La COVID-19 ha golpeado cada rincón del planeta, deteniendo la economía, incrementando el desempleo y creando problemas sociales que, en el caso de la Unión Europea han obligando a la Comisión a aprobar ayudas extraordinarias que intentan contener los efectos de la pandemia y a plantearse las condiciones de la futura recuperación sobre la base de dos transiciones: la ecológica y la digital.

Unas transformaciones que tendremos que abordar como Unión Europea y no como países aislados, si queremos que sirvan para algo. Procesos que exigen convicción, compromiso, coherencia y cohesión en los cambios que realicemos en nuestra economía y en nuestros mercados laborales, desde las regulaciones en materia de movilidad transfronteriza de los trabajadores hasta los sistemas de protección social equiparables en toda la Unión.

No partimos de cero en Europa. Las directivas que afectan a las condiciones de vida y trabajo no son nuevas, intentando proteger a trabajadores asalariados y trabajadores autónomos. Tenemos estudios y evaluaciones de los efectos de las directivas de contenido laboral y social en materias de protección, seguridad y salud, movilidad, condiciones de vida y trabajo.

Hace poco el Consejo Social de la Universidad Complutense organizó unas Jornadas sobre Universidad y Discapacidad, una actividad anual que fue iniciada gracias a la persistencia de Carlos Álvarez, como consejero del Consejo Social, donde se encuentran miembros de la comunidad universitaria y de la sociedad.

Este año la Jornada sólo podía tener un tema central, el de la Solidaridad en tiempos de pandemia. Está bien que en determinados momentos toda la comunidad universitaria se pare a reflexionar sobre las personas que más apoyo necesitan para alcanzar sus objetivos personales de conocimiento y obtención de una titulación.

Desde quienes asumen las máximas responsabilidades en el Rectorado, hasta el profesorado de las facultades, el alumnado, el personal docente y el de administración y servicios, o quienes, desde diferentes instituciones, forman parte del Consejo Social que debe garantizar la vinculación de toda universidad con la sociedad en la que actúa.

25 Feb, 2021

Y nosotros inaugurando

Ya lo dice mi amigo Manuel,

-Con la que está cayendo y nosotros inaugurando.

Y es que uno de los grandes problemas de la vida política española (que es tanto como decir de la sociedad española), es que nunca tomamos nota de lo que hemos hecho en el pasado, sobre todo de los errores y ni siquiera de los aciertos. Nunca echamos cuentas, ni sacamos conclusiones. Nunca emitimos un juicio de valor. Nunca evaluamos.

Disfrazamos el pasado y lo idealizamos en lo bueno y en lo malo. Nos negamos el futuro porque esa falsa percepción del pasado impide intuir por dónde podemos abrir los caminos hacia cuanto de bueno nos queda por vivir, a nosotros y quienes nos sucedan.

Entramos en internet y buscamos una tienda donde comprar muebles para la cocina (grande o pequeña), cambiar de coche (de cualquier marca), contratar un viaje barato (da igual dónde), encontrar un buen seguro (no importa de qué), o comprar un nuevo móvil (la marca es lo de menos).

Pronto comenzamos a recibir correos, sugerencias, anuncios que nos ofertan lugares donde viajar, compañías de seguros y de coches a los mejores precios, móviles de todas las marcas y compañías de telefonía dispuestas a ofrecernos gigas infinitos a precio de saldo.

Se ha convertido en algo habitual, unos ni nos damos cuenta, otros se sorprenden, no pocos lo aceptan con absoluta naturalidad y algunos se preguntan qué está pasando en nuestras vidas. Cada vez que utilizamos el móvil, o buscamos en internet, vamos dejando rastro de nuestros datos en manos de empresas de big tech, esas grandes empresas tecnológicas capaces de operar con agilidad con los grandes datos que hemos depositado en big data.

19 Feb, 2021

Somos nuestra cultura

La única manera de abrirnos camino para transitar por lugares donde impera la diferencia, la diversidad, la pluralidad, es la cultura. La cultura es nuestra identidad, la que nos ayuda a entendernos a nosotros mismos y a los demás en las circunstancias dolorosas, o en la celebración de los buenos momentos.

