12 Jun, 2019

Ciudadanía acosada

Hemos andado distraídos con las citas electorales. Entre unas cosas y otras, se han ido acumulando precampañas, campañas, votaciones, valoraciones de los resultados y nuevas campañas, más votaciones, renovadas valoraciones de los resultados. Un sinvivir, pero muy entretenido. Tertulias, tertulianos, mítines, festejos, debates, anuncios. Dale que te pego con Cataluña, alianzas de gobierno, el Valle de los Caídos, la ultraderechita que deja la casa madre y las crisis de la nueva política.

Pero esto se va acabando. Tendremos alcaldes y alcaldesas, presidentes y presidentas en las Comunidades Autónomas, nuevo gobierno de la nación y un reparto de cargos en al Parlamento Europeo. Intentarán mantener nuestra atención sobre sus problemas internos, de gobierno, o de oposición. Pero la naturaleza anuncia ya el verano, con sus bruscos cambios climáticos y sus vacaciones en el horizonte.

Vuelve la vida a pié de calle. Se adelanta el final de curso acatando esa nueva moda impuesta por algún ocurrente apoltronado. En colegios e institutos, desde primeros de junio, quienes han suspendido intentarán una acelerada recuperación y quienes no han suspendido irán a clase a hacer más bien poco, casi nada, o dejarán de ir a clase por su cuenta y riesgo.

12 Jun, 2019

La derecha necesaria

Como era previsible, las pasadas elecciones generales, autonómicas y municipales se han saldado con un revolcón considerable del Partido Popular. El voto de la izquierda se ha concentrado, en buena medida, en el Partido Socialista, mientras que el votante conservador ha evidenciado la indefinición en el espacio político de la derecha, donde queda mucho por decidir.

Es cierto que el Partido Popular es una organización estructurada que ha sido capaz de mantener en su poder un buen número de ayuntamientos y seguir siendo la primera fuerza de la derecha, el primer partido de la oposición, aunque ha sufrido un declive importante en algunas Comunidades Autónomas. En algunas de ellas, como Cataluña, ha desaparecido prácticamente del escenario político.

En el Partido Popular han convivido, desde sus comienzos, sectores centristas y de ultraderecha, democristianos y liberales, antifranquistas y herederos de la dictadura, miembros de ricas familias y de familias trabajadoras de barrios populares, pequeños comerciantes y grandes empresarios, sectores homófobos y potentes colectivos LGTBI. Durante mucho tiempo todo aquello se aglutinaba bajo la amplia denominación de centroderecha, donde cada cual se sentía bien representado.

La cosa fue bien hasta que la corrupción, las mentiras sobre el 11-M y su consiguiente teoría de la conspiración, los efectos devastadores de la crisis económica y sus consecuencias sociales, el aumento de las tensiones nacionales y nacionalistas, forjaron las bases para el surgimiento de eso que se ha venido en denominar nueva política.

La nueva política no era tanto, como después se ha demostrado, una revisión de la política, cuanto un cambio en las caras de la política y una segmentación del espacio electoral que el bipartidismo había representado y aglutinado hasta entonces. Como si quienes defienden el liberalismo económico hubieran decidido dejar a un lado a cuantos preservaban el papel protector del Estado.

Como si quienes se agarran a un modelo fundamentalista de la vida y la familia hubieran decidido alejarse de cuantos, en su mismo partido, defendían la eutanasia, el aborto y el matrimonio entre personas del mismo sexo. Como si ser español impidiera sentirse catalán, hablar catalán, cantar tu propia rumba.

12 Jun, 2019

Haciendo memoria

Así se titula el Ciclo que ha iniciado la Fundación Ateneo 1º de Mayo de CCOO de Madrid. Un ciclo que comenzó el mismo día de la reflexión electoral, el sábado pasado, con la proyección de la película documental Huérfanos del olvido y que terminará el próximo fin de semana con la representación, el viernes, de la obra Palabras de mujer, basada en textos de García Lorca protagonizados por mujeres y con la proyección de El silencio de otros, el sábado, 1 de junio.

