Siempre nos engañan. Y mira que somos muchos. Dicen que más de 900 millones en el mundo. Dentro de 15 años parece que las personas mayores de 60 años seremos más de 1400 millones. A los ricos y poderosos les preocupa muy poco, casi nada, nada, que el dinero se desborde por las cloacas del derroche, de las corrupciones y pudrideros. Sólo les importa que el dinero siga circulando, el consumo continúe creciendo, aunque la contaminación vaya aumentando y el planeta prosiga su degradación en progresión geométrica.

Eso sí, les importan mucho nuestras pensiones. Les obsesiona sobre todo lo que cuestan nuestras pensiones. Un gasto impagable, insostenible, inviable, según ellos. Miles de jubilados se concentran cada semana en las plazas de algunas ciudades. Unas decenas marchan estos días hacia Madrid. Varios cientos se concentran de vez en cuando ante el Congreso de los Diputados. Piden justicia, dignidad, políticos decentes.

Pero los políticos están en otras cosas, en otros mundos que no son los nuestros. Unos porque son nacionales y bastante tienen con preocuparse por aquellos otros que dicen ser nacionalistas. Unos se proclaman taurinos y otros antitaurinos. Unos colocan grandes banderas y otros lazos bien grandes. Unos con Madrid Central y otros en contra. Todos a favor del negocio inmobiliario seguro en Chamartin y el paseo de la Dirección. No es cosa de ponerse a mal con los que de verdad mandan. Los bancos, las constructoras, las inmobiliarias.

5 Oct, 2019

Trabajo decente ya

Rompo mi línea de reflexiones sobre la formación de los trabajadores y trabajadoras, aunque prometo no abandonarla, para abordar una cita anual que suele pasar despercibida, pero que me parece importante, no tanto por lo que se haga, sino por lo que representa. Me refiero a la convocatoria de la Jornada Mundial por el trabajo Decente cada 7 de octubre.

El concepto de trabajo decente fue acuñado por Juan Somavía en el primer informe que presentó como Director General de la Organización Internacional del Trabajo OIT), en 1999. Trabajo Decente, según la propia OIT, significa  aquello a lo que aspira toda persona a lo largo de su vida laboral y que podemos resumir en tener un puesto de trabajo acompañado de derechos laborales, cobrar un salario justo, conseguir protección ante los riesgos laborales, obtener protección social para las familias. Una pensión cuando llega a la edad de jubilación.

Trabajos dignos que mejoren a las personas y a la sociedad, que aseguren la libertad para expresar opiniones, negociar, organizarse en sindicatos, con igualdad de oportunidades, igualdad entre mujeres y hombres. El Trabajo Decente se ha ido constituyendo en una barrera frente a los desmanes planetarios del capitalismo en su versión ultraliberal y depredadora del planeta.

La OIT cumple este año su primer centenario. Una organización internacional que aglutina a gobiernos, organizaciones empresariales y sindicatos de todo el mundo. El lema conmemorativo de sus primeros cien años, habla de Impulsar la Justicia Social, promover el Trabajo Decente.

El 1 de Octubre se conmemora el Día Internacional de las personas de edad, a las que antes llamábamos tercera edad, luego mayores y mucho antes viejos. El bienestar de este colectivo no depende tan sólo de una pensión suficiente que asegure su autonomía económica personal. La realidad es que en las sociedades modernas, además de la pensión, hay que tomar en cuenta otros elementos como los recursos y servicios destinados a atender las situaciones de dependencia.

Vamos a cumplir trece años desde la probación de la Ley de Dependencia. Se publicó el 14 de diciembre de 2006, el mismo día en que, 18 años antes, se había desarrollado en España la primera gran huelga general y unitaria de la democracia. Fruto de aquella huelga se habían producido avances sociales importantes como la aprobación de la Ley de Pensiones No Contributivas, para las personas que no habían cotizado los años necesarios para acceder a una Pensión de Jubilación.

A principios de 1995, tras ser negociado con sindicatos y empresarios, los partidos políticos aprobaron en el Pleno del Congreso de los Diputados, el Pacto de Toledo, que establecía 15 medidas y recomendaciones encaminadas a asegurar el futuro de la Pensiones en nuestro país.

