21 Dic, 2011

LIBERALIZACIÓN DE HORARIOS VERSUS LIBERTAD CIUDADANA

Los ciudadanos madrileños tienen “problemas más graves que el horario para poder ir a comprar”. Lo ha dicho Paloma Vega Secretaria de la Federación de Comercio, Hostelería y Turismo de las CCOO de Madrid.
Tendría gracia, si no fuera dramática, la propuesta de Esperanza Aguirre de combatir el paro a fuerza de abrir comercios a todas horas y todos los días del año. Con casi 600.000 personas paradas en Madrid hay que reconocer que esgrimir la liberalización absoluta de horarios comerciales, como la solución final puede resultar chusco. Lo cierto es que, como argumenta Paloma, pese a tanta liberalización de horarios, el empleo en el comercio madrileño ha caído un 3% y el 70% de esa pérdida lo es de empleo femenino.
Es verdad, los madrileños parados y amenazados por la crisis, no compramos más en función de la mayor franja horaria de apertura de los grandes centros comerciales. Por más que la Federación Madrileña de Municipios, o la CEIM, aplaudan la propuesta y anuncien miles de empleos nuevos, los datos son tozudos y lo desmienten. Ni se crea más empleo, sino que se destruye, no se consume más, sino al contrario.
Es más, los representantes empresariales del comercio madrileño piden la reconsideración de las medidas liberalizadoras de horarios porque no contribuye a la revitalización del sector ni a la generación de empleo. También lo hacen las organizaciones de consumidores. Tan sólo coinciden con Esperanza Aguirre en la utilidad de agilizar y eliminar trámites burocráticos para crear pequeñas y medianas empresas.
El anteproyecto de ley que pretende liberalizar los horarios comerciales para empresas de menos de 750 metros cuadrados supone una vuelta de tuerca más para la desregulación del sector, la destrucción del pequeño comercio y la destrucción de empleo, sin aportar nada a la reactivación del consumo, que depende más de la creación de empleo, que restituye la confianza de los consumidores. En cuanto a los trabajadores del sector comercial, el efecto negativo sobre la desregulación de horarios, jornadas, ocio, descanso y conciliación de vida laboral y personal son dramáticos.
Lo peor, con todo, es que una vez más se desprecia el diálogo, la negociación y el acuerdo. Haría bien Esperanza Aguirre en escuchar a los trabajadores y trabajadoras del sector y a los propios comerciantes, a los consumidores, abordando un Plan General del Comercio Madrileño, porque el comercio es determinante para garantizar un modelo social de convivencia, vertebrador del urbanismo de nuestras ciudades, barrios y pueblos
Francisco Javier López Martínez
Secretario General CCOO de Madrid

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