Creo que es una gran idea dedicar un tiempo a esta tarea ineludible de hacer memoria. Iniciarlo con los Niños de la Guerra, no es banal, ni ocioso. La memoria es siempre incómoda, aún más si es la de los supervivientes. Los supervivientes nos recuerdan aquello que nunca debió ocurrir. La tragedia de la guerra, los bombardeos aéreos sobre población civil, que sirvieron de ensayo para la posterior Guerra Mundial. Nunca debió ocurrir. Nunca deberíamos olvidarla. Más que nada para que nunca vuelva.

Familias divididas, separadas, obligadas a buscar refugio en el extranjero para sus hijos e hijas. Rusia fue uno de los países que abrió más generosamente sus puertas. De esto va Huérfanos del olvido. De la ausencia, la huida, la pérdida inevitable. Creyeron que sería una corta separación. Tres meses como mucho. Salieron de una guerra civil y cayeron, poco tiempo después, en una guerra mundial.

Quienes nunca retornaron, se sintieron siempre españoles, pero habían construido su historia en su segunda patria. Sobrevivieron al asedio nazi en lugares como Leningrado, viendo miles de muertos congelados por las calles. Estudiaron, trabajaron, hicieron carreras profesionales, se enamoraron, tuvieron hijos, nietos. Cuando pensaron volver ya era demasiado tarde. Eran españoles, pero su vida estaba ya en Rusia.

Ciudadanos pasa por ser uno de los partidos que ha perdido las elecciones autonómicas y municipales. Quienes realizan esta afirmación argumentan que no han conseguido superar al Partido Popular en las circunscripciones en las pretendían visualizar el sorpasso, como es el caso de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid.

En consecuencia Albert Rivera no consigue convertirse en líder de la oposición y seguirá siendo segunda fuerza de la derecha, al menos por el momento, porque con el panorama político que tenemos, nada es permanente y todo es tremendamente evanescente.

Sin embargo, Ciudadanos no ha salido tan mal parado como pudiera parecer en un primer momento. La dispersión del mapa político español hace que su presencia sea determinante a la hora de configurar gobiernos municipales y autonómicos. Los casos más paradigmáticos son, tal vez, los de la Comunidad y el Ayuntamiento de Madrid. Aunque no conviene olvidar la relevancia del paso que ha dado el ex-primer ministro francés, Manuel Valls, al frente de la candidatura del partido en Barcelona.

El Partido Socialista parece haber resultado ganador de la intensa ronda de elecciones que, en menos de un mes, hemos vivido en España. Se confirma como el partido más votado en las elecciones generales y aún más en las elecciones europeas.

Consigue una holgada mayoría en el Senado, amplía sus posiciones en los gobiernos de las Comunidades Autónomas y en muchos ayuntamientos. Recupera buena parte del voto cedido a otras formaciones en anteriores procesos electorales. Así visto el triunfo es incuestionable.

Sin embargo, cuando vemos las portadas de los periódicos y de los noticiarios, parece que los ganadores hubieran sido aquellos que, en otras circunstancias, serían ineludiblemente considerados como clamorosos perdedores. Hasta la ultraderecha que ha visto escapar, en poco menos de un mes, una parte considerable de sus votantes de abril, saca pecho y se reclama determinante triunfadora de las elecciones.

En cuanto al PP, habiéndose dejado en el camino numerosas astillas de su poder autonómico y municipal, con unos menguantes resultados en las europeas, se da por satisfecho con mantener su puesto como primera fuerza de la oposición, aunque tenga que verse obligado a mantener los restos del naufragio, merced a humillantes pactos con la ultraderecha.