Ha sido una de esas pocas veces, después de la famosa Transición democrática, en la que los partidos supieron escapar al tacticismo electoralista y conseguir un consenso en el que nadie estaba plenamente satisfecho, pero la ciudadanía conseguía despejar un horizonte turbio y un dudoso futuro.

Mi patria son mis hermanos que están labrando la tierra. La Canción de soldados, de Chicho Sánchez Ferlosio. Justo antes de realizar esta afirmación, comenzaba proclamando, Dicen que la patria es un fusil y una bandera. Eran tiempos de resistencia. Compuesta en 1963, nos acompañó a lo largo de los últimos años del franquismo, la transición y los primeros e ilusionantes años de la democracia. Era una de las interpretaciones obligadas para quienes aprendíamos a tocar la guitarra.

Sea como fuere, lo importante es que aprendimos con ella que las banderas, más grandes o más pequeñas, los desfiles militares, los himnos patrióticos valen de bien poco si antes de ellos no se ha construido una patria de derechos y libertades compartidos. A decir verdad, ya los romanos lo entendían así. Quien es libre y tiene derechos tiene y forma parte de una patria, mientras que quien no es libre, ni tiene derechos, forma parte como mucho, de una horda bárbara.

De ahí la importancia que tienen los derechos sociales. De ahí que Madrid, una de las sociedades más ricas de España, no pueda bajar la guardia. Los datos son preocupantes. La desigualdad se está convirtiendo en un fenómeno estructural; la pobreza, el riesgo de caer en ella, se enquista en determinados sectores de la sociedad. La protección de la sociedad es cada vez más débil para contener los efectos.

Unanimidad. Dicen en los medios que el Tribunal Supremo ha rechazado por unanimidad el recurso presentado por la familia Franco para evitar la exhumación del dictador del Valle de los Caídos. El nombre del valle no tiene desperdicio, porque los llamados caídos fueron, en realidad, derribados, abatidos, asesinados, fusilados de frente, o de espaldas, tirados en fosas comunes. Con saña empecinada, rencor acumulado, ira desmedida, ferocidad sin límites.

Unanimidad, también, en la decisión de que el destino de los restos del tirano no sea la catedral de la Almudena, sino el cementerio de Mingorrubio, donde ya se encuentran su esposa, Carmen Polo, su hija también Carmen, sus dos manos derechas, Carrero Blanco y Arias Navarro, junto a un buen número de sus ministros y compañeros de armas, sin que falten algunos de sus fieles empresarios como Banús, ilustres familias del régimen y hasta el panteón familiar de algún sanguinario dictador dominicano como Trujillo. Nada que ver con las decenas de miles de víctimas que le rodean llenando cada noche de sangre derramada su alma.

Allí seguirá muriendo junto a una parte importante de los suyos, como en el mejor de sus cortejos cantado por Joaquín Sabina. Adivina, adivinanza. Mucho más de lo que pueden tener quienes yacen sin nombre en las cunetas, junto a las tapias de los cementerios, o en fosas comunes, en los campos de refugiados franceses y después, humo y cenizas, en los campos de concentración nazis, en los atentados y sabotajes de la resistencia, o en las trincheras del ejército de la Francia Libre, que les ofreció la oportunidad de morir combatiendo el fascismo internacional, el nacionalsocialismo, con la esperanza de que después Europa barrería el nacionalsindicalismo de las estepas castellanas.

Nací cerca de Cuelgamuros, en un pueblo serrano de barreneros, canteros, labradores de la piedra. De allí salieron los adoquines que aún se encuentran bajo el asfalto de Madrid, las piezas restauradas de  El Escorial, o el Palacio Real, los bloques que fueron elevando la Cruz del Valle. De aquellas canteras salieron también las losas de 2.000 kilos que sellan las tumbas de José Antonio y del general golpista.

5 Oct, 2019

Izquierda desnortada

Es de sobra conocido que la famosa Ley de Murphy tiene diferentes formulaciones, no todas ellas atribuibles al propio Murphy. Hay quien la enuncia de forma sencilla afirmando, Si puede ocurrir, ocurrirá. Una manera más pesimista de decirlo sería, Si hay más de una forma de hacer un trabajo y una de ellas culmina en desastre, alguien lo hará de esa manera.

