República de trabajadores, así la definía la Constitución de 1931. En concreto decía: España es una República de trabajadores de toda clase, que se organizan en régimen de Libertad y de Justicia. No está mal para definir la más formidable experiencia de modernización y europeización que había de vivir España en todo el siglo XX.

Mala suerte que aquella experiencia topara con la animadversión de quienes desde sus posiciones de privilegio social, eclesial, cortesano, económico y militar decidieron torpedear cualquier intento de dar solución a los seculares problemas de España.

Problemas como el dominio y posesión de la tierra, problemas de imposición de las ideas tradicionalistas del catolicismo más rancio, problemas de desigualdades sociales, de pobreza y miseria en las ciudades y en el campo. Los problemas nunca bien resueltos de los antiguos fueros y los modernos nacionalismos, o aquellos otros derivados del intervencionismo golpista de un ejército enfangado en guerras carlistas, o aventuras imperiales en declive.

En Europa, la experiencia republicana española coincide con el ascenso generalizado de los fascismos, de forma exitosa en Italia, o Alemania, pero tolerado en muchos países, como Gran Bretaña, o Francia, donde los movimientos  fascistas son valorados como diques de contención ante el fantasma del comunismo bolchevique triunfante en Rusia.

Acaban de enviarme una foto en la que se ve una columna en la que aparece una pequeña placa emborronada. Es la sencilla placa que indicaba que estábamos a punto de entrar en los jardines de la Escuela Julián Besteiro, la escuela de formación de UGT.

Al parecer, la placa ha amanecido cubierta de pintura negra, tan negra como el carbón mental que ocupa los cerebros de los seres embriagados que en la noche madrileña han acometido el heroico acto de mancillar el nombre de un socialista, republicano, que llegó a presidir la UGT, el PSOE y las Cortes españolas y que murió en las cárceles franquistas, al poco de finalizar la Guerra.

Escribí el año pasado, para El Obrero, un artículo titulado Besteiro, la grandeza de los derrotados, con motivo del 150 aniversario de su nacimiento y el 80 aniversario de su muerte. Fue Besteiro el que rindió Madrid a las tropas franquistas, cuando todo el gobierno había ya salido camino del exilio.

Besteiro, juzgado por rebelión militar en los tribunales militares de franquistas alzados en armas contra su pueblo y que, a falta de delitos de sangre del anciano profesor, le condenó a cadena perpetua, luego rebajada a 30 años de prisión. El Dictador le dejó morir en la cárcel, pese a las peticiones de algunos de sus generales, entre los que figuraba el propio Ministro del Ejército.

Al contrario de lo ocurrido con la crisis financiera de nuevo tipo desencadenada en 2008, en esta ocasión los gobiernos han renunciado a los recortes de recursos públicos y rescates crueles y se han empeñado en regar dinero sobre los pueblos golpeados por la pandemia de una forma desconocida desde hace muchas décadas.

Basta prestar atención y comprobar cómo hace una docena de años los ultraliberales de moda se liaron la manta a la cabeza y dejaron abandonada a su suerte a millones de personas, sembrando nuestras vidas de precariedad y  empleos basura. Pero no, esta vez no, con la pandemia no.

Esta vez las medidas de protección se han multiplicado. Los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) han venido a taponar los efectos brutales de la paralización, o de las restricciones temporales, de actividades económicas afectadas por el confinamiento. Medidas a las que han venido a sumarse otras como la aprobación de un subsidio extraordinario para personas paradas que han agotado su periodo de prestación.

Mis abuelos huían de las Tierras de Talavera, con un burro, cuatro cosas y cinco hijos. No era cosa de quedarse en el pueblo para ser fusilados, después de haber sido responsables, como jefes de las Juventudes Socialista Unificadas de haber requisado tierras, mansiones y hasta la iglesia del pueblo.

De hecho, en el juicio que se siguió contra mi abuelo, al acabar la guerra, uno de los testimonios fundamentales, para justificar cárcel preventiva, palizas brutales una condena, a falta de poder cargarle haber ordenado muerte alguna,  consistía en demostrar que había organizado bailes públicos en aquella iglesia, a la vista de las imágenes de Santiago Apostol, de Jesús Nazareno con la Cruz, de San Bartolomé y de dos Vírgenes, una de pie ante la cruz y la otra en plena Asunción a los cielos, en cuerpo y alma, además de una Cruz de Mayo, todo ello en madera primorosamente tallada y adecuadamente bendecida.

