18 Jul, 2018

El valor de la poesía

Hace unas semanas asistí a la presentación de dos poemarios de Luis García Montero y Daniel Olmos, en un acto al alimón organizado por la Fundación Ateneo 1º de Mayo y que tenía lugar en la Sala dedicada al Proceso 1001 en CCOO de Madrid.

El 1001 fue aquel juicio franquista que juzgaba a la cúpula de las CCOO en diciembre de 1973 y que terminó con condenas desmesuradas, al coincidir su inicio con la voladura del vehículo en el que viajaba el Presidente del gobierno de la dictadura, el Almirante Carrero Blanco. No habría que explicar estas cosas, pero como no se enseñan en los centros educativos, puede que alguien se pierda en el relato, si no lo hiciera.

El caso es que, como vivimos en un planeta recorrido por redes sociales y, quien más quien menos, dedicamos un tiempo a actualizar nuestros “estados”, me dio por colgar una foto de Luis García Montero leyendo unos versos, acompañada del comentario, Con Luis García Montero, presentando el poemario A Puerta Cerrada. Siempre el placer y la inquietud de la Poesía.

No tardé en recibir la respuesta airada y furibunda de una seguidora, amiga virtual, o como quiera que se llame a quienes se adentran en estos mundos inmateriales, aunque haberlos, haylos. Venía a decir con meridiana claridad, más lucha obrera y sindical y menos poltronas y privilegios. Como viera que no había respuesta, más por la falta de constancia de mi presencia en los espacios siderales, que por descortesía, se ve que se sintió obligada a remachar la sentencia, El sindicato no es un centro cultural.

Seguía yo obnubilado, inconsciente, sin leer estos comentarios, tal vez durante días, hasta el punto de que el nivel de indignación de la buena mujer debió seguir creciendo en forma proporcional al tiempo de mi silencio. Tal vez creyendo que mi mutismo obedecía a cualquier tipo de inexplicable incomprensión, se sintió obligada a explicar sus sentencias, Ya sé que soy molesta, pero llevo años luchando y luchando y necesitamos trabajo digno, sueldos dignos. Lo de la poesía entre amigos en una casa me parece bien, pero con casi 5 millones de parados está fuera de lugar con todo mi respeto.

Viendo que ni por esas. Creyendo, probablemente, que el hecho de no contestar estaba llegando ya demasiado lejos, decidió cambiar de estrategia y enarbolar otra línea argumental, Y fuera las ETT, ahora llamadas de otra manera. Ahí quiero yo poesía, ahí.

De verdad, juro y perjuro, que no leí nada de este hilo. Para cuando quise hacerlo el enfado se había ya desbordado ¿¿¿En qué realidad vivís??? Que llevo 10 años sin nómina, de verdad pensáis que nos interesa la poesía, queremos trabajar con dignidad.

Hasta algún conocido, amigo, o seguidor virtual, a la vista de la evolución, o involución, que se iba despeñando ladera abajo, decidió mediar y escribió, No son incompatibles, pero para gustos los colores. Creo que son de agradecer estos moderadores de unos devenires internautas que, de otra forma, podrían conducir a la desesperación, o la rabia incontinente. Allí, arrellanados en el sofá, venga mandar pullas y nada, que nadie contesta. Soledad de soledades.

Cuando terminé por meterme en los comentarios de mi página y leí los escritos por aquella mujer, me sentí un poco responsable del nivel de irritación que, ella solita, pero a cuenta mía, había ido dejando crecer dentro de sí. Sólo se me terminó ocurriendo ofrecerle mis disculpas con una cita de García Lorca, Si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; pediría medio pan y un libro.

No hubo más respuestas, ni contestaciones. Podría haberle recordado a Celaya y su poesía necesaria como el pan de cada día, un arma cargada de futuro. Recitarle algún poema de Antonio Machado, o recomendarle escuchar las Palabras para Julia de José Agustín Goytisolo, en la voz de Paco Ibáñez. Explicarle el papel de los ateneos en la formación y lucha de la clase trabajadora. Haberle hablado de Mandelstam, Ajmátova y Pasternak bajo el estalinismo.

Contarle de Alberti y Miguel Hernández recitando en el frente, o  sobre los ingleses Ralph Fox y John Condford, muriendo en el frente. El propio Lorca, víctima del frente abierto por los sublevados. Quizá debería haberle pedido a Luis García Montero que le dedicase el poemario que presentaba aquel día.

Pero no lo hice. Lo dejé en la cita de Lorca. Tal vez pensé que algo de razón tendría aquella mujer. Que algo ha pasado con la poesía para que quienes más deberían apreciarla la aparten de su camino. Puede que me recordase a mí mismo que vivimos tiempos en los que sólo escuchamos lo que queremos escuchar. ¿Cómo va lo mío?

Quizá decidí que cada cual tiene que buscar y encontrar sus propias verdades y descubrir, tarde o temprano, que tenía razón Bécquer cuando al mirar otros ojos, frente a frente, exclamaba Poesía eres tú. Descubrir que, sin la poesía, los monstruos que creamos serían los dueños de nuestro destino. El personal y el colectivo.

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