimas que aseguren su suficiencia económica, para atender sus necesidades familiares.

Cada vez que alguien muere en el trabajo, o a causa de enfermedades contraídas en el desempeño de unas tareas que no cuentan con las medidas de prevención adecuadas. Cada vez que alguien necesita una ayuda social y se topa con un muro infranqueable, legal pero injusto. Cada vez que quien huye de una guerra y se ve privado del derecho humano a encontrar refugio seguro, o que vuelve a morir una mujer a manos de su pareja.

Cada vez que estas cosas ocurren (y lo hacen con frecuencia pasmosa y pertinaz), el Primero de Mayo vuelve para recordarnos que sólo la voluntad de ser y existir puede sacarnos de este atolladero. Que otra vida mejor es posible. Que estas maldiciones no son condenas ineludibles. Que sólo nuestro miedo, nuestra falta de unidad, permiten la pervivencia de la explotación. Y que el trabajo sindical, la organización de la solidaridad, son una de las mejores herramientas con las que contamos para poner fin y coto a tanto desmán.

Hace años escribí un libro titulado El Madrid del Primero de Mayo. En él me detenía en los lugares, los edificios, que jalonan el recorrido tradicional de las manifestaciones del Primero de Mayo en la capital. No era, obviamente, un mero libro de arquitectura, ni una guía turística más ( al estilo del Madrid de los Austrias, los Borbones, o de Galdós), sino una reflexión sobre el esfuerzo de millones de personas, a lo largo de la historia, para construir lugares para la convivencia.

Lugares, espacios para la convivencia, que sólo podrán ser disfrutados plenamente cuando la libertad, la justicia, los derechos, sean el patrimonio común que a todas y todos nos pertenecen, nos albergan, nos protegen. Mientras tanto, mientras ese día llega, tras 130 años, tendremos que seguir saliendo a las calles de todo el mundo, cada Primero de Mayo, porque siendo los más, seguimos luchando por ser mejores.

Francisco Javier López Martín.

20140805-204753-74873281.jpg

Vaya por delante que las opiniones que vierto en este artículo son mías, sólo mías y no obedecen a consignas o decisiones adoptadas por ningún otra persona, individual o jurídica, que no sea yo. Y vaya por delante, ya puestos a prestar declaración de intenciones, que no pretendo que sean la verdad, sino tan sólo mi forma de ver las cosas en este momento, que bien pudiera cambiar mañana, si leo o escucho algo, si mantengo una conversación con alguien, si le doy un par de vueltas más y concluyo que todo podría ser de otra manera a como hoy lo expreso.

La frase que aparece como titular de este artículo no es mía. Todo parece ya estar inventado. La he encontrado atribuida a Ernesto Ché Guevara. Pero parece que el guerrillero argentino, cubano, congoleño, boliviano, fue más expeditivo y lo que dijo es que Seamos realistas y hagamos lo imposible. Es cierto que su aventura acabó de mala manera en aquella quebrada del Yuro y en la escuelita de La Higuera, tomada militarmente, pero donde hoy se asienta un museo de la memoria, según indican las guías del departamento de turismo boliviano.

Y, sin embargo, la frase tiene su aquel, si pensamos en estos tiempos extraños, en los que cosas que creímos imposibles, se han transformado en una realidad cotidiana. Corrupción por doquier y corruptos bajo cada ladrillo. Jóvenes que parten como nuevos indianos a buscar fortuna por el mundo. Empleos temporales, precarios, sin derechos, a los que llaman competitivos. Hospitales como negocio, escuelas como negocio, ancianos abandonados, pero negocio.

Así las cosas, si lo que parecía futuro imposible se ha convertido en perfectamente posible y hasta lógico y saludado como modernidad inevitable, también podemos considerar realista hacer lo que, los causantes de tanto desastre, consideran imposible. Ya lo dijo Humpty Dumpty,  La cuestión, Alicia, es saber quién es el que manda.

Otros atribuyen la frase al Mayo del 68, ese 15M, algo más expeditivo, que se adueñó de las calles de París, como de otras calles europeas y norteamericanas, o como lo hizo luego de las calles de Praga. Cuentan que, de la misma manera que un hombre mayor como Stéphane Hessell inventó aquello de Indignaos, hace casi 50 años, otro hombre mayor, Herbert Marcuse, lanzó aquello de Seamos realistas, pidamos lo imposible, convirtiéndolo en uno de los lemas favoritos  de las revueltas estudiantiles.

Luego llegaron los tiempos en los que de Gaulle se encargó de convencer a Francia de que bajo los adoquines de las calles no se encontraba la playa, al igual que inmediatamente después de nuestro 15M un impasible, impertérrito y lacónico Mariano Rajoy, se encargó de intentar convencernos de que una oleada de recortes no era otra cosa que una necesaria, obligada e imprescindible cruzada de “reformas estructurales”, que debía ser saludada de buena gana por los españoles, sobre todo los muy españoles y los mucho españoles.

También existe, para ir terminando con la divagación, la versión expeditiva de la aparente “contradictio in terminis” de Herbert Marcuse, según la cual la frase debería quedar redactada de la siguiente manera, Seamos realistas, exijamos lo imposible. Sea como fuere, contradictoria en sí misma, oxímoron o no, ha llegado el momento de plantear el fondo de la cuestión que me trae por estos derroteros.

En estos días, varias fuerzas políticas parece que se encaminan hacia uno de esos imposibles. Oyéndoles hablar a unos y otros, bien podríamos llegar a pensar que ese imposible es además fruto de un destino inevitable, que nos conduce de cabeza a unas nuevas elecciones generales. Como si, de nuevo, las muchas Españas que habitan las Españas, se hubieran embarcado en una “guerra civil”, esta vez sin inútiles derramamientos de sangre, que han sido sustituidos por un espectáculo televisivo de agresiones verbales de alto nivel de decibelios, alentado por palmeros tertulianos. Avance supone, sin duda alguna, haber cambiado la fiesta nacional taurina por este reality show de charanga y pandereta.

Creo que se equivocan quienes, a base de artículos de opinión y de opiniones machaconas, aderezadas con encuestas de encargo, intentan marcar la tendencia que alienta la celebración de unas nuevas elecciones generales. Y se equivocan porque unas nuevas elecciones supondría decirnos a la gente que hemos votado mal, que nos hemos  equivocado de voto y que estamos condenados a seguir votando hasta que lo hagamos bien y a gusto de los partidos. Yo aviso que votaré lo mismo y otros puede que decidan quedarse en su casa. En todo caso, supondría un fracaso de los políticos del momento para gestionar una realidad plural y fracturada por la crisis y por la corrupción estructural.

Por eso pienso que es conveniente pedir lo imposible. Ni siquiera lo exijo. Tan sólo animo a hacerlo. Y ese imposible comienza por alcanzar un acuerdo para regenerar la política nacional, combatir la corrupción y emprender una revisión de la Constitución (una buena Constitución si se me permite), para que en ella se vean reflejados la diversidad, la pluralidad, los regionalismos, o los nacionalismos, que habitan en la península.

Continúa lo imposible por ponerse de acuerdo en que las desigualdades y pobreza crecientes, no puede ser la marca distintiva de nuestro futuro ni en Europa, ni en el planeta. Que no hay recuperación económica, ni regeneración política posibles, si no nos dotamos de instrumentos, como una renta mínima, que eviten que haya personas que carecen de los recursos elementales para garantizar su supervivencia. Si no mejoramos nuestro Salario Mínimo Interprofesional llevándolo, cuando menos, a los 800 euros. Si no mejoramos la protección de esos millones de personas que se han enquistado en el desempleo, perdiendo todo tipo de prestaciones y sin esperanza alguna de que los servicios públicos de empleo les faciliten una nueva oportunidad.

No creo que sea imposible revertir las reformas laborales, que han destrozado las relaciones laborales y han apostado por un futuro de precariedad, temporalidad y falta de derechos para las personas trabajadoras. Un futuro de abuso laboral sin límites, incapaz de dar una sola señal de esperanza a nuestros jóvenes. O dar marcha atrás en reformas como la de la formación, que han destrozado un sistema construido durante décadas ( y por lo tanto mejorable, sin duda), para sustituirlo por un mercadeo abierto a la picaresca y que alienta el fraude, sin garantizar ni la calidad, ni la propia formación.

Tampoco veo nada imposible que pueda haber un acuerdo generalizado para evitar que la participación en una huelga sea constitutivo de delito y merecedor de penas de cárcel, tal y como establece el famoso artículo 315.3, que esgrimen los fiscales para exigir condenas desproporcionadas contra los sindicalistas, mientras aseguran la impunidad de los patronos  que vulneran el derecho de huelga de sus trabajadores, sin petición de condena alguna.

Creo que es realista pedir lo imposible de un cumplimiento de la ley de dependencia para que nuestras personas mayores cuenten con los servicios y recursos necesarios. Y creo que es realista exigir que, tras toda una vida de trabajo, las pensiones sean dignas y decentes y no pierdan nunca poder adquisitivo. Como creo en la necesidad de que tipos como Wert no destrocen la educación pública y que la sanidad, la educación, los servicios sociales, formen parte de esas políticas intocables, porque hay consenso en su carácter público, gratuito y universal.

