Ahora es el momento. Estamos en otoño y cualquier día se desencadenan los rigores propios de la temporada que vivimos, los fríos, las heladas, las noches más largas. Y este año, combatir los fríos del invierno, nos va a salir mucho más caro.

Es tiempo de rescatar del torrente de desescaladas pandémicas y de las nubes de lavas volcánicas, aquellos estudios que nos hablaban de los barrios que viven en las fronteras de la pobreza energética, porque, al precio que se está poniendo la energía, van a ser muchos más los que lo pasen mal este invierno.

Un estudio realizado en la ciudad de Madrid hace unos meses por la Universidad Politécnica (UPM) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha llegado a la conclusión de que en la capital hasta un 6% de la población se encontraría en una situación crítica desde el punto de vista de la pobreza energética.

Pedro Montoliú es eso que solemos llamar un periodista de raza que un buen día decidió dejarlo todo para contarnos nuestra historia, esa parte cercana de nuestra Historia de la que no sabemos casi nada y que, a poco que nos descuidemos, terminaremos repitiendo, desgraciadamente no en sus buenos momentos, sino en sus sonados fracasos.

Viene Pedro de una larga trayectoria de contadores de historias, desde sus tiempos iniciales de colaboraciones en Triunfo, o el diario Informaciones, hasta acabar como como fundador de aquel proyecto de comunicación innovador y democrático al que dieron el nombre de El País. Desde su sección de local se dedicó durante década y media a contarnos Madrid.

Ya no eran los maquis los que comparecían ante los tribunales militares y no parecía normal, a los ojos de cualquier país con el que quisiéramos relacionarnos, que unos cuantos grupos de trabajadores que pedían subidas salariales y mejores condiciones de trabajo y unas pandillas de estudiantes, se vieran ante jueces militares, como si hubieran encabezado revueltas armadas contra el ejército franquista.

Es verdad que ya el Régimen dictatorial había ensayado la creación de algunos tribunales especiales para perseguir delitos de opinión, manifestaciones callejeras, o activismo en los centros educativos, pero es la creación del Tribunal de Orden Público (TOP), en 1963 la que constituye una respuesta directa y general contra cualquier movilización política, laboral, vecinal, o estudiantil.

El Gobierno ha cumplido su compromiso de ir subiendo el Salario Mínimo Interprofesional (SMI) a lo largo de la legislatura hasta que el mismo alcance casi 1.050 euros en 2023, lo cual equivaldría al 60% del salario medio en nuestro país, siguiendo los planteamientos de la Carta Social Europea. El acuerdo logrado entre Ministerio de Trabajo y organizaciones sindicales CCOO y UGT supone una subida de 15 euros.

Una subida tan moderada que se ha situado en la mitad de la horquilla en la que se movían las negociaciones y las recomendaciones de los expertos, entre los 12 y los 19 euros.  Tiene, no obstante, la virtud de no dejar en blanco durante un año el cumplimiento del acuerdo por parte del Gobierno de Progreso. El acuerdo fija el SMI en 965 euros, lo cual queda muy lejos aún de los 1.049 euros que deberá alcanzar en 2023.

La casta gobernante de las Españas quería seguir gobernando un imperio. Los políticos españoles y las clases pudientes no llevaban nada bien la pérdida de las últimas y relevantes colonias en Cuba y Filipinas, tras una desequilibrada guerra, promovida por los siempre pendencieros gobernantes de los Estados Unidos de América.

En esas estábamos, digiriendo los males seculares y sempiternos de España, intentando entretener a los conmilitones golpistas y levantiscos, cuando alguien con visión de futuro y poder suficiente para imponer su nuevo orden en marcha, vio la oportunidad de distraer los problemas reales afrontando un sucedáneo de nuevas aventuras en un mundo más cercano.

Las conferencias de las grandes potencias, a finales del XIX en Berlín y a principios del XX en Algeciras, concretaron el reparto de África a tiralíneas, rompiendo complejos entramados tribales para buscar inestables equilibrios para evitar que Francia, o Gran Bretaña, creasen colonias inmensas que reforzasen su poder frente a aspirantes imperiales como Alemania, o sucios negociantes como el rey de los Belgas.

No es la primera vez que me meto en harina y hablo de la desidia de nuestros políticos electos, de nuestros responsables administrativos, de los empresarios que nos prestan servicios a buen precio. No es la primera vez que denuncio la tortura de ruido que sufren quienes viven junto a las vías de trenes de corto, medio y largo recorrido.

