A menudo, para divertirse, suelen los marineros

dar caza a los albatros, vastos pájaros de los mares,,

que siguen, indolentes compañeros de viaje,

al barco que se desliza sobre los amargos abismos.

Así es la vida, una visión fugaz que perdura en el tiempo. Alguien la plasma en el papel, siguiendo ese raro vicio de escribir la vida sobre el que nos habla Manuel Rico en su último libro y que termina marcando a toda una generación. Algo así ha pasado con El Albatros de Charles de Baudelaire, ese imponente poeta que acaba de cumplir 200 años sin haber perdido un ápice de fuerza en sus ideas y de belleza en sus poemas.

Baudelaire navegaba, con apenas 20 años, hacia los los Mares del Sur en una larga expedición de comerciantes, militares, hombres de negocios, dispuestos a construir sus vidas en la lejana Calcuta, un largo viaje de año y medio impuesto por su padrastro, un alto militar represor de levantamientos populares, para reconducir la vida bohemia y libertina del joven estudiante parisino. Es en ese trayecto cuando la visión del albatros sobre la cubierta del barco se convierte en poema.

Apenas los arrojan sobre las tablas de la cubierta,

esos reyes del azul, torpes y avergonzados,

dejan que sus grandes alas blancas se arrastren

penosamente al igual que remos a su lado.

En muy poco tiempo los seres humanos que habitamos el planeta nos hemos visto obligados a repensar de arriba abajo y de izquierda a derecha nuestras formas de vida, a la manera en que Antonio Muñoz Molina nos obliga a reflexionar en su libro Todo lo que era sólido.

La crisis desencadenada en el sistema financiero en 2008, con la quiebra de Lehman Brothers y sus hipotecas basura, tuvo consecuencias económicas, productivas, sociales, políticas y en la vida cotidiana, dejando un horizonte de recortes en la protección social, precariedad de los empleos, inseguridad en las vidas, brechas salariales, desigualdad. El mundo líquido del que nos habló Zygmunt Bauman.

Se instaló entre nosotros una realidad que amenazaba las posibilidades vitales de la inmensa mayoría de la población mundial. Pero inmediatamente después de esta larga crisis apareció ante nosotros el reto del cambio climático. Da igual que sea la acción humana la que está provocando el desastre planetario, o que existan también causas naturales.

La realidad es que las especies se extinguen de forma acelerada, las temperaturas aumentan, el nivel de los mares crece, las selvas se deforestan, los desastres naturales nos asedian, los records de calor son batidos año tras año, el permafrost, las tierras heladas, los glaciares y el hielo milenario se descongelan, los virus se liberan con facilidad, evolucionan y se dispersan fácilmente transmitiéndose entre especies.

10 Jul, 2021

Inflación y salarios

Parece que vamos superando la crisis sanitaria. El país, el planeta todo, se preparan para remontar aceleradamente los efectos pandémicos de la paralización de la actividad económica y la congelación del empleo. Ya lo anunciaban los economistas tertulianos, las infraestructuras productivas se habían llenado de polvo, pero seguían ahí, intactas, dispuestas a volver a funcionar a pleno rendimiento.

Los primeros en apuntarse a la fiesta han sido las empresas energéticas que han decidido recuperar aceleradamente todos los beneficios aplazados por los confinamientos. Las empresas tecnológicas habían recogido los primeros beneficios del encierro generalizado, luego llegaron los precios disparados del consumo eléctrico, de Filomena para acá y las envidiosas empresas petroleras decidieron ponerse las botas en los surtidores de gasolina.

Así las cosas los precios se han disparado de golpe. Paga gasolina, o cómprate un coche eléctrico y paga recarga de batería, con tarifa nocturna, eso sí, de momento. No es cosa sólo de España, está ocurriendo en todos aquellos países en los que vamos dejando atrás lo más duro de la pandemia.

Por mi trayectoria personal puede que me encuentre más sensibilizado para buscar respuestas sindicales a cada problema económico, social, o político, tanto de nuestro país como del mundo mundial. Tal vez por eso se me ha terminado presentando, pasado un tiempo prudencial, cual aparición, o visión milagrosa, inesperada, la solución a ese conflicto recurrente en que nos embarca el Reino de Marruecos, unas veces a cuenta de Ceuta, otras de Melilla, de la isla Perejil, o del Sahara Occidental.

Como cualquier buen régimen autoritario y personalista, los gobernantes de Marruecos necesitan proyectos imperiales, corruptos negocios familiares y buenas dosis de pan, circo y espectáculo. Además, la pandemia ha empeorado notablemente la economía y la vida de las personas por aquellas tierras.

