Cuando Trump se equivoca no lo interrumpas

Se la atribuyen a Napoleón. La frase, digo. Parece cierto que el emperador francés afirmó alguna vez,

-Cuando tu enemigo esté ejecutando un movimiento en falso, nunca lo interrumpas.

Aunque hay citas de hace más de 2500 años atribuidas al militar y filósofo chino Sun Tzu que apuntan en la misma dirección,

-Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error.

Por encima de cualquier valoración de los tertulianos, los nuevos clérigos del pensamiento único de los que habla Diego Fusaro, los intelectuales del nuevo desorden mundial, los voceros de los grandes poderes económicos y sus lacayos políticos.

Por encima de cuanto escuchamos en los medios, creo que la realidad es que el imperio del dólar ha dado un arriesgado y primer gran paso hacia su final. Ha intentado hacer un truco de magia focalizado para extraer al Presidente Maduro de su país, Venezuela, y conseguir una coartada para la verdadera operación de dominar el petróleo venezolano y las riquezas de toda América Latina.

Luego se ha metido con la Unión Europea, en sus ansias de hacerse con Groenlandia, con Irán y ha dejado abandonada a su suerte a Palestina, mientras parece que Ucrania ha desaparecido del mapa de noticias. Y, por si fuera poco, la ha liado en Minneapolis, para dar una lección inolvidable en materia de detención de niños y persecución y asesinato de inmigrantes y nacionales. Puede que Trump esté dando los primeros y definitivos pasos hacia la autodestrucción del imperio.

Y no me refiero a la extracción necesaria y urgente de Trump de la Casa Blanca, antes de que semejante monstruo, dragón, o bestia apocalíptica, acabe con cualquier vestigio de control democrático de su poder omnímodo, encarnación del poder absoluto de las todopoderosas corporaciones globales.

Por un momento parecía que tenían las cartas tan marcadas que resultaría imposible hacer frente a los designios de los ricos del mundo. Cabalgando los algoritmos, parecía que serían capaces de controlar nuestras mentes, nuestros deseos, nuestras necesidades y, en consecuencia, nuestro consumo, nuestro endeudamiento, nuestro miedo a perder las miserables vidas a las que nos condenan.

Y, sin embargo, han bastado estos ejercicios de fuerza bruta, los excesos verbales, de confianza absoluta en la indecencia, de desprecio de las instituciones democráticas y del derecho internacional, de declaración abierta y a tumba abierta de las ansias de poder, riqueza, petróleo, dominio del mundo, para que muchas aguas se hayan removido y muchas personas hayan tomado conciencia de que cuestiones como el secuestro de Maduro exige la extracción de Trump.

Pero aún no hemos dado el paso de considerar que el problema real no es el descerebrado presidente estadounidense, sino el sometimiento de toda la humanidad al capitalismo salvaje y, en consecuencia, tomar conciencia de que no basta la desaparición de Trump. Sin embargo no todos seremos conscientes, nos atreveremos a formular que es necesario el final del capitalismo y del imperio del dólar que sojuzga al planeta entero.

Las selvas del Amazonas, el desierto de Atacama, el Congo, Venezuela, la India, Siria, Ucrania, Palestina, Afganistán, Nigeria, Irán, el Sahara, son algunos de los escenarios, algunos botones de muestra de los desastres humanos y naturales a los que nos conducen los afanes expansivos y extractivos de los dueños del mundo.

La clave de las luchas que se avecinan, se encuentra en nuestra capacidad de resistir a una ofensiva ideológica que intenta situarnos en un horizonte inevitable de resiliencia, de aceptación de los caminos trillados, de las cosas como son, del mundo como es, de los golpes que nos derriban y que nos obligan a levantarnos de nuevo, sin rechistar, aprendiendo a caer una vez tras otra , como designio inevitable de nuestras vidas.

La clave, frente a este incesante desangrarse de nuestro mundo a merced de las ansias expansivas y depredadoras del capitalismo, se encuentra en creer en las posibilidades de imaginar otros mundos posibles y confiar en nuestra capacidad de hacerlos nacer. O extraemos a las bestias que gobiernan el mundo, o nos terminarán devorando.

Por lo pronto aprovechemos que el enemigo se estás equivocando. Déjale hacer.

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