Y no me refiero a las horas en las que el tráfico ferroviario arrecia. Desde antes de que salga el sol y hasta casi media noche los oídos del vecindario se han acostumbrado al paso de los trenes. También hay quienes se han acostumbrado al ruido de los coches y la contaminación de las avenidas muy concurridas.

Fui maestro antes de tener un título de magisterio. Aún antes de haber leído Muerte accidental de un anarquista, ya no recuerdo si asistí a aquella representación en la Sala Cadarso a finales de los 70. Darío Fo  pone en boca del Sospechoso interrogado por el Comisario sobre su tarjeta de presentación en la que afirma ser psiquiatra,

-Mire, decir “soy psiquiatra” no es suplantar un título. Es como decir: “soy psicólogo, botánico, herbívoro, artrítico”. ¿Conoce la gramática y la lengua italiana? ¿Sí? Pues debería saber que si uno escribe “arqueólogo” es como si escribiera “siciliano”… ¡No significa que ha realizado estudios!

Yo hubiera escrito “soy maestro” porque unos cuantos jóvenes habíamos decidido que debíamos dedicar parte de nuestro tiempo a juntar a la chavalería de Villaverde para combatir los suspensos, el fracaso escolar, el abandono de la educación, el peligroso camino hacia la droga, la violencia de las pandillas, la delincuencia juvenil, los embarazos no deseados, las vidas miserables.

SPAIN. Extremadura. A committee of peasants saluting, with their fists, militians leaving to join the forces in Madrid. 1936.

Recientemente el gobierno ha tramitado el proyecto de Ley de Memoria Democrática. Desgraciadamente vivimos en un país en el que parece que todo tiene que ser olvidado para que sigamos viviendo en equilibrio, que no en paz, sin haber resuelto nunca el problema de conquistar una convivencia democrática, sin imposiciones, ni amenazas. Un país siempre en el filo de una navaja.

España viene a ser un país sin patria, sin memoria compartida, sin pasado común que pueda ser útil para el presente. En España conviene saber quién manda y, en función de ello, intentar descubrir cómo interpretará el pasado y cómo diseñará el futuro, porque, a fin de cuentas, sigue plenamente vigente la lección de George Orwell,

-Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controla el futuro.

21 Sep, 2021

La cuarta revolución

Las grandes corporaciones, los gurús de Silicon Valley, nuestros gobernantes y hasta los más desinformados de nuestros tertulianos nos invitan a sumarnos alegremente a la Cuarta Revolución Industrial que, con sus nuevas tecnologías digitales, robóticas, sus nanotecnologías, sus biotecnologías, el 5G, el Internet de las cosas y la Inteligencia Artificial serán capaces de derrotar al cambio climático, acabar con la dramática pérdida de biodiversidad, con la pobreza, las pandemias, las enfermedades, las desigualdades y la violencia.

Un día los más ricos del mundo se dan un paseo por el espacio y otro día nos cuentan cómo sería posible terraformar el planeta Marte, mientras seguimos a pasos agigantados marteformando la Tierra. Cualquiera sabe, en su sano juicio, que para salvarnos de la extinción no estamos ante un problema tecnológico sino más bien ante un problema político y de modelo económico.

Los científicos lo saben y de vez en cuando se atreven a sugerirlo suavemente para no provocar las iras desaforadas de los gobernantes y de los poderes económicos que sostienen las instituciones científicas y universitarias. Incluso cuando se arriesgan a plantear con crudeza los problemas a los que nos enfrentamos topan con la indiferencia de los políticos y la sordera de un público que no quiere escuchar.

Recibo un correo desde Chile. Un cuento breve que escribí y remití hace unos meses ha sido seleccionado por un jurado de escritoras y escritores, convocados por un grupo llamado Vecinxs en Movimiento X el Valle de Putaendo, para figurar en un libro digital que han editado y al que han llamado Putaendo en 350 palabras.

350 palabras en respuesta a los 350 sondajes que la compañía minera canadiense Vizcachitas Holding pretende realizar en la cuenca del Río Rocín, que alimenta a las gentes y a las tierras del Valle. Una convocatoria dirigida a escritoras y escritores de los cuatro puntos cardinales y que ha tenido una respuesta llegada desde lugares como Argentina, Cuba, Colombia, México, España, o el propio Chile.

Putaendo, un nombre que tiene que ver con las aguas que manan de los pantanos, o con el territorio soleado en el que viven sus habitantes. Putaendo un municipio, comuna, pueblo, en la provincia de San Felipe del Aconcagua, en la Región de Valparaíso, no muy lejos de Santiago de Chile.