El cuarto martes de cada mes publico un artículo en Nueva Revolución. Podría haber optado por esperar al lunes para escribirlo y poder realizar un análisis de las elecciones europeas, autonómicas y municipales, cuyos resultados casi definitivos se conocerán a lo largo de la noche. Prefiero entregarlo la noche del domingo, cuando el recuento no ha terminado.

Probablemente, cuando leas estas notas, todos los partidos se darán por satisfechos y se autoproclamarán triunfadores de las elecciones. Ya se ha votado y ahora que mi opinión no puede ser utilizada en campaña electoral para justificar los errores de nadie, creo que puedo esbozar algunas consideraciones que me han asaltado estos días.

Creo que el Partido Socialista va a volver a ganar las elecciones, como hace un mes, avanzando posiciones con respecto a las anteriores, lo cual se visualizará claramente en las elecciones europeas, pero quedará mucho más matizado en municipios y Comunidades Autónomas. Su resultado es bueno, porque ha recuperado buena parte del voto que le fuera arrebatado por Podemos y por Ciudadanos no hace tanto tiempo. En el país de los ciegos el tuerto es rey. Pero errores de soberbia como forzar la candidatura de Pepu en el Ayuntamiento, no pueden ser pasados por alto y merecen una reflexión, para evitar futuros disgustos innecesarios.

11 Jun, 2019

No con nuestro voto

Hace poco, repasando los estantes de mi biblioteca, encontré una vieja joya escrita por Bertrand Russell, El poder en los hombres y en los pueblos, publicada por Losada, una de esas editoriales de Buenos Aires que nos nutría de cuanto nos era negado por el franquismo decadente y almidonado, pero aún cruel y despiadado, que se aprestaba a morir matando. Se trata de la quinta edición, impresa en 1969, aunque la primera se remonta a 1939, en pleno momento histórico de ascenso de los fascismos.

Ojeando y hojeando el libro, compruebo hasta qué punto los pensadores del pasado, ya nos indicaron los principales males que acechan y amenazan nuestra convivencia social y política. Bertrand Russell nos alerta de que toda la ciencia social se ve atravesada por el poder. El amor al poder es universal, aunque no siempre consiga expresarse en su forma absoluta.

Otro pensador poco frecuentado en nuestros tiempos, Erich Fromm, nos advertía de los mecanismos a través de los cuales el miedo a la libertad consigue despejar el camino y abrir las puertas al poder despótico del fascismo, o del estalinismo, bajo sus diversas formas.

De nuevo nos acercamos al final de curso. Entretenidos como andamos con las elecciones municipales, autonómicas y europeas, no nos damos cuenta de la que se nos viene encima. Por segundo año consecutivo se produce el traslado de los exámenes de septiembre a junio. Parece que lo que el año pasado fue desconcierto va camino de transformarse este año en caótico desorden.

El profesorado dedicará los últimos días de mayo a realizar las evaluaciones finales. Quienes suspendan alguna asignatura recibirán clases de refuerzo y recuperación para someterse en pocos días a un examen que antes se celebraba en septiembre. Quienes hayan aprobado dejarán de ir a clase por su cuenta y riesgo, o bien acudirán a las aulas a ver películas y realizar diversas actividades de entretenimiento. Educativas a veces, pero de entretenimiento.

No sé si es cierto lo que afirman quienes en algún despacho han tomado la decisión sobre la ocurrencia. Me refiero a eso de que total da igual junio que septiembre, porque durante el verano la chavalería se toca las narices y no recupera nada de nada. Lo que sí sé es que en toda España hay 200 días lectivos al cabo del curso y, por obra y gracia del gobierno de la Comunidad de Madrid, los lectivos de junio se pierden para una parte importante del alumnado.

Quienes han suspendido, no tienen que recuperar todas las asignaturas. En cuanto al profesorado, o bien se toma en serio la difícil tarea de hacer aprobar asignaturas de todo un curso a machamartillo, o se dedica al entretenimiento del resto del personal. Lo uno y lo otro, en tan pocos días, es imposible.