La cultura es, por lo tanto, mucho más que esos cientos de miles de personas que trabajan para que podamos ir al cine, al teatro, a comprar un libro, o sentarnos en el salón de casa a ver una serie de televisión, o una película.

La cultura es la argamasa que permite unir a nuestras sociedades, construir espacios de convivencia, entendernos, aceptarnos.

La actividad cultural aporta algo más del 3 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) de nuestro país. No es ni la cuarta parte de lo que mueven sectores como la hostelería, el turismo, el comercio, o el propio y cada vez más minimizado sector industrial.

Parece que los grupos políticos de la izquierda se han puesto las pilas y han decidido dar por finalizadas algunas situaciones vergonzosas que nos asimilan más a dictaduras de cualquier parte del mundo que a un país donde los derechos humanos son ejercitados, preservados y protegidos. El caso del rapero Pablo Hasél es el último, pero no el único, uno más entre muchos.

Son muchas las incoherencias, incongruencias, situaciones injustas, toleradas, permitidas por la ley. Vivimos en una democracia, sí, pero, en este mundo siempre debemos preguntarnos ¿comparada con qué? Porque, como todo el mundo sabe, las hay formales, reales, nominales, tribales, populares, participativas, representativas, directas y muchas más.

Quienes vivimos la dictadura franquista sabemos bien las diferencias existentes entre esta democracia constitucional en la que vivimos y la democracia orgánica que se correspondía exactamente con las órdenes emanadas de los órganos (vitales, se entiende) del dictador y su camarilla. No hay punto de comparación.

Debe parecerle a Almeida que las banderas colocadas en ventanas y balcones por parte de algunos ciudadanos madrileños se encuentran en un estado deplorable, sobre todo después de un año de pandemia y tras el paso de Filomena. A fin de cuentas, una vez declarados zona catastrófica, todos tenemos derecho, al menos, a una bandera nueva. Qué menos.

Y por eso a quien lo pida le van a entregar una nueva bandera nacional gracias a un proyecto denominado Bandera a Bandera, cuyo autor pretende reunir 150 banderas en mal estado para montar una exposición que tiene la vocación de embellecer la deteriorada imagen de España, recuperando su esplendor,  tanto internacional como nacionalmente para e orgullo patrio. Así lo dice la solicitud que ha presentado. Con tal de que se trate de banderas de España Almeida no lo duda…

Tan buena debe haber sido la idea que la comisión de valoración ha puntuado muy positivamente su interés cultural, el sociocultural, la viabilidad y la trayectoria del solicitante, el cual en anteriores ocasiones ha sustituido banderas nacionales por banderas negras. Imagino que también han valorado muy positivamente su opinión de que las banderas se encuentran descoloridas, corroídas, rotas, estropeadas y dañan la imagen de España.

17 Feb, 2021

El 11-F Sí Toca

Los sindicatos CCOO y UGT anuncian concentraciones ante las delegaciones y subdelagaciones del Gobierno en toda España, el día 11 de febrero. Es el inicio de una campaña de movilizaciones para conseguir la derogación de la reforma de las pensiones del año 2013, de las sucesivas reformas laborales y garantizar el cumplimiento de los compromisos sobre la subida del Salario Mínimo Interprofesional (SMI).

Reivindicaciones dirigidas, en primer lugar, al Gobierno y, en segundo lugar, a los empresarios. Es hora de ponerle fechas y calendario a los procesos negociadores, convocar las mesas, establecer una agenda social con objetivos. Venimos de un duro proceso en el que hemos tenido que ir acordando medidas de choque para hacer frente a la pérdida de empleos, al cierre de empresas, durante las sucesivas oleadas de la pandemia.

Medidas como los ERTE han servido para frenar una pérdida de empleos que hubiera tenido incalculables consecuencias económicas y sociales, pero no pueden entenderse como una solución definitiva, si no queremos toparnos con una riada de ERES que supongan la pérdida definitiva de actividades económicas y empleo.

