21 Sep, 2021

Putaendo, o el mundo en 350 palabras

Recibo un correo desde Chile. Un cuento breve que escribí y remití hace unos meses ha sido seleccionado por un jurado de escritoras y escritores, convocados por un grupo llamado Vecinxs en Movimiento X el Valle de Putaendo, para figurar en un libro digital que han editado y al que han llamado Putaendo en 350 palabras.

350 palabras en respuesta a los 350 sondajes que la compañía minera canadiense Vizcachitas Holding pretende realizar en la cuenca del Río Rocín, que alimenta a las gentes y a las tierras del Valle. Una convocatoria dirigida a escritoras y escritores de los cuatro puntos cardinales y que ha tenido una respuesta llegada desde lugares como Argentina, Cuba, Colombia, México, España, o el propio Chile.

Putaendo, un nombre que tiene que ver con las aguas que manan de los pantanos, o con el territorio soleado en el que viven sus habitantes. Putaendo un municipio, comuna, pueblo, en la provincia de San Felipe del Aconcagua, en la Región de Valparaíso, no muy lejos de Santiago de Chile.

Tierra y pueblos conquistados por los incas. Allí se detuvo la expedición de Diego de Almagro, para ser más tarde ocupada por Pedro de Valdivia. El primer pueblo al que llegó el ejército libertador, que traspasó la cordillera de los Andes y penetró en el Valle del Aconcagua.

La tierra, el agua, la vida, son y han sido esenciales para asegurar la supervivencia de las actividades agrarias, frutícolas, ganaderas, de las industrias vinculadas a la agricultura y la ganadería, sin que falten pequeñas explotaciones mineras tradicionales, de oro, zinc, cobre, plomo y hasta algunas experiencias de energías renovables.

Formas de vida, de supervivencia económica, de respeto al medio natural que se ven seriamente comprometidas por una actividad minera que terminará envenenando las aguas y expulsando a las poblaciones. Corporaciones multinacionales que compran voluntades políticas y que terminan topando de frente con los pueblos que han aprendido que no todo se puede comprar y vender si el precio es la desaparición de los recursos esenciales y de las vidas humanas en un territorio.

Experiencias vividas por los pueblos indígenas en cada rincón del planeta que hoy sufrimos también quienes comprobamos cómo los intereses económicos prevalecen sobre la preservación de los recursos naturales y el medio ambiente, o sobre las condiciones de vida. Da igual que se trate de desarrollos urbanísticos, o de la instalación de turbinas eólicas en cualquier paisaje natural.

De nada sirven luego todas las subvenciones a las personas que han perdido sus oficios y beneficios, ni nada solucionan los mitos neotecnológicos que nos prometen sustituir la naturaleza por engendros mecánicos que nunca podrán sustituir a un árbol, o a una abeja, por mucho que lo intenten.

Los Vecinxs de Putaendo, con su alcalde a la cabeza, haciendo frente a las decisiones de la Comisión de Evaluación Ambiental de Valparaíso que no ve mal los proyectos de la corporación minera, son también los vecinxs de Palacios del Pan, con su alcaldesa a la cabeza y los municipios cercanos a la presa de Ricobayo, que denuncian el vaciado de su pantano por parte de las eléctricas. Y son los vecinxs de los más de 120 municipios catalanes que ven cómo se instalan parques eólicos que destrozan el paisaje, matan a las aves y destruyen las formas de vida tradicionales.

Aquellos pobladores del Valle del Río Rocín, que desemboca en el Putaendo, que desemboca en el Aconcagua, que termina desembocando en el Pacífico, son los mismos vecinos que defienden las moreras que dan nombre a la Cala del Moral, perteneciente al Rincón de la Victoria, en la Comarca de la Axarquía, en la provincia de Málaga.

Los especuladores llaman Locas de la Cala a las mujeres que defienden a las moreras amenazadas por el cemento que se adueña de la Costa del Sol, como unos pocos vecinxs de Tetuán, a los que las autoridades llaman soñadores, defienden la morera del descampado del Paseo de la Dirección, uno de los últimos vestigios de vida vegetal tras la destrucción masiva de los poblamientos humanos del Paseo de la Dirección, que ahora esperan el siguiente, nunca el último, pelotazo urbanístico.

Ha sido para mí un orgullo que ese corto relato que un día mandé a Chile forme parte de ese pequeño libro con el que las 350 palabras de putaendo se alzan contra las 350 catas, extracciones, sondajes con los que la multinacional amenaza el agua y la vida en los altivos y majestuosos valles que descienden de la Cordillera de los Andes.

Son pequeñas y humildes batallas hermanadas, que forman parte de la misma defensa de la vida y que me hacen reconciliarme cada día con la especie humana.

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