No es la primera vez que lo digo en un artículo. Llama la atención que la educación en general y la formación de los trabajadores y trabajadoras, en particular, sean relegados a un segundo plano en el debate electoral. El empleo, la vivienda, los transportes, las políticas sociales, la igualdad, la inmigración, la sanidad, los impuestos, entre otros temas, copan el debate.

La educación parece que sólo interesa para valorar cuánto dinero tiene que ir hacia la enseñanza concertada. Y, sin embargo, la educación de las personas es mucho más importante que eso. La Formación de las personas es el primer paso para asegurar la igualdad. Sin igualdad no habrá libertad real y la ninguna de las dos será posible si no empezamos por la educación.

Vamos hacia un mundo en el que una parte importante de los trabajos van a exigir mayor autonomía de las personas, un mayor empleo de las Técnicas de Información y Comunicación, menos rutina y más habilidades sociales. En definitiva, menos esfuerzo físico y más desarrollo intelectual.

No me engaño. Junto a esas nuevas competencias, seguirán existiendo muchos trabajos monótonos, poco cualificados, y mal pagados. El mercado de trabajo va a polarizarse entre empleos que exigirán alta y baja cualificación. La población en edad de trabajar va a aumentar en toda Europa y también lo hará el número de empleos necesarios. Ocurrirá que el empleo será muy distinto, entre otras cosas porque la distribución mundial del trabajo y en la propia Unión Europea, ha sufrido profundas transformaciones.

Acabamos de superar el reto de las elecciones generales y nos hemos adentrado ya en la campaña de las europeas, autonómicas y municipales. El panorama que han dibujado los resultados del 28 de Abril es, en buena parte, una ilusión y un espejismo.

El triunfo del Partido Socialista no es abrumador, ni tan siquiera concluyente. A la división del voto en dos bloques, derecha e izquierda, casi iguales en número de votos, se une la situación desquiciada en Cataluña, el enrocamiento de Ciudadanos en unas posturas cada vez más alejadas del centrismo, para disputar el espacio de la derecha a un Partido Popular que asiste confundido al crecimiento de una fuerza de ultraderecha que hasta el momento vivía agazapada dentro de sus filas.

Una situación a la que viene a sumarse la fractura y atomización de las fuerzas políticas situadas a la izquierda del PSOE, incapaces de conciliar las diferencias territoriales, la diversidad de extracciones sociales de sus componentes, las ambiciones personales, la pluralidad de las ideas, la libertad de opinión, el respeto a la discrepancia y a las decisiones adoptadas.

En este panorama, las elecciones europeas quedan desdibujadas, pese a que de Europa provienen buena parte de los marcos normativos a los que tienen que ajustarse y en los que luego hay que desarrollar, las políticas nacionales, autonómicas, o locales. Será en la batalla por el control de las autonomías y los ayuntamientos, donde se decidirán buena parte de los escenarios políticos para los próximos años.

A la hora de tomar una decisión sobre el voto el próximo día 26 pesará, sin duda, el recuerdo del voto en las elecciones celebradas hace menos de un mes, pero también otros elementos como la simpatía personal, el conocimiento, la confianza, la afinidad que sea capaz de suscitar cada uno de los candidatos, o candidatas.

Más allá de todo ello y aunque parezca mucho pedir, me parece que no haríamos mal en tomar en cuenta, además, cómo se pronuncia cada partido sobre los temas esenciales que afectan a nuestras vidas. Los cuatro pilares que terminarán sustentando nuestro futuro. El empleo, la salud, la educación y los servicios sociales.

Pablo Fernández-Miranda ha dedicado buena parte de su vida profesional a hacer realidad el sueño de muchas personas de contar con una vivienda digna a precios asequibles, como director de la gestora de la cooperativa de viviendas promovida por CCOO en Madrid.

