10 Jul, 2021

Pandemia para rato

El capitalismo imperante ha demostrado que es incapaz de gestionar desastres como el que estamos viviendo, a escala mundial. No entro en si los causantes de la liberación del virus por todo el planeta han sido las ansias de ganar dinero deforestando selvas, en las que nadie había entrado hasta ahora, en busca de materias primas, para traficar con animales exóticos, o si ha sido un descuido, más o menos intencionado, en un laboratorio, tal como sostienen algunos conspiranoicos que, como la propia palabra indica sostienen firmes convicciones conspirativas, junto a innegables tendencias paranoicas.

Lo malo es que el cansancio, la fatiga pandémica, comienza a hacer mella en todos, lo cual nos conduce a intentar ver alguna luz al final del túnel y hacernos ilusiones de vueltas progresivas a una cierta normalidad. Así lo hacen nuestros gobernantes en estos días, pese a que los expertos se muestran mucho más cautos y no se cansan de decirnos que la pandemia va para largo.

Son los expertos los que, pese a la insistencia de algunos para volver al negocio y al ocio, nos recuerdan que estamos lejos de una vacunación generalizada, por lo cual son muchos los lugares del planeta dónde el virus puede seguir campando a sus anchas, mutar y expandirse de nuevo. Eso sin tomar en cuenta que desconocemos aún durante cuánto tiempo nos va a proteger la vacuna, cómo nos protegen frente a nuevas variantes y cuántas revacunaciones vamos a tener que soportar.

Hay investigadores y profesores que consideran que el ciclo de la enfermedad nos va a acompañar hasta el año 2024, que ya es decir. Expertos que valoran que la pandemia no estará controlada hasta que la vacuna sea general a nivel mundial. De ahí que sean ya muchos los países ricos que se plantean con seriedad la liberación de patentes y regalar masivamente vacunas a los países pobres. No estamos ante una cuestión moral, que ya sería importante y suficiente, sino ante una auténtica necesidad sanitaria.

No podemos seguir alimentando falsas esperanzas, cuando los datos son tozudos y cada vez que nos descuidamos un poco aumentan sorpresivamente los contagios, con presencia de nuevas variantes del virus y en oleadas sucesivas, que golpean especialmente sobre la población no vacunada.

Incluso los vacunados creemos, infundadamente, que la vacuna ya nos protege del contagio, cuando esto no ocurre con plena seguridad. Las personas vacunadas podemos infectarnos, desarrollar el virus y expandirlo indiscriminadamente. La vacuna nos convierte en asintomáticos, pero no en inmunes, ni mucho menos en no transmisores, tal y como explica una de las mujeres investigadoras que mejor nos ha aclarado estas cuestiones, Margarita del Val.

Un día, con mucho trabajo y esfuerzo, tal vez consigamos que algunas de las vacunas eviten los contagios, pero eso ahora no está asegurado y aunque evitemos ser afectados por los síntomas del virus, no evitamos ser transmisores de la enfermedad. Deberemos, por tanto, seguir haciendo todo lo posible para no contagiarnos y no contagiar. Estamos viendo cómo algunas variantes del virus, sin ser más peligrosas, son sin embargo mucho más contagiosas.

Eso significa que deberemos recuperar actividades económicas y sociales aplicando toda la experiencia que hemos adquirido, sin dejarnos llevar por las urgencias económicas y adoptando medidas que tomen en cuenta la seguridad y la salud y no las necesidades de recuperar cuanto antes el nivel de negocio.

Para ello será preciso mantener el nivel de ayudas puestas en marcha y utilizar bien los fondos europeos para reinventar nuestros modelos de desarrollo masificados, masificadores, costosos, extractivos, e insostenibles, no ya en el largo plazo, sino en el corto.

Sigue siendo necesario que mantengamos las tres M (lavado de manos, metros de distancia, usar mascarillas) y las tres C (evitar espacios cerrados, huir de la cercanía y no acudir a lugares muy concurridos). Cualquier paso dado precipitadamente puede conducirnos a retrocesos y nuevas restricciones, como estamos comprobando en países de nuestro entorno, con variantes más contagiosas, o más letales.

Hemos pasado un año y medio muy complicado en lo personal, en lo social y en lo económico. Vamos sabiendo cada vez más cosas sobre el virus y sus variantes. Basta recordar cuando los expertos nos decían que no había que llevar mascarilla (entre otras cosas porque no las había), mientras los visitantes chinos se escandalizaban de vernos a cara descubierta por las calles.

Estamos vacunando a un ritmo aceptable, es cierto, pero nos encontramos muy lejos de vacunar a toda la población española y lejísimos de vacunar al resto del planeta. Por lo tanto conviene afrontar el verano sin pánico, pero con prudencia y medidas de seguridad, para nosotros y para los demás.

Tenemos pandemia para rato y las secuelas de la misma serán perceptibles durante mucho tiempo. Nadie debería pensar que lanzarse de cabeza a unos nuevos felices años 20 puede conducirnos a otra cosa que no sea repetir los mismos, o parecidos, desastres que vivimos hace un siglo.

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