16 Abr, 2022

Políticos mediocres en Semana Santa

Escuchamos a nuestros gobernantes lanzar sus ideas, sus propuestas y sus iniciativas. La situación es grave, pero vamos a ganar esta guerra. Es como si se empeñasen en trasladarnos que efectivamente vamos de derrota en derrota, pero hasta a la victoria final.

Se atienen a su guión de serie, suenan firmes, pero poco convincentes. Los españoles hemos desarrollado un instinto especial para detectar cómo los políticos van a lo suyo y nos engañan sistemáticamente, o al menos no dicen toda la verdad con tal de no perjudicar la imagen del partido.

Pablo casado no es santo de mi devoción, pero es una buena muestra de cómo se puede conspirar en el interno mientras eso no se traduzca en un daño que ahora llaman reputacional, contra todo el partido. Alguien pensó que espiar a Ayuso era una ocasión de oro para quitarse de en medio a la presidenta madrileña y Casado y Teo salieron trasquilados. Resulta que los que tenían harto al partido eran ellos.

Sus propios colegas aprovecharon el momento para quitarle de en medio, aunque para ello hubiera que aceptar al hermano de Ayuso como animal de compañía. Ya los jueces se encargarán de él más tarde, bastante más tarde que, otra cosa no, pero la justicia es lenta en España.

Conocí a Casado que, cuando lea esto, pensará en la razón que tenía Oscar Wilde cuando decía que es preferible que hablen mal de ti a que nadie hable de ti. Algo que ya aprendió hace tiempo Esperanza Aguirre que lleva años en la vida pública a base de insultar y provocar al personal.

Le conocí decía, que me voy por la nubes, en un Congreso del PP madrileño, presidido por entonces por Esperanza Aguirre, que ya nos había declarado la guerra a los sindicatos y que nos acusaba de mamandurrias mientras construía un charco para todas las ranas que le salían en su gobierno.

En la inauguración de aquel congreso el jovencito Pablo Casado subió a la tribuna para trasladar un saludo como Secretario General de las Nuevas Generaciones del PP madrileño. Siguiendo la sombra de su jefa de filas se lanzó a atacar a los sindicatos, a defender las mamandurrias de Aguirre y a deleitarse con la muerte del Ché Guevara, que era una de las modas más aplaudidas de los peperos de la época en Madrid.

Luego vino su irresistible ascenso, lo de la renovación  de la juventud y lo de las titulaciones adquiridas de dudosa manera, los trasteos y maniobras sin criterio, como las elecciones provocadas en Castilla-León, que salieron mal, realmente mal y el hastío de un partido que veía peligrar las excelentes oportunidades de recoger el inevitable malestar que cualquier crisis deja en buena parte de la población.

El asunto Ayuso ha sido la disculpa para cesar a Casado justificándolo en su  incapacidad para lavar los trapos turbios dentro del partido mientras ponía en marcha el espionaje y las filtraciones a medios de comunicación.

Pero no es asunto exclusivo del PP, tampoco en el PSOE se quedan cortos en la defensa de los argumentos elaborados en algún despacho. Desde el Presidente al último director General nadie se sale del guión, porque salirse del guión puede traer serios disgustos.

Lo estamos viendo con la guerra de Ucrania. Claro que ha sido Rusia la que ha invadido Ucrania, pero fue occidente el que calentó la cabeza al gobierno ucraniano para entrar en la OTAN y fue el ejército ucraniano y especialmente los batallones de ultraderechistas venidos de países como Francia, Suecia, Estados Unidos, Alemania, Canadá, Italia, o España  el que sembró de fosas comunes el Donbas.

La Organización de Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), incluyó a estos batallones neonazis dependientes del Ministerio del Interior entre los responsables de torturas, los causantes de ejecuciones de prisioneros y los que intentaron ocultar los cadáveres en más de 150 fosas comunes.

Los responsables de la guerra son el gobierno y los oligarcas rusos, junto al gobierno y los oligarcas ucranianos. Las víctimas, como siempre son el pueblo ucraniano, en primer y principal lugar y el pueblo ruso, que ya padeció a los zares blancos, a los rojos y ahora a Putin.

Frente a un Sánchez,  alineado contra la “guerra de Putin” y con las medidas que nos reclama la OTAN, deberíamos pensar que cada vez que adoptamos sanciones conseguimos que suban los precios y se desestabilice nuestra economía. Por lo pronto ya no ganamos para sustos y vamos a gastarnos más del doble en armamento. Dinero que saldrá de la sanidad, la educación, la investigación o la protección social.

El eurocentrismo es sólo uno de los componentes del mundo en conflicto que saldrá de esta guerra y con recursos cada vez más escasos y un mundo en calentamiento un conflicto global puede ser el peor de los panoramas para abordar los serios problemas que tenemos.

Pero toca defender el envío de armamento y eso es lo que hace el partido a pies juntillas. Cualquiera abre la boca aunque sea para exponer un matiz. Toca defender a Marruecos y abandonar al Frente Polisario, de acuerdo con Francia, Estados Unidos e Israel y lo hacemos, aunque haya que quedarse solos en el parlamento, tensionar el gobierno, e ir de forma chulesca y vergonzante a Rabat a rendir pleitesía.

Mientras acogemos ucranianos, pagamos un indigno precio de humillación y renuncia unilateral a nuestras posiciones tradicionales de Estado con respecto al Sahara, con tal de que los marroquíes no empujen a su gente contra las vallas de Cuta y Melilla, o los lancen al mar en pateras de cáscara de nuez.

Estamos en Semana Santa, es tiempo de hacer penitencia y rezar para que los políticos mediocres no vayan a más en los próximos meses.

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