Pocos sabían que otra de las pasiones de Pablo era reconstruir la memoria de su propio padre, Celestino, que fue el primero de aquellos niños de Rusia que volvió a España, en plena II Guerra Mundial, tras ser apresado por un destacamento finlandés, cuando combatía como voluntario en el Ejército Soviético que intentaba contener el avance de los panzer alemanes.

En el Centro Abogados de Atocha, la Fundación Sindical Ateneo 1º de Mayo, ha presentado recientemente el libro que recoge la vida de Celestino desde los inicios de la Guerra Civil española hasta su retorno a España, cuyo título ha terminado siendo Pisaré sus calles nuevamente.

A lo largo del mismo va recorriendo las vicisitudes en la Colonia Escolar de Salinas en la que le sorprendió el golpe de estado, quedando separado de la familia que vivía en Oviedo, las dificultades para embarcar en el puerto de Gijón bloqueado por navíos de guerra franquistas, la acogida en la Unión Soviética, su participación en la Guerra Mundial, la captura y el internamiento en campos de prisioneros, las gestiones del entonces embajador Agustín de Foxá y el retorno a España.

Pablo podría haber optado por un libro de memorias, o un estudio histórico. Ha preferido contarnos una historia, escribir una novela, su primera novela. No es tarea fácil este empeño, pero Pablo ha sabido resolverlo con acierto. Por eso y porque aprecio su esfuerzo y su buen trabajo, tanto profesional como en todo aquello a lo que se enfrenta, no podía negarme a romper mi prevención a participar en actos públicos al servicio de egos diversos. Pablo bien merece esta escapada.

Como toda buena obra narrativa no hay improvisación en este esfuerzo por preservar el recuerdo, la memoria, la vida de Celestino. No es improvisado, sino fruto de la misma modestia que impedía a su padre presumir de sus hazañas bélicas y confesar el número de tanques alemanes que había destruido, el que Pablo haya elegido que la protagonista sea una mujer, una de sus sobrinas, Carolina, que hoy realiza su proyecto fin de carrera en Periodismo, precisamente sobre su abuelo.

Querida alcaldesa,

Te escribí una carta cuando se hicieron públicas las conversaciones de unos cuantos policías municipales insultándote a través de una red social. Creo que no es tolerable que representantes del poder, responsables de nuestra seguridad y que además portan armas, se dediquen a exhibir en un chat actitudes xenófobas, racistas, gerontofóbicas y de alabanza al nazismo y a Hitler.

Van llegando las elecciones municipales, que se celebrarán también en buena parte de las Comunidades Autónomas y coincidirán con las elecciones europeas. Todo ello me anima a dirigirte una nueva carta, que hubiera remitido a cualquiera que fuera la persona que rigiera el ayuntamiento en el que me hubiera tocado vivir.

Estoy acostumbrado a leer informes europeos sobre diferentes materias. Cuanto ocurre en Europa nos afecta mucho más de lo que pensamos. En muchos de esos informes se pone el acento en la importancia de que las decisiones europeas sean aplicadas correctamente en cada país y, sobre todo, se busque su traslado y aplicación en los niveles locales, al ser los más cercanos a la ciudadanía.

Hemos entendido la descentralización como el reconocimiento de realidades territoriales que dieron lugar a las Comunidades Autónomas. Construir el Estado Autonómico ha sido un proceso largo y aún inacabado, que ha consumido y consume mucho tiempo y esfuerzos. Sin embargo, las Comunidades Autónomas tienden a comportarse como pequeños reinos de taifas fuertemente centralizados, sin que se hayan establecido procedimientos para transferir competencias hacia los ayuntamientos.

La memoria es huidiza y selectiva. Olvida lo que se le antoja y recupera los recuerdos que la da la gana. A veces recurre a tiempos muy lejanos como si fueran ayer y en otras ocasiones se empeña en dejar escapar momentos vividos en tiempos cercanos. Nos ocurre a todas y a todos, en todas partes, pero particularmente en nuestro país, En España enterramos muy bien, decía Alfredo Pérez Rubalcaba.