Aquellos refugiados de la guerra acabaron en Tresjuncos, donde tuvieron que vivir en casas “requisadas”, a fin de cuentas Madrid estaba petado de gente que venía huyendo de las matanzas perpetradas y el terror organizado por las tropas franquistas, pueblo tras pueblo, Andalucía, Extremadura, Castilla, hasta situarse a las puertas de Madrid.

Hemos comenzado a hablar de los gamers, youtubers, o de influencers cuando algunos de ellos han decidido fijar su residencia en Andorra, siguiendo el ejemplo de adineradas como Tita Cervera, moteros como Jorge Lorenzo, tenistas como Arantxa Sánchez Vicario, cantantes de ópera como Montserrat Caballé. Y no son los únicos.

Ya decidirá Hacienda si estos famosetes de usar y tirar (para el capitalismo todo es de usar y tirar, efímero, esporádico, sustituible) tienen que pagar en España, si se les permite declarar sus ingresos en un paraíso de dudosa calidad democrática como Andorra, o si meten mano en sus cuentas y acaban ante un juez. El tiempo dirá.

Dicho esto, parece ser que las horas que todos estos personajes han dedicado a hacerse famosos delante de una pantalla, o las horas de sus seguidores menos famosos aprendiendo a jugar, son habilidades que pueden terminar siendo muy apreciadas por un buen número de empresarios. Parece ser que hay empresas de selección de personal que recomiendan emplear a jóvenes tomando en cuenta elementos como el número de horas que dedican a jugar a determinados videojuegos.

La pandemia ha desbordado cualquier previsión que alguien hubiera hecho sobre imprevistas circunstancias excepcionales que podrían alcanzarnos en algún momento. Hubo quienes pudieron haber pensado en grandes desastres locales, un tsunami, un volcán, un terremoto, una epidemia focalizada en determinados lugares, como las que veníamos padeciendo.

Pocos habían pensado en una pandemia global, altamente contagiosa, que ha centrado sus golpes más duros en las personas de más edad, que se ha llevado por delante muchas vidas y ha dejado secuelas dolorosas y preocupantes en muchas personas de todas las edades.

Se supone que hasta en las peores guerras hay que respetar una mínimas reglas de respeto a la vida y la dignidad de los no combatientes y también de los propios combatientes. Sin embargo, como termina ocurriendo en todas las guerras, en este combate que hemos librado y seguimos librando contra la covid-19, hemos podido comprobar cómo ha habido un buen número de personas mayores cuyas vidas han sido menos imprescindibles que las de otras personas de menor edad.

La llegada de la pandemia ha traído, paradójicamente, un pequeño respiro en la agresión que los anarco-capitalistas, libertaristas, ultraliberales y ultraconservadores redivivos (cada día me es más difícil diferenciarlos y entender sus variantes, derivadas, trasversales y cepas mutantes) protagonizan siempre contra lo público y muy particularmente contra el sistema de protección a las personas.

Tal vez la cantidad de personas muertas en las residencias, abandonadas a su suerte, siguiendo, al parecer, instrucciones de los responsables de gobiernos como el madrileño de no ser trasladados a los hospitales, ha hecho que los enemigos de lo público, hayan dejado para momentos menos sensibles y dolorosos volver a plantear cosas como que el gasto en pensiones es insostenible y que hay que dejar esos miles de millones de euros ahorrados por los trabajadores y trabajadoras en manos de aseguradoras y fondos buitres.

A fin de cuentas deben echarse las cuentas de que ya ganaron la guerra de la crisis global iniciada en 2008 y no tienen por qué perder este conflicto desencadenado por la pandemia mundial. Aunque vaya usted a saber, no tendría por qué ser necesariamente así si somos capaces de entender que las sociedades serán justas, equilibradas y sostenibles, o no serán sociedades.

31 Mar, 2021

Defender el mercado

El mercado del que hablo no es ese ente indefinido e indefinible que gobierna el mundo con mano de hierro y crueldad desalmada. Hay quienes hablan de mercado y a lo que hacen referencia es al abuso de unos cuantos poderosos que controlan los procesos de producción, distribución y fijación de precios, sin reparar en los daños naturales, o personales, que causan a su paso.

No, ese no es el mercado persa, ni el mercado medieval, ni el zoco de la Almudaina madrileña, ni tan siquiera un mercado chino, o el mercado de Moratalaz, todos ellos lugares a los que llegan productos variados a los puestos de los vendedores y al que acuden los compradores para satisfacer sus necesidades.

