28 Jul, 2020

Aprender a cambiar en tiempos de pandemia

La Inteligencia Artificial (IA) amenazaba con cambiar radicalmente los puestos de trabajo y la formación requerida por los trabajadores para desempeñarlos. El coronavirus ha supuesto la constatación definitiva de esta nueva realidad. Una buena parte de los trabajos han pasado a ser desempeñados de forma completamente distinta y los trabajadores y trabajadoras han tenido que aprender rápidamente y de forma autodidacta en muchas ocasiones.

Un buen ejemplo de esta situación ha sido el de los profesionales de la enseñanza y sus alumnos y alumnas. En el caso del profesorado porque ha tenido que adaptarse aceleradamente a dar clases no presenciales utilizando aplicaciones desconocidas hasta entonces y aprendiendo a motivar, impartir clases, preparar ejercicios, corregirlos y evaluar en la distancia y sin haber sido entrenados para ello. Los alumnos y alumnas porque (salvo aquellos que utilizaban medios informáticos en algunas asignaturas casi como un experimento) han pasado de los videojuegos a un proceso de estudio ordenado y sistemático online.

La innovación acelerada y los anuncios de cambios irreversibles que nos parecían de película futurista se han colado de golpe en nuestras vidas. Nos anunciaban que los perfiles de trabajadores más buscados serían pronto los que se encontrasen mejor preparados para adaptarse a los cambios. La pandemia ha venido a demostrar la verdad que se ocultaba tras esa afirmación repetitiva que nos parecía algo caprichosa.

Ha quedado claro que no se trataba sólo de las personas, sino de la capacidad de las empresas, de la política, de las organizaciones, para adaptarse a nuevas situaciones, cambios de métodos y procedimientos, capacidades que no fueron tan siquiera previstas en la formación inicial de las personas, o en los procesos y momentos fundacionales de las organizaciones.

Para muchos trabajadores y trabajadoras gestionar y gobernar el proceso de adquisición de conocimientos, capacidades, cualificación, experiencia profesional, trazar objetivos futuros, plantearse metas (eso que se ha denominado la creación de un portafolio profesional, o professional development portfolio) requeriría la utilización de herramientas para las que no se han preparado.

Es verdad que existen servicios en línea, plataformas que ayudan a elaborar un portfolio, manejando motores de búsqueda. Existen muchos de estos servicios, pero hasta elegir el que mejor se adapta a tus necesidades requiere habilidades aprendidas.

Por eso los servicios personales de asistencia a las personas que trabajan, o que buscan empleo, son esenciales y permiten decidir cuáles son los mejores canales, los más adaptados a cada persona. Los profesionales de la orientación deben estar en condiciones de ayudar a elegir las plataformas, las herramientas digitales, redes sociales, chats, foros, servicios de mensajes, o correos electrónicos que mejor responden a la formación y la preparación de cada persona.

Y junto a la utilización de plataformas, Técnicas de Información y Comunicación (TIC), o Servicios Profesionales personalizados, cada vez será más esencial conectar bien los servicios digitales para el empleo con los ámbitos más cercanos a los trabajadores y trabajadoras.

Será en los espacios locales donde las empresas, los trabajadores y sus organizaciones sindicales, los servicios públicos de empleo puedan utilizar la información sobre necesidades, cualificaciones, experiencias laborales disponibles, necesidades reales de empleo.

Y serán los profesores, los formadores, orientadores laborales, representantes sindicales, empresarios, responsables de las diferentes administraciones, o de colectivos con necesidades específicas, los que deberán organizar la prestación de servicios de empleo dirigidos a jóvenes, adultos, estudiantes de secundaria, o de universidades.

En general, las mejores experiencias proceden de países en los que se ponen en marcha servicios, plataformas públicas y experiencias que permiten utilizar las nuevas tecnologías para ayudar a las personas desde sus procesos formativas iniciales, hasta quienes cuentan con largas trayectorias laborales a diseñar, o reorientar, sus carreras profesionales y poner en contacto esos portafolios laborales con las necesidades de las empresas en los ámbitos locales más cercanos.

España cuenta con un buen servicio público para contar parados y pagar prestaciones por desempleo, pero que deja mucho que desear en su capacidad de ayudar a encontrar un empleo a quienes lo buscan por primera vez, lo han perdido, o quieren cambiar de profesión.

Hay suficientes experiencias disponibles en el ámbito europeo, así como algunas experiencias autonómicas y locales que comienzan a trabajar en nuevas lógicas. La propia pandemia nos ha situado ante nuestras insuficiencias, ineficiencias y problemas, pero ya es hora de trabajar y aplicar esa tan cacareada capacidad de adaptación para ayudar a las personas. Tenemos los medios, hasta ahora no hemos tenido esa voluntad cada vez más necesaria.

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