Mi memoria selectiva de Rubalcaba se remonta al año 1988. Alfredo Pérez Rubalcaba era Secretario de Estado de Educación cuando los profesores decidimos que había llegado la hora de ver solucionados algunos problemas que venían de muy lejos. Los socialistas gobernaban desde 1982 y el profesorado reclamaba un sistema retributivo homologado con el de otros empleados públicos.

Nos preocupaba también que no hubiera aún forma eficaz de cubrir los problemas de responsabilidad civil que pueden surgir en cualquier centro educativo y que daban lugar a la indefensión del funcionario cuando se producía un accidente, o cualquier tipo de demanda jurídica.

Queríamos ver legalmente reconocidas las especificidades de una jornada laboral que exigía momentos de docencia directa, otros de permanencia en el centro y muchos más de preparación de las clases, corrección de pruebas, evaluaciones, en casa.

Nos importaba que se estableciese una formación docente que nos permitiera actualizarnos, intercambiar experiencias, fomentar las buenas prácticas. Eran tiempos en los que los movimientos de renovación pedagógica, inspirados en otros países como Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, luchaban por modernizar la educación española, integrarla en Europa.

Los costes para la Hacienda Pública eran muy importantes. Las negociaciones se habían paralizado y declaramos una larga huelga que, como ocurriría con la inmediatamente posterior del 14-D, pareció acabar en nada. Sin embargo aquellos temas protagonizaron luego las negociaciones, las movilizaciones y se fueron abriendo camino en los acuerdos de años posteriores. Rubalcaba fraguó en aquellas luchas una relación con los trabajadores y sus sindicatos que nunca dejó de lado.

23 May, 2019

Espejismo electoral

El Partido Socialista ha ganado las elecciones. Esa es la conclusión más evidente de las recientes elecciones generales celebradas en España. El miedo al efecto Andalucía ha pesado, hemos salido a votar algo más que en anteriores ocasiones  y, por el momento, la anunciada triple alianza, con presencia de la ultraderecha, se ha visto frenada en seco, al tiempo que sus protagonistas se han embarcado en una trifulca entre la “derechita cobarde”, la “derecha naranjita” y la “ultraderchita cobarde” que se toma a mal que la llamen por su nombre.

En lo único en lo que parecen ahora coincidir es en establecer un cordón sanitario en torno al socialismo, intentando forzar al ganador a terminar pactando su gobierno con Podemos y diferentes grupos nacionalistas, lo cual deben considerar que incrementa sus posibilidades de seguir utilizando a Cataluña como principal arma arrojadiza durante la legislatura y en futuras campaña electorales.

Es una estrategia como otra cualquiera, pero me parece tremendamente irresponsable. No me extraña nada cuando viene de la ultraderecha emergente de cuyo nombre no quiero acordarme. Pero resulta mucho más extraña en un partido que nació en Cataluña, impulsado por una izquierda no nacionalista y con esencias socialdemócratas, que se han ido deslizando hacia un ultraliberalismo nacional y ranciamente anticatalanista.

Y tampoco me cuadra en un partido que se autodenomina popular y aspira a seguir liderando el centro y buena parte de la derecha. La crispación política a la que se ha dejado arrastrar Casado, de la mano de sus mentores Aznar y Aguirre, sólo puede conducirle a ser devorado por un nacionalismo españolista y un ultraliberalismo económico, demasiado alejados de sus seguros caladeros de votos tradicionales.

Las elecciones generales han movilizado el voto en España y han convocado una participación poco frecuente en nuestro país. Las anteriores elecciones habían provocado un vuelco en el destino de los votos y dieron cabida a nuevos partidos que se hacían eco de los cambios políticos, económicos, sociales y culturales que se habían producido a lo largo de las últimas décadas.

