CCOO de Madrid y el conflicto de SINTEL

Ni nos domaron,

ni nos doblaron,

ni nos van a domesticar.

Marcelino Camacho

 

El Campamento de la Esperanza comenzó a ser desmontado el 3 de agosto de 2001, tras la asamblea de trabajadores celebrada en el Salón de Actos de CCOO de Madrid, que luego llevaría el nombre de Marcelino Camacho, en la que los trabajadores aprobaron un acuerdo.

El Campamento de la Esperanza era la ciudad construida en el Paseo de la Castellana, por 1200 trabajadores, para exigir soluciones al conflicto de SINTEL, la filial de Telefónica que Felipe González y Aznar decidieron vender a la familia Mas Canosa, conocidos anticastristas de Miami, dueños de la empresa MasTec.

Al cabo de más una década, los tribunales terminaron dando la razón a los trabajadores y estableciendo, por acuerdo, condenas menores de cárcel para los que distrajeron recursos, cometieron delitos empresariales y condujeron a SINTEL a la insolvencia punible. Condenados, además, a indemnizar con 35 millones de euros a los trabajadores y a los acreedores.

Se han cumplido 25 años del Campamento de la Esperanza y se han escrito algunos artículos. Se han emitido algunos reportajes, se han grabado documentales, se han editado tesis doctorales y se ha publicado un libro sobre la lucha de los trabajadores de SINTEL. Le he preguntado a la IA (Inteligencia Artificial), qué sabe sobre la lucha de SINTEL y sobre el papel de CCOO de Madrid en un conflicto que tuvo como escenario uno de los ejes vertebradores de la capital, el Paseo de la Castellana.

No anda mal informada la IA y me cuenta que la estructura territorial de CCOO de Madrid, cuyo secretario General era Javier López, apoyó las movilizaciones y el emblemático Campamento de la Esperanza, utilizando su capacidad de influencia institucional, brindando  asistencia legal a los trabajadores y sosteniendo, desde todas las estructuras del sindicato en Madrid, la lucha de los trabajadores. Un apoyo logístico y un apoyo de la sociedad madrileña.

Recuerdo, efectivamente, que aquellos meses desde enero hasta agosto de 2001 supusieron un despliegue constante para suministrar alimentos, mantas, recursos de todo tipo. Recuerdo que nos convertimos en un altavoz que montó conciertos, exposiciones, visitas de personalidades como Saramago, José Luis Sampedro, junto a actores, cantautores, escritores, cineastas. Un altavoz que convocó a pequeños comerciantes, asociaciones de vecinos, culturales, sociales que enriquecieron la vida en el campamento.

Recuerda la IA que definí a Madrid como el rompeolas de la solidaridad de toda la clase trabajadora española en defensa de la lucha de SINTEL. No lo recuerdo, pero si tengo conciencia de que, por aquella época recurrí con frecuencia a ese Madrid combativo, rompeolas de todas las Españas, de la que nos hablaba Antonio Machado.

Recuerdo también que movimos Roma con Santiago para que todas las fuerzas políticas y sociales de Madrid se manifestasen a favor del acuerdo y la búsqueda de soluciones dignas para los trabajadores de SINTEL. Una solución que llegó y fue ratificada el 3 de agosto por todos los trabajadores en la Asamblea celebrada en el auditorio de CCOO de Madrid que hoy lleva el nombre de Marcelino Camacho.

Pero la cosa no queda ahí. La IA reconoce que el acuerdo de 2001 condujo a una crisis interna. El cumplimiento del acuerdo quedó frustrado en la parte de los compromisos sociales de recolocación y de futuro del proyecto empresarial. Algunos trabajadores sintieron que se había dado por buena una solución al uso, muy parecida a las que los sindicatos habían pactado en las reconversiones industriales, pero insuficiente.

La situación era complicada para CCOO de Madrid. Todos habíamos vivido con enorme alegría el acuerdo de agosto. Pero dice la IA que pronto surgieron discrepancias entre la todopoderosa Federación Estatal del Metal y los trabajadores de SINTEL que consideraban que los acuerdos más vinculados al empleo no se estaban cumpliendo.

