Son las 2 de la madrugada. Frente a mi casa, las vías del tren, excavadoras, grúas, traviesas que se trasladan ruidosamente de un lugar a otro. Decenas de operarios de empresas constructoras que trabajan para ADIF, ejecutan interminables obras nocturnas que son soportables en invierno, con todas las ventanas cerradas, se convierten en tortuosos ruidos que impiden el sueño en verano.
Grabo las tortuosas maniobras de las máquinas y lo cuelgo en una red social y es visualizado por más de 34.000 personas. El debate que se suscita es inmediato. Hay quienes entienden la situación y la compara con agresiones similares que soportan en su entorno. Hay quien lo entiende, pero justifica que si queremos mejoras hay que hacer obras nocturnas.
Hay quien, conocedor del funcionamiento de las obras ferroviarias despliega sus plumas para decir que las molestias nocturnas son inevitables. No falta quien espeta que para qué narices compramos pisos cerca de vías. Tampoco falta quien avisa airadamente de que lo queremos todo, dormir y viajar, lo cual es evidentemente incompatible. Todo este debate anima a las visualizaciones cada vez mayores de mi vídeo.
Los responsables de las obras entre los que se encuentran ADIF y dos poderosas contratas y subcontratas, colgaron un cartelito en los tablones de anuncio de los edificios cercanos a las obras pidiendo disculpas, anunciando que procurarían que las molestias fueran mínimas y que las obras durarán lo menos posible. Llevan meses, años y las molestias no cesan.
El cartel es de hace dos años y medio y, según el mismo, las obras deberían de haber terminado hace meses. Estas empresas españolas, tan prestigiosas nacional e internacionalmente, podrían cumplir sus compromisos y podrían, sin duda, planificar las obras para causar las mínimas molestias posibles. Pero no es así.
Deduzco que no lo proceden así porque hacen lo que les da la gana, cuando les da la gana y como les da la gana, porque su negocio es seguro y poseen poderosas puertas giratorias por las que irán pasando, tarde o temprano, algunos responsables políticos camino de una vida mejor, al menos en términos económicos y volumen de trabajo.
Imagino que, por su parte, quienes se toman a chufla las quejas de los vecinos, no dudarán en solicitar la solidaridad más absoluta y generalizada cuando algún perro suelto les muerda la pantorrilla, cuando contraigan cualquier infección alimentaria, cuando padezcan el furor de su ruidosa y contaminada calle, cuando la suciedad invada el cercano parque por falta de limpieza, cuando acometan ruidosas e insoportables obras en su acera, o cuando les falte una guardería para su hijo.
Los mismos incompetentes que son incapaces de dejar dormir a unos vecinos con sus obras, son los que detraen recursos y son culpables de no solucionar todos esos problemas. Lo grande, lo digno de estudio sociológico, o de un ensayo antropológico, es cómo han conseguido que lo importante para ti sea convertido en una minucia y un capricho en el caso del vecino.
Así funciona España, camino del colapso. No por culpa de los inmigrantes. No por culpa de los independentistas. Por culpa de nuestro egoísmo irredento. Por culpa de muchos incompetentes a los que otros tantos egocéntricos les bailan el agua y les ríen las gracias.




