Madrid, laboratorio de los negocios de Milei

La derecha no tiene ideas, tiene ocurrencias interesadas. Esperanza Aguirre antes y ahora la ventrílocua que ponía voz a su perro y, en justo premio, fue nombrada heredera del cortijo en que han convertido a la capital, han decidido que la Región madrileña sea campo de experimentación, laboratorio, nueva oportunidad de negocio y centro político del desmantelamiento de lo público en toda España.

Se harta, la heredera de ese matrimonio morganático de la ultraderecha con la derecha poscentrista y ultramontana, de ensalzar la libertad de tomar cañas y comprar en las numerosas tiendas de Serrano, o Goya. Ni más, ni menos, que lo que Milei está ya encarnando en Argentina. Desregulación, privatización, conversión de lo público en negocio privado.

Porque, aunque muchos lo crean, Ayuso no es una inútil, no responde a una ideología más o menos ultraliberal, que no libertaria, que lo de ser libertario es otra cosa. No. Ayuso se ha especializado en convertir derechos de las personas en negocio de unos pocos.

Lo suyo son las universidades privadas, los hospitales privados, los fondos privados de inversión, las residencias privadas, los colegios privados, las pensiones privadas, los seguros de salud privados. Todo servicio público es susceptible de convertirse en negocio de empresarios amigos de políticos, de políticos convertidos en empresarios y de políticos que acabarán siendo empresarios.

Madrid se ha convertido en un experimento global de privatizaciones. Madrid se ha partido, fracturado, a fuerza de precarizar el empleo público, la sanidad pública, la educación pública, e incluso los servicios sociales. Hasta hay un Madrid del Norte y otro Madrid del Sur. Un Madrid del centro y otro Madrid de la periferia.

Madrid es muy rico. La región más rica de España. Pero esa riqueza va por barrios. Hay un Madrid residencial de alto nivel de vida, de altos ingresos y hay un Madrid de bajas rentas, de desigualdades, de trabajadores. Las brechas entre el Madrid más rico y el Madrid más pobre siguen creciendo año tras año.

Pozuelo y La Moraleja en un extremo, el punto alto de la pirámide. Rentas de más de 100.000 euros anuales. En la extensa base de la pobreza, los municipios del Sur, que doblan, o triplican las tasas de pobreza extrema del Norte. Hasta la esperanza de vida de los sureños se resiente y es menor que la de los habitantes del Norte. Las desigualdades están en la cartera, pero también en la vida.

Una de las batallas más importantes por la igualdad se libra en el campo de la sanidad pública. De forma sistemática la derecha madrileña somete a la sanidad pública a una insuficiente financiación que ha ido agravando las condiciones de la atención primaria y de las listas de espera hospitalarias, precarizando el trabajo de sus profesionales. Madrid a la cola de España con 1.537 euros de inversión sanitaria por habitante.

Madrid es largas listas de espera, el inevitable recurso a las urgencias hospitalarias, ante el desmantelamiento de las urgencias extrahospitalarias. Ayuso empuja a los madrileños hacia los seguros médicos privados. En España una media del 26% de la población tiene una póliza privada. En Madrid ese porcentaje asciende al 45%. Los dineros públicos fluyen hacia entidades privadas, como Quirón. Los ciudadanos ya no somos pacientes, ni enfermos. Somos usuarios, clientes, un número, un beneficio.

Pero tampoco las cosas van mucho mejor en al caso de la educación. Frente a una media nacional de un 67% de alumnos en la enseñanza pública Madrid presenta un 54% de media regional y en Madrid capital tan sólo un 40% en la pública. Aduciendo la libertad de elección de centros, el gobierno madrileño ha realizado una apuesta sistemática por fomentar el negocio privado pagado con fondos públicos.

Abundan los cheques escolares, el incremento anual de los recursos hacia la enseñanza concertada, mientras se congelan para la pública, becas para rentas altas. Formas descaradas de desviar fondos púbicos hacia la enseñanza privada, mientras se dirige a la población con menos recursos y con necesidades especiales hacia una enseñanza pública cada vez con menos dinero. Así se genera segregación y se incrementa la desigualdad entre madrileños.

En cuanto a las universidades, la Comunidad de Madrid aprueba cada año nuevas universidades privadas (ya van 11) gestionadas por grandes empresas, grupos inversores, o de comunicación. Universidades que dan cabida a todo tipo de alumnos cuyas familias estén dispuestas a pagar matrículas prohibitivas a cambio de poder estudiar en alguna universidad.