Téngase en cuenta que eso de los ERTEs es muy español y europeo, pero con economías sumergidas y trabajos irregulares es muy difícil subsistir sin poder salir de casa, sin vacunas y sin adecuados servicios médicos. Hay que buscar inmediatamente la manera de entretener al personal y eso de nadar hasta el Tarajal, más allá de los peligros reales que conlleva (nunca  superiores a embarcarse en una patera hacia Canarias), distrae bastante la atención.

Pues bien, parece ser que en ese trasiego han terminado entrando entre 1.000 y 2.000 menores marroquíes no acompañados en Ceuta. Menas de esos que la ultraderecha pone en contraposición con nuestras abuelas y sobre los que el Tribunal Supremo sentencia que son “un evidente problema social y político, incluso con consecuencias y efectos en nuestras relaciones internacionales, como resulta notorio”.

La pandemia ha significado que un buen número de trámites administrativos y no pocas formas de acceder a servicios han sido sólo posibles utilizando herramientas digitales. Muchas personas hemos accedido a  algún servicio educativo, alimentario, bancario, sanitario, de entretenimiento, o de empleo utilizando este tipo de herramientas.

Eso no significa una auténtica transformación digital, porque muchas de esas nuevas prácticas han sido forzadas y volverán a ser mayoritariamente presenciales tarde o temprano. Por eso lo que llaman por ahí adopción digital ha bajado ahora casi 20 puntos con respecto al año pasado, cuando nos encontrábamos en plena incidencia de la pandemia.

La adopción digital primero y la cultura y la transformación digital después, han llegado para quedarse y casi el 80 por ciento de los españoles parece que seguirán usando las nuevas herramientas de compra, venta, acceso a servicios, ya sea comprar un viaje, productos alimenticios, ropa, o entretenimiento.

Sin embargo, hay otros servicios como la educación, la sanidad, algunos servicios esenciales como agua, electricidad, o los seguros no han sido tan bien percibidos en su versión digital y la mayoría de los usuarios se queja y deja claras sus preferencias por un trato más personalizado.

10 Jul, 2021

Pandemia para rato

El capitalismo imperante ha demostrado que es incapaz de gestionar desastres como el que estamos viviendo, a escala mundial. No entro en si los causantes de la liberación del virus por todo el planeta han sido las ansias de ganar dinero deforestando selvas, en las que nadie había entrado hasta ahora, en busca de materias primas, para traficar con animales exóticos, o si ha sido un descuido, más o menos intencionado, en un laboratorio, tal como sostienen algunos conspiranoicos que, como la propia palabra indica sostienen firmes convicciones conspirativas, junto a innegables tendencias paranoicas.

Lo malo es que el cansancio, la fatiga pandémica, comienza a hacer mella en todos, lo cual nos conduce a intentar ver alguna luz al final del túnel y hacernos ilusiones de vueltas progresivas a una cierta normalidad. Así lo hacen nuestros gobernantes en estos días, pese a que los expertos se muestran mucho más cautos y no se cansan de decirnos que la pandemia va para largo.

28 Jun, 2021

Desahucio mortal

Barcelona, un día cualquiera, barrio de Sants. Un hombre de 58 años espera a que suene el timbre de la puerta, probablemente ha visto ya que la comitiva judicial, con sus papeles en orden, ha aparcado y se apresta a subir y llamar a la puerta. No hay nadie concentrado ante el portar para impedir el desahucio.

Y cuando suena el timbre, el hombre solitario se incorpora, pero en lugar de acudir a abrir la puerta se dirige a la ventana y salta por ella. Los vecinos no sabían nada de que el hombre estuviera al límite y al borde del suicidio. Al parecer llevaba tiempo en paro, había dejado de pagar el alquiler y, tras una espera de meses, el dueño había interpuesto demanda. El juez, argumentando falta de información patrimonial y laboral, había terminado decretando el desahucio.

Dicen que es tonta, más quisieran ellos. Dicen que es una autómata que repite lo que sus experimentados asesores le van diciendo por un pinganillo y aunque así fuera sería una autómata dotada de inteligencia artificial, eso que llaman machine learning, capaz de aprender y superar a cualquier opositora humana que se atreva a jugar la partida contra ella.