A esos mercados me refiero, al mercado tradicional, de proximidad, el de los tenderos, carniceros, pescaderos, fruteros, panaderos, charcuteros y demás comerciantes que atienden nuestras necesidades diarias. Los mismos que han resistido el embate de los grandes centros comerciales, se han transformado y se han reinventado para sobrevivir.

Vivimos en un país que no ha superado los viejos problemas que le acucian desde hace siglos en muchos casos. Me detendré sólo en algunas de aquellas cuestionas que consumen a España. La cuestión de haber perdido un imperio y haber evitado encontrar otras fórmulas de mantener la unidad, no entendida como un espacio geográfico unido, sino como voluntad de convivir sobre bases de respeto a la diversidad de las culturas y la pluralidad de las ideas.

La cuestión agraria, que no es otra cosa que la incapacidad para acordar un modelo de crecimiento. Somos país de terratenientes ayer y especuladores del suelo hoy, enladrilladores de grandes ciudades y de dunas playeras, vendedores de sol, diversión, copas y jarana, desertificadores de la España interior, abandonada, vaciada. La construcción, el turismo y las remesas de dinero de los emigrantes fueron la base de capital del desarrollismo franquista cuya estructura económica nunca fue derrotada.

La cuestión social como resultado de un reparto injusto de las rentas y la falta  de respuesta a los problemas acuciantes de vivienda, alimentación, pobreza, formación, atención sanitaria, protección social. Hemos avanzado mucho, pero queda mucho por hacer para alcanzar las medias europeas en estas cuestiones.

20 Mar, 2021

Enredas y apoyaores

No era un señor de derechas, era un hombre de izquierdas, hecho a sí mismo en largas jornadas de trabajo infantil en el campo, lo más parecido a un niño yuntero de la Siberia Extremeña, más tarde en la emigración en Madrid, peón en la Barreiros de Villaverde Alto, la de los famosos Simca 1000 y los poderosos camiones que vendía hasta a Fidel Castro, luego Chrysler, Talbot, PSA, Citroen, Peugeot, Renault.

José se llamaba y se sigue llamando, este hombre bueno, más que buen hombre. Rojo y comunista de nacimiento, de Comisiones Obreras de adopción, que cada vez que veía salir por la tele a Felipe González, acompañado de Alfonso Guerra, no dudaba en espetar de inmediato,

-Ahí los tienes, el enreda y el apoyaor.

Es sólo una anécdota reflejo de aquella etapa en la que comunistas y socialistas revivían viejas rencillas históricas, pese a que han sabido casi siempre alcanzar alianzas de gobierno cuando unos necesitaban los votos de los otros. No siempre, pero casi siempre, en situaciones importantes, ya fueran comunidades autónomas, o ayuntamientos.

Vamos a celebrar unas elecciones madrileñas, anticipadas y transitorias, en pleno estado de alarma que acabará el 9 de mayo, si nuevos brotes de pandemia no lo impiden (el final del estado de alarma digo). De entrada parece el ejercicio de irresponsabilidad absoluta de una presidenta tan madrileña como lo podía ser de cualquiera de los bantustanes del apartheid sudafricano.

La convocatoria que solo se explica por las maniobras diabólicas de una muñeca rota en manos de los inventores del Tamayazo, los alentadores del asalto del sector privado sobre los bienes públicos, los diseñadores de teorías de la conspiración, los usuarios de las puertas giratorias y los hacedores de la corrupción interna de partidos e instituciones.

Confundir oportunismo con oportunidad puede dar lugar a extrañas alucinaciones y desorientaciones varias. La presidenta madrileña ha dado un salto mortal sin red, porque las convocatorias electorales son como las armas que carga el diablo, sabes cómo empiezan, pero no cómo acaban. Se ha fiado de la fascinación aparente de los madrileños ante la chulería, el desparpajo y lo desmedido. No siempre funciona, o sí. Ya veremos.

Ha pasado lo más duro del invierno y en un lugar como la Cañada Real más de 7.000 personas, entre las que se encuentran cerca de 2.000 niñas y niños han padecido el corte de suministro eléctrico y, con ello, la falta de luz, la falta de calefacción, de frigorífico y todo tipo de aparatos que funcionen con electricidad. Pienso, por ejemplo, en la falta de clases, o la semipresencialidad en la asistencia a los centros educativos y esos chavales me parecen la clara visualización de la brecha digital y las desigualdades educativas.