De forma más radical hay quien enuncia la famosa Ley diciendo, Todo lo que pueda salir mal, pasará. O dicho de otra manera, Lo que pueda salir mal, saldrá mal. Tampoco faltan quienes en sus ansias de trasladar la formulación a un caso práctico terminan afirmando, La rebanada de pan untada de mantequilla siempre caerá al suelo por el lado de la mantequilla.

Es evidente que la rebanada no caerá siempre del lado de la mantequilla, aunque ocurra con mayor frecuencia, por razones físicas que tienen que ver más, según parece, con la altura de la mesa que con el peso de la mantequilla. El éxito de la Ley de Murphy pone de relieve nuestra capacidad de recordar antes lo malo, que lo que no tiene consecuencias negativas, tal vez a causa de un cierto pesimismo natural, o un miedo ancestral al fracaso.

En cualquier caso, la virtud de la Ley de Murphy consiste, creo yo, en el hecho de llamar nuestra atención sobre la ineludible necesidad de tomar en cuenta, prevenir y anticipar los errores que se pueden cometer y que, probablemente, se terminarán cometiendo. Hacerlo así podría evitar numerosos disgustos. A esta forma de actuar se la puede denominar diseño defensivo y tiene su importancia también en política.

Muchos nos lamentamos de lo que acaba de ocurrir en la política española. Esa inusitada, surrealista, imprevisible convocatoria de las cuartas elecciones generales consecutivas en menos de cuatro años. La mayoría de la población asiste, entre la indignación y el asombro, a la irresponsabilidad inadmisible de unas fuerzas políticas, que se recrean hablando de Estado, Patria, Nación, mientras parecen ir a lo suyo, siguiendo lógicas que no son las habituales entre el común de los mortales.

Nosotros preocupados por las inundaciones, por los incesantes asesinatos machistas, la subida de los precios, el cambio climático, los empleos inseguros, inestables, precarios; por la imposibilidad de comprar unas viviendas que, sin embargo, alguien tiene que estar comprando, porque no bajan de precio; el inicio siempre caótico del curso de nuestros hijos, las situaciones insostenibles de dependencia de nuestros mayores. Y ellos a lo suyo. A declararse incapaces de llegar a un acuerdo de izquierdas, o cerrados a cualquier posibilidad de facilitar la gobernabilidad del país, desde la derecha.

Se me ocurre que, tal vez, hemos confiado demasiado en la primacía de lo político, ignorando una vez más que la política es de esas pocas cosas importantes que no podemos dejar sólo en manos de los políticos. Las políticas deberían ser decididas en muchos espacios organizativos, que no tienen que ver, tan sólo, con los partidos.

Una de las cosas buenas que tiene el verano es que cambiamos las rutinas habituales impuestas por el trabajo, el colegio de los niños, la atención a las necesidades personales y familiares cotidianas. De repente puedes prestar atención a personas que aparecen en el horizonte, camino a cualquier parte del mundo. Incluso puedes entretenerte en buscar el sentido de cosas que, en circunstancias normales, no podrías pararte a pensar.

Así me ha pasado uno de estos días de verano, cuando se ha cruzado en mi camino una mujer mexicana que aprovecha el verano para visitar a sus hijos desperdigados por Europa. Viene de Puebla, uno de los 32 Estados que conforman los Estados Unidos de México. Sus rasgos indígenas y cuanto refiere sobre su vida me trae a la cabeza las imágenes en blanco y negro de Cleo, esa mujer a la que este año hemos conocido en su vida de criada a través de la película Roma, dirigida por Alfonso Cuarón.

Hablar con personas que vienen de otros lugares lejanos permite conocer otras formas de entender la vida y las palabras que las definen. Así me ha ocurrido con algunas expresiones que me ha enseñado y que desconocía como fifí, fresa, pirrurri, o pioja resucitada, que sin embargo son, al parecer, muy comunes en México. Palabras que podemos encontrar en el diccionario de la Real Academia, o de la Academia Mexicana de la Lengua, pero que no forman parte de nuestro argot cotidiano.

Fifís parecen ser aquellas personas presumidas, de clase media y alta, que sólo se ocupan de seguir las modas. La palabra, según me he ido enterando más tarde, tiene variados orígenes y procedencias. Uno de ellos, el cuento Mademoiselle Fifí de Guy de Maupassant, que nos cuenta la vida de un marqués de maneras afeminadas y no por ello menos duro, fiero y brutal.