De una parte, emergieron quienes supieron recoger los malestares que expresaban las movilizaciones del 15-M. De otra parte, hubo quienes recolectaron la reacción frente a una derecha en la que el poder institucional había generado numerosos fenómenos de corrupción y demasiado volcada en actitudes conservadoras a la hora de asumir realidades como el aborto, el feminismo, la diversidad sexual, o la eutanasia.

De esta forma, a la izquierda del PSOE y en el espacio del centro liberal se hicieron hueco nuevos y pujantes grupos políticos, que parecían querer disputar la primacía al bipartidismo que había dirigido la segunda restauración borbónica durante casi cuarenta años, en una peculiar reedición de los turnos de gobierno de conservadores y liberales.

Cuatro años después, los partidos que se reclamaban de la nueva política han demostrado su capacidad para adaptarse aceleradamente a los vicios de la política tradicional. Liderazgos personalistas, clientelismos a la antigua usanza, exclusión de quien comete el error de moverse en la foto, han dejado de ser patrimonio de la vieja política.

Hace años escribí el libro El Madrid del 1º de Mayo. Cada año, la manifestación del Día del Trabajo discurre desde Atocha hasta la Puerta del Sol. En ese recorrido, si ponemos atención y nos detenemos a mirar el paisaje urbano, podemos encontrarnos con buena parte de la historia de Madrid.

En el libro me detengo en el Paseo del Prado, junto a la verja del Jardín Botánico. Cuando se escribe, todo es posible. Doy un salto en el tiempo, hasta el año 1890. Los trabajadores madrileños han decidido conmemorar, el 1º de Mayo, siguiendo las consignas del Congreso de París de 1889.

La verdad es que eran pocos y mal avenidos los grupos de trabajadores que se disponían a celebrar el 1º de Mayo. El Madrid trabajador de aquellos años había conseguido poner en pie unas pocas sociedades de resistencia, integradas sobre todo por albañiles y, en menor medida, por trabajadores de la madera y del hierro, la agrupación socialista, la recién creada UGT y los núcleos anarquistas.

Hay cosas como que dan vergüenza. Si lo piensa uno bien, lo más normal, dadas las condiciones de vida que nos han tocado en suerte, quien más, quien menos, es que estemos afectados por algún problema mental. Unas veces son estados de ansiedad, estrés, angustia, fatiga y agotamiento injustificados, depresión, pérdidas de memoria, o de capacidad de atención. No sé, un montón de síntomas que ponen de relieve un problemilla, o problemón, de salud mental.

Ocurre que nos lo callamos, lo guardamos dentro, lo consideramos tabú. No sea que nos vayan a catalogar de locos, con los consiguientes problemas sociales, laborales y de todo tipo que eso puede acarrear. Es cierto que la población madrileña no ha crecido sustancialmente a lo largo de los últimos veinte años. Pero también es verdad que partíamos de unas carencias importantes en número de profesionales sanitarios dedicados a estas especialidades.

Y no hay que olvidar que, por el camino, hemos atravesado una crisis de caballo y un cambio importante del modelo social y de las formas de empleo. La precariedad laboral, el paro de larga duración, los problemas de cualificación, tienen consecuencias dramáticas sobre las personas, las familias y los entornos sociales de los barrios y comunidades. Todo ello ha hecho que las consultas nuevas en salud mental hayan pasado de casi 37.000 en el año 2000 a casi 94.000 en 2012 (año de mayor impacto de la crisis).

Van dos debates electorales y tan sólo he escuchado alguna referencia a las excesivas reformas educativas que llevamos a cuestas, que parece que son las culpables del alto fracaso escolar. También alguna promesa de impulsar un amplio pacto educativo, a la medida del ganador.