Y no debiera ser imposible asegurar el derecho a una vivienda. O el derecho a pagar impuestos de forma equilibrada y justa, en un país en el que la inmensa mayoría terminamos pagando la fiesta de unos pocos. No creo en la imposibilidad de ponerse de acuerdo para combatir y prevenir la violencia de género, en las familias y en las empresas.

Unos más liberales y otros menos, no creo que nadie considere imposible tampoco ponerse de acuerdo en que la inversión pública (como ocurre en Estados Unidos) constituye un importante motor para impulsar la inversión privada y la creación de empleo.

Alcanzar estos imposibles y hasta algún otro que se me esté olvidando, o que no menciono, para no extenderme aún más, se me antoja realista y hasta acorde con la expresión del voto de la ciudadanía española. Si hubiéramos querido más turno de poder lo habríamos votado así. Pero parece que queremos otra cosa y ahora toca a los partidos ser realistas y hacer lo imposible. Alguien dirá que este deseo es una utopía, pero a fin de cuentas la utopía es, tan sólo, lo que todavía no existe.

 

Francisco Javier López Martín

escuela-aprendices_50552Cuando hablamos de la Formación, en un contexto de paro elevado y crisis económica, tendemos a creer que esa formación va a solucionar el problema por si misma. Los propios responsables políticos alimentan esta gran mentira al afirmar, cada vez que inauguran un nuevo programa de Formación, que va a mejorar mucho la empleabilidad de quienes participen en el mismo.

Y no es que sea mentira que la empleabilidad aumenta cuando se está más formado, pero si no hay puestos de trabajo, no hay empleo que valga. Y si el empleo que te ofrecen es un empleo basura, pues lo único que tendrás es precariedad, por muy cualificado que estés.

Lo cierto es que, si la economía genera empleo, es más probable que lo ocupen las personas más cualificadas, pero también es cierto que la cualificación, por si misma, no crea empleo, al menos de forma inmediata.

Otra cosa es que un buen nivel de cualificación de las personas atrae inversiones que necesitan de esa cualificación y que no van allí donde el nivel formativo es bajo. Pero estos son movimientos en el medio y largo plazo y no coyunturales y rápidos.

Cuando hablamos de la formación dual, que combina formación teórica y práctica en las empresas, podemos correr ese mismo riesgo de entonar un mantra repetitivo y pensar en una solución idílica de los problemas de empleo, para terminar descubriendo que esa formación dual no es más que la antesala de la precariedad laboral para toda la vida.  Una formación que, en el caso español, condena no pocas veces a ser aprendices de por vida, a base de contratos de formación, becas, prácticas y demás eufemismos que tan solo ocultan alta temporalidad y mucha, mucha, explotación laboral y precariedad.

Vivimos un momento político muy interesante, que debería permitirnos afrontar los problemas y abordar soluciones reales. De hecho, aún antes de formarse gobierno, ya existen algunas iniciativas parlamentarias (me acaba de llegar a las manos la del Grupo Parlamentario de Podemos-En Comú-En Marea) que abordan el problema concreto de las prácticas no laborales en las empresas, que realizan estudiantes universitarios y de formación profesional (FP).

Creo que son los primeros pasos que van en la buena dirección y tan sólo espero que el nuevo gobierno, que deseo no tarde demasiado en constituirse, ponga en marcha medidas para aprovechar un escenario europeo favorable a vincular formación con prácticas, pero evitando la explotación laboral y la precariedad en dichas prácticas.  Porque es verdad que la formación dual, cuando se aplica en condiciones decentes, contribuye a que el paro no sea tan elevado entre las personas jóvenes.

Así ocurre en Alemania, en Holanda o en Austria, por poner algunos ejemplos. Además, en estos países, la transición entre la formación y el empleo se ve facilitada. Eso sí, siempre que la formación se realice en el marco de centros educativos (FP, universidad), siempre que las prácticas se realicen en empresas que acrediten la calidad y obteniendo una titulación oficial de la cualificación adquirida.  Siempre, por último, que se garantice a la persona que se forma realizando prácticas en las empresas, la condición de empleado, con un salario digno y con derechos laborales regulados con carácter general y en la negociación colectiva.

Se quejan los empresarios de que, pese al aumento de los niveles de cualificación formales (en 2025 tan sólo el 14 % de los trabajadores y trabajadoras europeos tendrán un bajo nivel de cualificación), las personas que contratan, no tienen la preparación que requiere el puesto de trabajo que van a ocupar.  Pues bien, la formación dual, o formación con prácticas, es un buen instrumento para solucionar el problema. Y la Formación Profesional una herramienta muy útil para facilitar la inserción laboral.

De hecho, los jóvenes europeos aprecian cada vez más este tipo de formación. Más de la mitad de los jóvenes europeos que cursan el segundo ciclo de enseñanza secundaria, lo hacen en FP. Aunque las diferencias son muy notables entre países. Desde el 70% en Austria, al 13% en Chipre. Y junto a Austria, se encuentran Bélgica, Eslovaquia, República Checa, Alemania, Dinamarca, o Francia.  Sin embargo el desarrollo de la formación dual, con prácticas en las empresas, es mucho menor y sólo el 27% de la personas en FP participan en este tipo de programas.

Aquí son países como Alemania y Dinamarca los que lideran la implantación de la formación dual, seguidos de Austria, Eslovaquia, Suecia. Francia se encuentra cerca de esa media del 27% y hay países como Bélgica que, pese a tener una alta tasa de estudiantes de FP, de ellos, menos del 5% participan en programas que combinen el centro educativo y el empleo.

El mito de una FP asociada a una formación de segunda categoría, en comparación con la Universidad, se puede diluir a medida que nuevas profesiones, como las Técnicas de Información y Comunicación (TIC), informática, energías renovables, sanidad, etc…) vayan incorporando estas cualificaciones y en la medida en que establezcamos pasarelas de homologación, equivalencia, tránsito, hacia la educación universitaria y desde la formación universitaria hacia la FP.

En España tenemos un problema añadido. El tejido empresarial cuenta con mucha pequeña empresa y microempresa y pocas grandes empresas, lo cual dificulta el desarrollo de la formación dual, con prácticas de aprendizaje, si tenemos en cuenta que las grandes empresas, son las que mejor aprovechan y utilizan esta modalidad de formación.

Queda, así pues, todo un trabajo de información, formación y desarrollo de la Formación Profesional con prácticas en las empresas, que anime y organice esa participación de pequeñas y medianas empresas en este tipo de programas.

Formar aprendices es mejorar la innovación y la capacidad futura de la empresa para asegurar su desarrollo. Significa también poner en contacto a trabajadores y trabajadoras mayores, con mucha experiencia, con jóvenes que aspiran a trabajar. Supone una cultura empresarial que huye del pelotazo y el beneficio rápido y fácil, para buscar cualificación, calidad y futuro. No es algo muy propio de la cultura empresarial española y así nos va. Pero también hay otro tipo de culturas empresariales y las culturas viciadas hay que erradicarlas promoviendo modelos más sanos y sostenibles de crecimiento.

Los empresarios que quieran afrontar este reto, van a contar con el apoyo cooperación de unos sindicatos que históricamente hemos apostado por Formación de Aprendices, y que ya desde nuestros orígenes, cuando los gobiernos no ofrecían estas posibilidades, crearon Escuelas de Aprendices en los más diferentes artes y oficios.

Lo mismo que pueden esperar unos gobiernos, central, autonómicos, o municipales, que quieran regular y promover la formación dual, la formación con prácticas, la formación de aprendices, para dotarla de garantías, calidad y derechos para quienes participen en la misma.

Es una propuesta que realizamos por enésima vez y que ha sido imposible con un Gobierno de crisis y recortes de derechos, pero que debe abordarse en el futuro inmediato, si no queremos perder el tren de la cualificación y el empleo.

Abordar una formación dual, que se asiente en bases distintas a las del actual contrato de formación y aprendizaje, para evitar el fraude generalizado y la explotación abusiva de nuestros jóvenes. Dotar de calidad a los períodos de prácticas, negociando un Estatuto de la Persona en Prácticas. Hay que revisar las malas prácticas y el mal uso de las bonificaciones empresariales y subvenciones que incorporan prácticas. Reforzar el diálogo social de los gobiernos, empresarios, representantes de las trabajadoras y trabajadores, sobre las condiciones de la Formación Dual.

Son cosas sencillas. Son propuestas razonables, de puro sentido común, que aprovechan la experiencia europea. Propuestas que cualquier gobierno debería acometer cuanto antes. Empecemos a demostrar a nuestra ciudadanía y a Europa que España no es tan diferente. Que no hay un pícaro, cuando no un corrupto, o un salteador de caminos, tras cada esquina. Que África no empieza en los Pirineos.

Francisco Javier López Martín

IMG_2591-0.jpgVivimos un tiempo intenso y apasionante. Semanas en las que hemos podido ver los efectos inesperados e imprevisibles de una votación de investidura fallida, en el Congreso de los Diputados, en la que un candidato de la izquierda ha sido apoyado por una fuerza política de la derecha, mientras que ha obtenido el voto en contra de otras fuerzas políticas de la derecha nacional, de la derecha nacionalista y del resto de la izquierda.

