16 Ene, 2021

El Madrid averiado y Filomena

Van cayendo noches y la nieve sigue ahí, convertida ya en hielo. Filomena sigue ocupando las calles, dueña y señora de una ciudad en la que las excavadoras han despejado la calzada de las vías principales y en la que unas pocas palas de los vecinos han abierto unos pocos caminos en las aceras.

Camino junto a una escuela infantil municipal, del Ayuntamiento de Madrid. Hay un estrecho camino abierto por los vecinos hasta una de las puertas de acceso, pero toda la instalación está cercada por la nieve. Junto a otra de las puertas, bloqueada por el hielo, escucho un reguero, un surtidor, una fuente. Imagino que una tubería helada, un contador, ha reventado y el agua ha comenzado a brotar a borbotones.

Vuelvo a casa y llamo al 010, Línea Madrid, no es cosa de que el agua siga brotando toda la noche, el Ayuntamiento tiene que saber que una de sus escuelas infantiles tiene una cascada de agua en su interior. Tardan en levantar el teléfono, después de darme un montón de avisos sobre las incidencias meteorológicas, el colapso de los servicios de emergencia, la cantidad de llamadas que están recibiendo.

Al final alguien me escucha, pero no puede darme solución alguna. Al tratarse de un daño de agua me ofrecen el teléfono del Canal de Isabel II. De nada sirve que les diga que la escuela infantil es suya, del Ayuntamiento, ellos no van a llamar a nadie, pero están dispuestos a darme el teléfono del Canal.

Ya puestos, prefiero apuntar el teléfono del Canal, antes de que el agua siga brotando toda la noche. Llamo y vuelven a atosigarme con grabaciones sobre la tormenta perfecta, los problemas meteorológicos, la cantidad de averías que están atendiendo y que si pudiera ser me ahorre la llamada, visite sus páginas, siga sus consejos, utilice otros canales tan colapsados como éste.

Pero al final, lo terminan cogiendo, escuchan mi incidencia y me terminan diciendo que, cuando puedan comprobarán las características de la avería y los efectos de la misma, procediendo a la reparación, si fuera necesaria. Me piden mis datos personales y mi teléfono, aunque les insisto en que no soy el propietario, ni el contratista, ni el dueño, ni nada de nada, que sólo pasaba por allí, que sólo quería comunicar algo más oído que visto mientras transitaba por un camino ayer nevado y hoy ya helado.

Lo que ya no he hecho es bajar a altas horas de la noche a comprobar si alguien ha hecho algo a raíz de mi llamada. A la vista de los árboles que permanecen caídos en mitad de calles que nadie ha despejado, a la vista de las basuras que nadie recoge, los coches que siguen bloqueados, las estanterías vacías en los supermercados, o las personas que siguen cayendo por las aceras, prefiero no pensar en el agua que se va perdiendo en la guardería.

Tel vez ese trasiego de agua hacia la periferia de la calle congelada permita que no se terminen congelando otras tuberías, en otros edificios. Todo por consolarme, por dejar de pensar siempre en negativo, por dejar de creer que vivo en una ciudad averiada, capital, paradigma, ejemplo de las Españas que amenazan con colapsar.

Es cierto que nevadas y fríos como los que nos han visitado no son frecuentes, pero alguien debería tener previstas las medidas y actuaciones necesarias para que las cosas vuelvan a funcionar cuanto antes y razonablemente, sólo razonablemente, o al menos que el plan de acción no consista en que el hielo se derrita a su ritmo y vaya dejando que las cosas vuelvan a ser más o menos como eran.

No necesitamos gobernantes especializados en hacer declaraciones, informarnos de que lo tenían todo previsto y en exigir comparecencias cuando se encuentran en la oposición. Preferiría vivir confiando en que hacen todo lo posible para prevenir infortunios y poner los medios y recursos para que cuando esas adversidades nos alcanzan se solucionen cuanto antes. Los accidentes pueden prevenirse, las averías deben poder repararse.

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