La Federación contaba con el apoyo de la Confederación, liderada por José María Fidalgo. Las CCOO de Madrid se alinearon con los trabajadores. Siempre he mantenido que los trabajadores siempre tienen la razón… aunque se equivoquen. No lo interpretes al pie de la letra, o sí, pero piensa la cantidad de veces que los dirigentes sindicales y las organizaciones que las dirigen entran en la lógica de los capitalistas, e intentan conducir a los trabajadores por la senda del sometimiento, la subordinación, el mal acuerdo.

No sólo las bases de SINTEL, también las bases de la organización madrileña que los había apoyado en su lucha, se vieron enfrentados a la dirección Federal y a la propia Confederación. Los debates en el máximo órgano de dirección, el Consejo Confederal de CCOO, fueron intensos y especialmente desfavorables para los trabajadores, especialmente cuando, en mitad de los abucheos a la dirección confederal, el 1 de mayo de 2003, alguien esgrimió el palo de una bandera, o de una pancarta, y golpeó al Secretario General confederal, José María Fidalgo, en la cabeza.

Pese a que intentamos de forma rápida, esa misma tarde, acotar por todos los medios las responsabilidades por aquellos actos y acudí, personalmente, a denunciar en los juzgados aquella agresión, el resultado fue que los sectores más proclives a condenar, romper relaciones y apartar a la Asociación de los Trabajadores de SINTEL, vieron su oportunidad de impulsar un modelo sindical centralista y seguidista.

Madrid se convirtió en el objetivo a batir. SINTEL, por un lado. Nuestra posición de apoyo al NO a la Guerra, más tarde.  Las discrepancias sobre el modelo de sindicato que estábamos construyendo, condujo a que la dirección de la Confederación alentase y pusiera en marcha una operación para batir a la dirección madrileña en el Congreso de 2004, en el que sólo consiguieron un 30 por ciento de representación. Y así hasta que dejé la dirección de CCOO de Madrid, respetando la limitación de mandatos.

Siempre he considerado que ha habido unas pocas grandes luchas sindicales de empresas en la historia del movimiento obrero español que serán recordadas. La primera la Huelga de la Canadiense, en 1919, en Barcelona que consiguió, por primera vez, la jornada de 8 horas y otra de ellas la de SINTEL y su campamento de la Esperanza.

En respuesta a la primera, que consiguió por primera vez la jornada laboral de 8  horas diarias, los empresarios catalanes crearon los sindicatos libres, formados con pistoleros, para asesinar a los líderes obreros de la CNT. Pagaron a los militares para que aplicasen sin miramientos la ley de Fugas, fusilando por la espalda a los detenidos y protegieran a los asesinos callejeros de sindicalistas, inaugurando el pistolerismo. Inmediatamente, apoyaron la Dictadura de Primo de Rivera, que ilegalizó a la CNT y persiguió el sindicalismo en Cataluña.

En respuesta a la segunda son muchos los que han intentado hacer desaparecer de la Historia la lucha de SINTEL, el rostro de sus trabajadores y trabajadoras. Sin embargo, cada vez que una empresa decide ir a la huelga, a la lucha, seguir su propio camino, la lucha de SINTEL vuelve a renacer.

A veces he comprobado cómo algunas luchas son defendidas por el sindicato siguiendo a los trabajadores, junto a ellos. La lucha de los de Coca-Cola, una docena de años después, pareció demostrar que CCOO había aprendido la lección. Coca-Cola en Lucha, los Espartanos y las Espartanas, recibían el apoyo incondicional del sindicato, frente al insufrible fantasma Marcos de Quinto, redivivo en Ceuta estos días.

Cuando repasamos la Historia del Sindicalismo podemos comprobar que la idea de tomar en nuestras manos la propiedad de los medios de producción, ha sido una constante que, algunas veces se ha abierto camino. No consiste en que algunos trabajadores formen parte de los consejos de administración, sino en que se convierten en los dueños y propietarios de la empresa.

Negociar el salario y las condiciones de trabajo está bien, pero asumir la dirección, la propiedad y la gestión de la empresa, al servicio de la sociedad, parece hoy algo extraño de tanto que lo hemos olvidado, pero fue lo que los trabajadores de SINTEL quisieron hacer… y no les dejaron. El apoyo que, desde las CCOO de Madrid, pudimos brindarles en aquellos días es una de aquellas cosas que, aún hoy, nos llena de orgullo.

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