La pandemia, de una parte y Filomena de otra, han demostrado que la seguridad de la ciudadanía española no se encuentra asegurada con los sistemas actuales de protección de las personas en su entorno. No se trata sólo de socorrer a las personas después de que se haya producido un desastre, no es sólo contar con una Unidad Militar de Emergencias, ni con maquinas suficientes para despejar de nieve las calles, ni cuestión de plazas hospitalarias y servicios sociales.

La seguridad ciudadana, la defensa civil, la protección civil, es todo eso, pero es mucho más. Partimos de crear redes de protección civil para atender los riesgos, accidentes y desastres. Luego aprendimos a planificar y prevenir esos riesgos y, al final, deberíamos intentar gestionar de forma integral esos riesgos.

La actuación conjunta de las administraciones locales, autonómicas y del Estado para conocer los riesgos y aumentar la preparación y la formación para reducir su impacto y gestionarlos de forma eficiente es muy importante, pero será cada vez más esencial y en eso andamos más bien flojos a la vista de los resultados.

5 Feb, 2021

Ingreso Mínimo Vital

Uno de los últimos escándalos a cuenta del Ingreso Mínimo Vital (IMV), proviene de esa práctica que tienen todos los gobiernos de aprobar leyes y decretos escoba, esas disposiciones legales en las que, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, se aprueban cosas tan variopintas como  conceder una ayuda para instalar una desaladora en Murcia, o corregir un error anterior, aunque no tenga nada que ver con el objetivo de la ley, o el decreto en cuestión. Simplemente se incluye el pegote y se tramita y aprueba tal cual.

El IMV es esa prestación creada en tiempos de coronavirus para proveer de recursos y poner un parche a los problemas de aquellas familias que lo han perdido todo, golpeadas primero por la larga crisis económica que comenzó en 2008 y que aún no había sido resuelta y rematadas ahora por los efectos de una pandemia que ha destrozado cualquier esperanza de salir del atolladero.

Comienzan a aparecer los resultados de los primeros estudios y encuestas sobre el impacto de la Inteligencia Artificial en el tejido económico a lo largo de 2020, el año de la pandemia. Para empezar no aparece una implantación masiva, ni una inversión abrumadora de las empresas españolas en nuevas tecnologías, salvo un primer momento en el que el confinamiento obligó a replantearse la actividad económica de muchas empresas.

Es cierto que la pandemia del COVID-19 ha obligado a algunas empresas a cambiar sus reticencias ante la utilización de la IA y, de hecho, aquellas empresas que han tomado medidas encaminadas a la digitalización de partes sustanciales de sus actividades han conseguido mejorar sus resultados económicos.

Aparece como una tendencia consolidada el aumento de las diferencias a favor de las empresas de alto rendimiento, es decir aquellas que consiguen buenos resultados aprendiendo a adaptarse a los cambios acelerados, consiguiendo que tanto sus trabajadores como sus clientes se encuentren satisfechos, a base de apostar por la innovación y la mejora de sus sistemas productivos.

1 Feb, 2021

Un país sin mochila

La sensación de que vivo en un país que no funciona me asalta cada vez con más frecuencia. Comenzaba el año y se anunciaban la tormenta más intratable en décadas y el frío más intenso del invierno. Para colmo es en los primeros días de enero cuando las compañías eléctricas han aplicado una subida del 37% en la luz.

De nada han servido las bochornosas explicaciones sobre el endiablado sistema de fijación de precios de la electricidad, sobre el costo de las emisiones de dióxido de carbono, el precio del gas, o de la producción en las centrales térmicas, los impuestos añadidos por el gobierno. Todo suena a justificaciones de mal pagador.

Puede ser cierto que el gobierno de PSOE y Podemos no haya tenido tiempo suficiente para poner orden en este endiablado sistema de fijación abusiva de los precios energéticos. Un sistema injusto que conduce directamente a no pocos políticos de la poltrona del consejo de ministros a la poltrona del consejo de administración de alguna gran compañía eléctrica o gasística.

Parecía una película futurista e imaginativa. Era verdad que muchas cosas en nuestras vidas cambiaban aceleradamente en los últimos años. Internet, el uso generalizado de ordenadores de sobremesa, portátiles, tabletas y al final los smartphones, estos pequeños ordenadores del tamaño de un teléfono móvil, cien mil veces más potentes que los primeros ordenadores que nos llevaron a la luna.

