8 Dic, 2017

40 Años de CCOO en la Enseñanza

Es bien sabido que veinte años son nada. Al principio piensas que es sólo una canción. Según cumples años y te das cuenta de que la canción no tiene desperdicio. Pero cuarenta años… Cuarenta años son toda una vida en la mayoría de los países de este planeta y la mitad de la vida tan sólo en unos pocos.

Me cuenta Isabel Galvín, la Secretaria de la Federación de Enseñanza de CCOO de Madrid, que la organización cumple 40 años y que han decidido celebrarlo en el marco del Forum de la Enseñanza, que ya va por su XVI edición y cuyo lema es este año Más Educación, Más Libertad.

Cuarenta años, de los cuales me he perdido cinco. El primero de ellos, el de 1977, en el que, recién titulado, ejercí como profesor en la enseñanza privada, en un centro religioso y, en aquellos años, el sindicalismo en general y el de clase, en particular, no estaban demasiado bien vistos en esos centros.

Los otros cuatro, ya en la enseñanza pública, me los pasé en la CNT. Es una larga historia y llevaría tiempo, contar esta peripecia. Prometo hacerlo en otro momento. Y que nadie lo entienda en dobles, o triples sentidos. Me siento orgulloso, no me arrepiento de aquellos años.

El caso es que yo trabajaba en Villaverde, mi barrio. El sindicalismo comenzaba a caminar en libertad en todo el país y también en los centros educativos, pero los sindicalistas entre el profesorado eran pocos. Hacer crecer la afiliación sindical ha sido una tarea larga y un ejercicio de constancia.

En el Villaverde de aquellos años, quienes andaban metidos en las Asociaciones de Vecinos y echaban una mano para mejorar los colegios, eran mayoritariamente de CCOO. Quienes se implicaban, desde las familias, en las Asociaciones de Padres (aún no se denominaban de Madres), eran también mayoritariamente de CCOO. De las CCOO y, muchos de ellos y ellas, del PCE.

Si había manifestación para exigir soluciones a los problemas de vivienda, o para las continuas inundaciones que las lluvias producían, allí estaban ellos. Y si había una huelga en alguna de las fábricas que circundaban Villaverde, allí, acampados en las puertas, estaban los de CCOO. Alguna noche de Navidad he pasado acampado ante esas puertas de Barreiros, junto a los bidones cargados de traviesas ardiendo, guitarra en mano.

Si había que informar al profesorado de los salarios, las pensiones que iban a cobrar, las continuar reformas retributivas y de las condiciones de trabajo que se producían, tenía que copiar las meticulosas tablas de CCOO, que, sin excel ni nada, elaboraba Cándido, director en el colegio Velázquez de Orcasitas. Y si me embarcaba en un proyecto de innovación pedagógica y “renovación educativa”, tenía que irme al colegio República de El Salvador, de la Ciudad de los Angeles, por la zona del Cruce, donde trabajaban Pepa y Pilar, de CCOO, por supuesto.

No tenía mucha escapatoria. Así que una buena tarde, calurosa y soleada de julio del 82 crucé la calle y pedí a Ramiro que me hiciera el carnet del PCE. Ese mismo verano me trasladaron como maestro a Ubrique y allí, entre petaqueros, y albañiles (también mayoritariamente de CCOO), pedí el carnet del sindicato. Y ahí sigo. En CCOO, quiero decir.

Cuando volví a Madrid (para mejor ocasión quedan las andanzas en la serranía gaditana), me destinaron a un colegio de Leganés, el Severo Ochoa de Zarzaquemada. Allí viví mi primera huelga general, la de las pensiones de 1985. Ya ves, nos parecía un retroceso tremendo aquello que hoy nos parecería un logro.

CCOO de Enseñanza estaba en la calle Salitre. Un joven Miguel Escalera era el Secretario General y otro joven, Teo, tendió los cables para que abandonase la dirección del colegio y fuera uno de los primeros 5 “liberados” que tuvimos en Madrid.

Teo moriría joven, tras una larga, honesta e intensa trayectoria sindical y Miguel, tras hacerse cargo, durante cuatro años, de la Secretaría de Formación y Cultura de la Confederación de CCOO, moriría en Córdoba con 43 años. Uno de esos jodidos cánceres que se muestran tan agresivos con los jóvenes. Quién me iba a decir que, pasados los años, tomaría el relevo de Miguel, en su misma Secretaría de Formación y que presidiría la Fundación de Formación y Empleo que lleva su nombre (FOREM Miguel Escalera).

No cabrían aquí los nombres de aquellas personas con las que he compartido debates, manifestaciones, elaboración de propuestas, negociaciones, huelgas como aquella del 88, que duró casi un mes… No habría espacio suficiente en muchos artículos para hablar de los Cecilio, Pío, Agustín, Timoteo, Pamela, Salce, Joaquín, Atauri, Concha, Rafa, Paco, Blanca, Jaime, Isabel, y otros muchos, con los que he tenido el placer de construir sindicalismo, junto a los ya reseñados anteriormente.

Junto a ellas y ellos comprendí que había una cantera de profesionales de la enseñanza capaces de tomar el relevo de la Escuela Nueva, la Escuela Racionalista, o la Institución Libre de Enseñanza. Junto a ellos y ellas he comprobado siempre que eso del “carácter” sociopolítico de CCOO nos permitía concebir un sindicalismo (que Marcelino gustaba llamar “de nuevo tipo”) cuyas reivindicaciones profesionales se entendían siempre vinculadas a la mejora de la educación y el avance democrático de nuestro país.

En el programa del Forum, que me envía Isabel, figuran temas como Nosotros y los otros: La educación, pasaporte a la ciudadanía. El neoliberalismo en educación: desigualdad, desequilibrio, fragmentación y soledad. La educación inclusiva: más educación para tod@s y de to@s. La educación que queremos: reivindicando la pedagogía. En la introducción al programa queda clara la confianza en la educación como motor del cambio, del bienestar y de la transformación social.

Cuarenta años. Se dice pronto. Toda mi vida adulta, imposible de resumir en un par de páginas. Pero que merecen ser recordados, celebrados, conmemorados, pensados, debatidos y contados. Porque mientras no olvidemos a esas personas, su trabajo, su esfuerzo, su sensibilidad y coherencia, podremos aprender de su experiencia y de su capacidad de interpretar el mundo y aplicar su magisterio para transformarlo.

Gracias por todos estos años y por los que seguiréis cumpliendo  enseñándonos a vivir con dignidad y con decencia.

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