Visto desde otro país, la situación bien pudiera parecer incomprensible y entre los habitantes de la “contorna”, los que vivimos en este lugar llamado España, tampoco se termina de entender bien qué está pasando, para que no haya manera de montar el puzzle del voto de la ciudadanía española, para conseguir la constitución de un gobierno.

Hemos conmemorado, un año más el 8 de marzo, comprobando de nuevo, de forma machacona y contundente, que la desigualdad, la discriminación, la violencia, siguen instaladas en nuestra sociedad, como en un empeño suicida de demostrar que España continúa siendo diferente y perfectamente capaz de seguir aburriendo a la Historia.

Venimos de una semana en la que hemos conmemorado el 12 aniversario de los atentados del 11-M, el más terrible golpe vivido por Europa, con 193 personas muertas y más de 1000 heridas.  Durante años, esos brutales atentados han sido utilizados por la pertinaz derecha cavernaria para dividir España y a las víctimas del terror. Es muy buena noticia que todas las víctimas y las instituciones hayan decidido acudir unidos al recuerdo, al homenaje y a la voluntad de fortalecer la libertad, la democracia y el combate contra el horror. Y, sin haber acabado el domingo, una nueva noticia, de un atentado con coche bomba en el centro de Ankara, con al menos 34 muertes y cientos de personas heridas.

Las imágenes de miles de personas, esperando ser acogidas como refugiadas en Europa, mientras duermen en barrizales y mueren en las aguas del Mediterráneo, no dejan de aparecer en las pantallas, seguidas de otras en las que los mandatarios europeos buscan no importa qué tipo de soluciones, con tal de evitar el estricto cumplimiento de la Declaración de Derechos Humanos, aún a costa de pagos y concesiones a terceros países para que hagan el “trabajo sucio”. Tampoco importa el cómo.

En días como éstos, que se repiten semana tras semana, siento la tentación de justificar a aquellos que quieren a sus hijos e hijas lejos de tanta brutalidad y miseria humana. Aquellos que intentan rodearlos de un ambiente de seguridad, lo más lejos posible del contacto con ésta realidad, que ni nosotros mismos somos capaces de entender.

Es sólo una tentación pasajera, porque muy pronto me doy cuenta de que esa opción no existe y, aún cuando fuera viable por un tiempo, sus consecuencias pueden ser aún  peores que aceptar una realidad, por dura que esta sea. Se puede intentar jugar con un niño al trágico juego de La vida es bella, pero es difícil pensar en una versión, tan siquiera de dimensión europea, de la famosa película.

Además, la infancia es pasajera y elegir el momento en el que corremos la cortina, la edad en la que perdemos la inocencia, no sería tarea fácil. Puede que sea incluso empeño imposible. Puede que sea una imposibilidad buscada y premeditada. La infancia de por vida. Toda una vida en la infancia. Morir en el País de Nunca Jamás. Aceptar el mundo como nos lo anuncian, consumir el mundo como nos lo venden. Renunciar a ir creciendo, a adquirir paulatinamente el principio de la realidad. Ser siempre un niño pendiente de sus chuches. El consumidor ideal y perfecto.

No creo que sea un trauma, sino todo lo contrario, que nuestros hijos e hijas oigan a sus padres hablar libremente de su vida y de su historia. Creo que es bueno dejarles participar y opinar sobre aquellas cosas que nos preocupan, que son importantes para nosotros y por las que creemos que merece la pena interesarse, que deben ser defendidas, por las que hay que luchar y comprometerse.

Fui a los toros, en el pueblo, con mis padres. Mi padre me subía al entarimado donde se situaba la banda de música, en una plaza formada por carros. También asistí a algún partido de futbol con mis tíos, muy del Atleti ellos. No he desarrollado, con el paso de los años, una gran afición por los toros, ni por el futbol. Me he hartado de jugar a indios y vaqueros, siguiendo las abundantes películas del oeste y tampoco hoy comparto ideas que supongan la desaparición de las poblaciones indígenas.

Veo a muchos de nuestros hijos e hijas conectados por internet con otros niños y niñas que se hartan de matar zombis, o participar en batallas tremendamente cruentas. También construyen y diseñan complejos poblados, muchas veces con fines y objetivos defensivos, o de conquista de territorios. No creo que en el futuro sean necesariamente arquitectos, asesinos a sueldo, o mercenarios. Al menos si son capaces de leer, interpretar, construir la realidad.

En todo caso, me parece mucho más peligroso que les dejemos, sin control alguno, tomar contacto con esa realidad virtual desvirtualizada, sin hablarles de cosas como que, hace casi 80 años, en aquel invierno de 1939, la región francesa de los Pirineos Orientales, con una población de unos 230.000 habitantes, acogió a más de 350.000 españoles, soldados, ancianos, mujeres, niños, que huían de una cruenta guerra civil, que se había prolongado durante casi tres insufribles años.

Muchos de aquellos refugiados acabaron en campos de concentración, como el de Argelès-sur-Mer. No me parece peligroso contarle a mis hijas, a mi hijo, que uno de aquellos refugiados era, probablemente, su bisabuelo, que partió con 42 años a defender la República de los ataques golpistas del fascismo y que nunca volvió. Su pista se perdió, precisamente, en alguno de aquellos campos, o en la misma frontera cerrada durante mucho tiempo a cal y canto.

Tal vez muriera en los primeros bombardeos de la Guerra Mundial, o deportado en algún campo de concentración nazi, vendido por el gobierno de Vichy, o como consecuencia de las heridas sufridas. Tal vez puedan entender mejor lo que está ocurriendo hoy en las fronteras de Europa.

No me parece especialmente traumático hablarles de los hombres y mujeres, de aquellos trabajadores y trabajadoras que intentaban vivir en libertad y con derechos sociales y laborales, en la negra dictadura que asoló España durante cuarenta años. Se organizaban como buenamente podían en las CCOO y caían una y otra vez en manos de la policía. Los juzgaban en tribunales especiales llamados de Orden Público, los condenaban a décadas de prisión, a cadenas perpetuas, a penas de muerte.

Hablarles de algunos de ellos, como aquellos 10 de Carabanchel, la cúpula de las ilegales CCOO, que fueron detenidos el 24 de junio de 1972, mientras estaban reunidos en un convento y que fueron juzgados en el denominado Proceso 1001. Tuvieron la mala suerte de que el juicio comenzó el 20 de diciembre de 1973, precisamente el día en el que los terroristas de ETA habían decidido asesinar al Presidente del Gobierno de la dictadura franquista, el Almirante Carrero Blanco. Por eso, el mayor de ellos, llamado Marcelino y sus otros nueve compañeros, fueron condenados a largas penas de prisión. Algunos de ellos viven aún y pueden contar su historia.

Y hablarles de cómo, cuando ya el dictador había muerto y la dictadura estaba a punto de seguirle a la tumba. En ese momento difícil, en el que todavía no había nacido la democracia, un grupo de terroristas franquistas dieron muerte a unos jóvenes abogados, que trabajaban cada día en la defensa de la clase trabajadora y las asociaciones vecinales de Madrid. Aún muchos y muchas de esa raza de abogados siguen defendiendo a la gente. Una de esas abogadas, llamada Manuela, ha llegado a ser elegida alcaldesa de Madrid.

Tal vez puedan entender, a lo peor no hoy mismo, pero cualquier otro día de su futuro, que la democracia y la libertad no son un regalo, que hay que defenderlas cada día. Que no se pueden permitir retrocesos en los derechos de los más débiles, mientras los poderosos aumentan su riqueza y las desigualdades crecen de forma imparable.

Tal vez entiendan que no basta indignarse. Que hay que estudiar, formarse, tener una profesión en la que sean buenos, organizarse y trabajar cada día. Que el trabajo bien hecho es un valor que no abunda en España, pero que es muy necesario. Que hay que ejercer el derecho a protestar, a manifestarse, a hacer huelga. Que en la vida hay conflictos y que hay que resolverlos con movilización democrática y negociación.

Creo que hay que hablarles y permitirles que conozcan a los 8 de Airbus, un puñado de los muchos trabajadores y trabajadoras que aún esperan una sentencia en España por haber participado en una huelga. Y a los dirigentes sindicales de Coca-Cola, que sufren el poder absoluto de una multinacional acostumbrada a doblegar gobiernos y tribunales. Una todopoderosa corporación que en España despide trabajadores. En la India roba las aguas escasas. En América Latina es una fuerza de terror organizado contra indígenas y sindicalistas que van cayendo asesinados.

Y que hay mineros como los de Aguablanca, en las fronteras de Badajoz, Huelva y Sevilla, que siguen luchando por su empleo y vienen a Madrid a ver a un Ministro para defenderlo, aunque les den con la puerta en las narices. Y que no todo son derrotas, si hay unidad y movilización. Que la unidad y la movilización, sobre todo la de las conciencias, son ya un gran triunfo. Y que para unir a la gente, para conseguir que se sientan parte importante y actores de su futuro, hay que hablar, negociar y volver a hablar y negociar y, cuando ya estés harto, cansado y creas que todo se derrumba… volver a hablar y sentarse a negociar.

