9 Feb, 2018

Desprotección de las personas en paro

Hubo un momento, al principio de la crisis, allá por el año 2010, en el que el porcentaje de personas que se encontraban protegidas por alguna prestación por desempleo alcanzaba el 78,4 por ciento. Aquel tiempo en el que el gobierno socialista de Zapatero, intentaba aplicar recetas que inyectasen dinero en las economías familiares para animar el consumo, e iniciar la senda de la recuperación económica.

Esa política conducía, entre otras cosas, a que la tasa de cobertura por desempleo fuera elevada. Más de tres de cada cuatro personas paradas contaba con algún ingreso para asegurar su suficiencia económica y su autonomía personal. Hubo algunos meses en los que la cobertura por desempleo alcanzó el 80 por ciento. Cuatro de cada cinco personas paradas percibía alguna prestación económica.  Sin embargo eso iba a cambiar pronto.

En primer lugar, porque la crisis iba a ser extraordinariamente larga. Era una crisis atípica, sin precedentes. Y, sobre todo, porque los gobiernos europeos se embarcaron en una cadena de recortes y ajustes que alargaron el sufrimiento y  deterioraron la calidad de vida de la ciudadanía. Una política a la que el nuevo gobierno de mayoría absoluta del PP se apuntó de inmediato. Dos huelgas generales no consiguieron torcer este designio de los dioses del Olimpo bruselense, en connivencia con los pedestres semidioses monclovitas.

Las consecuencias sobre la sociedad y la política aún están por sentirse en toda su extensión y profundidad. Pero algunos de sus efectos ya son visibles en los comportamientos electorales y en determinados fenómenos como el racismo, el rechazo a la acogida de refugiados, o el resurgir de la ultraderecha.

La crisis ha destruido mucho empleo, es cierto. Las altas cifras de paro amenazan con perpetuarse como una realidad que nos acompañará durante muchos años más, por no decir para siempre. El desempleo se convierte en paro de larga duración y luego en paro de muy larga duración para muchas  personas y colectivos. Nuestros jóvenes huyen del país. Los mayores de 40 años, lo tienen bastante más difícil.

El hecho es que el porcentaje de personas cubiertas con alguna prestación por desempleo se encuentra ahora en un raspado 58,6 por ciento, Y esto, teniendo en cuenta que, al tratarse de personas que llevan años en el paro, sólo tienen ya derecho a percibir una ayuda asistencial, hasta el punto de que esas ayudas alcanzan ya al 57 por ciento de quienes cobran algún dinero del desempleo. La caída de la cobertura durante los últimos ochos años ha sido brutal.

Mientras la Ministra de Empleo sigue loando los pírricos triunfos gubernamentales en materia de creación de empleo, sigue obviando algunas propuestas que los sindicatos han planteado reiteradamente durante la crisis. A la vista de las limitaciones del PAE (Programa de Activación para el Empleo), sería urgente pensar en las personas paradas de larga duración, poniendo en marcha medidas como un Plan de Choque para la Recuperación de las personas paradas que llevan años hundidas en el desempleo.

Otra medida, para evitar la pobreza y la exclusión social de las personas paradas, sería la implantación de la Prestación de Ingresos Mínimos, que viene siendo sometida al ninguneo gubernamental, pese a haber sido tramitada en el Congreso de los Diputados como Iniciativa Legislativa Popular, tras recoger los sindicatos los centenares de miles de firmas necesarias. Una prestación que podría alcanzar a 1´9 millones de personas desempleadas y que podría ser costeada simplemente con recuperar esos 13.600 millones de euros que se han perdido en gastos por desempleo, a causa de los recortes del PP.

Si de verdad el gobierno cree que estamos saliendo de la crisis y creando empleo, éste sería, además, un gasto transitorio que permitiría animar la recuperación económica, crear empleo y reducir el paro. Una prestación que iría reduciendo su cuantía, por lo tanto.  Un gasto que evitaría la situación insostenible de muchas familias que llevan soportando la lacra del desempleo, durante largos años. Lo que no es de recibo es seguir mareando a las personas y a las organizaciones que las representan social y laboralmente.

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