Pocos podíamos pensar que esas herramientas iban a generalizarse hasta alcanzar a nuestros trabajos. El teletrabajo, sobre todo en España, nos parecía un futurible en el horizonte lejano, algo que aún tardaría en llegar, más por las reticencias de un empresariado atávico, que por la resistencia de la clase trabajadora.

Sin embargo, la pandemia, oleada tras oleada, a cada cual más contagiosa y virulenta, nos ha ido situando en una nueva realidad que obliga a nuestra economía, tanto a empresarios como a trabajadoras y trabajadores, a adaptarse rápidamente, si quieren que las empresas y los puestos de trabajo sobrevivan.

Leo noticias que cuentan que se acaba de constituir una asociación de grandes, potentes y poderosas empresas, que incorporan en su nombre dos banderines de enganche: De una parte Madrid, capital de las zonas catastróficas de España y, de otra, la devaluada palabra Futuro.

Dos palabras para un nombre, un anagrama a base de dibujar emes y estrellas, una página web, mucho diseño y toda una declaración de intenciones, consistente en inventarse decenas de proyectos y captar miles de millones de euros venidos de Europa en eso que llaman Fondos Next Generation.

Que no falte aquello que antes se llamaba pompa y boato y ahora se denomina márketing, o imagen corporativa, también conocida como publicidad y propaganda. Que no falten, en el acto de presentación, el alcalde, la vicealcaldesa y numerosas autoridades, avalando las dimensiones de la operación.

No he querido hacer ruido durante los pocos actos que han podido organizarse para conmemorar el 44 aniversario del asesinato de los Abogados de Atocha, el día 24 de enero de 1977, durante aquella Semana Negra que conmovió a toda España. Una semana de asesinatos, secuestros, violencia policial y violencia de las bandas franquistas.

Este año la pandemia ha hecho aconsejable que, por primera vez en muchos años, el recorrido por los cementerios madrileños, para depositar flores en las tumbas se haya visto limitada en el número de asistentes, con todas las medidas de seguridad necesarias.

La concentración a las 10 de la mañana en la plaza de Antón Martín, ante la impresionante escultura de El Abrazo de Juan Genovés, fallecido este 15 de mayo pasado, se ha suspendido, aunque no han faltado, como cada año, las coronas y los ramos de flores de la Fundación Abogados de Atocha, del Partido Comunista y de las Comisiones Obreras.

23 Ene, 2021

Educación digital

La pandemia nos ha puesto en la tesitura de tener que realizar muchas tareas utilizando medios digitales, desde pedir comida, a teletrabajar, desde estudiar en casa a ser atendidos por el médico con cita telefónica, o desde comprar un libro o un jersey hasta pedir una prestación por desempleo.

Las grandes empresas tecnológicas como Apple, Amazon, Facebook, Google, o Microsoft han disparado sus beneficios durante los meses más duros de la pandemia. Grandes beneficios que vuelven a contrastar con la desigualdad observada en muchos sectores de la sociedad con respecto a su acceso al mundo digital.

Para empezar, desde el punto de vista del empleo, no todos los trabajadores y trabajadoras han podido teletrabajar, no todas las personas tienen los conocimientos y habilidades digitales suficientes para realizar trámites administrativos en la Seguridad Social, en los Servicios de Empleo, en los propios centros de salud.

Hay empleos que exigen presencialidad, pero también hay otros en los que nadie había pensado que algunas de las actividades pudieran ser realizadas online, nadie se ocupó de formar y preparar a las personas para utilizar las nuevas tecnologías, nadie vio la necesidad de invertir en equipos informáticos y medios tecnológicos.

23 Ene, 2021

Vivir peligrosamente

-Vive rápido, muere joven y deja un bonito cadáver.

Dicen que es una frase atribuida a James Dean, aunque parece que no era del famoso rebelde sin causa, sino que se encuentra en el guión de la película Llamad a cualquier puerta, dirigida por un joven Nicholas Ray y la primera producida por Humphrey Bogart, que interpreta a uno de esos abogados que defienden causas justas y casi siempre perdidas, la de hacerse cargo de la defensa de un joven John Derek, acusado de asesinar a un policía.