No tengas miedo de que te acompañen a alguna concentración en defensa de los refugiados y los derechos humanos. No tengas miedo de que oigan hablar a la gente que sufre, a los parias de la tierra, a quienes se ganan duramente el salario de cada día. Que aprendan a reír con ellos y a compartir sus lágrimas. No tengas miedo, porque esas risas y esas lágrimas les harán sencillos, libres, fuertes. Dueños de su destino, capitanes de su alma.

Háblales de nuestra gente, de las personas de ayer y de hoy que trabajaron por la justicia social,  por los derechos que nos hacen libres e iguales, compasivos, solidarios. Háblales de que esas personas nos hicieron mejores, más decentes, más dignos. Que no los olviden. Que sientan orgullo de pertenecer a esa gente por la que ellos lucharon.

Son niños y niñas, pero no son tontos. Entienden estas cosas perfectamente. Tal vez mejor que nosotras y nosotros, porque no se encuentran mediatizados por tantas experiencias negativas, decepciones, mezquindades, como las que hemos tenido que padecer.

Son niños y niñas, pero es su derecho ir adquiriendo el principio de realidad. Su realidad no será la nuestra. Ellos formarán su propio criterio. Huirán de la Historia Oficial escrita por los cronistas oficiales y construirán su propia historia hecha de muchas pequeñas historias. Nuestra voz será una más entre otras muchas voces. Llegará un momento en que nos critiquen, porque no somos perfectos. Luego, más tarde, intentarán entendernos. Serán ellos, no serán una copia 3D de nosotros mismos. Pero en ellos podremos reconocernos y, cuando ya no estemos, ellos podrán reconocernos en nuestra gente. Háblales de nuestra gente. Háblales de nuestra gente.

Francisco Javier López Martín

 

EMIGRA~1“Sueñan las pulgas con comprarse un perro”, comienza el poema de los Nadies de Eduardo Galeano. Y sueñan algunos empresarios con contratar a trabajadoras y trabajadoras, buenos, bonitos, baratos, temporales y precarios. La crisis económica se lo ha puesto fácil, al provocar altos niveles de desempleo.

Y pese a esta situación dramática del empleo, en Europa, uno de cada tres empresarios dice tener dificultades para encontrar trabajadores y el 40 por ciento manifiesta que no encuentran personas con la cualificación que necesitan.

Curiosamente, muchos de estos empresarios consideran que hasta los recién licenciados en las universidades tienen escasa preparación.  Esta visión puede conducir a justificar una enseñanza, en todos sus niveles, sometida a los intereses de las empresas y que descuide el derecho de la persona a elegir su educación. Lo primero es una necesidad de la economía, lo segundo un derecho de la persona, de toda persona. Ambas cosas deberían convivir, sin sometimiento absoluto a los desafíos de la economía,

La verdad es que la preparación de nuestros jóvenes no explica la existencia de altas tasas de paro, ni los problemas para encontrar personas cualificadas para determinados empleos. En Europa, un 21% de los trabajadores y trabajadoras tienen un bajo nivel de estudios, mientras que los puestos de trabajo para estas personas se encuentran en el 12%. Aquí ya hay un desajuste importante.

Por el contrario, mientras que el 56% de los empleos disponibles exigen un nivel medio de cualificación, el porcentaje de trabajadoras y trabajadores con niveles medios de cualificación es 10 puntos inferior, es decir el 46%.

Por último, el nivel de personas con alto nivel de estudios se encuentra en el 33%, cuando el 32% de los puestos de trabajo requieren ese nivel. Esta situación explica, en parte, que un 29% de los trabajadores altamente cualificados terminen realizando trabajos que requieren titulaciones de nivel medio, o bajo, generando un debate sobre la sobrecualificación.

Si se tratase de una situación coyuntural, estaríamos ante un problema acotado en el tiempo; pero la realidad es que, con una crisis prolongada, el desajuste de las competencias con los puestos de trabajo puede ser causante de problemas sociales y económicos. Entre otras cosas, porque una persona sobrecualificada, nunca se sentirá satisfecha con su sueldo y su puesto de trabajo. Tampoco con la precariedad creada por la crisis, por más que eso sea un problema generalizado. Además, si no se consigue corregir, la sobrecualificación puede convertirse en una trampa que atrapa a la persona en puestos de trabajo que no aprovechan sus capacidades.

En cualquier caso, a estas alturas, parece claro que la falta de cualificación no explica los altos niveles de paro. Simplemente, con los mismos niveles de cualificación, hoy los puestos de trabajo a cubrir son un 25% inferiores a los de 2008.

Es también muy preocupante que la salida de la crisis en Europa, tomando en cuenta el crecimiento del empleo, se está produciendo de manera desigual, a dos velocidades. Los propios empresarios reconocen que la evolución de la demanda es mucho más determinante que la cualificación, a la hora de valorar el aumento o disminución de la producción.

Algunos elementos que deberíamos tomar en cuenta para corregir el problema de desajustes entre competencias y empleo, tienen que ver con la necesidad de que empresas programen actuaciones de formación, para que la cualificación inicial se ajuste al puesto de trabajo. No basta quejarse de falta de experiencia de los nuevos trabajadores. Hay que suplirla mediante formación dual en la empresa, que combine el empleo y el aprendizaje.

Otro elemento importante es apostar por las competencias sociales y no sólo por las habilidades concretas de cada puesto de trabajo. La preparación para el trabajo en equipo, las relaciones personales, las habilidades de comunicación, o la capacidad de resolver problemas, son cada vez más importantes para el buen funcionamiento de una empresa. Esto requiere un buen clima y compromiso entre los responsables de la empresa y las organizaciones sindicales, cosa a la que los empresarios, aun menos los españoles, están poco acostumbrados.

Un buen número de las ofertas de empleo de las empresas vienen marcadas por ofertas con bajos salarios, malas condiciones de trabajo, no cuidar las condiciones de movilidad laboral, e incluso la poca o nula información a sus trabajadores.

Para corregir el problema, lo primero es tomar conciencia de que es una demanda laboral débil lo que produce los desajustes en las competencias y no al contrario, como algunos economistas y expertos tertulianos intentan hacernos creer. Es bueno acercar la formación a los centros de trabajo y a las nuevas necesidades de competencias, pero no lo es someter la educación a un proceso de sometimiento a los mercados.

La siguiente clave es que los empresarios intenten aceptar que una empresa la componen ellos, con su inversión  y los trabajadores y trabajadoras con su cualificación y capacidades. Un proyecto colectivo construido por personas y no una fuente de beneficios empresariales a cualquier precio.

Sólo desde la cooperación entre empresarios, sindicatos y gobiernos (en nuestro caso central, autonómicos y locales), podemos mejorar la calidad del empleo, a través del desarrollo de la formación profesional, en todos sus niveles, ya sea en sus niveles más elementales de corta duración, hasta la formación superior.

Una tarea que debe completarse con una cada vez mejor información sobre la evolución del empleo, que nos permita anticiparnos a las nuevas necesidades y con una mejora de la orientación laboral. El reforzamiento de los servicios públicos de empleo, que actualmente se ven imposibilitados para intermediar entre las necesidades de las empresas y los trabajadores y trabajadoras en paro, o que intentan mejorar su empleo. Estas funciones esenciales de las políticas públicas de empleo, se han convertido en fuente inagotable de negocio privado.

No serán nuevas reformas laborales, ni nuevas vueltas de tuerca en el recorte de los derechos de los trabajadores y trabajadoras, las que corrijan esta situación. Muy al contrario, acabarán por agravarla. Tras las reformas laborales y recortes de derechos, tenemos en Europa más de 25 millones de personas desempleadas (una de cada cinco, en España) y  2 millones de puestos de trabajo sin cubrir. Tenemos más de 20 millones de personas subempleadas cuyo horizonte es el desánimo laboral. En total, casi 46 millones de ciudadanos y ciudadanas europeos en el paro o el subempleo.

El futuro de nuestras empresas y de nuestra economía, no sólo en España, sino en toda Europa. El propio futuro de nuestra convivencia y la calidad de nuestra democracia, dependen, en este momento, de la capacidad que demostremos los partidos políticos, las organizaciones empresariales, los sindicatos, la sociedad organizada, para afrontar y superar la crisis, creando empleo de calidad y asegurando, entre otras cosas, la igualdad de oportunidades de las personas para desarrollar sus competencias. Porque sin igualdad no hay futuro. Sin igualdad, la libertad es una mera declaración de intenciones sin sustento real.

Francisco Javier López Martín

CARTA A LOS FISCALES

Señorías,

En nuestro país se están celebrado procesos judiciales que serían inconcebibles en cualquier otro país democrático. Más de 300 sindicalistas se enfrentan a juicios por haber participado en huelgas algo largo de los últimos años. Permítanme definirlo como una causa general contra el sindicalismo español. El último de ellos, en la localidad madrileña de Getafe, cuna de la aviación española y sede, desde 1923, de la empresa Construcciones Aeronáuticas (CASA) que, desde 1999, se integró en el grupo europeo aeroespacial EADS.

Un juicio, visto para sentencia, en el que se juzgaba a 8 sindicalistas de la factoría de Airbus, empresa perteneciente a ese grupo europeo, por haber formado parte, allá por 2010, de un piquete, a las puertas de su empresa, en la primera de las tres Huelgas Generales que los sindicatos CCOO y UGT hemos convocado a lo largo de esta dura crisis económica.

