Saber hacia dónde se dirige la formación en los momentos convulsos en los que vivimos parece una pregunta necesaria que merece reflexiones y respuestas. Tal vez muchas reflexiones y varias respuestas, sobre todo si tenemos en cuenta que los contextos sociales y económicos son múltiples, cambian aceleradamente y producen tensiones de todo tipo en los ámbitos de convivencia a nivel local.
Hemos vivido embarcados en unos procesos de globalización que ha determinado una parte importante de nuestros años de vida y toda la vida de nuestros jóvenes. Ahora comenzamos a darnos cuenta de los límites y los lastres que acarrea.
La crisis global iniciada en 2008, las pandemias, los desastres naturales, fruto muchos de ellos del cambio climático, o los desastrosos efectos de conflictos armados como los de Ucrania, Palestina, o las guerras ignoradas en numerosos países del planeta como El Congo.
En este contexto, la revolución de las nuevas tecnologías han venido para quedarse, introduciendo cambios en todos los ámbitos de la economía, la cultura, la sociedad, el empleo, los sistemas productivos y en los propios procesos formativos.
La formación será permanente, a lo largo de toda la vida, porque deberemos aprender a adaptarnos a los cambios constantes y profundos. Deberá promover la cualificación y favorecer la empleabilidad. Adquirir habilidades y conocimientos para el ejercicio profesional, pero sin olvidar que ese aprendizaje, las nuevas prácticas y metodologías educativas deben favorecer el pensamiento autónomo y crítico.
La formación capaz de prepararnos para evaluar prácticas y proponer soluciones a los problemas. Orientada a favorecer la cooperación, la colaboración, el trabajo en equipo, la capacidad de comunicarnos, de interactuar, de incorporar riqueza multicultural, adaptarnos para resistir, para promover la iniciativa personal.
Una formación que combine procesos de formación inicial, con aprendizajes informales, en el trabajo, en la formación reglada que imparten centros de Formación Profesional, Institutos, Centros de Educación de Personas Adultas, universidades, o en empresas.
Uno de nuestros problemas es que no hemos establecido pasarelas claras para pasar de unos sistemas a otros. No contamos con programas académicos flexibles y contenidos adaptados, con duración variable. Desde procesos formativos que abarcan varios cursos, hasta microcursos, o MOOCs.
Hace unos años intentamos mejorar nuestros procesos formativos acordando una nueva modalidad formativa, la formación dual, que debería permitir adaptar la formación a las nuevas necesidades de las empresas, pero también satisfacer las necesidades de conocimiento de las personas. Su implantación ha resultado dificultosa, compleja y no siempre satisfactoria.
Las nuevas tecnologías y la digitalización han aparecido en nuestras vidas y en nuestros trabajos. Debemos poner en juego nuestra imaginación, nuestra capacidad de colaborar, de crear, para que las competencias tecnológicas sean transversales, como lo es aprender idiomas, al tiempo que cualquier proceso formativo debe permitirnos resolver problemas aplicando la lógica y el pensamiento autónomo y crítico.
No tenemos ni idea de qué empleos van a desaparecer, o cuáles van a aparecer. Seguro que siguen desapareciendo aquellos que utilizan procesos repetitivos, pero si algo sabemos es que también se van a ver afectados empleos que requieren procesos más complejos. Tampoco sabemos qué empleos aparecerán, ni qué habilidades van a requerir.
Por eso necesitamos para prepararnos a hacer aquello que nos guste hacer, aquello que nos haga sentirnos satisfechos de nosotros mismos y de cuanto aportamos a la sociedad en la que vivimos. Tenemos características personales definidas, sabemos para lo que valemos, sabemos para qué queremos formarnos.
Somos parte de una humanidad en riesgo y el ejercicio de nuestra profesión debe permitirnos ganarnos la vida y mejorar las posibilidades de supervivencia de nuestra especie, en convivencia con otras especies, con otras formas de vida que comparten con nosotros el planeta.
Me parece bien que cuatro descerebrados, ambiciosos y ególatras quieran terraformar Marte. que construyan sus naves y partan de inmediato. Por lo que a mí respecta la principal tarea que tenemos por delante no es otra que la de salvarnos en la Tierra.
Ninguna profesión nos está vetada. Conviene invertir tiempo y empeño para conseguirlo. No conviene fiarlo todo a eso que llaman las profesiones del futuro que nadie sabe qué son. Hace años ser matemático servía para dar clases de Matemáticas. Ahora diseñan algoritmos y hasta hacen selecciones de personal.
A los historiadores les pasaba lo mismo. Llegaron los videojuegos y un buen Assasin en Londres, París, o Florencia, necesita que la escenografía, las calles, los momentos históricos, sean creíbles. Para eso sirven los historiadores.
Nadie nos va a regalar nada. En este mundo, los gobernantes tendrán qe elegir entre armarse hasta los dientes, o invertir en bienestar de sus ciudadanos. Invertir en formación con recursos y personal suficiente. Lo uno, o lo otro, va a depender también de nuestra capacidad para organizarnos y nuestra fuerza para exigir que nuestras necesidades sean atendidas.