Su investidura ha sido la última demostración de esa capacidad de desbordar cualquier estrategia defensiva a derecha e izquierda, pero sobre todo a laizquierda. Querían los ultraderechistas menos consejerías, pues de 13 a 9. Querían también primacía de los nacionales sobre los extranjeros, pues anuncia un plan de natalidad que dotará a cada mujer con 500 euros al mes, desde el quinto mes de embarazo a los dos años de edad y hasta un total de 14.500 euros.

El derecho a disfrutar de una vivienda digna se encuentra en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en nuestra Constitución de 1978 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Y, sin embargo, pese a tanto reconocimiento, nadie asegura su cumplimiento. El mercado manda, los poderes públicos dejan hacer, sin regular, ni asegurar el efectivo ejercicio del derecho.

No es la primera vez que un gobierno pretende solucionar el problema de la vivienda y no es la primera vez que terminan solucionándose unos cuantos asuntos menores, entre mucha publicidad, propaganda y alharacas, mientras los especuladores salvan su negocio.

En un país que ha basado una parte importante de su crecimiento en factores como el suelo y el ladrillo lo normal es que sea complicado hacer entrar en razón a esos sectores privilegiados, salvo que una crisis destroce el modelo, en cuyo caso ya se encargarán ellos de que les paguemos el desastre, como ya ha ocurrido con la crisis financiera y bancaria desencadenada con la quiebra de Lehman Brothers a partir de 2008.

Este país es lo que tiene, siempre hay alguien dispuesto a hacer negocios, aprovechar las oportunidades, poner el cazo, repartir juego trucado para recoger beneficios fáciles. Siempre hay alguien poniendo oídos al cuento de El Dorado que nos espera al doblar el recodo de cualquier día, o al otro lado de cualquier montaña.

Llega  a mis manos un documento fundacional de una de esas cruzadas madrileñas de conquista del futuro, en el que se sella la alianza de casi todos los grandes del país, desde constructoras a empresas energéticas, industriales, petroleras, alimentarias, gasísticas, bancos, sanidad privada, tecnológicas, de transportes, logísticas, universidades privadas, fondos de inversión más o menos buitres, consultoras y despachos de abogados, aseguradoras, cerveceras, clubs de futbol, empresas deportivas, de servicios y muchas más.

Como adorno de la operación podemos encontrar al Teatro Real, el Círculo de Bellas Artes, o el Instituto Cervantes, que dan una pátina de honorabilidad, cultura y filantropía, además de un barniz de beneficencia que asegura la presidencia de Cáritas Española, junto a la presidencia honorífica del alcalde de Madrid y la honorífica vicepresidencia para la vicealcaldesa.

La pandemia nos ha situado de golpe ante una nueva realidad, como siempre de la mano de una nueva necesidad. Hemos tenido que tirar de internet, del teletrabajo, de las compras, o la educación online, para resolver muchos problemas cotidianos derivados del confinamiento, las restricciones de aforo y las medidas de distanciamiento en tiendas, aulas, oficinas.

Ahora, cuando las cosas van volviendo a su ser, descubrimos que ese ser ya no es el mismo, sino un nuevo ser, una nueva realidad, que incorpora algunos elementos que vinieron para quedarse. He visto despotricar a algunos docentes universitarios, recurriendo a argumentos como lo esencial que es la presencialidad en la vida universitaria, lo cual, teniendo parte de verdad, viene a ser algo desproporcionado.

Claro que toda actividad humana requiere ciertos momentos de mirarse a los ojos, hablar, debatir, afrontar un trabajo en equipo, tomarse algo juntos, echarse unas risas. Esas cosas son esenciales, ciertamente, pero ya nada es tan simple. Hoy los investigadores universitarios colaboran a miles de kilómetros de distancia, los alumnos pueden realizar muchas tareas sin estar en un aula, el profesorado puede orientar muchas de sus actividades en encuentros online.

Cómo pasa el tiempo. Hace ya 15 años que se nos fue Pamela O´Malley, esa mujer de otro mundo que quiso compartir su vida con nosotros. Murió inesperadamente un 12 de enero de 2006 y a mediados de abril, en el Salón de Actos de CCOO de Madrid, que aún no llevaba el nombre de Marcelino Camacho, le rendimos homenaje, junto a la Asamblea de Cooperación por la Paz (ACPP) de la que era Presidenta.

Pamela había nacido en Dublín en 1929. En el año 53 emprendió un viaje con el hombre con el que había decidido vivir, que la condujo a España y aquí se quedó trabajando en el Colegio Británico. Esa era su forma de ganarse la vida, pero bien pronto, en los años 60, entró en el PCE y comenzó su inmenso trabajo para construir una alternativa educativa y democrática con otros profesionales de la enseñanza, como los socialistas Luis Gómez Llorente, o Mariano Pérez Galán.