Todas esas huelgas tenían que ver con recortes laborales, a los que los gobiernos de turno definían como reformas, cuando constituían, tan sólo, el más burdo y brutal intento de trasladar los costes de la crisis a los trabajadores y trabajadoras de este país. Las causas eran justas y los medios absolutamente legales, democráticos y constitucionales. La huelga y la manifestación son instrumentos pacíficos, con los cuales expresamos nuestro malestar y nuestras reivindicaciones.

Miren, Señorías, yo fui uno de los convocantes de esas huelgas en Madrid, porque durante aquellas tres Huelgas Generales, era Secretario General de las CCOO de Madrid. Ya saben ustedes que, aunque existe una convocatoria general de ámbito nacional, hay que convocar en cada Comunidad Autónoma, porque son estos gobiernos los que terminan fijando los servicios mínimos en los servicios considerados esenciales, como la sanidad, la seguridad, o el transporte público. Servicios mínimos que, con demasiada frecuencia, terminan siendo declarados abusivos por los tribunales, sin mayores consecuencias políticas, civiles, o penales, para quienes los dictaron, aún a sabiendas de que ya fueron declarados abusivos en ocasiones anteriores.

Si algo ocurrió, fuera del estricto cumplimiento de la legalidad, durante aquellas huelgas, sería yo uno de quienes se debería encontrar sentado ante sus Señorías, en el banquillo y no los trabajadores de Airbus, que secundaron la Huelga, como lo han hecho siempre y en todos los casos, en un acto de solidaridad con quienes más sufren los recortes y la pérdida de derechos.

No me siento responsable de quienes, amparándose y escondidos en un piquete, aprovechan la ocasión para provocar el desencadenamiento de una violencia, que terminamos pagando los trabajadores y trabajadoras, que no podemos escapar al galope de las cargas policiales. Pero sí respondo por los sindicalistas de Airbus, porque siempre han ejercido, con absoluta responsabilidad, su tarea de intentar llevar a buen puerto el desarrollo de la Huelga, impidiendo cualquier acto de violencia. Y las huelgas en la factoría de Airbus son masivas. También lo fue en aquella ocasión.

Miren ustedes, Señorías, he visitado varias veces la factoría de Airbus. Se trata, ya lo he dicho, de un proyecto europeo, en el que participa España. El sindicalismo en esta empresa es un sindicalismo con buenas relaciones con los sindicatos de las factorías alemanas, o francesas, principalmente, a través de su Comité de Empresa Europeo. Las relaciones con la empresa gozan de buena salud y nuestros sindicalistas están acostumbrados a negociar las duras y las maduras con absoluta responsabilidad, pensando siempre en el empleo y en el futuro de la empresa.

En cada visita, los compañeros y compañeras, me han enseñado con orgullo los productos de alto componente tecnológico que elaboran, defendiendo como propia la participación española en los proyectos aeronáuticos y aeroespaciales de los que forman parte. Apostando siempre por la mayor participación posible de nuestro país en los mismos. Es una de esas empresas en las que los sindicalistas velan para que los jóvenes que se incorporan a la empresa, con una cada vez mayor presencia de ingenieros o titulados superiores, lo hagan en las mejores condiciones posibles y con plenitud de derechos.

Por hablar de alguno de ellos, pondré como ejemplo a José Alcázar, uno de esos sindicalistas hoy procesados. Su trayectoria, hasta el momento de la jubilación, ha sido intachable, alcanzando los más altos niveles de responsabilidad en el Comité Intercentros de las factorías españolas de EADS-CASA y en el Comité de Empresa Europeo. Dentro del sindicato, en algunos de los más duros momentos que me tocó vivir al frente de las CCOO de Madrid, siempre supo poner sensatez y entendimiento entre las posiciones confrontadas, con paciencia infinita y hasta conseguir que el acuerdo se abriera camino.

No me cabe en la cabeza, que personas así, se vean ante un tribunal por el hecho de haber participado en una Huelga General y pese a no haberse producido daños materiales, ni mucho menos humanos. No me cabe en la cabeza, ni me parece justificable, en modo alguno, que 8 de estos sindicalistas hayan sido elegidos al azar, días después de la huelga, en una especie de saca predeterminada, para ser encausados.

No puedo entender este largo, lento y tortuoso procedimiento judicial, al que se han visto sometidos durante años, cuando nada en los hechos, puede demostrar otra cosa que el desarrollo de una huelga, en una empresa, durante la cual un policía nervioso, se lía a disparar tiros al aire. Sin esos disparos, sin los casquillos recogidos por los presentes y sin la necesidad de justificar los mismos, probablemente no se hubiera producido este desgraciado desencadenamiento de actuaciones judiciales. Sin eso y sin que a alguien se le haya ocurrido utilizar la justicia para dar una lección imborrable y disuasoria a quienes participen en el futuro en una huelga general.

Pero aún me cabe menos en la cabeza que el ministerio fiscal haya pedido condenas iguales, para todos y cada uno de ellos, de más de 8 años de cárcel por sindicalista, acusándoles de los mismos hechos. Ignorando que las peticiones de condena deben basarse en la identificación de los actores y en la proporcionalidad con los daños causados.

Unas peticiones de condena que suponen el doble, por cada sindicalista, de lo que se pide para Rato, o para Blesa, por poner algún ejemplo y mucho más que las peticiones de condena habituales para violadores, pederastas, defraudadores, prevaricadores y demás imputados en decenas de tramas corruptas, que campan a lo largo y ancho de este viejo país ineficiente.

Insisto, nada justifica que el ministerio fiscal pidiera más de 8 años de cárcel, para 8 sindicalistas de Airbus, cuando ningún daño material, ni mucho menos personal, lo justifica. A no ser que pretendamos que perviva la imagen nefasta de un sistema judicial diseñado para robagallinas y, añado yo, para sindicalistas y tal vez, para titiriteros.

Es obligado reconocer, Señorías, que los 8 de Airbus han contado, con un magnífico equipo de abogados, de esos que heredaron lo mejor de los Abogados de Atocha y de los despachos laboralistas en los que se forjaron Manuela Carmena, María Luisa Suárez, Antonio Montesinos, Pepe Jiménez de Parga, Cristina Almeida, Jaime Sartorius, Francisca Sauquillo, o Manolo López, entre otros muchos.

Un equipo, en el que no podía faltar Enrique Lillo que, con las armas del derecho en la mano, ha conseguido poner en jaque a la todopoderosa multinacional Coca-Cola y sus desmanes contra sus trabajadores en España. Ningún responsable de dicha empresa ha dado con sus huesos en la cárcel por vulnerar leyes, incumplir sentencias y haber recibido condenas por vulnerar el propio derecho de huelga. Acabo de enterarme de que CCOO de Castilla-La Mancha han decidido concederle su premio anual Abogados de Atocha.

Como no podía faltar, en este equipo de defensores, Antonio García, que, entre otras muchas causas, persiguió desde las CCOO el genocidio del dictador guatemalteco Ríos Montt y sus cuadrillas militares y paramilitares, contra los pueblos indígenas.

Tal vez por eso, por la inconsistencia de las pruebas y la firmeza de nuestros defensores, la Fiscalía ha terminando retirando los cargos contra dos de los ocho sindicalistas y rebajando las peticiones de cárcel a cuatro años y medio para el resto. Tal vez, también, por el malestar social sembrado entre la clase trabajadora de toda España. Tal vez por la solidaridad nacional y la internacional de la Confederación Sindical Internacional y la Confederación Europea de Sindicatos.

Tal vez por el apoyo, dentro y fuera del país, de personalidades como el expresidente uruguayo José Mújica y numerosos juristas, políticos y el mundo de la cultura.O porque no es bueno que un país europeo, como España, vaya a terminar figurando ante la OIT, o Amnistía Internacional, como vulnerador de los derechos laborales y democráticos, junto a países en los que la democracia yace aplastada bajo las botas de sangrientos dictadores.

Aducirán, Señorías, que el Código Penal, en su artículo 315.3 es muy claro y establece altas penas de cárcel para quienes impiden el derecho al trabajo en un día de huelga. Y explicarán que no hacen más que aplicar la ley en los términos en que la misma quedó redactada por el poder legislativo, a instancias del poder ejecutivo.

Pero permítanme, Señorías, observar que ese punto 3 va precedido de un punto 2 en el que se establecen las mismas penas para los empresarios que vulneran el derecho de huelga, sin que hasta el día de hoy me conste que ningún responsable empresarial haya pasado por el mismo calvario que mis compañeros, pese a haber existido condenas expresas, por vulneración del derecho de huelga, a cargo de gobiernos y de responsables empresariales. Una de las más recientes, ya quedó dicho, a mediados de abril de 2015, precísamente contra Coca-Cola, en nuestro país.

Permítanme observar que nos encontramos ante un artículo anacrónico, que vulnera el derecho de huelga y que es ampliamente cuestionado. Un 315.3, que no modificó Gallardón, antes de dimitir, ni tampoco el nuevo Ministro de Justicia, Rafael Catalá, en la reforma del Código Penal, incumpliendo así las declaraciones de intenciones de Mariano Rajoy a las organizaciones sindicales, que hemos reclamado desde hace años la abolición de esta injusticia.