Un día escribí que era aquel un tiempo de silencio, como el de la famosa novela. El franquismo fue un tiempo en el que los hijos de los vencidos hablaban en susurros que flotaban en los pequeños cuartos de estar.  Los nietos de los vencidos captábamos algunas palabras al vuelo. Algo estaba pasando a nuestro alrededor, algo que ninguno de nosotros, nietos de vencidos podíamos saber, porque saber era poder hablar en algún momento, buscar problemas para la familia.

Nos asombramos de que hoy los hijos no sigan los pasos de sus padres, pero en aquellos tiempos, hace medio siglo, no era fácil tirar del hilo de los murmullos para encontrar el camino. La conciencia del pasado se sustenta en la libertad para contar nuestra historia, nuestras historias. Algo que hace medio siglo no teníamos y que medio siglo después parecemos haber olvidado.

Acabábamos de firmar el acuerdo para crear la ley de Renta Mínima de Inserción con el Presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Se había comprometido un año antes, el Presidente, en su discurso ante el Congreso de las CCOO de Madrid, en el que fui elegido Secretario General, a negociar la transformación del salario social, el IMI (Ingreso Madrileño de Integración), acordado como decreto en la época de Joaquín Leguina, en una ley  que estableciera el derecho subjetivo de toda persona carente de los recursos básicos a recibir una prestación para atender sus necesidades básicas y las de su familia.

Estábamos de vuelta de la Puerta del Sol, en nuestra sede de Lope de Vega. Habíamos puesto la televisión para ver cómo trataba Telemadrid la firma del acuerdo, cuando comenzaron a desencadenarse las noticias que hablaban del accidente de una avioneta contra una de las Torres Gemelas.

En un artículo anterior reflexionaba sobre el abandono humano, el olvido intencionado, el desprecio programado, la infamia que supone dejar pasar un aniversario como los 500 años de conmemoración de la derrota de los Comuneros de Castilla en Villalar.

Aquel intento de mantener la libertad y la autonomía de Castilla frente a las pretensiones imperiales que se vio condenado al fracaso cuando una parte de la cobarde, poderosa y terrateniente nobleza y el clero se desvincularon de las milicias comuneras de artesanos maltratados, campesinos descontentos, ciudadanía airada.

Subestiman los gobernantes a los pueblos. Infravaloran su inteligencia, su capacidad de decidir colectivamente, de acertar en sus decisiones. No valoran con rigor la tensión que está a punto de desencadenar movimientos de incalculables consecuencias.

Una parte de esa vocación de subestimar a sus pueblos parece provenir de la alta autoestima que les caracteriza. No pueden entender que el despotismo, más o menos ilustrado que exhiben constantemente, pueda tener otra respuesta que el aplauso, el agradecimiento y el reconocimiento en forma de placa callejera o de sillón en unos cuantos consejos de administración.

El virus salió de China. Nadie creyó que fuera a avanzar tan rápido. Nadie pensó que iba a durar tanto tiempo y experimentar variaciones y mutaciones tan imprevistas. Todo comenzó en China, con una opacidad y falta de transparencia que ha permitido el surgimiento de múltiples versiones y teorías de la conspiración.

A continuación, tras la opacidad llegó el egoísmo.  Estados Unidos enarboló el lema America First, demostrando una falta de liderazgo mundial cada vez más evidente, restando importancia a la pandemia en lo interno y pensando que las sus efectos se pueden detener en las puertas de cualquier país, obviando que la COVID-19 terminaría pasando y sólo había que intentar saber cuándo. De una pandemia como esta, o salimos todos, o no salimos.

La noticia fue eclipsada por la llegada de la pandemia hace año y medio. El 29 de febrero del año pasado, en Doha, Qatar, los talibanes y el gobierno de Trump firmaron un acuerdo de retirada de las tropas estadounidenses en mayo del presente año. Los talibanes se comprometían a no convertir su territorio en base para el terrorismo contra los Estados Unidos.

Lo de las negociaciones entre los talibanes y el gobierno del estado fallido afgano, cuya única viabilidad consistía en recibir dinero y armas del amigo americano, era la mejor prueba de que nunca falta un roto para un descosido.

El ejército afgano era, a todas luces, numeroso, bien armado y absolutamente ineficaz para contener a los talibanes sin el apoyo directo del ejército estadounidense. Digamos, por ser suaves, que no se veían en el papel.

