24 May, 2011

PODER “POPULAR” ABSOLUTO


Son días para la valoración política de las elecciones autonómicas y municipales, partiendo de unos datos objetivos que ponen de relieve una brutal caída del Partido Socialista, que ha producido un mapa electoral sin precedentes, con gobiernos del Partido Popular en la inmensa mayoría de las Comunidades Autónomas y en buena parte de las capitales de provincia.

En el caso de Madrid los resultados electorales definen claramente una fuerza de Gobierno en la Comunidad Autónoma, el Partido Popular, que revalida una amplia mayoría absoluta en manos de Esperanza Aguirre y un claro perdedor, el Partido Socialista, que cae en más de siete puntos porcentuales con respecto a las elecciones anteriores.

Junto a ganador y perdedor, dos fuerzas políticas que no pueden esconder su satisfacción, aunque no sean necesarias para la gobernabilidad madrileña. Una Izquierda Unida que pasa de 11 a 13 diputados y una UPyD que irrumpe como nueva fuerza política madrileña con 8 diputados.

Puestos encima de la mesa los datos y, desde una perspectiva meramente cuantitativa, podemos concluir que en Madrid han votado casi 24.000 madrileños menos. El Partido Socialista ha perdido casi 220.000 votos, el Partido Popular ha perdido casi 50.000, Izquierda Unida ha ganado 22.000 votos y la UPyD consigue de golpe casi 200.000 votos en la Región Capital. El éxito electoral del PP, en Madrid, es menor, bajando más de 1,5 puntos con respecto a 2007 y gracias a la caída brutal del Partido Socialista y al hecho de que la participación electoral es más alta en las zonas ricas que en las zonas con menor renta. Por ejemplo en Moncloa-Arava o Chamartín vota el 72 por ciento del electorado y en Usera o Puente de Vallecas el 60 por ciento. Por ejemplo, en Tres Cantos vota el 75 por ciento y en Pozuelo de Alarcón el 72 por ciento de los electores, mientras en Parla no llega al 65 por ciento y en Fuenlabrada el 63 por ciento. Dicho de otra manera, la derecha no ha ganado, la izquierda ha perdido.

El destrozo en Madrid no ha sido muy distinto al que se ha producido en el conjunto del Estado, donde el PSOE ha perdido también más de 7 puntos porcentuales en votos con respecto a las anteriores elecciones. Es plausible que los votos perdidos por el PP hayan ido casi íntegros a UPyD, junto a una buena parte de los perdidos por el PSOE, con un ligero trasvase a IU, que puede haberse beneficiado además del voto útil de otros partidos minoritarios en la izquierda. Un trazo grueso, pero plausible.

Así las cosas, se abre una reflexión sobre las causas de esta situación. Qué ha ocurrido para que, frente a la corrupción de la política, asentada en Madrid con no menos intensidad que en Valencia, el electorado haya preferido castigar al Partido Socialista.

La causa no parece residir en la credibilidad de la política. Esa desafección social con respecto a la política y los políticos puede explicar un ligero aumento del voto blanco, o nulo, y el apoyo a una nueva fuerza con imagen de no institucionalizada como UPyD.

Creo, sinceramente, que tiene más que ver con la crisis económica y las decisiones adoptadas para combatirla. Hace un año, allá por mayo de 2010, el Gobierno cede a las presiones de los mercados y los Ministros de Economía de la Unión Europea, e inicia, sin previo aviso, un giro en las políticas que conduce a ajustes y recortes que traicionan el compromiso electoral con sus votantes. Ajustes injustificados, injustificables, que son interpretados como una quiebra del No nos falles, que a la manera de juramento de Santa Gadea, Zapatero contrajo con cuantos le llevaron al poder.

El último año se ha visto marcado por la congelación de las pensiones, que viene a suponer un retroceso real de la capacidad adquisitiva de nuestros pensionistas. Reducción salarial para los empleados públicos. Recortes de inversiones públicas y gasto social, agudizados en los Presupuestos de todas las Administraciones. Para desembocar en una Reforma Laboral impuesta que, sin crear empleo, facilita el despido y lo abarata, allanando el camino para incumplir los convenios colectivos y descolgarse de ellos, cuando el empresario lo considere oportuno. Una imposición que rompió las voluntades de acuerdo precedentes y nos condujo a una Huelga General el 29 de Septiembre.

Se agudizó entonces el ataque antisindical de la derecha política y su cohorte de tertulianos y medios de comunicación que, machaconamente, nos acusaron de atrasados, prehistóricos, firmantes, no firmantes, complacientes, radicales, todo a un tiempo y sin parar. Como si los trabajadores y sus organizaciones fuéramos los culpables de la crisis y sus efectos, sobre España y los españoles.

El conflicto sigue abierto, la crisis se agudiza, perdemos empleo, la desprotección se incrementa y la sociedad no confía en sus gobernantes. No hemos asistido a un triunfo de la derecha, sino que hemos comprobado como una parte de la izquierda ha sido derrotada.

Vienen años duros y no es buena noticia que los “fanáticos del dolor”, como define Krugman a cuantos desde el conservadurismo político y los “principios” ultraliberales defienden subidas de tipos, bajadas de impuestos y disminución del gasto social, vayan a ostentar tanto poder político absoluto y absolutista en Comunidades y Ayuntamientos.

La izquierda tiene por delante una tarea de reflexión inaplazable, porque la sociedad y los trabajadores necesitamos, en estos momentos, el apoyo de una política que mire hacia nuestros problemas y necesidades. Un proyecto creíble e ilusionante que apueste por al empleo, la defensa de los desempleados, el fortalecimiento de los servicios públicos y un nuevo modelo económico productivo, sostenible y no especulativo.

Francisco Javier López Martín

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