Un artículo 315.3, cuyo destino, según afirman los responsables de la inmensa mayoría de los partidos políticos con representación parlamentaria, es ser derogado en un futuro inmediato y que compromete la calidad de los derechos democráticos existentes en nuestro país, ante numerosos organismos europeos e internacionales.

Permítanme observar, sus Señorías, que, con daños tan nimios y pruebas tan evanescentes, utilizando una legislación más propia de Estados dictatoriales que democráticos, proponer condenas de cárcel para los 8 de Airbus, supone poner en cuestión la proporcionalidad de los actos de la justicia y retrotraernos a tiempos que deberíamos haber superado ya y para siempre.

Me permito recordarles, Señorías, que casos como éste han existido, desgraciadamente no pocos, a lo largo de la historia de la clase trabajadora. Uno de ellos dio origen a la conmemoración del Primero de mayo. El 1 de mayo de 1886 y en los días siguientes, miles de trabajadores y trabajadoras de Chicago, fueron a la huelga para reivindicar las 8 horas de trabajo, el fin de trabajo infantil, la mejora de las condiciones laborales. Tras las cargas policiales con numerosos muertos y el estallido de una bomba en mitad de una de esas actuaciones policiales, se desencadenó una brutal represión policial que produjo muchas muertes y numerosas detenciones. El 21 de junio se inició un juicio que acabó con la condena a muerte, como responsables de los sucesos, de tres periodistas, un carpintero y un tipógrafo, además de otras condenas a cadena perpetua.

Las condenas fueron ejecutadas. Muchos años después los Estados Unidos reconocieron que aquel juicio fue poco menos que una farsa. Desde entonces los trabajadores y trabajadoras del mundo recordamos cada año, el Primero de Mayo, a los Mártires de Chicago. Y en muchos países, desgraciadamente no en todos, hoy se respetan las 8 horas de trabajo, se prohíbe el trabajo infantil y existe una legislación laboral que intenta preservar los derechos de la clase trabajadora.

También en España hemos vivido juicios farsa, en los que se ha condenado arbitrariamente a personas que, sin haber participado en hechos violentos, han sido condenados duramente por la justicia del momento. Repasen sus Señorías los juicios militares posteriores a la Semana Trágica de Barcelona, tras los que fueron ejecutados un republicano catalanista, un republicanos lerrouxista, un ex-guardia civil, un discapacitado mental que había tenido la desgraciada idea de bailar por media Barcelona con el cadáver de una monja, que alguien había exhumado en un convento incendiado y el pedagogo anarquista, fundador de la Escuela Moderna, Francisco Ferrer i Guardia, que se encontraba de paso por la ciudad y al que los militares y buena parte del poder eclesiástico se la tenían jurada, por sus principios educativos laicos y la presencia de niños y niñas en el mismo aula.

Repasen, Señorías, las condenas al Comité de Huelga, compuesto por cenetistas y ugetistas, que convocó la Huelga General de 1917. O los procesos sumarios y sacas que se produjeron en esa desgraciada Guerra Civil que asoló España hace casi 80 años (y en la larga y oscura noche que vino a continuación). Una guerra que declararon una pandilla de generales bravucones y levantiscos contra un gobierno legítimo y legalmente constituido. Todavía andan sus nombres por las calles. Pero esa es otra cuestión de la que podremos hablar en otro momento.

Recuerden, Señorías, los 10.000 sindicalistas de las ilegales CCOO, que pasaron por los Tribunales de Orden Público (TOP), creados por la dictadura franquista, condenados a las penas establecidas por unas leyes injustas, promulgadas por un Gobierno ilegítimo. Esos procesos judiciales creo que no han sido tan siquiera revisados y anulados, uno por uno. La justicia hacía su trabajo, con los ojos vendados.

El más llamativo y conocido de esos casos fue el de los 10 de Carabanchel, el que pasó a la historia como Proceso 1001. La cúpula dirigente de las CCOO fue detenida en un convento de los monjes oblatos de Pozuelo de Alarcón, el 24 de junio de 1972. Tras año y medio en la cárcel, el juicio se inició el 20 de diciembre de 1973, el mismo día en el que la banda terrorista ETA consumó el atentado, la Operación Ogro, contra el almirante Carrero Blanco, mano derecha del dictador y Presidente del Gobierno de la dictadura.

Lejos de aplazar el juicio, como reclamaban los abogados de la defensa, ante el clima de inseguridad generado por la gravedad de los acontecimientos, el juez, José Francisco Mateu Canoves, afirmó que no sólo no suspendía el juicio, sino que además, si por él fuera, los fusilaba a todos.

Así las cosas, los fiscales del momento, endurecieron las peticiones de penas y el resultado fue una suma de condenas de 162 años de cárcel, pese a la solidaridad sindical internacional y de numerosos intelectuales y actores de todo el mundo. Se han cumplido ya más de 40 años de estas condenas injustas para quienes, sin violencia alguna, defendían la libertad, la democracia y los derechos laborales.

Siendo ya Presidente de Sala del Tribunal Supremo, el juez Mateu, fue víctima de ETA. Repudio su muerte, con la misma intensidad de cada muerte causada por terroristas de todo tipo y de todo signo. Las CCOO siempre hemos convocado paros laborales en las empresas tras cada atentado terrorista, hemos convocado a las manifestaciones contra el terrorismo y en solidaridad con las víctimas. Pero me indignan las palabras del juez aquel día, su actitud y sus condenas injustas. Rechazó la farsa de aquel juicio en la que él se prestó a ser actor principal.

Señorías, no deseo que entiendan esta carta como un cuestionamiento general al papel de los fiscales. Porque no hay nada más lejos de mis intenciones y porque sería lo peor que podría ocurrirles a sus Señorías y ocurrirnos a nosotros. Además, no me considero quién para dar lecciones a nadie. He querido, tan sólo, reflexionar en voz alta, una vez más, sobre mi convicción profunda de que sólo podremos construir una patria común si la justicia asegura que los derechos nos protegen a todas y a todos, para hacernos libres e iguales. Y que cada vez que esto no ocurre, la patria se transforma en barbarie.

Sólo he querido trasladarles una serie de reflexiones absolutamente personales, con la secreta esperanza de que las tomen en cuenta, si algún día se ven ante alguno o alguna de esos más de 300 sindicalistas encausados, por formar parte de un piquete en un día de huelga. Mírenles a los ojos, hablen con ellos, porque pienso que trabajar por la justicia exige razón y aplicación de las leyes, pero también exige corazón y capacidad de sentir el hambre y la sed de aquellos que comparecen ante un tribunal.

Nuestra Constitución encomienda al Ministerio Fiscal la defensa de la legalidad, los derechos de los ciudadanos, el interés público y la independencia de los tribunales. Por eso, Señorías, deseo que los jueces sentencien la libre absolución de los seis compañeros aún procesados,a pesar de las peticiones de condena que en este caso el ministerio fiscal ha realizado.

Los 8 de Airbus, podrían haber aceptado un acuerdo con la Fiscalía. Un acuerdo para rebajar las peticiones de pena y aceptar condenas que no supusieran su entrada en la cárcel. Pero han preferido ir a juicio. Defender que nada malo hicieron aquella noche de Huelga General. Que ningún delito cometieron. Que ningún acto de violencia protagonizaron. Que son víctimas y no culpables. Han decidido someterse a la justicia, en la confianza de que, al final, no es ciega y sabrá hacer prevalecer la luz sobre las sombras, la verdad sobre la mentira.

Deseo la absolución porque los 8 de Airbus son personas honestas, buenos trabajadores, buenos padres, amigos de fiar, comprometidos con sus compañeras y compañeros, en la empresa y en su vida cotidiana. Ni ellos, ni sus familias, debieron nunca verse sometidos a este proceso, a lo largo de casi seis años. Porque no merecen la condena de la justicia española, su justicia, aquella en la que han depositado la confianza en que defienda la legalidad democrática y nuestras libertades.

Pero, Señorías, si, desgraciadamente, esto no ocurriera. Si los compañeros fueran condenados a penas de cárcel. En ese caso, deseo que improbable y hasta imposible, la España trabajadora será un clamor contra semejante injusticia. Y quienes seguimos defendiendo el valor del Abrazo, como símbolo de la reconciliación, la libertad y la amnistía, en aquellos difíciles momentos de la Transición hacia la democracia. Quienes hemos luchado para que ese cuadro del Abrazo saliera de los sótanos del Museo Reina Sofía, para ser expuesto en el Parlamento Español, en un salón de los pasos pedidos, junto a los retratos de los reyes Juan Carlos y Sofía y los actuales monarcas Felipe y Letizia; junto a los bustos de Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y Clara Campoamor. Nosotros, los trabajadores y trabajadoras. Los costaleros de la democracia, como acertadamente nos define Nico Sartorius, volveremos a las calles para gritar de nuevo: Amnistía y Libertad. Y hoy, como entonces, la Amnistía y la Libertad, se abrirán camino.