No he visto grandes reflexiones sobre el problema que tienen muchos de nuestros jóvenes y adultos, que van acumulando a lo largo de la vida bajos niveles de cualificación, abandono educativo, paro de larga duración. Factores que conducen a la pérdida de oportunidades, cuando no a la marginación social.

Personas que no encuentran empleo y que tienen serias dificultades para  tan siquiera buscarlo. Que se ven sometidas a tensiones personales y familiares y que afrontan situaciones económicas y sociales insufribles. La baja cualificación, la precariedad del empleo, los largos periodos de paro, conducen a un deterioro físico y psicológico que amenaza a muchas personas.

Una de las tareas de la política debería consistir en dotar a las instituciones y al conjunto de la sociedad de instrumentos para poner en común las estrategias y el trabajo de los servicios de empleo, la educación y la formación, los servicios sociales y sanitarios, no sólo para mejorar las cualificaciones y el empleo, sino para dar una nueva oportunidad a las personas.

Me llama la atención la capacidad que demuestran el dinero y el poder para integrar las discrepancias, contradicciones y resistencias, siempre que acepten la regla explícita de terminar pasando por caja. Viene a cuento esta reflexión cuando compruebo que conceptos y expresiones como Libres e Iguales, han sido patrimonializadas por líderes de la derecha extrema, la extrema derecha y hasta la derecha naranja que, como bien se sabe, va del rojo al amarillo.

La primera vez que encontré ese concepto y me lo apropié, fue en un libro del anarcosindicalista Juan Gómez Casas, un hombre fraguado en las Juventudes Libertarias, la Guerra Civil, las cárceles franquistas y que terminó siendo el primer Secretario General de la CNT al llegar la democracia. Escritor incansable, historiador, comprometido, sufrió todas las divisiones que aquejaron y fracturaron a la organización durante aquellos años.

Libres e iguales, así deseaba aquel hombre que fueran las personas en una sociedad libertaria. Me apropié de su expresión y de la idea. Las he utilizado abundantemente durante años. Sobre todo cuando la derecha más rancia, encabezada por Esperanza Aguirre, inició su agresión contra la igualdad, enarbolando la bandera de la libertad.

No era tan siquiera una ultraliberal, por más que se proclamara amante de Thatcher. Sólo defendía la libertad de los que ejercen el poder para conceder mamandurrias sin cuento a empresarios amigos, periodistas desencantados, medios de comunicación de la caverna, fundaciones de todo tipo y organizaciones clientelares, entre la complacencia de unos y el silencio de muchos. Todo se compraba.

7 May, 2019

Yo voy a votar

 

Hay quien dice que los resultados de estas elecciones generales que se nos echan encima no se van a dilucidar en debates electorales, ni en los programas que presente cada partido, ni mucho menos en unos mítines electorales poco concurridos en comparación con los de tan sólo hace cuatro años.

Hay quien afirma que las encuestas, cargadas de voto no decidido y voto oculto, tienen muy pocas posibilidades de acertar en sus proyecciones. Otros aseguran que son las redes sociales, no necesariamente las que conectan a más personas simultaneamente, sino tal vez las que conectan a pocas personas, pero que permiten encadenar mensajes que se expanden como manchas de aceite, las que adquieren protagonismo a la hora de decidir el voto.

No faltan tampoco quienes consideran que las noticias falsas, las famosas fake news, difundidas de forma intensiva y en extensiones amplias de la ciudadanía, bien seleccionadas, terminan calando y resultando tremendamente eficaces a la hora de condicionar las decisiones finales de voto de los electores.

Acabamos confiando más en un vídeo falso que nos manda una amiga, o un amigo, que en todos los mensajes publicitarios de partidos o instituciones. Aunque ese vídeo falso haya sido recibido y difundido automáticamente, sin contrastar su veracidad, miles de veces hasta llegar a nosotros. Escuchamos tan sólo lo que queremos escuchar y confiamos sólo en los más cercanos y a veces ni en nosotros mismos completamente.

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