Mientras tanto, se congela el número de universidades públicas y sus recursos son cada vez más escasos. Tan sólo el 0´4% de la riqueza regional se dedica a universidad pública, mientras la media nacional es del 0´75% y en Europa se dedica el 0´92 a gasto universitario. La propia Ley de Universidades reclama un 1% del PIB para las universidades españolas.

Últimamente ha estallado el problema de la burbuja inmobiliaria. De los precios disparatados de la vivienda. De la inutilidad de los gobiernos para aportar soluciones. De un bien social convertido en especulación y negocio para inversores. Si en 2008, cuando estalló la anterior burbuja inmobiliaria, se construyeron 23.500 viviendas con algún tipo de protección pública, ahora las estadísticas se mueven en cifras de entre 2000 y 6000 viviendas protegidas, según los años.

La población española ha crecido, el número de hogares constituidos ha crecido, pero el volumen de construcción de viviendas a precios razonables y asequibles, en régimen de propiedad, o de alquiler, se encuentra paralizado y las administraciones han dejado en manos del mercado y de los fondos buitre la dotación de vivienda.

Los salarios de los madrileños han crecido. El volumen de empelo ha crecido, pero la subida de los precios de la vivienda y del alquiler multiplican varias veces los porcentajes de incremento de los ingresos salariales. Precios de 3600 euros metro cuadrado en la Región y de 6500 euros metro cuadrado en la capital son inasumibles para una gran mayoría de la población. Todo lo que ganamos, cada incremento salarial, se absorbe con creces por el incremento de los precios de la vivienda y el alquiler.

Y pese a estas situaciones dramáticas y problemas irresolubles que amenazan con colapsar Madrid, nuestro gobierno regional sigue apalancado en la libertad de tomar cañas en las terrazas (preferiblemente del ático). Se saluda y recibe con jolgorio a un Milei faltón y demenciado, que quiere abatir al Estado protector para dejarlo todo en manos del mercado. Lo llaman anarcocapitalismo. Anarcos, desde luego, no son, porque no apuestan por la libertad, sino por la fuerza de abusar de lo de todos para enriquecerse.

Y capitalistas puede que sean, pero, en todo caso, tardocapitalistas. Gentes que sin competencia, que reniegan de la competitividad, porque utilizan sus contactos y privilegios para ser comisionistas, contratistas de lo público, vividores de lo de todos, amañadores de concursos públicos para obtener concesiones exclusivas y garantizadas. Un capitalismo en estado terminal, que no quiere pagar impuestos, pero que quiere exprimir al máximo los impuestos que los demás pagamos.

Madrid deja morir sus competencias transferidas del Estado a base de regalárselas a las corporaciones privadas. Un Madrid que desprecia la justicia social, la igualdad, las únicas garantías para una convivencia democrática. Que obtiene recursos de los pobres y de las clases medias para transferirlos hacia los más ricos que, además obtienen beneficios fiscales que convierten a Madrid en el paraíso fiscal de España.

Madrid, la Región más rica de España, es así, una región donde la pobreza campa a sus anchas. Atraemos grandes fortunas mientras 1´5 millones de madrileños viven en la pobreza, el 19´4%. El empleo, la formación, la vivienda, la salud, marcan el nivel de pobreza. Pero la vivienda se ha incorporado con mucha fuerza a estos otros factores, cuando muchas personas, muchas familias, tienen que dedicar más de la mitad de sus ingresos a pagar la vivienda.

Así están las cosas mientas el gobierno Ayuso apuesta por la receta Milei. Dejar que los precios suban disparatadamente, que la especulación inmobiliaria sea la base del crecimiento regional, que los fondos buitre destrocen el mercado y que los pisos turísticos se apoderen de los barrios.

El populismo de Milei y el de Ayuso son la misma cosa. Mientras desmantelan los servicios públicos en aras de la libertad, segregan a los madrileños creando zonas ricas y pobres. Mientras fomentan eventos fastuosos, con gasto público desbordado, con beneficiarios cercanos, de su zona de influencia, de su contorna y con mucha publicidad y marketing de por medio, al tiempo que la desigualdad y la desprotección social crecen desmesuradamente.

Madrid es inconstitucional porque en Madrid la Constitución es papel mojado. El modelo de Milei y de Ayuso, asumido por la extrema derecha y la derecha extrema, produce mucha riqueza para unos pocos y un exceso de pobreza absoluta para muchos más. Ese es el supuesto milagro madrileño. Riqueza sin igualdad y mal repartida.

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