Francisco Javier López Martín

 

profesionesYa sé que lo que está de moda es hablar de la complicada situación política en la que estamos embarcados en España. Especular con los pactos posibles, probables, necesarios, difíciles y hasta esperpénticos que pueden producirse a lo largo de los próximos días, semanas o meses. Especular sobre las elecciones pasadas y la posibilidad de que se repitan, estableciendo beneficiarios hipotéticos y perjudicados posibles, en el caso de que esa opción sea la definitiva. Hablar de la vieja y la nueva política y especular sobre los límites de la una y de la otra.

Pero ya hay bastantes expertos especulando sobre estos importantes temas. Va siendo hora de hablar de otras cosas menos lucidas, pero muy necesarias, en el pasado, en el presente y, sobre todo, para quien tenga que hacerse cargo del gobierno más pronto o más tarde.

En toda la Unión Europea existe un consenso muy extendido sobre la importancia de la Formación Profesional Continua, reclamando que sea atractiva, integradora, accesible y flexible. Sin embargo, frente a ello, se produce un reconocimiento de que esta formación no termina de convertirse en una opción atractiva para empresas y trabajadores.

El objetivo europeo marca que el 15% de los trabajadores y trabajadoras, deberían participar en actividades formativas en el año 2020, en términos de media mensual. Un objetivo del que nos encontramos muy lejos, si tomamos en cuenta que en 2012 esa media habría caído hasta el 9%.

En términos anuales, la Encuesta de Formación Profesional Continua muestra que en 2010, en el conjunto de la Unión Europea, el 38% de los trabajadores y trabajadoras habrían realizado algún curso de formación continua y un 20% actividades de formación orientada en el puesto de trabajo. Estos datos no ocultan el hecho de que la mayor parte del aprendizaje es no formal.

Los datos estadísticos son un buen punto de partida para reconocer que la realidad es aún más compleja. El tamaño de las empresas en cada país es determinante. El 25% de quienes trabajan en empresas pequeñas de menos de 25 trabajadores y trabajadoras, realizan cursos de formación, mientras que este porcentaje crece hasta el 46% en le caso de empresas con más de 250 empleados.

Pero además, el nivel formativo también es un factor relevante, hasta el punto de que el 61,3% de quienes cuentan con estudios terciarios participan en la formación, mientras que tan sólo el 21,8% de quienes cuentan con estudios como máximo de primer ciclo de secundaria, participan en actividades formativas.

La formación profesional continua no llega, por lo tanto, a todas y todos y llega más a quienes cuentan con más altos niveles formativos. Pero no queda ahí la cosa. Mientras que el 40,8% de los empleados participa en actividades de educación no formal, sólo el 16,1% de las personas desempleadas lo hacen y el 5,7% de las personas inactivas, lo cual agudiza los problemas y desigualdades en el acceso.  Lejos de integrar más, el aprendizaje profesional de las personas adultas parece haberse convertido en un factor más de desigualdad.

Europa reconoce que la falta de tiempo, las responsabilidades familiares, los horarios laborales, la distancia y la falta de recursos económicos, se convierten en dificultades específicas para participar en la formación. A los cual hay que añadir que un 77% de las empresas no perciben la formación como una necesidad inversora con proyección de futuro.

En el caso de España, estos problemas se agudizan por el abrumador número de pequeñas empresas y microempresas y la baja cualificación de muchos puestos de trabajo, que se cubren con contratos temporales y precarios.  Otro problema es la idoneidad de las actividades formativas, lo cual constituye una queja tanto de los trabajadores y trabajadoras, como del empresariado, a causa de no encontrar los cursos o actividades formativas que necesitan.

Y sin embargo, la formación se reconoce como necesaria, hasta el punto de que un 83% de los trabajadores reconoce que las habilidades que necesitaban en el momento de acceder aun puesto de trabajo se han visto desbordadas y un 85% plantean que su empleo se ha convertido, con el tiempo, en más diversificado y difícil.

Cuando en España hemos abordado la reforma de la formación profesional para el empleo, la mayor preocupación del gobierno parecía ser la libre concurrencia y la competencia entre proveedores de formación, en el caso de formación de oferta programada desde el Estado y las Comunidades Autónomas, sin darse cuenta de que los problemas son otros y las soluciones sólo pueden venir de un abanico de actuaciones bien articuladas.

En primer lugar, para cumplir con los retos europeos, en extensión y calidad de la formación, deberíamos conectar bien el sistema educativo (dependiente del Ministerio de Educación) y el sistema de formación para el empleo (dependiente del Ministerio de Empleo), para que la formación cuente con un reconocimiento educativo y también laboral, de forma que permita un progreso profesional y la integración de la formación continua en la carrera profesional.

En segundo lugar hay que conectar bien los sistemas públicos de formación y empleo con las empresas. Con servicios de orientación y formación que se correspondan con los marcos de las cualificaciones. En este sentido, es necesario establecer mecanismos para validar y reconocer la cualificación de la experiencia laboral en el puesto de trabajo.

Hay que abrir las cualificaciones, sin discriminar por sexo, o edad, buscando el fácil acceso para las personas en horarios, formatos diversificados de formación, establecimiento de módulos, que permitan a las personas la elección y diseño de la formación que necesitan.

Las empresas deben también flexibilizar su organización del trabajo, fomentando los equipos de trabajo, la autonomía y facilitar así el acceso al aprendizaje. La ampliación de la oferta formativa dual (con periodos de formación y prácticas), a las personas desempleadas, podría contribuir, además, a nuevas contrataciones.

En cualquier caso, es imposible abordar estos retos de futuro de la formación profesional continua, ni en Europa, ni en España, sin promover la participación de los actores y protagonistas: los trabajadores y trabajadoras, los empresarios y las administraciones.  Los interlocutores sociales.

También en esto, es necesario romper la dinámica de la imposición y los recortes, por la vía de la negociación y el acuerdo (en las instituciones y en las propias empresas y sectores) para promover la formación, organizar el trabajo, facilitar el acceso, removiendo las dificultades derivadas de la conciliación de la vida laboral y personal.

La formación continua es importante, es la clave del futuro, pero hay que hacerla útil para las personas y las empresas. Y eso supone convertir la formación en algo atractivo, accesible, que trabaje a favor de la igualdad y que sea flexible para adaptarse a cada necesidad personal o colectiva.

Es lo que reclama Europa y es lo que nuestro país necesita. Es uno de los retos que tendrán que asumir, con poca publicidad, con mucho trabajo y esperemos que con acierto, quienes gobiernen el país. Porque, si en algo nos jugamos nuestros futuro es en la formación de las personas como ciudadanos y ciudadanas, como trabajadores y trabajadoras. Esos que algunos han dado en llamar “capital humano” y que yo prefiero llamar personas, es lo único que nos queda, lo único que merece la pena.

Francisco Javier López Martín.

IMG_0048
Cada 24 de enero y van ya 39, caiga en el día de la semana que caiga. Siempre con frío. A veces -pocas son en este Madrid- bajo la lluvia. Pasadas las 8 de la mañana, en el cementerio de Carabanchel, depositamos coronas en las tumbas de Francisco Javier Sauquillo y Enrique Valdelvira. Somos casi siempre pocos. Nunca más de veinte. No sabemos aún de quién son las manos que han dejado, horas antes, esas flores frescas, año tras año, sobre las lápidas de los jóvenes abogados.

Luego nos encaminamos al cementerio de San Isidro. Allí, muy cerca de la tumba de José María de LLanos, al que todos, en el Pozo del Tío Raimundo (otra Tierra de los Nadie), llamaban Padre Llanos, se encuentra la tumba de la familia Benavides Orgaz. Allí depositamos la corona de Luis Javier. Son los tres abogados que se encuentran en Madrid. Ángel Rodríguez Leal está enterrado en su pueblo (Casasimarro), en Cuenca y Serafín Holgado en Salamanca.

Luego llegamos al homenaje ante el monumento a los Abogados de Atocha en Antón Martín y más tarde, al Auditorio Marcelino Camacho, donde se produce el acto de entrega de los Premios Anuales Abogados de Atocha, que reconocen a personas, instituciones, organizaciones, que se han distinguido por la defensa de los derechos civiles, laborales, sociales. No tienen dotación económica, porque ese no es el fuerte de nuestra gente, pero conllevan toda la dignidad de vidas dedicadas a defender la libertad y la democracia por todo el planeta. Y eso no tiene precio.

Este año se cumplen 39 del asesinato de los abogados en la calle Atocha. Este año nos ha abandona Lola González Ruiz. Antes se habían ido Luis Ramos y Miguel Sarabia. Ya sólo queda entre nosotros Alejandro Ruiz-Huerta, que sigue presidiendo la Fundación Abogados de Atocha, que las CCOO de Madrid decidieron fundar en su 8 Congreso, celebrado en 2004, en ese mismo salón de actos que aún no llevaba el nombre de Marcelino Camacho.

39 años nos son una cifra redonda. Pudiera parecer otro a9FD370A8-EAE5-468A-843C-AD192D1CE522ño más. Y sin embargo las circunstancias, esas casualidades que nunca son casuales, han determinado que pocas semanas antes, el cuadro del Abrazo, pintado por Juan Genovés, que se encontraba enclaustrado en los depósitos subterráneos del Museo Reina Sofía, haya sido cedido por el Ministerio de Cultura al Congreso de los Diputados y se haya expuesto en un Salón de los Pasos Perdidos, donde también se encuentran los retratos de los reyes Juan Carlos y Sofía, los de Felipe y Leticia. Los bustos de Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y Clara Campoamor.