Lo de Afganistán viene de lejos. Siempre fue un conglomerado levantisco y fraccional, de tribus dispersas, guerreras, en alianzas y hostilidades cambiantes, dominadoras de los valles desde las fortalezas y refugios en las masas rocosas de sus imponentes montañas. Y cuando digo siempre me remonto a los tiempos del imperio persa y aún antes.

Los ciclos de la historia traen consigo momentos como el que vivimos, en el que la amenaza de una pandemia global  se hace realidad. Hace siglos la viruela, la peste, el cólera, sembraban la muerte y el dolor por todo el mundo. Hace un siglo era la gripe llamada española, que luego parece que resultó ser de Kansas, o de cualquier otro lugar, la que se llevó por delante a 50 millones de habitantes del planeta.

En tiempos mucho más recientes hemos sufrido el acecho del VIH, el SARS, el MERS, el Zika, o el H1N1, hasta que el COVID-19 nos ha convertido en sus víctimas y lo que hasta el momento habían sido focos localizados de muertes y pérdidas económicas puntuales se ha convertido en una pandemia global que se ha llevado por delante muchas vidas, mucha actividad económica y buena parte del empleo que habíamos ido recuperando desde la crisis de 2008.

Creímos vivir en un mundo de ciencia y tecnología que nos permitiría controlar las enfermedades sin mayores problemas. Habíamos perdido la conciencia de ser lo que somos, tan sólo una especie más entre los muchos organismos vivos que pueblan el planeta, ni tan siquiera el más preparado para la supervivencia, si tenemos en cuenta que muchos organismos cuentan con efectivos infinitamente más numerosos que nosotros y más preparados  para transformarse, evolucionar y cambiar con rapidez.

El verano pandémico del año pasado nos trajo aplicaciones móviles diseñadas por ocurrentes ayuntamientos para reservar plaza en la arena, acotar parcelas señalizadas, ordenanzas de mascarillas a pleno sol. Un año después esos mismos alcaldes, concejales de gobierno y de oposición, se afanan por atraer gente a las playas, primando la cantidad sobre la calidad.

No en vano el turismo sigue siendo un poderoso motor económico del que dependen muchos empleos de temporada playera en bares, restaurantes, pisos de alquiler, hoteles, alojamientos turísticos, supermercados, tiendas, mercadillos, empresas inmobiliarias, socorrismo, mantenimiento, limpieza. Cientos de empleos en cada ayuntamiento, miles de empleos en cada comarca costera.

En una de esas playas, desde primera hora de la mañana, alguien ha instalado un tenderete que forma parte del paquete de actividades que pretende que los visitantes domingueros entretengan a sus hijos con música chunda-chunda, saltos de colchonetas y exhibiciones de gimnastas en barra fija para todos, grandes y chicos.

En la cola del súper una cajera jovencísima va comprobando la compra que otro joven acaba de realizar y le comenta,

-Una compra de supervivencia.

El chaval sonríe y esboza un gesto de complicidad. Hay algunas claves en los productos que desfilan sobre la cinta transportadora que dejan claro que esa compra es de alguien que intenta salir del paso con ajustados recursos y muy básicos conocimientos de cocina.

Aguardo mi turno cuando la joven cajera comienza a explicar que ella ha pasado por ese trance y que es muy duro. También ella vivió una primera vez en la que se vio sola, lejos de sus padres, teniendo que realizar una primera compra de supervivencia para emprender sus estudios fuera de casa.

20 Ago, 2021

Comuneros de Madrid

500 años. No son pocos. Medio milenio se cumple desde que los Comuneros de Castilla fueron derrotados en Villalar un 23 de abril de 1521. 500 años desde que el ejército comunero fuera derrotado por las tropas imperiales, fieles a aquel rey venido de Flandes  que se empeñó (y consiguió) convertir a España en la base de recursos económicos y humanos para construir un imperio, que ni fue sacro, ni romano, ni completamente germánico y desde luego nada, español.

Digamos que de aquí salía la masa humana conquistadora y aquí llegaban los cargamentos menguados de oro y plata que directamente eran remitidos a los fondos buitre europeos que financiaban las aventuras guerreras de aquel Carlos, que se hacía llamar César, Emperador.

Llama la atención que, en estos tiempos de revisionismo histórico que vivimos, la fecha, cinco veces centeraria que tradicionalmente conmemora la resistencia del pueblo castellano a las oscuras intenciones del joven aflamencado, haya pasado con más silencio que gloria. Algunos actos culturales, conferencias, jornadas universitarias, algún acto público de menor calado y eso fue todo hasta los siguientes 500 años.

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