En aquella etapa de clandestinidad participó en la creación de las Comisiones Obreras de la Enseñanza. Durante mucho tiempo aspiraron a constituir un sindicato único de la Educación, siguiendo el modelo de otros países como Francia. Al final, la transición trajo consigo la constitución de diversas confederaciones sindicales que cerraron la puerta al proyecto unitario de CCOO.

En aquellos duros años finales del franquismo, Pamela participó en la elaboración de la Alternativa por la Escuela Pública en el Colegio de Doctores y Licenciados, uno de esos espacios de relativa libertad donde pudieron fraguarse proyectos de futuro, como éste, que aún siguen siendo referencia de una educación libre concebida desde la izquierda democrática.

Detenida frecuentemente, condenada, encarcelada, fundadora de las CCOO de Enseñanza, pese a las decisiones en contra de la dirección del PCE y, al final, en los duros años de fracturas de la izquierda comunista, expulsada del PCE, integrada en la naciente Izquierda Unida, militante de la Nueva Izquierda y convencida defensora de los derechos humanos, las libertades, la solidaridad desde la ACPP, donde impulsó proyectos de cooperación, educación, construcción de escuelas en diferentes lugares del mundo.

Toda una trayectoria reconocida con la Medalla de Oro del Trabajo a toda una vida dedicada a la educación. Pero Pamela era mucho más que militancia política, sindicalismo, izquierda convencida y una gran profesional de la enseñanza. Era una mujer de su tiempo, una mujer libre que eligió un amor que perdió demasiado pronto y al que recordó toda su vida.

Una mujer a la que todos recuerdan por su capacidad de disfrutar de la amistad, de una corrida de toros, de Madrid, de las risas compartidas viendo a los amigos beber una copa de whisky irlandés, mientras les explicaba cómo la cuna del whisky era precisamente Irlanda. Dispuesta siempre a asistir a una manifestación para defender la Paz en Palestina, la enseñanza pública, o siempre contra cualquier acto de  violencia y contra el terrorismo de ETA.

Recuerdo a Pamela en aquellos primeros años en los que me incorporé al Sindicato de Enseñanza, sentada junto a Miguel Escalera, que falleció tan joven, a los 43 años, junto a Cándido Cortés, memoria viva de aquel tiempo de construcción del sindicato con los mejores recursos humanos y tan escasos recursos materiales, junto a Javier Doz, uno de aquellos jóvenes que comenzaron a dirigir las organizaciones de las CCOO tras su legalización.

Pamela O´Malley fue una de aquellas hispanistas, venidas de Irlanda, como antes lo hiciera Gerald Brenan y después lo haría Ian Gibson, a la manera de aquella Rut Ormesby, la única brigadista irlandesa, enfermera, que murió en la guerra de España.

Quince años se cumplen de la muerte de Pamela y conviene recordarla  como una de aquellas mujeres que vinieron de otros lugares del mundo, se enamoraron de nuestras gentes y de nuestras tierras y decidieron vivir con nosotros y compartir nuestro destino. The Independent tituló su obituario: Pamela O´Malley, una educadora rebelde en Madrid.

Este año, el próximo 12 de julio, hubiera cumplido 92 años. En nosotras y nosotros, los seguirá cumpliendo.

Vivimos tiempos en los que todo responsable de tomar una decisión, en cualquier ámbito de la vida, ya sea política, económica, social, empresarial, o administrativa, busca justificación de la misma en los resultados de la aplicación de un algoritmo.

Si el algoritmo acierta, el responsable en cuestión se apunta el tanto y, en caso contrario, siempre hay a quién culpar. A fin de cuentas imaginamos el algoritmo como una fórmula matemática y, a veces, las fórmulas matemáticas contienen errores y no apuntan bien la solución de los problemas.

El algoritmo recoge datos, los analiza, los distribuye de acuerdo con el plan de distribución que le hemos indicado. Pero cuidado, no distribuye esos datos sobre un plano, sino en un espacio multidimensional, en función de los criterios con los que le obliguemos a trabajar. No hablamos de una fórmula matemática, sino de un cálculo geométrico.

11 Jun, 2021

Triajes estadísticos

La noticia decía,

-El CIS pide elegir entre ancianos y jóvenes si hubiese escasez de vacunas o respiradores.

