Llegas a Madrid, a la estación de Atocha, que lleva el nombre de Almudena Grandes. Si decides recorrer el Paseo del Prado hacia las fuentes de Neptuno, Apolo, Cibeles, encuentras a la derecha la verja del Jardín Botánico, uno de los lugares en los que se celebró, por primera vez, el 1 de Mayo en Madrid.
Para retornar a aquel momento, deberíamos viajar en el tiempo, hasta 1890. El año en que los trabajadores madrileños decidieron seguir las decisiones del Congreso de París, celebrado el año anterior. Había sido el congreso socialista que creó la Segunda Internacional, separándose definitivamente de los anarquistas y el que decidió conmemorar por primera vez el 1º de Mayo en todo el mundo.
Una decisión que venía siendo reclamada tras las huelgas de Chicago en 1886 para exigir jornadas laborales de 8 horas. Aquella huelga, aquellas manifestaciones, dieron lugar a las masacres de trabajadores, la represión policial y los juicios sumarios contra los líderes anarquistas que acabaron siendo injustamente ejecutados. La lucha por las 8 horas de trabajo encontró en el 1º de Mayo la fecha para que los trabajadores salieran a la calle en todos los lugares del mundo.
Resultaba que en España no eran demasiados los trabajadores concienciados y dispuestos a celebrar el 1 de Mayo con manifestaciones. A fin de cuentas se trataba de unas cuantas sociedades de resistencia, integradas por albañiles, trabajadores de la madera y del hierro, la agrupación socialista madrileña, la recién fundada UGT y unos cuantos núcleos anarquistas.
En el turno de gobiernos liberales y conservadores que se repartían el poder en España, les tocaba este año a los liberales ejercer el mando del país. Su líder, Sagasta, cursó instrucciones para que el día 1º de Mayo se celebrase en libertad, pero sin desórdenes. Al Gobernador de Madrid, Alberto Aguilera, publicó un bando recordando a toda la población que no traspasasen los límites establecidos por la Ley de Orden Público y por el Código Penal.
Ante la alarma de la burguesía, los sectores sociales más acomodados, las clases altas y de las gentes de orden, el alcalde, Andrés Mellado, movilizó a todos los policías municipales para que estuvieran de servicio y destacó a quinientos de ellos a las órdenes directas del Gobernador.
Por su parte, los ministros de la Guerra y el de Marina acuartelaron a las tropas, preparadas para prevenir incidentes. En Madrid y en España, las autoridades no hacían nada diferente a lo que hicieron en otros lugares de Europa, o del mundo. Medidas muy parecidas fueron adoptadas por gobiernos de otros países. Resultaron infundadas porque la inmensa mayoría de las manifestaciones fueron pacíficas.
En Madrid las fuerzas obreras estaban divididas. La convocatoria del 1º de Mayo provenía del Congreso de París que había creado la II Internacional, renunciando a la unidad de socialistas y anarquistas, que habían convivido en la I Internacional. Por eso los anarquistas no la veían del todo clara. Ellos no querían meterse en política. Ni creían que la revolución social sería pacífica.
Tampoco estaban muy de acuerdo con el hecho de que la convocatoria se dirigiera a los políticos para exigir la regulación legal de las jornadas laborales de 8 horas. Pero los mártires ejecutados en Chicago tras las movilizaciones de 1886 eran anarquistas y por eso no podían faltar a la cita. Eso sí, con objetivos propios, declarando una huelga general por las 8 horas y con la esperanza de desencadenar una revolución social. El 1º de Mayo sería el pistoletazo de salida.
Sin embargo, los socialistas no lo veían igual. Eran conscientes de sus escasas fuerzas entre la clase obrera y decidieron que el 1º de Mayo fuera conmemorado con una manifestación el día 4 de Mayo, domingo. Ese fue el motivo de que Madrid viviera dos veces el Primeros Mayo aquel año de 1890.
140 años después suena raro, pero tampoco abundan los ejemplos de unidad. El hecho es que el 1º de Mayo amaneció con obras, talleres y fábricas cerradas, sin llegar a una huelga generalizada. Las calles presentaban menos movimiento, menos tráfico.
El éxito de la huelga fue más bien parcial. Por la mañana se celebró un mitin en el Teatro Rius y, por la tarde, un mitin más numeroso en los Jardines del Buen Retiro. Cuando acabó el mitin se encaminaron hasta las Cortes y fueron recibidos por el Presidente de la Cámara, al que entregaron un escrito con las reivindicaciones obreras.
El día 4, ya dijimos que domingo, los trabajadores convocados por los socialistas convocaron un mitin en el mismo Teatro Rius, con unas 1500 personas. A la salida del acto se juntaron ante las rejas del Jardín Botánico unas 30.000 personas que recorrieron el Paseo del Prado y Recoletos hasta llegar a la Presidencia del Gobierno en Colón.
Allí fueron recibidos por el propio Presidente, el liberal Sagasta, al que entregaron sus reivindicaciones. Para terminar Pablo Iglesias se dirigió desde el pescante de un coche de caballos a la multitud y la manifestación se disolvió pacíficamente.
Así fue el 1º de Mayo en Madrid. Pero el día fue conmemorado en muchos lugares de España. En Barcelona, unas 15.000 personas marcharon por las Ramblas, tras el mitin celebrado en el teatro Tívoli. Durante la marcha se fue sumando gente y, cuando pasaron ante la Capitanía General, se produjo una anécdota que ha pasado a la historia de los trabajadores de este país. El general Blanco, desde el balcón, hizo el gesto de saludo militar ante la marcha d ellos trabajadores.
Por lo demás, de nuevo, todo pacífico. Llegaron al Gobierno Civil y entregaron sus reivindicaciones exigiendo la jornada de 8 horas de trabajo, la prohibición del trabajo infantil, o los trabajos penosos para niños y mujeres. Lo mismo que en Madrid, o en Bilbao, o en Valencia, o encada lugar donde se convocaron manifestaciones.
Una semana después las huelgas habían sido desconvocadas en la mayoría de los sitios, aunque la intransigencia de algunas patronales hizo que algunas huelgas se prolongaran durante algunas semanas, o hasta el verano en algunos sectores, en lugares como Barcelona, o Bilbao.
Esta es la historia de nuestro Primero de Mayo en Madrid. Una historia que, 140 años después, no conviene que olvidemos, porque aquellas gentes, sus duras vidas, sus luchas, sus reivindicaciones, siguen vigentes aún en nuestros días, a lo largo y ancho del planeta.