Comentando uno de mis artículos sobre las revoluciones en marcha, mi amigo Eduardo Mangada me traslada una reflexión de Albert Camus, Tenemos que pensar y aprender de nuevo a ver. La frase viene a cuento de otra reflexión sobre las consecuencias de los cambios que se han producido en lugares como la Alemania del Este, antaño un Estado comunista y donde ahora la derechista Alianza para Alemania crece de forma destacada.

Cree mi amigo que estas transformaciones, que observamos en toda Europa y en el conjunto del planeta, deberían hacernos revisar imágenes y tópicos interesados. Termina su reflexión con un llamamiento a mirar y ver (como el Angelus Novus de Klee-Benjamin), las ruinas que ha dejado la historia bajo nuestros pies, como un vendaval que nos zaradea y nos impide volar libremente.

La reflexión me parece pertinente, novedosa y sugerente, pese a referirse a imágenes y personajes como Camus, Benjamin, Klee y sus inevitables conexiones con otros como Zweig, Mann, Hesse, Gide, que sintieron la soledad del combate contra las ideologías totalitarias que amenazaban con destruir la dignidad de la vida humana en Europa y en el planeta.

Con este Angelus Novus he sentido algo parecido al momento en que Jesús Montero me incitó a descubrir el jetztzeit de Walter Benjamin, ese tiempo-ahora, lleno de energía, preparado para dar un salto hacia el futuro, siempre que exista la chispa que desencadene la transformación. Muy distinto al tiempo vacío de las clases dominantes que escriben la historia de los vencedores.

Comencé buscando la frase de Camus, pensar es aprender de nuevo a ver, dirigir la propia conciencia, hacer de cada imagen un lugar privilegiado. No llama a descubrir verdades absolutas y conocimientos completos. Llama a prestar atención a cuanto nos rodea, a cambiar nuestra manera de percibir el mundo. Tal vez lo que pretende no es otra cosa que experimentar la sensación del absurdo que surge de la confrontación entre la búsqueda del ser humano y el silencio irracional del mundo. Lidiar con este mundo sin libertad es volverte tan absolutamente libre que tu mera existencia sea un acto de rebelión, concluye Albert Camus.

11 de septiembre. Un día que ha quedado fijado en nuestra Historia y en la internacional por haber sido el día en que allá por 1714, las tropas borbónicas del aspirante a rey de España, Felipe de Anjou, toman Barcelona y acaban con las pretensiones del otro aspirante, el Archiduque Carlos de Austria, que se había coronado como III de España y, desde 1713, VI del Sacro Imperio Romano Germánico. Gran Bretaña, Holanda, o Portugal, habían abandonado la causa austracista para evitar demasiada concentración de poder en manos austriacas.

Los dos aspirantes quedaron satisfechos en sus nuevas responsabilidades y cargos. Un Borbón sin posibilidades sucesorias al trono francés se encuentra al frente de una potencia imperial como España y un poco probable heredero del Sacro Imperio, se ve coronado emperador en Viena. Los españoles de uno y otro bando, del Reino de Castilla, Aragón, o Navarra, resultaron los perdedores, tal como ocurre en cualquier guerra, especialmente cuando la guerra es civil.

El centralismo borbónico de corte francés llegó a España y, desde entonces, el absolutismo campó a sus anchas por España. La Corona y sus nuevos funcionarios se encargan directamente de lo que antes hacían poderes dispersos sometidos a estatutos y fueros de lo más diverso.

Los Decretos de Nueva Planta acabaron con las instituciones propias de los Reinos de Aragón, Valencia, Mallorca y el Principado de Cataluña. Se acabaron los estados que se aglutinaban bajo la Corona de Aragón. La Diada del 11-S en Cataluña tiene su origen en aquella derrota final de un Emperador austriaco y la caída de Barcelona en manos del primer Borbón, tras más de un año de heroica resistencia.

Acabó el periodo vacacional. Los políticos desaparecidos vuelven a reaparecer sin dar muestra alguna de haber aprovechado el descanso para resituar sus posiciones. Ni en la derecha, ni en la izquierda, parece que hayamos avanzado un ápice en restablecer un mínimo de eso que denominan el sentido de Estado que permita formar un gobierno que evite una nueva convocatoria de elecciones. Es como si todos se encontraran en funciones, afrontando los prolegómenos de una nueva cita electoral.