Es, al parecer, Derek quien en un momento de la película pronuncia la frase

-Nada puede frenarme ya. Desde ahora viviré a lo loco. Ahora vale lo que yo decía: vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver.

Como la frase cuadraba a la perfección con la vida y la muerte de James Dean, alguien decidió cerrar el círculo mítico atribuyéndole la frase, tal vez sin reparar en que, tras un accidente en un potente Porsche, al que el propio Dean bautizo como Pequeño bastardo (Little Bastard), el cadaver que terminas componiendo no puede quedar demasiado bonito.

Hace tiempo que Madrid ha dejado de ser un ejemplo y modelo para España. Madrid se ha convertido en una figuración, prototipo fallido, molde pergeñado, de un país de políticos conductores de secano que derrapan y se atascan ante los menores signos de lluvia y no te digo de nieve. Una nieve que ha traído problemas por toda España, pero que ha convertido a Madrid en capital de la España colapsada.

Fenómenos meteorológicos como el que hemos vivido estos días, copiosa nevada y frio polar, no son muy frecuentes por el momento en nuestras tierras, aunque todo indica que el cambio climático nos llevará de temperaturas extremadamente altas a otras extremadamente bajas, de inundaciones a sequías, pasando por momentos como el que vivimos, de nieve, frío y hielo.

No parece aconsejable, por lo tanto, realizar cuantiosas inversiones en máquinas quitanieves, o en medidas para prevenir los golpes de calor. Todo en su justa medida, en su punto medio. Pensar, planificar, probar soluciones, estar preparados para mantener los servicios esenciales.

La COVID-19 nos ha situado ante el reto de intentar explicarnos a nosotros mismos qué nos está pasando, familiarizarnos y aprender a tomar en cuenta cosas que nos habían pasado desapercibidas como el cambio climático, la globalización económica, la invasión de espacios medioambientales preservados hasta nuestros días, los desplazamientos febriles de los seres humanos, o el comercio desenfrenado.

Los científicos han intentado explicar, al parecer con escaso éxito, a los gobernantes y a la ciudadanía que no se trataba tanto de eliminar al virus, sino más bien de aprender a convivir con él. Aprender a respetar reglas nuevas de convivencia con la vida que nos rodea en el planeta.

De nada sirve intentar salvar la economía, nuestro sistema político, o social, sin entender que el más pequeño de los seres casi vivos, casi muertos, puede ponernos en situaciones dramáticas como las que estamos viviendo en estos momentos.

Van cayendo noches y la nieve sigue ahí, convertida ya en hielo. Filomena sigue ocupando las calles, dueña y señora de una ciudad en la que las excavadoras han despejado la calzada de las vías principales y en la que unas pocas palas de los vecinos han abierto unos pocos caminos en las aceras.

Camino junto a una escuela infantil municipal, del Ayuntamiento de Madrid. Hay un estrecho camino abierto por los vecinos hasta una de las puertas de acceso, pero toda la instalación está cercada por la nieve. Junto a otra de las puertas, bloqueada por el hielo, escucho un reguero, un surtidor, una fuente. Imagino que una tubería helada, un contador, ha reventado y el agua ha comenzado a brotar a borbotones.

Vuelvo a casa y llamo al 010, Línea Madrid, no es cosa de que el agua siga brotando toda la noche, el Ayuntamiento tiene que saber que una de sus escuelas infantiles tiene una cascada de agua en su interior. Tardan en levantar el teléfono, después de darme un montón de avisos sobre las incidencias meteorológicas, el colapso de los servicios de emergencia, la cantidad de llamadas que están recibiendo.

Al final alguien me escucha, pero no puede darme solución alguna. Al tratarse de un daño de agua me ofrecen el teléfono del Canal de Isabel II. De nada sirve que les diga que la escuela infantil es suya, del Ayuntamiento, ellos no van a llamar a nadie, pero están dispuestos a darme el teléfono del Canal.

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