El Abrazo había sido cedido por Genovés, una década antes, a las CCOO como emblema de La Fundación Abogados de Atocha. El Abrazo aparece representado en la placa que entregamos cada año a los premiados y fue el propio pintor quien fundió el monumento en bronce que inauguramos el 10 de junio de 2003 en Antón Martín, muy cerca del despacho laboralista de Atocha 55 donde se cometió el atentado. Antes, en plena Transición española, el Abrazo había sido el símbolo de la reconciliación nacional, de la lucha por la libertad, de la amnistía. Su entrada en el Congreso de los Diputados es mucho más que un acto de justicia. Es el reconocimiento de un largo camino de lucha y sufrimiento recorrido por el pueblo español para conseguir la libertad.

Resuenan aún en mis oídos las palabras de Genovés, en el Congreso, recordando que toda aquella lucha y sufrimiento se encontraban cargados de una ilusión, de una alegría, a las que parece que hemos renunciado en la sociedad española actual. Ya no hay tanta alegría, ya no se ve tanto entusiasmo, recordaba este incansable soñador de 85 años. “Fue otro tiempo. Siempre es tiempo de los abrazos, sin duda, pero no me parece que ahora la gente esté tanto por abrazarse”.

El Abrazo en el Congreso desde principios de enero, tras una larga reivindicación de las CCOO de Madrid, que acogió bien José Bono como Presidente del Congreso, pero que ha tardado años en materializarse, tras la petición formulada por Izquierda Unida. Y esta misma semana, el mismo Auditorio Marcelino Camacho, donde el domingo 24 entregaremos los Premios Abogados de Atocha a las organizaciones ACNUR y Médicos del Mundo, se llenó de sindicalistas exigiendo la derogación del artículo 315.3 del Código Penal, que ha conducido a más de 300 sindicalistas ante los tribunales, encausados por participar en las tres Huelgas Generales que hemos realizado durante la crisis económica, para frenar los recortes laborales y sociales impuestos.

Cuando oigo que los sindicatos hacen poco, que hay pocas huelgas generales para las que tenía que haber y cosas así, recuerdo siempre a estos más de 300 compañeros  amenazados por las fiscalías, con peticiones de condenas muy superiores a las de personajes corruptos, defraudadores, que manchan cada día la dignidad y la decencia de la política y la economía españolas y que nos han conducido a una situación de degradación de unas instituciones que deberían garantizar la justicia, la libertad y la democracia. Recuerdo a los 8 de Airbús y a los de Coca-Cola en lucha, a Lola y Gonzalo, a los trabajadores y trabajadoras de Bosal, entre otros muchos.

Porque un país es lo que es su ciudadanía. Y un sindicato, mucho más que la suma de sus afiliados. Trabajadoras y trabajadores organizados para defender sus derechos laborales y sociales. Para defender la libertad fuera y dentro de las empresas. Para defender la convivencia democrática y la justicia en la solución de los conflictos inevitables entre quienes tienen el capital y los medios de producción y quienes tienen su fuerza de trabajo. Acción Sindical organizada de los trabajadores y trabajadoras y buenos abogados comprometidos. Eso es todo cuanto vertebra un sindicato y le hace fuerte y capaz de defender a los trabajadores y trabajadoras.

Sin el sindicalismo, sin los trabajadores y trabajadoras de este país, no habría existido abrazo, ni reconciliación, ni amnistía, ni democracia, ni libertad. Sin los 10 de Carabanchel, encausados, juzgados y condenados en el proceso 1001, con Marcelino Camacho a la cabeza, pero junto a Sartorius, Saborido, Acosta, Soto, Santiesteban, Zamora, Zapico, García Salve, Luis Fernández. Sin los cerca de 10.000 sindicalistas que fueron juzgados y condenados en los Tribunales de Orden Público franquistas. Cuando Camacho entró como diputado en el Congreso constituyente, todas y todos supimos que habíamos abierto las puertas de la democracia.

Como no hubiera habido legalización del PCE y luego de las CCOO, sin esa condena de muerte póstuma que el dictador ejecutó contra los Abogados de Atocha el 24 de enero de 1977. Aquel brutal asesinato, al que los medios llamaron Matanza, perpetrado contra jóvenes abogados, cuyas únicas armas eran la ley y la justicia. Cuyos únicos ideales eran los de la libertad y la democracia. Aquel mazazo irracional e inhumano, se clavó en los corazones y en las conciencias de todo el planeta. Cerró cualquier vía de retorno a las huestes negras de la dictadura y abrió definitivamente las alamedas de la libertad.

Por eso, cada 24 de enero, Atocha, hermanos, No os olvidamos.

Francisco Javier López Martín

maxresdefaultLa España de la Restauración borbónica, la del caciquismo y el encasillado. La del ejército intervencionista y las tensiones nacionalistas no resueltas. La España católica, interior, profunda, plagada de oligarcas y una burguesía incipiente, pero temerosa del auge del sindicalismo y los partidos obreros.

Esa España, con todos sus males a cuestas, e incapaz de recomponer las fracturas políticas y sociales fue decantándose, de la llama hacia la hoguera inquisitorial y purificadora, a fuerza de golpe y represión, a lo largo del primer tercio de un siglo XX, convulso y desalentador.

24922_1

Quedó dicho que, en 1881, los liberales llegan al poder y Giner, junto a los catedráticos depuestos por los conservadores, vuelven a sus cátedras.  Quedó reseñado que la Institución Libre de Enseñanza (ILE) obtiene un respaldo gubernamental, que la consolida en España y la proyecta internacionalmente.  Quedó constancia del desarrollo impresionante de la ILE y la amplitud y variedad de los proyectos que se fraguaron en su entorno.  Consignamos el nombre de las muchas y los muchos profesores, colaboradores y alumnos que por allí pasaron.

La ILE, no obstante, tuvo que desarrollarse en el marco de un proceso histórico tremendamente complicado en el que los problemas, lejos de encontrar solución, no hicieron más que enquistarse, dando lugar a un conflicto que desembocó en una Guerra Civil, que arrasó a España con los españoles dentro.

Manuel-B.-Cossio-Francisco-Giner-de-los-Rios-y-Ricardo-Rubio

Tras el “sexenio democrático” para unos, o “sexenio revolucionario” para otros, la Restauración Borbónica trae consigo un nuevo Gobierno conservador y Cánovas del Castillo repone a Orovio en el Ministerio de Fomento.  De la misma forma que el carril se acaba y el tonto sigue, Orovio publica un nuevo decreto contra la libertad de cátedra. La novedad es que esta vez no se conforma con suspender a los catedráticos disidentes, sino que los envía a las cárceles militares. La prisión militar de Santa Catalina de Cádiz es el destino de Giner de los Ríos.

Es primero, en estas prisiones militares y luego en diferentes reuniones en Cabuérniga, o en Toledo, donde Giner comienza a trabajar, junto a Gumersindo de Azcárate, Riaño, o González Linares, la idea de una Institución Libre de Enseñanza (ILE), que comenzará su andadura en 1876. La ILE será presidida desde 1880 por Giner, con la ayuda de un Bartolomé Cossio, que fue alumno primero, mano derecha siempre y sucesor de Giner al frente de la Institución.

Giner de los Rios A finales de octubre participé en un Homenaje a Francisco Giner de los Ríos en Colmenar Viejo, con motivo del centenario de su fallecimiento. El proceso electoral, durante el cual he ido publicando diversos artículos sobre las propuestas sindicales dirigidas a los partidos políticos, me ha hecho retrasar la publicación del contenido de aquella conferencia.

Ahora, cuando ya conocemos los resultados de las elecciones del 20 de Diciembre, me parece más imprescindible aún poner de relieve la labor pedagógica y el esfuerzo regeneracionista, de una figura como la del creador de la Institución Libre de Enseñanza, que cobra especial actualidad en estos momentos.

articleParece que importa mucho en esta campaña electoral hablar de lo nuevo y lo viejo, lo de arriba y lo de abajo, lo de antes y lo de ahora, lo que da bien en televisión y lo que no. La corrupción y lo que todavía no se ha corrompido. Todo lo anterior es malo y todo lo que viene es bueno. Por eso, tal vez, oigo hablar muy poco de las necesidades de nuestras personas mayores. Porque vienen de lejos y han visto mucho malo y también algunas cosas buenas.

Una de esas cosas buenas que vieron nuestras personas mayores, fue la publicación en el Boletín Oficial del Estado, de la Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las personas en situación de Dependencia. Coincidió que la fecha de publicación fue el mismo día en que se cumplían 18 años de la Huelga General del 14-D. Es decir, el 14-D de 2006.

pensiones8Cada cierto tiempo, como si de una suerte de serpiente veraniega se tratase, reaparece el debate sobre el futuro de las pensiones en nuestro país. Un debate interesado, pero manejado de forma muy eficaz por los poderes económicos de nuestro país, obsesionados por hincarle el diente a los cuantiosos recursos que la Seguridad Social dedica al pago de las pensiones.

Categorías