11 Jun, 2019

Yo voto Formación Permanente

No es la primera vez que lo digo en un artículo. Llama la atención que la educación en general y la formación de los trabajadores y trabajadoras, en particular, sean relegados a un segundo plano en el debate electoral. El empleo, la vivienda, los transportes, las políticas sociales, la igualdad, la inmigración, la sanidad, los impuestos, entre otros temas, copan el debate.

La educación parece que sólo interesa para valorar cuánto dinero tiene que ir hacia la enseñanza concertada. Y, sin embargo, la educación de las personas es mucho más importante que eso. La Formación de las personas es el primer paso para asegurar la igualdad. Sin igualdad no habrá libertad real y la ninguna de las dos será posible si no empezamos por la educación.

Vamos hacia un mundo en el que una parte importante de los trabajos van a exigir mayor autonomía de las personas, un mayor empleo de las Técnicas de Información y Comunicación, menos rutina y más habilidades sociales. En definitiva, menos esfuerzo físico y más desarrollo intelectual.

No me engaño. Junto a esas nuevas competencias, seguirán existiendo muchos trabajos monótonos, poco cualificados, y mal pagados. El mercado de trabajo va a polarizarse entre empleos que exigirán alta y baja cualificación. La población en edad de trabajar va a aumentar en toda Europa y también lo hará el número de empleos necesarios. Ocurrirá que el empleo será muy distinto, entre otras cosas porque la distribución mundial del trabajo y en la propia Unión Europea, ha sufrido profundas transformaciones.

La producción de bienes vive procesos de automatización y robotización que parece que apuntan hacia la pérdida de empleos. Sin embargo no ocurrirá lo mismo con sectores productivos que incorporen alto valor añadido, como puede ser el caso de vehículos, o  equipos eléctricos.

Los servicios parece que protagonizarán los mayores crecimientos del empleo. La comercialización, la distribución, el diseño, la investigación, la publicidad, los analisis de mercado. Pero también otros servicios más tradicionales como los jurídicos, fiscales, asesorías, administración, o el turismo.

Según las previsiones, serán empleos que exigen alta y baja cualificación los que más se expandirán, mientras que los niveles medios, entre los que destacan trabajadores manuales, o administrativos, sufrirán más el estancamiento, lo cual vuelve a poner sobre la mesa el aumento de los riesgos de polarización. Dicho de otra manera, serán los empleos que menos trabajo rutinario requieran, los menos afectados por la automatización, los que mejor sobrevivirán, o los que se desarrollen en el futuro inmediato.

Los cambios tecnológicos que se están produciendo, el proceso de jubilación de generaciones con alta población, como la del baby boom, las nuevas formas de trabajo y de relaciones laborales, generarán una renovación de plantillas. Incluso en sectores como la agricultura, la pesca, o la silvicultura, se crearán puestos de trabajo, se rejuvenecerán las plantillas y se exigirán mayores competencias y cualificación.

Para atender esta demanda, nos encontramos con una población joven en la que conviven altos niveles de formación universitaria,  o con muy bajos niveles formativos, procedentes del fracaso escolar y el abandono temprano de la educación. Esto producirá que trabajadores jóvenes, altamente cualificados, terminen ocupando puestos de trabajo de nivel inferior. Es lo que llaman sobrecualificación, o inflación de títulos.

En cualquier caso vamos a necesitar ofrecer a nuestra juventud, horizontes de vida y trabajo aceptables, cuidar a las familias, fomentar las ayudas a la natalidad y combinarlas con una inteligente política de inmigración, interior y exterior, para cubrir las nuevas necesidades de empleo, que exigirán cada vez menos fuerza bruta y más habilidades sociales e intelectuales.

Las políticas de empleo, la formación permanente de personas adultas, la promoción y mayor cualificación de las personas con niveles formativos bajos y medios, deben asegurar el progreso de sus futuras carreras profesionales, evitando fracturas sociales.

El empleo, la formación, las políticas sociales, van a ser la clave para evitar el aumento de las desigualdades y las diferencias cada vez mayores entre ricos y pobres. Por eso llama la atención que nuestros políticos sigan viviendo en su mundo de banderas, confrontaciones y postureos, mientras se olvidan de las necesidades reales de las personas, que tienen que ver con el gobierno de los cambios globales que se producen de forma incesante. Unas transformaciones que pueden jugar a favor de la igualdad y la libertad, o todo lo contrario. De nuestro voto depende.

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