Hablan de España. Opinan sobre jubilaciones, peroran sobre los autónomos, disertan sobre el desempleo, profieren sentencias sobre los refugiados y los inmigrantes, negocian ministerios, comentan los asuntos sucios de los demás, ocultan los turbios negocios propios. Saben de todo. De todo opinan. De todo, menos de la formación. La formación ha perdido fuelle, pié, interés en el debate político. Hasta el Ministerio de Educación, el mismo que ocuparon ministros como Marcelino Domingo, Joaquín Ruiz-Jiménez, Fernando de los Ríos, Salvador de Madariaga, o Alfredo Pérez Rubalcaba, parece tener poco rédito político.

Cuando haya un Gobierno, cualquiera que sea su signo político final, presagio que sus responsables comenzarán diciendo que en la formación se encuentra el futuro del empleo en nuestro país.  No les faltará razón, aunque todos sabremos que se tratará tan sólo una cortina de humo para ganar tiempo hasta que los verdaderos negocios de la política comiencen a funcionar.

Algún medio de comunicación se ha hecho eco de un estudio sobre vulnerabilidad en los distritos y barrios de Madrid, elaborado por las universidades Carlos III y Complutense para el anterior equipo de gobierno del Ayuntamiento de Madrid. El Informe estaba destinado a determinar qué barrios debían ser perceptores de más fondos municipales destinados al reequilibrio territorial y nació con vocación de actualizarse anualmente.

El Indice de Vulnerabilidad no hace sólo referencia a las rentas personales o familiares, sino a otros muchos factores que tienen que ver con el empleo, las condiciones de la vivienda, los niveles educativos, hábitos culturales, el abandono educativo temprano, los hábitos de salud, las enfermedades, o la esperanza de vida. La existencia de espacios verdes, instalaciones deportivas o culturales, molestias por ruidos, botellones, delincuencia y otros muchos indicadores como los perceptores de ayudas sociales, renta mínima, pensiones.

Los datos del estudio publicado en la página del Ayuntamiento aparecen desagregados barrio a barrio y vienen a confirmar que vivimos en un Madrid cada vez más desequilibrado, fracturado, segmentado. Es de agradecer que para hablar de pobreza, marginación, vulnerabilidad, no se tomen en cuenta exclusivamente factores económicos y monetarios. Existen lugares que, no siendo los más pobres económicamente, reúnen todas las condiciones para encabezar el ranking de vulnerabilidad. Es el caso de barrios como San Diego, en Vallecas, aunque en general la mayor pobreza económica viene acompañada de mayor vulnerabilidad, como ocurre en el caso de San Cristobal o de Villaverde Alto.

El Madrid que dibuja el estudio no está partido en dos entre el Norte y el Sur, sino más bien por una raya que separa el Noroeste, del Sureste, bordeando la capital por debajo de la M-30. Así, los barrios de los Distritos de Latina, Carabanchel, Villaverde, Usera, Vallecas, San Blas, Hortaleza o Vicálvaro, se encuentran entre los más vulnerables. En general, con algunas excepciones, los barrios situados al Noroeste se encuentran en la media, o por encima de ella.

Una de esas excepciones la encontramos en barrios como Bellas Vistas, Berruguete, Valdeacederas, o Almenara. Situados en las proximidades de Cuatro Caminos, aparecen como islas de vulnerabilidad en el Distrito de Tetuán. Una situación que viene al pelo para impulsar operaciones como las de Chamartín, o el Paseo de la Dirección, que actúen como tenazas para expulsar a  la población más vulnerable y atraer a población mejor situada económicamente.

Algo tendrán que ver con ello los aumentos de las casas de apuestas, o el abandono de inversiones, que denuncian sistemáticamente los vecinos de la zona y sus asociaciones ciudadanas. Algo tendrán que ver los anuncios de nuevas promociones de viviendas de lujo en las inmediaciones. Los pelotazos urbanísticos siempre han sido el primer motor económico de Madrid, desgraciadamente.

La política sólo tiene sentido si hace posible que la libertad de unos pocos no impere sobre la libertad de todas y todos y si contribuye a asegurar la igualdad en el acceso a los derechos fundamentales de cada persona. Me refiero a la seguridad, la salud, la educación, la vivienda, las pensiones, la atención a la dependencia, los servicios sociales, la cultura, la justicia, o el transporte público. Son esas pequeñas cosas las que nos hacen seguir pensando que la política merece la pena porque nos hace libres e iguales.

