18 Feb, 2020

Estamos en guerra, pero hai que reflexionar

Ya lo dijeron Antón Reixa y Os Resentidos en el primer tema de Delikatessen, Estamos en guerra, para añadir a continuación, pero hai que reflexionar. La frase se hizo famosa y hasta algún político como Beiras la utilizó en campaña electoral, para referirse a la injusta guerra declarada por Estados Unidos tras el 11-S de 2001 y el panorama mundial que se avecinaba.

Ganó aquellas elecciones, por mayoría absoluta, Manuel Fraga y el BNG de Beiras (pronúnciese benega) obtuvo 17 diputados, empatado con el PSdeG encabezado por Pérez Touriño, aunque con un puñado de votos más.

Hay que reflexionar, porque vivimos en un mundo que no va a detenerse a hacerlo en forma alguna. Vivimos cabalgando sobre un tigre y, como es bien sabido, el problema, en estos casos, no es tanto mantenerte sobre él, que ya tiene su complicación, sino cómo te bajas sin que se revuelva y te devore. Muchos han sido víctimas de las propias bestias sobre las que galopaban, aparentemente sin mayores problemas.

Vivimos en un mundo en el que un puñado de grandes empresas acumulan más ingresos anuales que muchos países de la tierra, incluso aunque los juntemos. La revolución tecnológica ha cambiado un poco la composición de los grandes poderes económicos de la tierra. No ha aumentado la pobreza de la tierra, pero se han agrandado muy notablemente las diferencias, las desigualdades, las distancias que separan a los ricos de los pobres.

La explosión de las nuevas tecnología y de la inteligencia artificial han conseguido que muchos aspectos de nuestra vida sean más fáciles, pero, si prestamos un poco más de atención, podemos comprobar que no todo es tan amable, las amenazas ante los constantes cambios tecnológicos y en los métodos y prácticas de trabajo, han disparado el miedo a perder el empleo.

No es difícil intuir que el populismo seguirá encontrando en ese miedo y en otros añadidos, como lo ha hecho siempre, un buen banderín de enganche para introducir explicaciones y comportamientos xenófobos, autoritarios, cuando no violentos, en las relaciones sociales, especialmente en los barrios y en los lugares donde la fricción entre el cambio y el deterioro de las condiciones de vida es más evidente y percibido como amenazante.

La situación provocada por la revolución tecnológica y la aparición y desarrollo acelerado de la Inteligencia Artificial, merece de esa reflexión que reclamaba Antón Reixa. Puede que haya variables, posibilidades, pensamientos que se nos escapan del algoritmo por complejo que éste sea y arduos, largos y penosos que sean sus trabajos nocturnos de cálculo. Siempre habrá quien se niegue más tarde a reconocer el error de cálculo, su participación y responsabilidad en el destrozo causado y hasta presumirá de haberlo intuido a posteriori.

Parece mentira que hayamos llegado a la Luna y que nuestros robots hayan alcanzado ya Marte, mientras descubrimos cada día nuevas especies vivas y el fondo de los océanos sigue siendo un misterio sin resolver. No es normal que hayamos desarrollado potentes instrumentos de control artificial del comportamiento humano, de aceleración de nuestra tendencia al consumo, de conversión del ser humano en algo medible, predecible, programable, situado siempre en los parámetros de conducta establecidos como normales, un robot de primera generación, a fin de cuentas.

Y que, sin embargo, no entendamos la otra inteligencia que siempre ha estado con nosotros, la Inteligencia de la Naturaleza. Despreciamos a quienes se detienen a estudiarla y convierten su vida en un trabajo constante de observación del comportamiento de los seres vivos. Nos reímos cuando nos explican que en muchos casos esas especies naturales se encuentran más preparadas que nosotros para la supervivencia, como lo estaba aquella pequeña musaraña que sobrevivió a los omnipotentes y omnipresentes dinosaurios, el día en que las cosas se torcieron y les enviaron directos a la extinción.

Creo que en esta encrucijada, adquieren importancia las palabras de Todorov, Las cualidades morales pueden convertirse en arma política. Así dicho, por quien tuvo que exiliarse de las dictaduras del Este que todo lo controlaban, me parece que debemos interpretarlo como la reivindicación de la ética y la moral interaccionando con la política. Un llamamiento para impedir que el dinero y el poder sean los únicos que definen nuestro futuro y el de nuestras sociedades.

La inteligencia artificial, sin la inteligencia humana y de espaldas a la inteligencia de la naturaleza, solo puede conducir a no pocos errores y a bastantes nuevas formas de horror concebidas y ensayadas en el pasado, pero desterradas hasta el momento. Esa es la batalla del humanismo y de la izquierda en nuestros días. Puede que esto sea una guerra y hasta que la estemos perdiendo, pero hay que reflexionar.

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