Sin embargo, la Cañada Real es, tan sólo la punta del iceberg de la pobreza energética en Madrid. Recientes informes elaborados por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), revelan que son los distritos periféricos como Villaverde, Vallecas, o San Blas, los que presentan un mayor porcentaje de habitantes en riesgo de sufrir pobreza energética.

En la capital hasta un 6% de la población se encuentra en una situación crítica, es decir más de 215.000 personas. Son los barrios de aluvión, surgidos durante el franquismo para alojar la inmigración de otras regiones de España, los que presentan peores calidades de construcción y las rentas familiares más bajas, con lo cual la ineficiencia energética se multiplica, tanto en los edificios como en las instalaciones de calefacción.

19 Mar, 2021

Educación Digital

Ya sé que el panorama político se ha complicado mucho y que las urgencias políticas se han desencadenado en las sedes de los partidos. Las elecciones en Madrid forman parte de esas urgencias que ha decretado nuestra caprichosa presidenta para evitar cualquier otro debate que no gire en torno a su persona en toda España.

Sin embargo, mientras ella se ocupa de sus urgencias, alguien tiene que seguir gobernado, atendiendo a lo necesario y otros muchos tenemos que seguir pensando en lo importante. Los cambios en todos los campos están siendo tan brutales que nadie puede entender que haya responsables políticos que juegan a su propio interés, a saciar sus ansias de poder, a llenar los bolsillos de sus socios económicos.

La pandemia ha obligado a afrontar transformaciones inesperadas en nuestras maneras de vivir lo cotidiano, nuestras relaciones personales, nuestras formas de trabajo y también en cómo afrontamos los procesos educativos. Muchos de estos cambios son temporales, otros, sin embargo, han llegado para quedarse y algunos han sido tan forzados, que desaparecerán en cuanto que las vacunas hayan hecho aparición en número suficiente.

Lo he podido comprobar en el campo de la educación, donde, junto a los convencidos de la necesidad de los cambios, los apóstoles de las nuevas tecnologías, abundan aquellos que entienden que la educación requiere presencialidad, sin la cual no existe verdadera educación. Opiniones que he podido escuchar tanto en el profesorado, como en el alumnado.

14 Mar, 2021

Morir un 8 de marzo

El tiempo estaba cambiando, amaneció soleado, pero parece que va a llover. A eso atribuyó Heliodora

(ya se sabe, uno de esos nombres venidos de Grecia, Helios significa Sol y doron es don, regalo, obsequio, así que Heliodora significa la que ha recibido el don, el regalo del Sol)

ese malestar general con el que se había levantado. A eso de las 11, o 12, llegaría la chiquita del Ayuntamiento

(así las llaman, aunque no las manda el Ayuntamiento, son las trabajadoras de Ayuda a Domicilio, o de la Dependencia, de la Comunidad de Madrid, pero como quien tramita todo el papeleo es la trabajadora social del Ayuntamiento, pues eso, siempre han sido y siguen siendo, las chiquitas del Ayuntamiento)

y para cuando llamara a la puerta quería tener la casa bien ventilada, las mudas lavadas y tendidas, la cama hecha

(que no le gusta que nadie le haga algo tan íntimo como su cama)

el café preparado

La crisis de 2008 fue combatida por los gobiernos europeos a base de inyectar gasolina en el incendio generado por la quiebra financiera provocada por el hundimiento de Lehman Brothers. Era tanto el dinero acumulado en hipotecas basura que, visto al cabo del tiempo, tiene toda la pinta de una estafa piramidal que nadie supo, que nadie quiso, poner en orden, meter en vereda, antes del desastre desencadenado.

La industria, la construcción, se resintieron notablemente. Se perdieron muchos empleos, fundamentalmente puestos de trabajo ocupados por hombres. Sin embargo los servicios, especialmente los de atención a las personas, ocupados muy mayoritariamente por mujeres, se vieron menos golpeados, con lo cual las diferencias en tasas de paro entre mujeres y hombres se fueron acortando.

La recuperación económica, larga pero inexorable, trajo el restablecimiento de parte del empleo masculino perdido, de forma que la tasa de paro de las mujeres y el número de mujeres paradas quedó por encima de los hombres, al tiempo que las desigualdades crecientes dejaron a más de un millón de familias con todos sus miembros adultos en paro.

Allá vamos, al primer 8 de Marzo inmerso en la pandemia. Habrá quien diga que el año pasado el Día Internacional de la Mujer Trabajadora ya estuvo marcado por la pandemia, pero aún por aquellas fechas poco podíamos intuir la que se nos venía encima en forma de enfermedad, muerte, confinamientos, penurias económicas, pérdida de empleo.

