Manifestación por la sanidad pública, el origen

La circunstancia primera y principal que señala y define lo que es la calidad de vida reside en la sanidad. Así comenzaba un artículo publicado en el diario El País hace 20 años, el 19 de abril. Un artículo publicado cuando yo era Secretario general de CCOO de Madrid y escrito al alimón con José Ricardo Martínez, Secretario General de la UGT en Madrid. A fin de cuentas nosotros éramos la unidad de acción sindical en Madrid.

El título del artículo era Ante la Manifestación: la sanidad es cosa de todos. Desde que Esperanza Aguirre llegó al gobierno regional, tras beneficiarse del Tamayazo, comenzó esa operación, aún inacabada, de entregar la gestión y los recursos de la sanidad pública a empresas privadas, convirtiendo a Madrid en el campo de experimentación de todas las tramas especuladoras con nuestro sistema sanitario público.

Partíamos en el artículo de la idea de que nuestra calidad de vida comienza con nuestra salud. Por eso cualquier ciudadana o ciudadano quiere un sistema sanitario público, universal y gratuito. La propia Conferencia de Presidentes Autonómicos, celebrada el 2004, ya había identificado la sanidad como la primera preocupación del Estado.

Cuando la Comunidad de Madrid recibió las transferencias sanitarias en el año 2002, CCOO y UGT ya habíamos denunciado que se asumían esas competencias con un agujero de 1.800 millones de euros, lo que dejaba a la sanidad de nuestra región en una situación muy comprometida desde el punto de vista financiero.

A partir de ese momento ambos sindicatos habíamos presentado una alternativa sanitaria, con análisis, estudios y propuestas, que nunca fue atendida por los sucesivos Gobiernos regionales del Partido Popular. La sanidad madrileña es un asunto que exigía un amplio consenso social y político para afrontar todos los problemas de la sanidad madrileña.

Ya por aquellos días nuestras propuestas incluían la reordenación y racionalización de las áreas sanitarias que, en todos los casos, superaban los 250.000 pacientes establecidos por la Ley General de Sanidad. De igual manera señalábamos algunas de las necesidades más urgentes, como por ejemplo, el aumento de 8.000 plazas hospitalarias o la creación de 60 nuevos centros de atención primaria.

Ya hace 20 años exponíamos la urgencia de abordar retos como el de la atención socio-sanitaria y elaborar planes específicos para combatir las listas de espera, tanto diagnósticas, que alcanzan hasta un año y tres meses, como las esperas para intervenciones quirúrgicas, que estaban muy lejos de alcanzar el compromiso electoral de la presidenta Esperanza Aguirre de situarlas en tan sólo 30 días de espera.

Mientras nosotros planteábamos esta cosas el consejero de Sanidad, un tal Manuel Lamela, el que montó el escándalo artificial del Hospital Severo Ochoa de Leganés, el mismo que luego se entrego en brazos de empresas privadas a las que la misma Comunidad de Madrid había entregado la gestión de hospitales públicos, se dedicaba  a preparar el camino vendiendo planes sanitarios virtuales, alejados de la compleja realidad de los hospitales y de los centros de atención primaria y especializada.

Lo que sí hizo Lamela, además de entretener a los sindicatos sanitarios con nuevas firmas de espurios acuerdos cada semana,  fue alentar cada vez más la presencia del sector privado en la cobertura de los servicios públicos sanitarios, para convertir la sanidad pública en campo de experimentación de esos intereses privados.

En medio de esta situación el propio consejero dio pábulo a las injustificadas acusaciones anónimas contra los profesionales del hospital Severo Ochoa de Leganés. Aquello fue una primera experimentación de cómo la mentira combinada con los modos y maneras inquisitoriales del Consejero de Sanidad y de la Presidenta Aguirre podían acabar con el prestigio y la carrera profesional de cualquiera.

Para los trabajadores del sistema sanitario público y para los ciudadanos madrileños resultaba ya, en aquel entonces, intolerable que se pusiera en cuestión la profesionalidad y la calidad del sistema. Que se buscase la confrontación antes que el acuerdo en un tema tan delicado como la sanidad de todas y todos. Que se acusase a profesionales y se generase inseguridad jurídica e incertidumbre creciente sobre el futuro.

Por eso llamábamos a salir a la calle, a manifestarnos para exigir respeto y escucha, rectificar las nefastas políticas y restituir la dignidad de los profesionales sanitarios. La defensa de la sanidad pública madrileña es hoy una prioridad política, social, sindical, de la misma manera que lo era en aquellos momentos defender y apoyar a los trabajadores del hospital Severo Ochoa y, con ellos, a cuantos día a día cuidan de nuestra salud en condiciones cada vez más difíciles.

En la tarde de aquel 19 de abril salimos a las calles exigiendo el cese de Manuel Lamela. No lo conseguimos entonces. En la siguiente legislatura Aguirre le sacó de Sanidad y le entregó la cartera de Transportes. El nuevo consejero Güemes siguió el camino de su antecesor en la externalización y privatización de todo tipo de servicios sanitarios públicos, desde los hospitales, a los análisis clínicos, pasando por lavanderías, o comidas.

Ambos acabaron trabajando para algunas de esas empresas a las que habían adjudicado la gestión de esos servicios. Ambos acabaron ante los tribunales acusados de irregularidades, cohecho, o prevaricación, pero la justicia no es ciega, ya lo vamos sabiendo y, denuncia tras denuncia, fueron siendo archivadas. Si fueran robagallinas hubieran acabado en la cárcel.

Así hemos llegando a este punto muerto, a este callejón sin salida, a esta negación de lo evidente, a este retorcimiento de la democracia, en el que las empresas privadas que han colonizado la sanidad pública madrileña hablan abiertamente de la sanidad como negocio, mientras la actual consejera y su inefable presidenta lo consideran normal, aceptable, justificable.

El año 2026 debería convertirse en el año de la recuperación de un sistema sanitario público alejado de los intereses privados que van convirtiendo nuestra sanidad en un inmenso negocio, alejado de los intereses populares, alejados de la vida y de la muerte, del dolor y la enfermedad. Una sanidad robada a nuestra gente.

Francisco Javier López Martín

PD.- El artículo Ante la manifestación: la sanidad es cosa de todos, se encuentra publicado en el libro Antes de la Tempestad. Crónicas de 2007 editado por Legados Ediciones. Madrid 2025.

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