Nos intentan convencer de que se acerca el momento en que los seres humanos que hoy somos ya no seremos tal cual nos conocemos, sino notablemente mejorados, ampliados, expandidos en nuestras capacidades naturales. Nos dicen que, de hecho, ya hemos abierto esa puerta y que la tecnología digital, los robots, ese big data inabarcable, la inteligencia artificial que nos sorprende cada día, son signos de los tiempos que se avecinan.
Vamos a conquistar el universo, vamos a viajar a las estrellas. Tras la revolución digital vamos a vivir una auténtica revolución biológica, un salto definitivo interestelar. Pero eso sólo será posible para una especie humana extraordinariamente mejorada.
Si queremos sobrevivir a los viajes interespaciales, si queremos llegar a las estrellas, tenemos que vivir muchos años, ser casi eternos. Ser física y mentalmente todopoderosos. Romper nuestras barreras, nuestras limitaciones actuales. La inteligencia artificial, la biotecnología y el desarrollo de las tecnologías aeroespaciales son, al parecer, eso nos dicen, eso nos cuentan, la base para sobrepasar el estadio actual de los seres humanos.
Muy pronto los robots nos superarán en capacidades de todo tipo, serán más inteligentes que nosotros. Pronto estaremos en condiciones de aprovechar el estallido de la inteligencia artificial. Hay quienes piensan que este escenario no será tan inmediato, sino que llevará décadas y hasta siglos.
El transhumanismo, el centralismo de la tecnocracia, nos sitúa en un momento muy complicado. No necesitamos sólo científicos. Necesitamos filósofos que nos ayuden a recorrer este camino tan complicado en el que tenemos que preservar la naturaleza humana y a las personas frente a los abusos y dobles caras de una ciencia que puede ser utilizada a favor, o en contra las más de las veces, de los seres humanos.
Ahora mismo ya vivimos esa tensión entre quienes confían plenamente en la tecnología y sus avances y quienes ponen en duda que los avances tecnológicos nos traigan algo más que degradación, humillación y deshumanización.
Visiones que ponen en duda la existencia de progreso real, de avances y crecimiento de nuevas posibilidades, de la existencia real de nuevas capacidades que pueda ofrecernos una técnica en manos de poderosos, ricos y avaros de todo tipo. Basta reparar en esa panda de inconscientes que nos conducen a la guerra y la autodestrucción como género humano.
Quienes han convertido el desarrollo tecnológico en una nueva religión han provocado la reacción de quienes quisieran hacernos retornar a los orígenes naturales de la especie humana. Sólo un desarrollo entendido como ejercicio de una responsabilidad a favor del ser humano puede reorientar el desastre al que nos están abocando.
Queremos ser libres. Todos queremos un desarrollo integral de nuestro cuerpo y de nuestra mente. Para conseguirlo no hay otro camino que elegir nuestro destino libre y responsablemente. Sin embargo lo que nos ofrecen es decidir en función de caprichos generados algorítmicamente y de una libertad entendida sin limitaciones.
Nos equivocamos si creemos que somos los legítimos y únicos creadores de nosotros mismos. Tampoco los países serán realmente mejores si su único horizonte es el desarrollo tecnológico. Tenemos que aprender a mantener comportamientos éticos. Discriminar el bien y el mal. Desarrollar nuestra libertad, que no tiene nada que ver con los caprichos de cada uno.
O la técnica se convierte en una garantía de las libertades del ser humano, o los procesos de globalización pasarán por encima de nuestras convicciones, nuestros valores, nuestra ideología, nuestras creencias religiosas. Las nuevas tecnologías pueden convertirse en una cárcel, en un campo de concentración, en un poder omnímodo.
Cada una de nuestras decisiones, teóricamente libre, sería tomada respondiendo a los requerimientos, las imposiciones, los designios diseñados, programados, establecidos al margen de cualquier otra consideración que pudiera salirse del carril tecnocrático.
El beneficio económico, la eficacia, la eficiencia, la ganancia, la productividad, el crecimiento, establecidos hoy como únicos criterios de vida, se convierten en reducción y empobrecimiento de nuestra existencia. El transhumanismo y el posthumanismo nos convierten en humanos desmejorados, empobrecidos.
Hay una tarea urgente de carácter ético, formativo, filosófico, que consiste en defender un nuevo concepto de libertad que nada tiene que ver con tomar cañas dónde quieras, sino con la voluntad colectiva de defender las vidas, todas las vidas, en este planeta. La exigencia de una tecnología al servicio del bienestar de todos los seres vivos.
Mientras tanto, procura que nadie te engañe. Que no te den gato por liebre. Que no utilicen tu tiempo, tu trabajo, tu ocio y tu dinero para construir sus mansiones, su riqueza y sus desproporcionadas ambiciones. No permitas que las bestias locas se adueñen del mundo.