Aún estamos echando cuentas de los daños producidos y los que aún se encuentran en curso. Comenzamos a contar con algunos datos que nos permiten algo más que la valoración del día a día, para entrar en análisis más desagregados que nos permitan conocer cómo ha afectado la pandemia a jóvenes, o mayores, mujeres y hombres, pobres y ricos.

Una de las primeras conclusiones es que la pandemia golpea de forma distinta a las mujeres que a los hombres, las mujeres de cualquier edad han visto aumentar las desigualdades. No es algo nuevo, ya lo habíamos visto a menor escala en epidemias anteriores.

Estudios sobre el impacto del Ébola, a mediados de la pasada década, en África, o el Zika en Sudamérica poco más tarde, han demostrado que las pandemias golpearon con más intensidad a las mujeres, entre otras cosas porque son quienes asumen los cuidados familiares, los trabajos de atención a las personas, o la atención sanitaria.

Los problemas con los embarazos y la muerte de embarazadas, o de sus hijos, las malformaciones congénitas, aumentaron notablemente en mitad del abandono por parte de Estados desbordados, incapaces, infradotados. Ahora comprobamos la dimensión del abandono, las consecuencias del retroceso de las políticas públicas y el desastre en la atención de quienes más lo necesitan.

Nadie sacó conclusiones. Vivíamos en Europa, dentro de las fronteras seguras. Basta comprobar cómo muchos responsables nos decían que aquí no llegarían tantos casos. Allá por finales de enero del año pasado los responsables de la pandemia nos decían que España no iba a tener más allá de algún caso. Ya no hay seguridades para nadie en el mundo.

El 70 por ciento de quienes trabajan en el sistema sanitario y en los sistemas de protección social, son mujeres. Mayoría absoluta en la sanidad, la enseñanza, los servicios sociales, las residencias, la atención a la dependencia. Con empleos más precarios, peor pagados, más inestables.

Según algunos estudios tres de cada cuatro profesionales de la sanidad contagiados por la COVID-19 en España son mujeres. Pero no nos podemos detener sólo en lo sanitario. El sistema de cuidados y atención a las personas descansa sobre las mujeres y mucho más durante la pandemia.

No sólo desempeñan la mayoría de los empleos en servicios a las personas desde la ayuda a domicilio, hasta cualquier modalidad de atención individual, o residencial. También se ocupan de la mayoría de las tareas domésticas hasta atender a las personas dependientes en el entorno familiar.

La carga soportada por las mujeres durante la pandemia golpea la autoestima, la atención y el cuidado personal, deteriora la situación laboral y permite la aparición frecuente de fenómenos de ansiedad y depresión. Son las mujeres las que han asumido mayoritariamente la atención a los hijos durante los periodos en los que las escuelas han cerrado sus puertas, o han abierto con sistemas de estudio online, o limitación de asistentes a las aulas.

La ONU ya advirtió de que las mujeres estaban pagando en mayor medida las consecuencias del confinamiento, la pérdida de ingresos salariales y de sus puestos de trabajo, el crecimiento de los casos de contagios, o el aumento de la violencia de género en el entorno familiar. De hecho las denuncias, las llamadas a los teléfonos para notificar casos de violencia de género, las consultas personales, aún con medios telemáticos, han aumentado en porcentajes cercanos al 50 % durante la pandemia.

Esta situación convive con la infrarrepresentación de las mujeres en la política, en las empresas, o en las instituciones nacionales o internacionales. Ocurre en todo el planeta donde, por poner un ejemplo, el porcentaje de presidentas o jefas de Estado no alcanza el 10%.

Pero tampoco estamos libres de esa situación en España, donde la presencia de mujeres en Consejos de Administración sigue situada en el entorno de una de cada cuatro, con una mayor presencia en las grandes empresas del IBEX-35 donde se va acercando a una de cada tres, pero la cruz de la moneda se encuentra en los cargos de alta dirección donde las mujeres no llegan al 17%.

Nos ha vuelto a pillar el toro de la falta de prevención y aprovechamiento de las experiencias anteriores que ya presagiaban la llegada de una pandemia de grandes dimensiones. Nos ha pillado el toro y de nuevo las desigualdades se han cebado en las mujeres, en las personas dependientes, en los sectores más débiles de nuestra sociedad. Como siempre, pero más. Más precariedad, más paro, más violencia.