Es el reto de todos nuestros políticos y políticas. También el combate que deben librar en el ayuntamiento de Madrid, pertenezcan al partido que pertenezcan.

Pedro y Pablo,

Estamos apurando los días en los que debe resolverse la negociación que podría conducir a la constitución de un gobierno de progreso encabezado por el PSOE, con el apoyo, la coalición, la cooperación, o bajo la fórmula que determinéis, de Unidas Podemos.

Siempre pensé que las reticencias, dimes y diretes, idas y venidas que se producían en la primera y fracasada negociación, iban a conducir a un acuerdo en el último momento. Me equivoqué. No pretendo ahora juzgar lo ocurrido, ni apuntar culpables del desacuerdo. No creo que hacerlo aportase gran cosa al momento presente. Muy al contrario.

Os aseguro que si optáis por una coalición, una cooperación, una vía portuguesa, italiana, o una tercera, cuarta, o exótica vía, no os juzgaremos por ello. Entenderemos que ha sido el acuerdo posible y nos daremos por satisfechos, siempre que el resultado sea un compromiso que permita abordar los problemas que han empeorado nuestras condiciones y expectativas de vida a lo largo de los últimos años, especialmente desde el año 2008, cuando se desencadenó la crisis financiera mundial, que condujo a una crisis económica, de empleo, política y social sin precedentes, con consecuencias desastrosas en forma de pérdida de derechos.

Los secretarios generales de los principales sindicatos del país, UGT y CCOO, acaban de publicar un artículo, precedido por numerosas declaraciones, en el que llaman al acuerdo entre vosotros dos. Las trabajadoras y trabajadores de la cultura vuelven a presentar un Manifiesto, escueto, pero muy claro, en el que se dirigen al Presidente del Gobierno en funciones y al Secretario General de Unidas Podemos, en el que insisten en la misma reclamación.

Es extraño este mundo en el que nos ha tocado vivir. Se acabaron las vacaciones, volvemos a la rutina, a los colegios de los niños, al trabajo imprescindible y rutinario, al  estudio necesario y anodino. A la charla de café, de banco en el parque, de barra de bar. Al debate político en bucle. Al supermercado atestado. Al cotilleo tertuliano de los muertos y los vivos.

Cada cual desgrana sus preocupaciones, exhibe su plumaje, oculta sus miserias. En una de esas, un compañero de trabajo nos cuenta lo preocupante que es que millones de árboles estén ardiendo en Brasil. Comparte con nosotros la conciencia (tal vez aprendida en la televisión) de que ese pulmón planetario que es la Selva Amazónica no debe desaparecer, al menos si queremos que la vida en el planeta tenga una oportunidad.

A continuación nos cuenta sus vacaciones de nueve días, ocho noches, en un lejano país a 10.000 km de distancia. Las decenas de horas de vuelo, los exóticos paisajes, las sorprendentes comidas y los insólitos y afables habitantes que deambulan buscándose la vida por aquellos parajes.

Son charlas de café. Pero si lo piensas un poco, tan sólo ese viajero de avión, que ha recorrido algo así como 20.000 km en su ida y vuelta, ha terminado emitiendo más de 250 gramos de CO2 por cada kilómetro recorrido. La cantidad resultante, sin tomar en cuenta el resto de contaminantes emitidos por el avión, me parece desproporcionada para un solo viajero, pero esas son las cifras que publican los organismos internacionales.

La dimensión del problema medioambiental es tan grande, sobrepasa de tal manera nuestra capacidad de comprensión, al tiempo que somos conscientes de que algo grave está pasando en el planeta, que tendemos a buscar responsabilidades, a ser posible lo más lejos que podamos de nosotros. En el Amazonas, por ejemplo.

Recibo una notificación, a través de una de esas redes sociales en las que conocemos gente a la que calificamos como amigos, seguidores, seguidos, o simplemente contactos. Viene a decir, con toda sinceridad, Alguna vez, alguna buena noticia: Aguirre, Cifuentes, imputadas: En la trama Púnica del PP de Madrid, Falsedad Documental, Prevaricación, Cohecho, Blanqueo de capitales, Falsedad electoral, Tráfico de influencias, Apropiación indebida. Y concluye de forma lapidaria y tajante: El Trifachito es su heredero en Madrid.

