El cuestionado y cuestionable Informe PISA

Me admira cómo en esta España de todos los demonios prestamos atención a asuntos de transcendencia muy menor, damos pábulo a debates manoseados e interesados, nos entregamos en brazos de personajes e instituciones de mucho din y poco don. Eso nos está ocurriendo con el fantasmagórico Informe PISA, cuyos resultados de 2025 acaban de ser publicados estos días pasados.

Es curiosos cómo los gobiernos y las empresas coinciden en que estamos ante un informe incuestionable, sagrado, al que hay que prestar mucha atención. Vaya por delante que soy de los que creo que cualquier informe merece alguna atención, siempre que sepas sopesar sus debilidades y sus lacras.

El Informe PISA da cuenta de los datos extraídos de más de 750.000 alumnas y alumnos de 15 años de 91 países. Algo de verdad habrá en sus conclusiones. Pero vayamos por partes. Esas conclusiones son ampliamente cuestionadas y profundamente cuestionables.

Para empezar es un informe encargado por una organización económica mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). No es un informe de la ONU, ni de la UNESCO, por ejemplo. No se centra en la educación, ni en los educadores, sino en aquello que consideran que puede mejorar la eficiencia del mercado, la competencia entre países, la competitividad en un escenario de economía global.

Les importan mucho más las habilidades que necesitan las empresas que los conocimientos que necesitan las personas. Sólo valoran tres materias como las Matemáticas, las Ciencias y la Lectura, que interesan mucho a los empleadores. Pero nada de evaluar conocimientos históricos, filosóficos, literatura, estudios artísticos, ni tan siquiera educación física.

Es un informe injusto, poco igualitario. Se establece un ranking mundial, pero partiendo de la realidad de países cuyas diferencias económicas, sociales, culturales, poblacionales son muy distintas. Sin embargo, la forma de medir es la misma. El resultado es que los más ricos obtienen mejores resultados. El resultado es que las soluciones de los ricos, en Europa, o en Asia, terminan siendo impuestas a los más pobres.

Con estos criterios generales los gobiernos se lanzan a poner en marcha medidas aceleradas conducentes a que el próximo informe, dentro de tres años, permita recuperar, o ascender, en las posiciones actuales. No importan los métodos pedagógicos, ni la investigación educativa, ni las condiciones del profesorado, ni las políticas estables que consoliden procesos educativos. Importa el corto plazo. El resultado.

El caso de Cataluña, este año, falsificando las muestras del alumnado, ha puesto de relieve que los gobiernos intentan maquillar el tipo de alumnas y alumnos que participan. Otros países como Inglaterra, Escocia, o Suecia también han recibido serias críticas por fallos graves en la metodología de extracción de datos y bajas tasas de participación.

Otros países como México se han planteado abandonar su participación por considerar que ellos resultados son más económicos y políticos que otorgan prestigio o desprestigio pero que no tienen nada que ver con la educación, la pedagogía, los sistemas educativos.

PISA es una gran base de datos, pero su valor, en referencia a la calidad de un sistema educativo, es muy relativo. Así lo explican los más de 80 investigadores, académicos y profesores de la universidad, que dirigieron un escrito, un manifiesto, a la OCDE y a los responsables del Informe PISA.

Los firmantes protestaban por el hecho de que una organización económica se adentre en la evaluación educativa, cuando lo que quieren de verdad es preparar a los alumnos para el mercado laboral y poco más.

Protestan por el hecho de que no les importe nada valorar los comportamientos éticos, la pintura, el desarrollo de la capacidad crítica, la literatura, la música, el pensamiento crítico, el cuidado de la naturaleza, o de nuestro propio cuerpo.

Señalan los firmantes del manifiesto que el Informe PISA sólo se mueve en el corto plazo, en la obsesión por avanzar puestos en el próximo informe y no en crear escenarios temporales de medio plazo para poner en marcha programas educativos que requieren estabilidad y muchos años para ver resultados.

Si sólo nos atenemos tan sólo al informe PISA nos acostumbramos a rendir para la prueba, para el examen, para las Matemáticas, la comprensión lectora y las habilidades científicas. El currículo escolar se empobrece. Las metodologías que se adaptan al entorno pierden pie para dejar paso a prácticas educativas monocromáticas, rígidas.

Las grandes corporaciones de la educación financian, participan, se benefician de la prueba de la OCDE y luego desarrollan programas, planes, paquetes que venden por todos los países, con el reclamo de que se adaptan a los resultados del Informe PISA y obteniendo, de paso, cuantiosos beneficios. El mercado de 91 países que intentan mejorar en el ranking es muy grande. Compran libros, software, servicios de asesoramiento. No reparan en gastos.

El Informe PISA es el ariete, el caballo de Troya, el instrumento del gobierno educativo planetario, no elegido por los pueblos, pero encargado de preparar la globalización educativa que acabe con la pluralidad cultural y la diversidad de las ideas, para crear modelos educativos unificados, uniformes, estandarizados, al servicio no de las personas, sino de los intereses económicos y mercantiles de las grandes corporaciones mundiales.

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