29 Oct, 2019

Carta abierta a Isabel Díaz Ayuso

Isabel,

He decidido escribir esta carta cuando te me has cruzado en el Parlamento Regional con una respuesta aparatosa, desmedida, injusta y descortés, como poco. No era necesario sacar pecho de esta manera para contestar a la ultraderecha regional que te preguntaba por tu silencio ante la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica y la sentencia del Tribunal Supremo sobre la exhumación de los restos del Dictador.

Atribuiste a Pedro Sánchez y a una supuesta hoja de ruta de la izquierda el que hablemos, en estos momentos, de la memoria y de la salida del tirano de su tumba en el Valle de los Caídos. Según tú, las izquierdas andan empeñadas en acabar con la Transición, la Corona, la Constitución, la unidad de España, la fortaleza de las instituciones y la convivencia entre los españoles. Se me antojan demasiadas tareas simultáneas para una izquierda tan fracturada.

Es entonces cuando soltaste la injusta frase, A mí me espanta la Ley de Memoria Histórica. Te quedaste tan fresca, tras leer aplicadamente los apuntes del papelito que llevabas entre las manos. Y no contenta seguiste leyendo, ¿Será lo siguiente la Cruz del Valle, todo el Valle, las parroquias del barrio arderán como en el 36? Sin emoción alguna, como recitando en clase un texto que no habías escrito, como una niña buena a la que le obligan a leer un párrafo poseído de Regan McNeil en El Exorcista.

Pero tú no eres una niña. A mediados de mes, si no falla la Wikipedia, cumples años. Pese a tu estilo personal de princesita de cuento hace ya mucho tiempo  que perdiste la fe (tú misma has declarado que a los 9 años), más de 20 desde que estudiabas periodismo, una docena desde que te colocaron en la consejería de Alfredo Prada y la reina de las ranas se fijó en ti y te puso a prueba como corresponsal en redes sociales, gestionando la cuenta canina de su perro Pecas en Twitter. Me llamo Pecas y vivo en Malasaña con una rubia castiza. Incontrolable. Liberal. Seductor.

No eres una rubia castiza. No es fácil estar donde estás, en los tiempos que corren, Por eso tienes que ser prudente. No puedes caer en la primera trampa que te tienden. No hay nada que justifique exabruptos como el que has dirigido a personas como yo, que nada hacemos, ni hemos hecho, para merecerlas, más allá de buscar a nuestros ancestros excavando en las fosas de las cunetas, en los campos de refugiados franceses, en los campos de concentración nazis, en los frentes de batalla de aquí y de más allá de nuestras fronteras.

No puedes poner a tu Vicepresidente Aguado, tu socio de Ciudadanos, que por una vez ha intentado dar la sensación de que no hay dos gobiernos en uno, en la tesitura de tener que salir a respaldarte asegurando que hará lo posible para que las parroquias no vuelvan a arder.

Por mucho que te gusten los toros, no lo sé, no puedes colocarte en los medios, permitiendo que Ortega Smith entre a matar, implicándote en su barbarie extremista y descerebrada (la barbarie, se entiende),  acusando a 13 jóvenes rosas, de entre 18 y 29 años, de nada menos que torturar, violar y asesinar vilmente en las checas. Ahora me explico esa forma tan suya de entender la violencia de género contra las mujeres como pura autodefensa de los machos.

No, no debes, no puedes. Deseo pensar que no quieres. No lo justifiques. Te has equivocado y punto. Mira, el Déspota no debe estar en compañía de los caídos en uno y otro bando a causa de una guerra civil declarada por él junto a sus conmilitones y que fue prolongando y alargando con sus taimadas artes y sus formas ladinas, con la intención de consolidarse en el poder, al tiempo que iba laminando, con paso de buey, cada palmo de resistencia que pudiera quedar en su camino, convirtiendo España en un inmenso cuartel para los vencedores y en un gigantesco campo de concentración para los vencidos.