No soy de los que se alegra con las desgracias ajenas, aunque los ajenos en cuestión sean personas a las que no concedo crédito político alguno. Tampoco creo que sea buena la noticia el hecho de que una parte de nuestra clase política haya convertido su actividad pública, como representantes de la ciudadanía, en un negocio personal, a costa de los bienes y recursos que son de todas y de todos.

Creo, como Rufián, que es probable que el delito de Cifuentes consista en haber mirado para otro lado. Es útil, para cualquier carrera política, hacer la vista gorda y no querer ver ese cáncer de la corrupción que crece siempre que dejamos de vigilar y controlar la limpieza y la transparencia de cuantos manejan recursos públicos, o privados. A veces tiene un duro coste. La mayoría de las veces un correlato de gratificaciones y premios.

Tras el fracaso de Pedro Sánchez en la investidura, el Presidente en funciones se ha tomado con tranquilidad el verano, entretenido en mantener reuniones con eso que llaman sociedad civil, disfrutar unos días de vacaciones, o realizar la obligada visita al incendio de Gran Canaria, mientras ha dejado el espinoso asunto del Open Arms en manos de sus ministras de confianza.

Parece que apurará el tiempo hasta principios de septiembre para comenzar los contactos con el resto de partidos políticos, presentándose ante ellos con un proyecto político que se supone ha elaborado sobre las propuestas de las organizaciones sociales, empresariales y sindicales con las que se ha ido reuniendo.

El plazo se agota para obtener, por activa o pasiva, el beneplácito para presidir el gobierno. Acaba, al parecer,  el mismo día en que comienza el otoño, el 23 de septiembre y no parece que ni en el PSOE, ni en su izquierda, ni su derecha, las posiciones hayan variado mucho durante el reposo veraniego.

Como ya me equivoqué al pensar que todas las negociaciones, encuentros y desencuentros previos, entre los de Sánchez y los de Iglesias, eran pura esgrima política para justificar ante sus bases un inevitable acuerdo, pienso ahora que las cosas y las personas son lo que parecen y puede terminar pasando cualquier cosa.

Acaba de constituirse el nuevo gobierno de la Comunidad de Madrid repitiendo el formato ya ensayado en otras comunidades y ayuntamientos: Un bipartito ultraconservador y ultraliberal, con apoyo de los ultraderechistas. Si alguien pensaba en un cambio de políticas, derivado de las transformaciones que se han producido en la partitocracia nacional, parece que se ha equivocado.

Los consejeros designados por la nueva Presidenta, todos y cada uno de ellos, podrían formar parte de cualquier gobierno anterior del PP. De hecho, algunos de los designados como consejeros ya lo habían sido anteriormente, o formaban parte del ardoroso proyecto político del aguirrismo. Otros proceden del transfuguismo hacia Ciudadanos, o de los cuarteles de invierno de las huestes de Aznar.

No conviene olvidar que el propio líder nacional, Pablo Casado, representa la refundación del aznarismo, forjado políticamente en el charco de ranas de Aguirre.  Un gobierno, por cierto, en el que las mujeres ocupan tan sólo tres de las trece consejerías. Toda una señal.

No sé muy bien si estamos ante la última bocanada de la vieja política, o ante un nuevo ejercicio de gatopardismo encaminado a dar la apariencia de que todo cambia para que todo siga igual. Se me ocurre que quien más tiene que perder en este juego es Ciudadanos que, tras abandonar sus posiciones liberales y centristas, queda convertido en muleta útil de una derecha recauchutada que gobernará sometida a los caprichos de una ultraderecha sin cuyo apoyo ningún proyecto saldrá adelante.

Me entero, viendo los programas de verano, de que Greta Thumberg, la activista  sueca de 16 años, emprende un viaje en barco desde el puerto de Plymouth hasta Nueva York para participar allí en algunas actividades para combatir el cambio climático.

El hecho de viajar en las condiciones más básicas, en un barco velero que minimiza la contaminación y las emisiones de CO2, provoca las más diversas reacciones y llama mi atención. Aceptamos las cosas como nos vienen dadas y no nos paramos a pensar las consecuencias de nuestros actos más sencillos, como elegir el modo de transporte que elegimos para viajar. Me pongo a viajar por internet.

