7 May, 2019

Yo voy a votar

 

Hay quien dice que los resultados de estas elecciones generales que se nos echan encima no se van a dilucidar en debates electorales, ni en los programas que presente cada partido, ni mucho menos en unos mítines electorales poco concurridos en comparación con los de tan sólo hace cuatro años.

Hay quien afirma que las encuestas, cargadas de voto no decidido y voto oculto, tienen muy pocas posibilidades de acertar en sus proyecciones. Otros aseguran que son las redes sociales, no necesariamente las que conectan a más personas simultaneamente, sino tal vez las que conectan a pocas personas, pero que permiten encadenar mensajes que se expanden como manchas de aceite, las que adquieren protagonismo a la hora de decidir el voto.

No faltan tampoco quienes consideran que las noticias falsas, las famosas fake news, difundidas de forma intensiva y en extensiones amplias de la ciudadanía, bien seleccionadas, terminan calando y resultando tremendamente eficaces a la hora de condicionar las decisiones finales de voto de los electores.

Acabamos confiando más en un vídeo falso que nos manda una amiga, o un amigo, que en todos los mensajes publicitarios de partidos o instituciones. Aunque ese vídeo falso haya sido recibido y difundido automáticamente, sin contrastar su veracidad, miles de veces hasta llegar a nosotros. Escuchamos tan sólo lo que queremos escuchar y confiamos sólo en los más cercanos y a veces ni en nosotros mismos completamente.

Me cuenta un buen amigo, a través de una de esas redes sociales, No dudo. Tengo que votar, lo cual me exige un esfuerzo previo y añadido a cuantos llevo realizados. Sopesar ideas, pros y contras, tanto en el corto como en el largo plazo. Que mi voto no traicione mi ideología, mi apuesta vital, compartida con otros hombres y mujeres próximos y lejanos. Una “scelta de vita” (elección de vida) a la manera en la que la asumía Giorgio Amendola.

Continúa mi amigo con una extensa reflexión que abunda en estas consideraciones, enmarcándolas en los momentos en los que nos toca vivir, confusos, dolorosos incluso, zigzagueantes, carentes de puntos de referencia claros, ni asideras firmes. Momentos que nos llenan de dudas, pero que no pueden hundirnos en la resignación, ni conducirnos al refugio en el mal menor.

Como mi amigo, somos muchos y muchas los que percibimos que hay un mal mayor al que debemos enfrentarnos. Un mal que produce daños irreparables para la humanidad y el planeta en el que habitamos. Mi amigo le da nombre, El mal se llama capitalismo. Su manifestación más letal es la sumisión, el creer que no hay alternativa, el pesimismo, cuando no el cinismo.

Muchos los que, como mi amigo, vivimos la preocupación de que este momento de elección se convierta en frustración que dé al traste con las pocas esperanzas compartidas durante años y aún necesarias. La libertad, la igualdad, la solidaridad, son muy frágiles, aún más si las personas no mantenemos la firme voluntad de protegerlas frente al asedio del poder y del dinero.

Por eso, el 28, hay que salir a defenderlas con nuestro voto. No será la conquista de un día y para siempre. Es tan sólo un momento más, pero  importante. Yo voy a votar.

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