19 Ene, 2022

Deseos de libertad para 2022

Comenzamos el año en el que ya deberíamos haber superado la pandemia que se desencadenó a principios de 2020. Eso nos habían vaticinado con la llegada de las vacunas. Lo cierto es que, por el contrario, con la variante Ómicron en plena efervescencia se ha desencadenado un nivel de contagios muy superior al de cualquier oleada anterior.

La ventaja es que parece que, con la mayoría de la población vacunada, los efectos sobre la presión hospitalaria no son, por el momento, tan grandes como en fases anteriores de la pandemia. La desventaja es que son ya demasiados los meses en los que eso que llamaron la vieja normalidad, que también nos prometieron que sería sustituida por una nueva, ha desaparecido del horizonte inmediato.

La pandemia que vivimos se ha producido en un momento en el que la crisis económica desencadenada hacía diez años no había concluido, pero había trazado un futuro de precariedad en los trabajos y en las vidas. En un momento en el que los excesos cometidos en el desarrollo económico comienzan a tener consecuencias desastrosas que amenazan el futuro de nuestra especie sobre el planeta.

La gran pregunta es si estamos preparados para afrontar esta crisis aplicando las respuestas adecuadas. La revolución digital, las nuevas tecnologías, podrían ser un poderoso instrumento, pero está en cuestión la dificultad para solucionar los problemas que tenemos por delante.

Es verdad que tenemos más información que nunca, lo cual nos haría más libres que nunca, pero también está ocurriendo que nuestros datos personales se encuentran en manos de unas pocas plataformas que utilizamos las cuales convierten en negocio ese volumen ingente de datos.

Unos pocos bancos gestores de datos venden, distribuyen y comercian. Datos que les entregamos nosotros, que recogen de los gobiernos, de organismo públicos, de empresas, para luego procesarlos, venderlos, porque la publicidad, el conocimiento de nuestras necesidades personales y la información para crear nuevas necesidades son la llave para generar persuasión en nosotros.

Creemos ser los protagonistas porque nos han convencido de que lo somos, pero la polarización, la desinformación y las noticias falsas se apoderan de nuestras vidas. Basta comprobar cómo las falsas noticias se instalan en el debate y cómo las necesidades económicas confrontan con las necesidades sanitarias.

Basta comprobar que vivimos en sociedades divididas entre quienes alertan sobre el cambio climático y quienes lo niegan aparatosamente, entre quienes se oponen a las vacunas y quienes niegan la propia existencia del coronavirus.

Lenardo DiCaprio, en la película No mires arriba, lanza sobre nosotros una frase terrible,

– En realidad lo teníamos todo, si lo piensas bien

Lo dice justo antes del impacto del meteorito sobre la Tierra.

Algo así nos ocurre ahora, cuando comprobamos que tenemos los medios para detener la destrucción masiva, la pandemia generalizada, la precarización de la vida de los seres humanos. Y, sin embargo, los responsables políticos tanto en los gobiernos como en la oposición, parece que han decidido dejar la responsabilidad del combate contra la pandemia en nuestras propias manos, la responsabilidad de lo que ocurra con nuestras vidas.

Nosotros nos autodiagnosticamos, realizamos los famosos tests, pedimos la baja, nos aplicamos las cuarentenas y nos reincorporamos al trabajo, al cabo de unos cuantos días, siguiendo unas cuantas instrucciones muy generales, cambiantes y, a menudo, contradictorias.

Tal vez seríamos más libres si ejerciéramos nuestro derecho a controlar los datos que las empresas procesan y utilizan para generar en nosotros demandas artificiales. Claro que este control supondría variar el modelo de negocio de las empresas, que dispondrían de un menor dominio de nuestros perfiles como clientes y, en consecuencia, menores ingresos por publicidad.

La pregunta es si el sistema político y económico en el que vivimos es capaz de garantizar nuestros niveles de libertad aún produciendo menos, vendiendo menos, obteniendo menos beneficios, satisfaciendo necesidades reales y no demandas creadas de forma artificial, permitiendo la desaparición de algunos empleos y la aparición de otros nuevos.

No sé si podremos hacer frente a estos retos, los retos de nuestro tiempo, la revolución tecnológica, las consecuencias de una intervención humana que produce el cambio climático y todas sus amenazas, una pandemia que no es la primera y que tampoco será la última, ni sabemos tan siquiera cuál será la más virulenta con la especie humana.

En la respuesta a estos problemas, desde nuestra responsabilidad individual y colectiva, se encuentra la posibilidad real de que las nuevas tecnologías jueguen a favor de la supervivencia y la libertad de nuestra especie sobre el planeta.

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