Me entero de que casi 12 millones de personas toman el avión cada día. El 20 por ciento de ellos se desplazan en vuelos de larga distancia. Estamos hablando de casi 4.400 millones de personas volando al año. Y en otro lugar encuentro que cada persona que se desplaza en un avión medio de unas 90 plazas emite unos 280 gramos de CO2 por cada kilómetro que recorre.

La cifra que me sale, si multiplico los gramos de CO2 por el número de pasajeros y el número de kilómetros recorridos al año en avión, me resulta estratosférica, muy lejos de mi capacidad para asimilarla y eso que no me meto en vuelos militares, de transportes de mercancías, o vuelos en jet privado. Sobre todo cuando me entero de que un solo pasajero en un coche emite la mitad; en una moto, o en un autobús menos de un tercio y en un tren con 150 pasajeros esas emisiones bajan a 14 gramos por persona y kilómetro.

13 Sep, 2019

Morir en agosto

El verano produce sequía de noticias. Alguna cadena televisiva nacional ha retransmitido en directo el debate de investidura en la Comunidad de Madrid, que en cualquier otra circunstancia no habría dado para tanto. Los noticiarios se llenan de olas de calor, asesinatos machistas, maltrato animal, rescates de inmigrantes y refugiados en el Mediterráneo, fuegos intencionados, o accidentales y alertas sanitarias por intoxicaciones veraniegas.

Los tertulianos de guardia parecen saber de todo esto y vierten osadas opiniones sobre una audiencia disminuida y más difícil de distraer. Los políticos de turno aprovechan para cameos sobre cualquier asunto. También las personas mayores se convierten en ocasional y desgraciada noticia por fallecimientos a causa de golpes de calor, o del abandono en la soledad de sus domicilios.

Hoy en día, en verano, se muere de otra manera que cuando hace años escribí aquel cuento al que titulé Morir en agosto. En nuestro país, casi 9 millones de personas superan la edad de 65 años. De estas personas 4´7 millones viven solas y más de 850.000 tienen más de 80 años. Siete de cada diez son mujeres. Una situación que requeriría mucha más atención en los discursos de investidura, en los debates sociales y en las tertulias.

Un perro abandonado en una gasolinera puede convertirse en viral y ciertamente es indignante, pero una persona que muere sola, merece mucho menos interés y preocupación, tal vez porque el hecho se produce en la intimidad del hogar y no hay ningún youtuber, móvil en mano para subirlo a las redes. Una viejecita sola, en su sillón, frente a un televisor, durante horas y horas, mientras el agobiante calor y la muerte la acorralan, tiene pocas posibilidades de convertirse en noticia.

Poco podía pensar, hace medio año, cuando escribí un artículo con motivo de la entrega del Premio Abogados de Atocha a nuestros cantautores, aquellos que defendieron la libertad en la negra dictadura franquista, que iba a tener que volver sobre el asunto. Luís Pastor, uno de los cantautores que recogió el galardón, ha sido sometido a la censura, la suspensión y la prohibición de un concierto, por parte de los nuevos gobernantes de la capital.

No es la primera vez que ocurre algo así en los últimos tiempos. Ya ocurrió con César Strawberry, el cantante del grupo Def Con Dos y ahora vuelve a ocurrir con Luís Pastor y su hijo Pedro, entre el silencio del “popular” alcalde, el pio-pío que yo no he sido de la ciudadana vicealcaldesa, el mirar para otro lado de la concejala de Cultura y el aplauso de la ultraderecha rampante y enaltecida. Todo ello viene a poner de relieve quién va a mandar de verdad en Madrid durante los próximos cuatro años.

La reacción de los tertulianos de la derecha, los creadores de tendencia a sueldo de los poderosos, esos mismos que defienden el pelotazo inmobiliario en Chamartín, al tiempo que la libre contaminación en Madrid Central, no puede ser más estrambótica.

Justifican la prohibición del concierto de Strawberry, no en función del grupo musical, sino en base a una sentencia del Supremo, que revisa el archivo anterior de la causa por parte de la Audiencia y le condena a un año de prisión por enaltecimiento del terrorismo. Una sentencia, por cierto, pendiente de los tribunales de Derechos Humanos y cuestionada por Amnistía Internacional como una vulneración más de la libertad de expresión en España.

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