Un nuevo 8 de Marzo, en circunstancias excepcionales, desconocidas, imprevisibles, con mucho terreno avanzado, pero con todo por hacer, porque el mundo que conocimos ya no es y el que se avecina no termina de aparecer por ningún sitio, empeñados como andamos en que vuelva la fiesta tal cual la conocimos.

Todo por hacer para superar brechas salariales, brechas de empleo, brechas digitales, brechas de violencia, poder, recursos. Pasará la pandemia y volveremos a las manifestaciones del 8 de Marzo, para reivindicar una sociedad de mujeres y hombres libres e iguales. Porque de eso va el feminismo, de igualdad, libertad y solidaridad.

La COVID-19 ha golpeado cada rincón del planeta, deteniendo la economía, incrementando el desempleo y creando problemas sociales que, en el caso de la Unión Europea han obligando a la Comisión a aprobar ayudas extraordinarias que intentan contener los efectos de la pandemia y a plantearse las condiciones de la futura recuperación sobre la base de dos transiciones: la ecológica y la digital.

Unas transformaciones que tendremos que abordar como Unión Europea y no como países aislados, si queremos que sirvan para algo. Procesos que exigen convicción, compromiso, coherencia y cohesión en los cambios que realicemos en nuestra economía y en nuestros mercados laborales, desde las regulaciones en materia de movilidad transfronteriza de los trabajadores hasta los sistemas de protección social equiparables en toda la Unión.

No partimos de cero en Europa. Las directivas que afectan a las condiciones de vida y trabajo no son nuevas, intentando proteger a trabajadores asalariados y trabajadores autónomos. Tenemos estudios y evaluaciones de los efectos de las directivas de contenido laboral y social en materias de protección, seguridad y salud, movilidad, condiciones de vida y trabajo.

Hace poco el Consejo Social de la Universidad Complutense organizó unas Jornadas sobre Universidad y Discapacidad, una actividad anual que fue iniciada gracias a la persistencia de Carlos Álvarez, como consejero del Consejo Social, donde se encuentran miembros de la comunidad universitaria y de la sociedad.

Este año la Jornada sólo podía tener un tema central, el de la Solidaridad en tiempos de pandemia. Está bien que en determinados momentos toda la comunidad universitaria se pare a reflexionar sobre las personas que más apoyo necesitan para alcanzar sus objetivos personales de conocimiento y obtención de una titulación.

Desde quienes asumen las máximas responsabilidades en el Rectorado, hasta el profesorado de las facultades, el alumnado, el personal docente y el de administración y servicios, o quienes, desde diferentes instituciones, forman parte del Consejo Social que debe garantizar la vinculación de toda universidad con la sociedad en la que actúa.

25 Feb, 2021

Y nosotros inaugurando

Ya lo dice mi amigo Manuel,

-Con la que está cayendo y nosotros inaugurando.

Y es que uno de los grandes problemas de la vida política española (que es tanto como decir de la sociedad española), es que nunca tomamos nota de lo que hemos hecho en el pasado, sobre todo de los errores y ni siquiera de los aciertos. Nunca echamos cuentas, ni sacamos conclusiones. Nunca emitimos un juicio de valor. Nunca evaluamos.

Disfrazamos el pasado y lo idealizamos en lo bueno y en lo malo. Nos negamos el futuro porque esa falsa percepción del pasado impide intuir por dónde podemos abrir los caminos hacia cuanto de bueno nos queda por vivir, a nosotros y quienes nos sucedan.

Entramos en internet y buscamos una tienda donde comprar muebles para la cocina (grande o pequeña), cambiar de coche (de cualquier marca), contratar un viaje barato (da igual dónde), encontrar un buen seguro (no importa de qué), o comprar un nuevo móvil (la marca es lo de menos).

Pronto comenzamos a recibir correos, sugerencias, anuncios que nos ofertan lugares donde viajar, compañías de seguros y de coches a los mejores precios, móviles de todas las marcas y compañías de telefonía dispuestas a ofrecernos gigas infinitos a precio de saldo.

Se ha convertido en algo habitual, unos ni nos damos cuenta, otros se sorprenden, no pocos lo aceptan con absoluta naturalidad y algunos se preguntan qué está pasando en nuestras vidas. Cada vez que utilizamos el móvil, o buscamos en internet, vamos dejando rastro de nuestros datos en manos de empresas de big tech, esas grandes empresas tecnológicas capaces de operar con agilidad con los grandes datos que hemos depositado en big data.

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