11 Mar, 2013

11 DE MARZO, MADRID LLOVIÓ LÁGRIMAS

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Han pasado nueve años. Estos días llueve en Madrid. Pero aquel 12 de Marzo será para siempre recordado por el tumulto de llanto convertido en lluvia sobre la manifestación de dolor y repulsa por los atentados del día anterior. En Madrid no llueve, Madrid llora. Y con Madrid, toda España. Se ha estimado que más de 12 millones de personas salieron a las calles de las ciudades. La más impresionante demostración de repulsa y dolor que hayamos vivido los ciudadanos y ciudadanas de este lugar al que llamamos España
Desde los bombardeos de la Guerra Civil sobre ciudades como Guernica o Madrid, no habíamos sufrido un golpe tan brutal, injustificable y desproporcionado, como el de aquella mañana del 11M, cuando los trenes de cercanías que viajaban hacia Madrid explotaron destrozando las vidas de miles de familias. Mujeres y hombres, jóvenes, estudiantes, trabajadoras y trabajadores, enfermos camino de un centro sanitario, extranjeros y nacidos en este país.
Madrid quedó sumido en un silencio desolado. Hemos vivido atentados y tragedias muy dolorosos, pero este golpe incomprensible y demoledor dejó un Madrid como sonado. Vagando sobre sí mismo.
Primero fue la radio, dando cuenta de explosiones en los trenes de cercanías. Luego,las brutales imágenes. Más tarde las noticias de personas cercanas que recorrían hospitales, que esperaban en el IFEMA, noticias sobre familiares desaparecidos. Pilar Manjón, compañera de la Comisión Ejecutiva de CCOO de Madrid, buscaba a su hijo Daniel Paz Manjón, que venía a estudiar en el INEF en uno de esos trenes, cada día. Rodolfo Benito, mi antecesor en el cargo de Secretario General de CCOO de Madrid, miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal, buscando a su sobrino Rodolfo Benito Samaniego, ingeniero de 27 años, brillante estudiante y con un brillante futuro por delante.
Eran trabajadores y trabajadoras, hijos de trabajadores y trabajadoras, los que venían en esos trenes. Conocíamos a muchos de ellos. Eran los mismos que habían salido a las calles a rechazar la guerra de Irak. Los que gritaban ¡No a la guerra!
Y entonces, los Heraldos Negros que nos manda la Muerte, abrieron zanjas oscuras en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte. El poema de César Vallejo se me vino encima como una oración, un grito contra ese golpe como del odio de Dios, contra esa resaca de todo lo sufrido empozada en el alma de toda una ciudad. Aquel día Madrid era Bagdad. Dos capitales asoladas por los bárbaros Atilas del poder, el dinero, la ambición, la Muerte.
El 12 de Marzo, Madrid hizo llover lágrimas sobre las calles inundadas de personas que reclamaban la verdad. Personas que rechazaban la violencia, que exigían de nuevo La Paz. Que buscaban el consuelo de llorar unidos bajo la lluvia. Que cada dolor formaba parte de un mismo e inmenso dolor.
Desde entonces, cada 11 de Marzo, hemos huido de los actos oficiales. Hemos depositado flores en las estaciones, en la estación de Atocha. Convocados por la Asociación 11M Afectados del Terrorismo, la Unión de Actores, UGT, CCOO. Hemos pronunciado un puñado de palabras: Recuerdo, memoria, justicia, Paz, muerte, vida, verdad, trenes, libertad, madres, hijo, dolor. Pocas veces estas palabras, tan manidas y ensuciadas por algunos, han encontrado tanta lucha por la vida en la que encarnarse.
Hubo un antes y un después del 11M. La joven democracia española perdió su edad de la inocencia en aquellos trenes. Afrontó la ineludible necesidad de que la palabra, la pronuncie quien la pronuncie. sea una fiel voluntad de realidad. Decir justicia es un compromiso con la justicia. Decir libertad es remover las trabas para ser libres, todos. Decir verdad es renunciar al engaño, el disimulo, la propaganda. Decir democracia es escuchar a la gente, sus problemas, pensar en las personas en cada acto político. Promover la participación individual y de las organizaciones que las personas crean. Eso y no otra cosa es lo que reclamaba esa gente, en las calles, al Presidente elegido el 14M. No nos falles. No nos mientas.
Han pasado nueve años. Volvemos a Atocha. Durante los últimos ocho años, como Secretario General de CCOO de Madrid he pronunciado unas breves palabras y he depositado claveles rojos en la estación de Atocha, junto a Pilar Manjón, Jose Ricardo Martínez, Jorge Bosso, Vicente Cuesta. Este año lo hace Jaime Cedrún, como Secretario General de las CCOO de Madrid, elegido en Enero.
Volveré a Atocha, como cientos de personas, a re-sentir el horror que se instaló en nuestras vidas. A recordar a las víctimas a las que lloró Madrid bajo la lluvia. A reclamar el derecho a vivir en paz, con justicia, en libertad y democracia. A reivindicar el valor de la palabra. A abrazar a Pilar Manjón y sentir en ese abrazo el latido de su hijo y su amor a la vida, digna y decente.

Francisco Javier López Martín
Secretario de Formación de CCOO

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