El resto se encuentra en Los grandes cementerios bajo la luna, que nos describió un católico practicante como Georges Bernanos. Lee el libro de aquel francés, afincado en Mallorca, que simpatizó con Falange y terminó denunciando el fariseísmo de los eclesiásticos, la crueldad de los militares rebeldes alzados contra la República, la hipocresía de las gentes de alcurnia, de los pequeños y aventajados especuladores. El silencio de todos los demás.

Bernanos no quemó iglesias. Continuó en su fe católica, despreciado por las derechas y por las izquierdas. Al final, un puñado de amigos, junto a unos cuantos soldados republicanos españoles en el exilio, rindieron honores y le acompañaron en su entierro. Un libertario como Albert Camus fue uno de los pocos que, desde la izquierda, se atrevió a escribir, era un escritor de raza que merece el respeto y la gratitud de todos los hombres libres.

Podría callar y esperar a que los errores te hagan caer por su propio peso. Muchos lo harán. No sólo desde la izquierda. Sobre todo en tus propias filas. Pero cuantos más errores cometas, peor nos irá a todos los madrileños. No es cosa de que los avales aún impagados que has buscado para llegar al poder acaben por devorarte.

Así que vamos a dejar unas cuantas cosas claras. Si la unidad de España está hecha unos zorros no es por culpa de quienes trabajan, cada vez en peores condiciones, sino de quienes han convertido en negocio cada una de nuestras necesidades. La sanidad, la educación, la atención a la dependencia, la vivienda, los transportes públicos. Todo. Hubiera sido imposible sin la complicidad de ese consorcio de empresarios y políticos que ha gobernado Madrid a lo largo de los últimos años, sobre el que reinaba la dueña de Pecas.

Así es como las instituciones, todas, o casi, han ido perdiendo fortaleza y cayendo en la sospecha permanente. No es la convivencia de los españoles un objetivo a batir, porque la convivencia ya está demasiado tocada. En cuanto a la Ley de Memoria, esa que te espanta, déjala estar. No podemos seguir siendo el país con más desaparecidos en las fosas comunes, después de la Camboya de Pol Pot y sus Jemeres rojos. No podemos seguir teniendo enterrado a nuestro Hitler, nuestro Mussolini, más pequeño, no menos cruel y sanguinario, bajo una inmensa cruz, en una basílica escavada en el valle.

En cuanto a la cruz, por mí no hay problema. La veía de pequeño desde la puerta de mi casa en un pueblecito cercano a Cuelgamuros. Me gustaría que fuera un gran centro de interpretación de la democracia y la convivencia, acosadas siempre por los liberticidas y el fascismo siempre al acecho. Con sus salas de conciertos, museos, exposiciones permanentes y temporales, bibliotecas, proyecciones de cine, obras de teatro, danza, conferencias, muestras, congresos, convenciones. Un lugar de encuentro.

Por el Valle no te preocupes, es un espacio natural precioso y no soy un incendiario.  En cuanto a los barrios y sus iglesias están bien así. Mi abuelo acudió pronto a taponar el avance de los rebeldes sublevados en la Sierra de Guadarrama, se alistó en el Quinto Regimiento, hizo la instrucción en el patio de los salesianos de Estrecho.

Yo estudié un año en ese colegio y los vecinos me cuentan que el día de puertas abiertas los frailes presumen abiertamente de esa historia en la que poetas como Miguel Hernández forman en las filas y recitan poemas en ese mismo patio. Han entendido la Transición bastante bien y que nuestra Constitución y hasta la corona, sólo valen de algo si son herederas de la legalidad y la legitimidad republicanas. No te preocupes, esos frailes, los vecinos del barrio y yo mismo acudiremos al rescate si algún descerebrado quiere prender fuego a nuestra memoria.

Eso sí, deberías procurar que ese Comisionado de Atención a las Víctimas del Terrorismo que has heredado, lo sea de todas las víctimas de todos los  terrorismo. Que ayude a investigar, encontrar, dar sepultura a los desaparecidos, acompañando a las familias, ayudándolas, para que no tengamos que andar buscando de mala manera y en las peores condiciones a nuestros muertos. Es tu tarea. Una que no puedes privatizar, subcontratar, o excusar. Es tu obligación si de verdad crees en la unidad, la convivencia y la salud de nuestras instituciones.

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