Vale que eran los tiempos más duros de la pandemia, aquellos en los que había instrucciones cursadas por la Comunidad de Madrid que negaban el traslado de los mayores contagiados en las residencias a las instalaciones hospitalarias.

Muchas de las denuncias interpuestas por familiares están siendo archivadas y en otras, en las que la propia Fiscalía comienza a intervenir por homicidio imprudente y omisión de socorro, parece que terminarán pagando el pato las trabajadoras de las residencias y no la Consejería de Sanidad.

Y en mitad de aquel despropósito y desbarajuste vinieron los del CIS preguntando a quién prefieres, a papá o a mamá, a la abuela, o a ti mismo, al abuelo, o a tu hijo. Al sano, o al que tiene los días contados, por más que no hay nadie, absolutamente nadie, que no pueda morir mañana, ni hay tampoco nadie que no pueda vivir un día más.

La pregunta fue retirada, pero el gobierno quedó en muy mal lugar. No leí la polémica pregunta, pero venía a plantear, literalmente, a quién debería priorizarse si hubiera escasez de respiradores, vacunas, o medicamentos. A la persona joven, con más vida por delante, o a quien tiene más riesgo de morir, o al anciano, que es más vulnerable.

-Nosotros somos quien somos. ¡Basta de historias y cuentos! ¡Allá los muertos!  Que entierren como Dios manda a sus muertos.

Así comenzaba éste hermoso y muy poco recordado poema de Gabriel Celaya con el que nos forjamos aquella generación de jóvenes que tuvimos que vivir la transición española. Y aunque es cierto que no vivimos del pasado, ni damos cuerda al recuerdo, es verdad que el agua de nuestros ríos es  turbia casi siempre, atropellada siempre, pero fresca cada vez menos.

También acierta el poeta cuando nos describe como bárbaros sencillos, aunque tal vez no tan sencillos, cada vez menos sencillos. Los tiempos han cambiado y muchas de las afirmaciones del poeta resultan matizables con el paso del tiempo,

-De cuanto fue nos nutrimos, transformándonos crecemos y así somos quienes somos, golpe a golpe, muerto a muerto.

Toda una declaración de intenciones de futuro en Celaya. De cuanto fue nos nutrimos. De nuevo, en esto, aquel hombre bueno intenta que los mejores deseos coincidan con la realidad del país. En líneas generales, visto lo visto, en España a partir de la Transición, el empeño esencial es olvidarlo todo, no recordar nada, comenzar siempre de nuevo, provocar el eterno retorno.

Vivimos tiempos de congresos sindicales. Acabamos de cerrar el Congreso Confederal de UGT y ya estamos en mitad del Congreso de las CCOO de Madrid esta misma semana y vamos enfilando el Congreso de la Confederación en el otoño.

Los congresos, sindicales o no, deberían ser momentos para el encuentro de las personas, la reflexión sobre nuestros problemas  y el esfuerzo para establecer prioridades de trabajo, estrategias de acción sindical, acuerdos de gobierno interno. Tareas aún más importantes en estos tiempos de pandemia.

Tendemos a medir la importancia del sindicalismo en términos de protección y bienestar social de la clase trabajadora. Muchos economistas de los entornos del pensamiento ultraliberal nos cuentan que los sindicatos son un mal, ni tan siquiera necesario, que lo único que hace es entorpecer los avances empresariales que generan empleo, producen actividad económica, riqueza y desarrollo del país.

-Estamos en guerra, pero hay que reflexionar.

No es mío, son Os Resentidos, es Anton Reixa, quien lanza la propuesta de la República de Sitio Distinto: Reírse del churrasco, bailar en los coches eléctricos, comprar un Percebes Benz. Son los tiempos de la Guerra de Irak, 1991, es el inicio del enorme negocio de las grandes corporaciones estadounidenses, en consorcio con los líderes políticos del gobierno Bush Padre.

Desgraciadamente la frase volvió a ponerse de plena actualidad diez años después, cuando el Presidente Bush Jr. decidió continuar el negocio de su padre. Cada miembro de su gabinete, desde Dick Cheney a Donald Rumsfeld, o desde Colin Powell a Condoleezza Rice, tenían intereses en las grandes corporaciones de armamentos, empresas de seguridad, petroleras, constructoras y empresas tecnológicas. Destruir un país, reconstruirlo después, es todo un negocio. Un petrolero lleva el nombre de Condoleezza.

Ese es el mundo que hemos heredado, el que ha marcado los primeros años del siglo XXI, el que nos ha conducido desde la Guerra de Irak a la crisis de 2008, al destrozo climático y al desgobierno mundial de la pandemia. La clase trabajadora, la izquierda y los sindicatos, hemos recibido el golpe y estamos teniendo serias dificultades para encajarlo y reaccionar.

