16 Mar, 2022

Pactar las rentas, o pactar su reparto

Convoca Pedro Sánchez a los sindicatos y a los empresarios para abordar un tema que le parece esencial en estos momentos, al que llama Pacto de Rentas. Parece que el gobierno ha tomado buena nota de que el panorama mundial, ya bastante enmarañado tras la pandemia, se acaba de complicar definitivamente con la guerra de Ucrania.

Cualquiera en su sano juicio sabe que el conflicto desencadenado por Putin en Ucrania desborda las fronteras de aquel país para convertirse en la escenificación de un nuevo orden mundial en el que nada bueno se avecina para la Unión Europea y los países que la componemos. Vienen tiempos duros ha dicho Pedro Sánchez, ante los miembros de su partido, para que tomemos nota todos los demás.

En este escenario realmente complicado alguien ha convencido al Presidente del Gobierno de que sería bueno pacificar la evolución de los costes salariales para evitar las tensiones entre el descontrol de los precios al que estamos asistiendo, las luchas por el crecimiento de los salarios en las empresas y la inestabilidad en la actividad empresarial.

No está mal pensado. Los precios se van a disparar, la producción de nuestras empresas se va a resentir, los trabajadores intentarán conseguir subidas de sus salarios para compensar las pérdidas de poder adquisitivo. El equilibrio entre los costes de producción, el aumento de los precios, las subidas salariales y el mantenimiento del consumo, parecen elementos esenciales para que no se desmadre la economía, ni se desborden las tensiones sociales.

El problema es que los acuerdos generales de carácter salarial se producen en la negociación colectiva de los convenios sectoriales, o empresariales y, en un marco más general, en los acuerdos de empleo y de negociación colectiva, los famosos AENC, que negocian empresarios y sindicatos sin concurso directo del gobierno.

Así se lo han recordado al Presidente del Gobierno durante la reunión que han mantenido para abordar la propuesta del famoso Pacto de Rentas. La guerra en Ucrania no puede ni debe convertirse en la disculpa para que, una vez más, los trabajadores pierdan poder adquisitivo, tal como ocurrió durante la crisis global desencadenada a causa de las hipotecas basura a partir de 2008.

El sindicalismo español ha sentido a lo largo del proceso democrático de más de 40 años que los trabajadores han sido, como bien nos recuerda Nicolás Sartorius, los costaleros de la democracia, asumiendo numerosos sacrificios que han tenido que realizar en materia de salarios y de recortes de derechos laborales y sociales.

No quiere esto decir que los trabajadores rechacen un pacto de rentas, especialmente cuando los sindicalistas saben lo que cuesta mantener el poder adquisitivo en las empresas grandes, organizadas sindicalmente y lo imposible que resulta conseguirlo en las innumerables pequeñas y medianas empresas que son la inmensa mayoría de este país.

Parece preferible establecer una horquilla de crecimiento razonable en todos los convenios colectivos que dejar a su suerte a sectores más precarios, menos sindicalizados, o que tienen mayores dificultades para defender sus salarios y sus condiciones de trabajo, sectores en los que trabajan muchos jóvenes y mujeres.

Ahora bien, en unas condiciones de inestabilidad como las actuales si alguien quiere hablar de pactos de rentas deberá hacer referencia a subidas salariales que mantengan el poder adquisitivo en un momento en el que la inflación se dispara. Pero incluso este componente salarial no puede ser el único a tomar en cuenta.

El gran referente que tenemos en el pasado es el de los Pactos de la Moncloa, unos acuerdos políticos y sociales que se justificaron, allá por 1977, en el intento de las fuerzas políticas y sociales para estabilizar la situación económica, en un momento en el que la economía no podía poner en riesgo la Transición de la dictadura a la democracia.

Aquellos Pactos incorporaron elementos salariales en unos tiempos en que la inflación alcanzaba en ocasiones el 18 por ciento, pero incorporaba muchos otros elementos de democratización de las relaciones laborales y desarrollo de políticas que tenían que ver con otros componentes del salario social de los trabajadores como la vivienda, la protección por desempleo, el sistema sanitario, o el educativo.

Hoy también vamos a unos tiempos de transición de nuestro sistema económico y de nuestras sociedades. Por eso los sindicatos no darán un no rotundo a la posibilidad de negociar y de alcanzar un pacto de rentas. Pero se van a negar en redondo a abordarlo como un acuerdo de moderación, contención de los salarios y pérdida de poder adquisitivo.

Cualquier Pacto de Rentas, se llame al final como se llame, debería afrontar el conjunto de las rentas que hay que repartir, incorporando controles de precios, cambios en la fijación del importe de la energía, políticas de vivienda, fortalecimiento de la protección social y de los servicios sociales, reforzamiento de la sanidad y de la educación públicas, o una política fiscal más equitativa.

Nuestra democracia es joven en comparación con otros países de nuestro entorno y, aún así ha visto ya crisis económicas, ascensos del ultraliberalismo y sus procesos de privatizaciones que, como modernas desamortizaciones, convirtieron lo que era de todos en negocio para unos pocos.

Vimos caer el muro de Berlín, el Bloque del Este y asistimos al nacimiento de un mundo de desigualdades crecientes. Hemos vivido varias crisis y recesiones económicas para desembarcar en una crisis financiera que acabó convertida en crisis del sistema.

La cultura extractiva ha llegado a sus límites y amenaza con una extinción masiva de especies, incluida la nuestra, a golpe de desastres asociados al cambio climático. La pandemia ha certificado el final de una época y la guerra de Ucrania ha sido el golpe final.

En una táctica de cortos vuelos podemos intentar abordar políticas pacatas como un Pacto de Rentas, o podemos afrontar decisiones estratégicas que incorporen repartos de rentas y esfuerzos colectivos y solidarios, desde todos los ámbitos de la sociedad, para intentar entender y adoptar medidas acordadas, compromisos concretos, para superar un momento terriblemente difícil para nuestras sociedades europeas.

Mucho más que un Pacto de Rentas deberemos pactar su reparto. Elegir entre alimentar el conflicto o reforzar el diálogo.

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