3 May, 2018

Cristina debe caer

Dicen que Cristina significa fiel seguidora de Cristo. La autoexigencia, el autocontrol, el trabajo duro y bien hecho, la responsabilidad, excelente compañera. Tradicional, pero de buen trato. Parecen ser algunas de las características que acompañan al nombre.

Siempre me pareció que Cristina Cifuentes era de ese tipo de persona. Los diputados y diputadas de la Asamblea de Madrid, donde ha hecho buena parte de su carrera política, nunca me hicieron comentarios que desacreditaran su actuación, lo cual hace suponer que hasta entre sus adversarios gozaba de cierto reconocimiento.

Sus estudios y su carrera profesional tampoco parece que tuvieran tacha alguna. Cuentan de ella que con poco más de 15 años ya estaba en las Nuevas Generaciones de Alianza Popular y se licenció en Derecho en la Universidad Complutense. Comenzó a trabajar como asesora del PP y pronto rellenó listas electorales, aunque sin posibilidad de salir elegida.

Con poco más de 25 años ya era funcionaria de Gestión universitaria en la Complutense y parecía que sus responsabilidades en el Claustro, el Consejo de Gobierno, el Consejo Social, la encaminaban hacia responsabilidades en la política educativa. Sobre todo teniendo en cuenta que pronto salió elegida como diputada del PP en la Asamblea de Madrid, donde permaneció durante veintidós años.

En la Asamblea ha hecho de todo como portavoz de su grupo en todo tipo de Comisiones y en el Partido ha asumido cuanto le han encomendado. Desde su cargo como diputada ha representado a su partido en Consejos de Administración como el de Telemadrid, o en Consejos y Comisiones de toda clase de instituciones.

Y llegó el cargo de Delegada del Gobierno. Fue dialogante a veces y dura durante muchas de las manifestaciones y las huelgas que los sindicatos, en plena crisis, nos vimos obligados a convocar. No más dura que otras y otros Delegados del Gobierno. Tan dialogante como otros y otras que lo fueron antes que ella. Siempre me pareció más gallardonista que aguirrista. Son matices, pero los matices importan mucho a veces.

El accidente de moto en plena Castellana pareció cambiar su forma de ver y de entender la vida. Algo que parece que ocurre cuando nos vemos de cara ante la muerte. No dejó de ser fiel a su nombre, pero pareció que algo había cambiado en ella. Por lo menos eso decían. Yo ya no me ocupaba de asuntos madrileños por aquella época.

Sin duda, tras ser elegida como presidenta de la Comunidad de Madrid, después del fiasco de Ignacio González, con sus áticos, sus negocios y sus tramas, Cristina se consolidaba como un valor en alza, llamada tal vez a sustituir a un Mariano Rajoy quemado que va abrasando a todos aquellos con los (y con las) que se relaciona.

Cifuentes tiene una sólida carrera política. Si en el mundo universitario existiera lo que en el mundo del trabajo se conoce como reconocimiento de la experiencia laboral, Cristina podría tener bastantes másteres sin cursar una sola hora de estudio universitario.

Además, como ha dicho recientemente Gabilondo, hay quienes valoran excesivamente un título y lo sitúan por encima de la experiencia y del conocimiento, Lo cual viene a significar que hay analfabetos con título y sabios sin titulación alguna, pero con amplia experiencia, conocimiento y capacidad de discernir.

No entiendo qué le ha pasado a Cristina. Es verdad que están pasando cosas que antes no pasaban. Probablemente un amigote de esos tan listos, un tipo bien relacionado en la universidad pública más afín al PP, le dijo que podía tener un título de máster. Que a  lo mejor hasta sin ir por clase se lo podían dar y que ella lo valía y que  bien merecido se lo tenía.

Lo cierto es que la hoy Presidenta se equivocó y, salvo sorpresas mayúsculas, no cursó el máster, aunque sí obtuvo el título, dejando el expediente plagado de notas reconstruidas, firmas falsas y sospechas de espacios enteros en una Universidad Pública dónde las irregularidades forman parte del paisaje de lo cotidiano.

Por eso Cristina está reprobada y censurada, o ha dimitido ya, aunque ella no lo sepa. Puede que este artículo sea publicado cuando estas cosas sean ya un hecho. Además, cuanto más tarde en hacerlo, más casos como el de ella seguirán apareciendo. Y parece que todo apunta a que son muchos los políticos y políticas, por toda España, que han falsificado, maquillado, perfeccionado, embellecido, sus expedientes académicos.

Ya dijo Mary Reanult, en su excelente novela sobre Teseo, el del Minotauro, que El Rey debe morir. Su cuerpo será troceado y esparcido por el campo, para que la cosecha sea buena y para que su muerte conjure la de todos los demás. Y Rajoy, cual buen minoico, es experto en dejar morir en el mejor momento. En estos tiempos de igualdad, reyes y reinas se turnan en el triste destino. Cristina no ha sido la primera, pero ha llegado su turno. Y ella lo sabe.

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