Las Comisiones Obreras, así me gusta llamarlas, a la antigua, en plural, como prefiero decir las Españas. Las CCOO de Madrid embocan su 12 Congreso que culminará el viernes próximo. Un Congreso extraño, marcado en su desarrollo por la pandemia, asambleas congresuales con pocas personas en las salas, mucho voto telemático y poca presencialidad, lo cual no ha impedido la elección de los delegados y delegadas que participarán en las decisiones sobre el futuro de la organización.

Algunos cambios importantes se producirán en la organización durante este proceso congresual. El primero de ellos, la despedida de Jaime Cedrún como Secretario General, tras ocho años de mandato en el primer sindicato de la Región capital. Nunca agradeceremos lo suficiente el esfuerzo, la dedicación y el empeño de defender la dignidad del trabajo y de la vida en todos esos años.

Y el otro cambio, no menor, será que una mujer dirija el sindicato en Madrid. Además, han sido dos mujeres las que han asumido el reto de encabezar las candidaturas que han competido en el desarrollo del congreso y las que han sabido ponerse de acuerdo para concurrir en una sola candidatura conjunta que dirigirá el sindicato durante los próximos cuatro años.

Lo excepcional del momento, hace que esta unidad sea no sólo  deseable, sino absolutamente necesaria. Pero es que además, la compleja historia de las Comisiones Obreras nos ha ido conduciendo hacia un concepto de unidad que tiene que ver con el respeto a la pluralidad de las ideas que se expresan libremente en cada debate y con el reconocimiento de la diversidad de problemas, a los que se enfrenta la clase trabajadora, especialmente ahora.

Cuentan que vivimos en el Antropoceno, este periodo geológico que parece que nos ha tocado en suerte, marcado por el brutal impacto de la actividad humana, depredadora, extractiva, industrializadora, carbonizante, capaz de abocar a la extinción de nuestra especie sobre el planeta.

De eso se trata en estos momentos. No tanto de la protección y preservación del planeta, sino de la supervivencia del ser humano en el mismo. El planeta no necesita ser salvado porque sobrevivirá a nuestra especie. Otras especies colonizarán los valles, las colinas y los mares. Seremos nosotros los que desapareceremos, si no hacemos algo y pronto, para evitarlo.

Como bien nos recuerda Leopoldo Abadía,

-No paramos de preguntarnos qué mundo dejaremos a nuestros hijos, cuando la cuestión es qué hijos dejaremos al mundo.

Serán ellos los que tengan que aprender que no nos encontramos en una encrucijada de muchos caminos, porque en realidad no hay más que dos caminos posibles, el de la construcción de un mundo libre, justo, democrático y sostenible, o la continuidad de nuestro suicida empeño de agotar los recursos, agravar las desigualdades, imponer globalmente las nuevas dictaduras del capitalismo de vigilancia, profetizado por Shoshana Zuboff, el desprecio de los derechos humanos, la destrucción de nuestra vida como especie.

La República Española, la república democrática de trabajadores de toda clase que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia, acaba de cumplir 90 años. Hay maneras y maneras de conmemorar y festejar un cumpleaños. En este año de pandemia, las manifestaciones y actos públicos parecían poco aconsejables.

La Tertulia Indio Juan del Ateneo 1º de Mayo hemos decidido organizar un recital poético republicano, en el que han participado más de doce poetas de todos los estilos y clases. Poemas propios, o de poetas que escribieron por la libertad y la justicia en un país cuyos males pertinaces atenazaron su desarrollo y su convivencia durante siglos.

La poesía, la creación literaria, o de cualquier otro tipo, la danza, la canción, el teatro, la pintura, la escultura, la música, la creación artística, constituyen las mejores formas de recrear un mundo, construir una imagen colectiva y compartida, eso que hoy llaman una narración, un relato. La creación artística, la cultura, la educación, fueron algunas de las mayores preocupaciones de la República nacida en 1931.

Lorca llegó a afirmar que si se encontrara en la calle, desvalido y con hambre prefería medio pan y un libro, a un pan entero. Su compañía teatral, la Barraca, recorrió España representando todo tipo de obras por los pueblos. Al tiempo, las Misiones Pedagógicas, el proyecto educativo sobre el que Alejandro Tiana, ha escrito recientemente un necesario libro, recorrían miles de pueblos y aldeas.

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