El 14 de diciembre de 2006, convocados por los sindicatos y tras una huelga de los trabajadores y trabajadoras de la sanidad pública madrileña, la ciudadanía se manifestó para defender un modelo de sanidad pública que la antecesora de Ayuso había comenzado a deteriorar a base de convertirla en negocio para sus amigotes del sector privado.
Los hospitales eran convertidos en empresas y los nuevos, directamente, eran gestionados por el sector privado. Todo lo que podía ser entregado a los amigos de lo ajeno era convertido en colaboración público-privada, lo cual significa pagar al negociante privado con el dinero púbico.
Madrid ha sido, desde entonces, el semillero experimental de la privatización sanitaria en España. En un artículo publicado en 2006 y titulado 14D: Con la sanidad no se juega, denunciaba que las cartillas sanitarias crecían de forma imparable en casi un millón más y eso hacía que las pruebas diagnósticas, las intervenciones quirúrgicas, se multiplicaran, aumentando las listas de espera.
Ya por aquel entonces esta situación servía de justificación para transferir más dinero al sector privado hasta el punto que más del 40% del presupuesto de sanidad, más de 2600 millones, se iban en gasto farmacéutico y en compra de servicios al sector privado. Era el momento en que empresas privadas construían hospitales públicos que luego gestionarían. Negocio redondo, asegurado contra pérdidas.
Mientras ellos hacían el negocio del siglo, los madrileños esperábamos horas para ser atendidos en consultas sobrecargadas. Pocos médicos de familia y menos pediatras. Esperábamos meses para ser vistos por el especialista, para pruebas diagnósticas, para intervenciones quirúrgicas. Si no aceptabas un hospital privado te sacaban de la lista de espera. Si no te vio aún el anestesista, no entrabas en la lista de espera.
Y aún así, con todos estos maquillajes, la lista de espera era cada vez más larga. Desde entonces, hace casi 20 años, las cosas no han hecho más que empeorar. Sin embargo, la ciudadanía madrileña vota mayoritariamente a quienes deterioran y convierten en negocio la sanidad pública, mientras te dejan que tomes las cañas que quieras, siempre que puedas pagarlas.
Un millón más de tarjetas sanitarias que atender con los mismos recursos. Aumentaba el dinero para el sector privado, se animaba a los pacientes a contratar un seguro privado. La sanidad negocio, la sanidad al servicio de los negociantes. Aguirre preparaba el asalto final convirtiendo los hospitales en empresas, rompiendo el modelo sanitario público y las relaciones laborales.
Los que hablaban ya entonces de un gobierno socialista que rompía España se dedicaban sin tapujos a romper la unidad del sistema sanitario para convertirlo en pasto de las llamas privatizadoras. Ignoraban así que un sistema sanitario público, gratuito, universal, es un factor de cohesión imprescindible para sentirnos parte de un proyecto común.
Aguirre y su charco de ranas corruptas hasta llegar a Ayuso, siguieron el camino de Pinochet en Chile, quien al tiempo que masacraba a miles de personas, entregaba el dinero del país al sector privado, convirtiendo en negocio la sanidad y hasta la seguridad social.
Ya en aquellos días, mucho antes de las mareas blancas, mucho antes de la pandemia, exigíamos en la calle que no fuera el modelo chileno, sino el europeo, el que nos esforzásemos por poner en marcha. Ese modelo sanitario público, heredero del Estado del Bienestar, que fue construido con las aportaciones de todos los trabajadores.
Hace casi 20 años una impresionante manifestación y dos días de huelga sanitaria marcaron el comienzo de una confrontación entre el gobierno de la derecha madrileña de los negocios, contra el conjunto de la sociedad. Un conflicto aún no resuelto y que no tendrá solución hasta que el gobierno madrileño abandone la política del negocio y retome la sanidad entendida como derecho y como servicio público esencial.
Es su negocio, o nuestra vida lo que se encuentra en juego.
PD: El artículo al que se hace referencia se encuentra en el libro Antes de la Tempestad. Crónica 2007 publicado por Legados Ediciones en 2025




