29 Ago, 2020

El país que necesitamos

Recientemente, aunque esto de recientemente comienza a ser muy relativo porque unos pocos meses parecen años hoy en día, conocimos que el PIB español había retrocedido en el último trimestre en un 18´5%, una caída muy superior a la de Francia, que fue de un 13´4%, a la de Alemania, que retrocedió un 10´1%, e incluso  superior a la de otros países similares a nosotros, como Italia, con un retroceso del 13´8%, o nuestro vecino Portugal, con un 14´1%. Hasta la media europea nos queda muy lejos, con un 12´7 de caída.

Inmediatamente los agoreros, especializados en remover la carroña, han culpado al gobierno de la situación, por una mala gestión de la crisis. Menos mal que nadie se acuerda de nada al poco de producirse cualquier noticia, porque de lo contrario estas aves de mal agüero se verían obligadas a explicar sus posiciones siempre negativas, siempre condenatorias, siempre calumniosas, al día siguiente de haberlas aireado públicamente.

No sería para menos, cuando hemos podido comprobar que, a los pocos días de conocer la mala noticia sobre la economía española, hemos podido comprobar que el retroceso de la economía del Reino Unido ha resultado ser aún mayor que la de nuestro país, un 20´4% en el último trimestre.

Los expertos en economía británica han achacado tan dura caída al enorme peso adquirido por los servicios en el Reino Unido. El inefable Boris Johnson actuó tarde y eso ha tenido  consecuencias en los efectos de la pandemia en el país que gobierna, en el número de enfermos y de muertos fundamentalmente. Pero el destrozo económico tiene más que ver con el cierre obligado de pubs, restaurantes, hoteles, bares, gimnasios, oficinas, centros deportivos. Es decir el cierre de los servicios.

Cerraron tarde, cerraron durante más tiempo, abrieron de forma desordenada y dependían mucho de los servicios. Eso vienen a decir los economistas para justificar el destrozo económico. Sobre España parece que podríamos esgrimir similares argumentos. Actuamos tarde, intentando no ser demasiado duros, tuvimos que parar la actividad durante meses y hemos reabierto a golpe de 17 autoridades autonómicas y 2 ciudades autónomas, es decir de forma confusa, de manera desordenada.

Añade que tenemos una economía dependiente de los servicios, del turismo y de la construcción, con una escasa presencia de actividad industrial, desmontada de forma programada durante años, para entender que nuestros resultados sean peores que la media, que los de muchos países más avanzados que nosotros y tan sólo mejores que los del Reino Unido.

Mantenemos una estructura económica que se asienta en la precariedad laboral  y que carga sobre el empleo cualquier movimiento económico, provocando el aumento del desempleo, que en la Unión Europea se sitúa en medias del 7´8% y que en España se nos dispara hasta cerca del 16%. En medio año ha subido el paro, han bajado los ocupados y hasta el número de activos porque las personas paradas confinadas en sus domicilios no han podido salir a buscar empleo y han desaparecido de las estadísticas como personas activas.

El paro crece, aún sin tomar en cuenta las regulaciones temporales de empleo (los famosos ERTEs). Alguien debería reconocer que las medidas del gobierno, respaldadas por la Unión Europea con un paquete de ayudas negociadas y pactadas, han contribuido a parar el golpe, con todas las insuficiencias, con todas las ineficiencias que queramos, pero que han paliado los efectos desastrosos de la pandemia y el parón económico en las familias y en las personas.

Y, a partir de ahora, podríamos volcar nuestros esfuerzos como gobierno, oposición, empresarios, sindicatos, oenegés, sociedad civil organizada, en solucionar los problemas derivados de una estructura sanitaria debilitada que no ha podido parar el golpe brutal del COVID-19.

Podríamos recomponer nuestra economía para ser más productiva, innovadora, menos dependiente de los servicios, la construcción, el turismo. Podríamos abordar el futuro de la formación, de eso que algunos denominan nuestro capital humano, las personas, a lo largo de toda la vida. Podríamos asegurar los medios sociales y económicos para que nadie tenga que afrontar en soledad, en la miseria, en la pobreza, en el abandono, pandemias como la que hoy nos toca vivir.

Ahí es donde se demuestra la grandeza de los que gobiernan, de los que aspiran a gobernar y de quienes, desde la sociedad, defienden intereses de colectivos determinados, como los trabajadores, los empresarios, las personas con discapacidad, los vecinos, o cualquiera otro.

En estos tiempos extremadamente duros es cuando se va a medir la grandeza de los pueblos y de la ciudadanía. Veremos la altura de miras, el compromiso y la voluntad que sabemos demostrar. El tiempo corre a la contra y el virus convierte en desgracia cada una de nuestras absurdas y descabaladas gracias.

Deja una respuesta

Mensaje:

Categorías